SÍNTESIS HERMÉTICA - Foro
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    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro : EL AGUILA DE ORO » SÍNTESIS HERMÉTICA (CAPITULO 4)
    SÍNTESIS HERMÉTICA
    bookFecha: Jueves, 2012-12-13, 7:17 PM | Mensaje # 1
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    Síntesis Hermética






    Dice Hermes: “Aquéllos que leerán mis libros encontrarán el contenido clarísimo y simplísimo, mientras
    en realidad éste es oscuro y oculta
    el verdadero significado de las palabras”.


    “La Inteligencia, Dios ha querido ponerla en medio de las almas como premio a conquistar”.

    Dice Poimandres a Hermes: Concéntrate sobre aquello que quieres saber y yo te instruiré.
    Yo soy la Inteligencia suprema.
    Ya sé lo que tú quieres y doquiera que sea yo estoy contigo.

    Dios Padre, de la Inteligencia, emana el Hijo, que es el Verbo Luminoso, Palabra de Dios.
    La unión del Padre e Hijo es su vida.

    Comprende la Luz y conócela


    La Luz Primaria, la Mente que precede la naturaleza deforme compuesta por los cuatro elementos, a través del soplo, produce el Todo.
    El Arquetipo es la forma primordial anterior al principio indefinido.
    La Mente Andrógina, Luz y Vida, Dios Padre, mediante el Verbo genera:
    1) La 2ª Inteligencia Creadora, Dios del fuego y del espíritu (Soplo), forma:




    Siendo el Hombre de la misma naturaleza de los siete Ministros, hechos de Fuego y de Soplo, reveló a la naturaleza inferior la imagen de Dios y las energías de los siete Ministros.

    La Providencia, voluntad de Dios, divide la Androgeneidad, establece las Generaciones.
    “El hombre, que tiene la inteligencia conózcase a sí mismo, para llegar al Bien Perfecto. Pero aquél que por error del amor, amó el cuerpo, va errando en las tinieblas, sometido, por los sentidos, a las condiciones de la muerte”.


    Ascensión del Hombre



    - Se disuelve la forma que se consigna a la Transformación.
    - El Carácter pierde fuerza y es consignado al Demonio.
    - Los Sentidos vuelven a sus energías y en ellas se confunden.
    - Pasiones y Deseos vuelven en la naturaleza irracional.


    Elevación hacia la Armonía de las esferas, abandonando:
    en la 1ª zona: facultad de crecer y disminuir.
    2ª zona: industria del mal y del engaño que se vuelven impotentes.
    3ª zona: la ilusión del deseo.
    4ª zona: la vanidad de mando que no puede ser satisfecha.
    5ª zona: arrogancia despiadada y temeridad presuntuosa.
    6ª zona: atadura a las riquezas.
    7ª zona: mentira insidiosa.
    en la 8ª zona: quedados con el poder divino, es el retorno a Dios para aquéllos que poseen la Gnosis, bien supremo.





    El Agente del TODO tiene por: Origen = Dios
    Esencia = Eternidad
    Sustancia = Mundo
    EL MUNDO es obra de la Eternidad, que le confiere Orden, en continuo devenir indestructible. La fuerza de DIOS es la eternidad que da al mundo Inmortalidad y Permanencia.

    GENERACIÓN Y TIEMPO:


    en el Espacio inmutables e incorruptibles, sobre la Tierra mutables y corruptibles. DIOS está en la MENTE que está en el ALMA que está en la MATERIA. DIOS es el alma de la ETERNIDAD que es el alma del MUNDO.
    El ESPACIO es el alma de la TIERRA.

    El Alma es inmutable en el espacio mientras, en la Tierra, se transforma con la Generación.
    El Cuerpo Universal está colmado por el Alma, colmada por la Mente de Dios, que llena el interior, envuelve el exterior y da vida a todo.

    La Eternidad sostiene el Mundo mediante Providencia, Necesidad y Destino.

    Dios (el No - semejante, Sólo, Único) es continuo operar y ésto es el Continuo Devenir. DIOS no ceda a nadie parte de Su fuerza. Él es el agente de la vida, de la inmortalidad, de la transmutación.




    El Sol, instrumento de la naturaleza, transforma la materia inferior, precediendo a los demás.
    El Alma llena y mueve todo, con orden.
    Los movimientos individuales de los cuerpos compuestos de alma y de materia son múltiples, pero el movimiento común es único, por lo cual sólo puede existir un único Dios, un solo orden. La Obra de Dios es suscitar todo aquello que nace y nacerá, esta es la Vida, la unión de Mente y Alma. En la obra de DIOS es inmanente, siendo creador y creación.
    La Muerte es la rotura de la Unidad.



    La Forma de Dios es todas las formas de cuerpo y de pensamiento.
    El hombre no puede vivir sin la vida, Dios no puede vivir sin producir el Bien.
    Sólo el semejante comprende al semejante. Para comprender a Dios es necesario salir del cuerpo, devenir incomensurables y eternos, inmortales, conocedores de cada sabiduría, elevarse y descender más allá de cada límite, recoger en sí todas las sensaciones de lo creado, estar en todas partes y en todo tiempo, y abrazar todo esto en la propia mente.
    La Mente se ve en el pensamiento. Dios en la creación. Es virtud de Dios vislumbrarse por doquier.


    Apariencia y verdad


    El hombre que es imperfecto, no puede tener el atrevimiento de discutir sobre la Realidad. Sólo Fuego, Aire, Agua, Tierra, son puros y reales en la propia esencia. La ilusión es parte de la Verdad porque todo aquello que acontece aquí abajo, está en relación con la Realidad Superior. Se vuelven modelos de la Realidad sólo cuando reciben el influjo de lo alto. No hay ninguna verdad sobre la Tierra, salvo para los hombres a quienes es dado, por Dios, alcanzarla. Por consiguiente las cosas terrestres son mentira, error, ilusión, aparentes como un retrato.

    Sólo lo eterno es real. Después el Unico y Primero, reconozco sólo al Sol cual Creador. El Sol plasma el mundo, rige y produce todas las cosas y es real. La Providencia ha sumergido al Creado en la corrupción y durante cada generación se encamina al renacimiento.
    Para vivir convenientemente, hijo mío, cultiva la Sabiduría aplicándote a la meditación. Aquél que logre comprender la naturaleza de las cosas existentes, como fueron dispuestas, por quien y para qué fin, rendirá gracias al Creador, demostrará donde se encuentra la Verdad, que cosa es, y su comprensión estará en relación a su saber. El sendero que conduce el alma a la Verdad es la Sabiduría, aún si es penoso para el alma encerrada en el cuerpo, porque está en lucha entre más contendientes.

    Percepción sensitiva y mental


    En cada ser, la percepción sensitiva está fundida con el instinto natural, mientras en el hombre a ésta se añade la percepción mental. La sensitividad está en estrecha relación con la mente, así como Dios está con el Acto Divino. El Acto Divino emana de Dios, la percepción mental con la mente que es hermana del hablar. Percepción mental y hablar se completan recíprocamente. La percepción sensitiva opera en el cuerpo y en la mente y cuando las dos partes concuerdan, el objeto elaborado por la mente se vuelve palabra. Esta concepción podrá ser en maldad o en Piedad, que es conocimiento de Dios. Sobre la Tierra, el hombre que posee la Gnosis es escarnecido y matado, pero él sabrá soportar viendo todo en la Luz de la cordura y sabrá mutar los males en Bien. Cada cosa generada por el Bien se vuelve diferente según el uso que se hace. También el Mundo posee sensibilidad e inteligencia mucho más potentes y puras con el cometido de crear todas las cosas y, luego, hacerlas entrar nuevamente en el Ente Creador. El Mundo es el Cosmos, el Ornamento de todos los seres con el acto constante, la variedad de las especies, la continuidad de la vida, el movimiento rápido de la necesidad, la combinación de los elementos, el perfecto orden de las generaciones. Este ha sido creado para recibir las semillas divinas, conservarlas, producir todas las cosas, disgregarlas y removerlas. Este sembrador, a través de su actividad, concede a los seres disolutos la renovación.
    Los Cuerpos son diferentes puesto que son formulados en modo más o menos complejo por los cuatro elementos.
    En todos los seres, percepción visiva y mental provienen de fuera y se insinúan en estos bajo el impulso de la envolvente que contiene al Universo, mientras el Mundo las posee desde la génesis.
    Dios mismo es percepción sensitiva y mental, y todos los seres dependen de Él, tanto si son activos con el cuerpo, con la psiquis, a causa del soplo, o que sirvan de receptáculo a todo aquello que está privado de vida.
    Dios contiene a todos los seres y los genera.
    Sensitividad e Inteligencia de Dios son el movimiento de todos los seres eternamente.
    Todo ésto, hijo mío, parece verdadero a aquél que posee el Conocimiento, a los otros parece increíble, porque conocer significa creer.
    La enseñanza no puede llegar hasta la Verdad. La mente, sin embargo, es potente y consigue, guiada por la enseñanza, llegar a la Verdad, al menos hasta un cierto punto del camino. Entonces, habiendo abrazado en visión de conjunto, todos las cosas y encontrándolas en armonía con las interpretaciones de la enseñanza, la mente vuelve a creer y se reposa en aquella atrayente fe.


    EL CONOCIMIENTO


    Dios no ofrece imágenes sensibles, sino que da la imagen sensible de cada cosa.
    Puede aparecer a los ojos de la mente, que ve lo oculto, porque no vemos y no tocamos el pensamiento.

    Él ha creado el mundo del orden y el orden del mundo.
    No existe estatua y cuadro sin escultor y pintor. Nada existe sin hacedor y Dios, permanentemente, existe creando todo.
    Todo está en tí y todo viene de tí, tú eres todo aquello que Yo Soy, todo aquello que fué, que es, que será. Él es la causa de la vida y del Bien. El Sol es Padre de aquello que participa en el ser. Dios es el Hecho Existencial y Él exige con insistencia que todo sea visto.
    Nuestros antepasados conocieron este esplendor.
    El Conocimiento Supremo es el sagrado silencio, la inhibición de todos nuestros sentidos.
    Quien lo ha alcanzado, ya no puede pensar otra cosa, ni contemplar ni oir hablar de otra cosa y ni siquiera mover los miembros de su cuerpo. Desligado de todos los vinculos de los sentidos, el ahora está inerte, mientras la luz que inunda toda su mente y toda su alma, lo libera de las ataduras del cuerpo y lo transfigura en la esencia.

    DIOS
    Dios es la causa de la Mente, del Soplo, de la Luz. Dios es Padre y Bien.
    Bueno es aquél que lo da todo sin recibir nada a cambio. El bien no puede estar en aquello que nace sino solamente en lo engendrado. En el hombre el Bien no aparece si no es en combinación con el Mal, de modo que el Bien se contamina y se vuelve Mal, con dolores, sufrimientos, concupiscencia, ira, errores, ilusiones. Si buscas a Dios, busca lo Bello, porque el camino que conduce a éste es la Piedad, unida al conocimiento.
    El hombre, rodeado por todas partes del mal, se alimenta insaciablemente de él y temiendo perderlo, hace de todo para conservarlo y acrecentarlo. Así son hechas las cosas de los hombres que consideran buenas y bellas, que no podemos rehuir, ni odiar, y sin ellas no podríamos vivir. Este es el peor de los males.

    Ser Conscientes=Conocer=Creer=Tener Fe.
    La Mente, guiada por la enseñanza llega a la verdad, abraza el conjunto, lo encuentra en armonía con la enseñanza, muda de opinión (Redención), reposa en la Fe.

    El Mundo es bello pero no Bueno.

    EL MUNDO


    No tuvo comienzo, fué siempre y es Continuo Devenir.
    La inmovilidad es Esterilidad. Todo aquéllo que se mueve, vive.
    El Mundo queda inmutable, pero todas sus partes se transforman.
    La esencia de los cuerpos inteligibles es una, mientras que cada cuerpo es múltiplo. Los cuerpos compuestos, transformándose continuamente los unos en los otros, conservan intacta su identidad y en ellos rige el número correspondiente, sin el cual no puede haber ni constitución, ni combinación, ni disolución.
    La Mónada, la Unidad, principio y raiz de todas las cosas, constituye todos los números, pero no está constituida por ninguno.
    Lo Generado es imperfecto, divisible.
    La Materia es el receptáculo del devenir que es el mundo en que se explica la actividad de lo
    Creado o Pre-existente, de Dios.
    Acogiendo la semilla del devenir, la materia comenzó a ser, nació mutable y vistió diferentes apariencias.
    Preside la materia aquél que modela las imágenes de que se reviste la materia, configurándose. La materia, no siendo creada, no tiene forma; nace mientras se configura.
    El Mundo, en su conjunto es la plenitud de la vida.
    Nada muere: la disociación de una mezcla tiene como fín el renacimiento, el cambio.


    El Mundo es el 2º Ser, conservado, nutrido, vuelto inmortal.
    El Padre adornó su creación colmando a los cuerpos de inmortalidad para hacer de forma que la materia, en el caso de deber separarse de los cuerpos, no retornase al desorden primitivo.
    La confusión sólo reina entre los seres vivientes terrestres.
    Los cuerpos celestes siguen un orden único, que queda constante para permitir a cada cuerpo, el reintegrarse. La reintegración conserva los cuerpos terrestres. La disolución les restituye a los cuerpos indisolubles, inmortales.
    Hay desaparición de sensaciones, no destrucción de los cuerpos.


    EL HOMBRE


    El Hombre es el 3er. ser, a imagen del Mundo, pero dotado de Mente.
    Tiene relación de sensación con el 2º Dios (Sentidos) y de relación mental con el 1º (Mente), que es el Bien=Ser incorpóreo e inteligente.
    La Sensación es el principio de la vida, con el nacimiento.
    El Olvido es el principio de la muerte, no el mutamento.
    El hombre, consustancial a Dios, es inmortal gracias a la Mente.
    La Necesidad preside las manifestaciones de Dios.
    La Providencia regula aquello que ha sido hecho y que se hace.

    Naturaleza, Necesidad, Providencia= son los aspectos del Orden Universal. El Bien hace permanecer el conjunto de:
    Mundo con: espacio, tierra, agua, aire.
    Dios con: Vida, Inmortalidad, Necesidad, Providencia, Naturaleza, Alma, Mente. Adorar a Dios quiere decir no ser malos.




    El Hombre no es ni bueno ni malo porque es mutable y mortal.
    ¡Que maravilla es el Hombre!. Pasa por el Mundo como si fuese un Dios. Ama a los seres a él inferiores y es amado por los superiores. Plasma la materia. Con la velocidad del pensamiento se mezcla a los Elementos. Con la agudeza de su saber explora los abismos del Universo.



    El Soplo que llena el universo, se expande en todos los seres animados y les da la vida.
    El Hombre recibe el Soplo y la Mente, para intuir al divino y es la quinta parte que proviene del
    Todo y se añade a la naturaleza cuaternaria del Hombre.
    Pero no todos alcanzan la Sabiduría: no consiguen ver en la naturaleza de las cosas, se dejan arrastrar por las ilusiones, que generan perversidad en el alma, privándoles de la Mente. Sólo al Hombre Dios concedió la Sabiduría.
    Dios generó primero los Dioses Astrales, luego los Hombres. Los Arquetipos Astrales son inmortales, pero Dios les impuso la Mente para salvaguardar la unidad de su plano. Confirió al Hombre el privilegio de la Mente para escapar de los vicios provenientes de los elementos que tragamos y de los vicios del cuerpo que se insinúan en el corazón humano.



    Corresponde a la doble función de contemplar las obras de Dios y, a través de estas, conocerLo y cultivar ciencias y artes. Conociéndose a sí mismo y al mundo, viene a conocer su función.
    Reúne en sí los Elementos Superiores de: Alma, Mente, Soplo, Razón aún quedando ligado a la
    Tierra por su parte mortal de los cuatro elementos.
    No se vuelve mérito la Piedad, consecuencia de la Bondad, sostenida por la virtud de rechazar el deseo de todo aquello que es ajeno al hombre, (cosas terrestres que satisfacen deseos del cuerpo) es decir ajeno a aquello que en la naturaleza ha emparentado con lo divino.

    EL CRATER


    Dios impartió la Razón a todos los humanos, pero la Mente ha querido ofrecerla a las almas como premio a ganar. Ha llenado un gran cráter que ha hecho diese la vuelta a la tierra por un heraldo. “Bautizaros, si podéis, en este cráter, vosotros que creéis ascender hacia Aquel que lo ha mandado, vosotros que conocéis el fin para el que fuisteis generados”.
    El desprecio hacia las cosas materiales, pone en relieve la fuerza activa hacia las divinas y pone de muestra la piedad hacia Dios que es lo contrario de la ofensa hacia Dios.
    Para llegar al Uno, Sólo, debemos pasar por muchos cuerpos, por muchos coros de
    Demonios, muchas sucesiones de órbitas astrales.
    Es arduo abandonar las cosas usuales presentes, para volvernos a las ánticas y primordiales.

    De la Sustancia de Dios, la Mente se expande como la Luz del Sol, Guía benéfica de las almas humanas, que conduce al Bien.
    En los animales la Mente coopera con su propio instinto natural. En las almas humanas se opone a tal instinto. Conduce y aflige el alma voluptuosa liberándola del placer, origen de todas las enfermedades.
    La mayor enfermedad del alma es la ignorancia de Dios.
    Las almas humanas que no se hacen gobernar por la Mente sufren las condiciones de las almas de los animales desprovistas de razón, las abandona a la concupiscencia, las arrastra con la violencia de los deseos. A estas almas Dios les ha puesto el freno de la Ley, para castigarlas y volverlas a llevar sobre el camino recto. Todo está sujeto al Destino y nada de lo que concierne a las cosas corpóreas cae fuera de èste, ni de bien, ni de mal, desde la generación hasta la transformación (Causa – Efecto).
    Todo es Uno, especialmente los cuerpos inteligibles constituyen un todo único.
    El Conocimiento es muy diferente de la concepción sensitiva que se manifiesta cuando el mundo material ejercita patrocinio sobre nosotros.
    El Conocimiento Supremo es el fin de la Sabiduría que es Don de Dios. La Sabiduría se sirve de la Mente como instrumento, así como la Mente se sirve del órgano corpóreo. Tanto el Conocimiento como la Sabiduría se sirven de un cuerpo tanto inteligible como material, porque toda cosa debe resultar por oposición y contrariedad.
    Dios ha concedido al hombre dos dones (sobre los animales) Intelecto y palabra, de los que debe hacer uso conveniente. La palabra es común a los hombres. La voz es particular a cada género de animales.
    Nosotros vivimos en Potencia, Acto, Eternidad.
    Dios está en la Razón que está en la Mente, que está en el Alma, que está en el Cuerpo.
    El Cuerpo es imagen del Alma, el Alma de la Mente, la Mente de la Razón, la Razón de Dios, y es la Pureza que se extiende hasta el cuerpo.

    LA REGENERACION


    Cuando la mente puede resistir a los engaños del mundo se está listo para la Regeneración. La Sabiduría se manifiesta en el silencio y la semilla es el verdadero Bien.
    El sembrador es el plano divino.
    Estas cosas no se aprenden cuando plazca a Dios: solas afloran en la mente.
    “Me vi compenetrado por una forma inmaterial plasmada por la bondad divina y emergiendo de mi despojo, me identifiqué en aquella forma. Y heme aquí diferente de aquèl que era antes, puesto que estaba regenerado en la Mente”.
    No se puede percibir mediante los sentidos aquello que es sólo potencia y acto. Para comprender la palingenesia que está en Dios, es necesario poseer la capacidad de concebirLo.
    Concéntrate y lo conseguirás. Procura el quererlo y tu voluntad será cumplida.
    Suspende la actividad de los sentidos del cuerpo, purificados de los castigos irracionales de la materia y nacerás en Dios. Estas son: ignorancia, tristeza, intemperancia, concupiscencia, injusticia, codicia, error, envidia, engaño, cólera, temeridad, perversidad. Mediante la cárcel del cuerpo, éstas someten al hombre interior a los tormentos de los sentidos. Cuando, por clemencia divina, se entra en comunión con la Mente, entran en nosotros: supremo conocimiento, alegría, templanza, continencia, justicia, bondad, verdad, Bien, Vida y Luz. Se alcanza la Década y se cumple el nacimiento mental en nosotros. Así como en un sueño, se sale de los despojos corteza y nos volvemos compuestos de Luz y Vida.
    Los doce castigos de las tinieblas vienen expulsados por las diez Fuerzas.
    La tienda de la cual se sale, está formada por el arco del zodiaco compuesto por elementos: los doce signos de una sola naturaleza, pero de diferentes formas, para descarriar al hombre. Hay parejas; temeridad e ira y van fugadas juntas.
    La Década es la generadora del alma.
    Cuando Vida y Luz se unen, nace el número de la Unidad que es el manantial de la Década. Década y unidad se contienen recíprocamente.
    Regeneración es el desistimiento del pensamiento del cuerpo tridimensional.
    El cuerpo sensible de la naturaleza es ajeno a aquel de la generación esencial. El uno es disoluble y mortal, el otro no. ¿Ignoras haberte vuelto Dios e Hijo del Uno, como yo soy?
    -Y ahora, hijo mío, pasaré en reseña mis enseñanzas, resumiéndolas en breves máximas. No te será, de hecho, difícil comprenderlas, si quieres recordar aquello que has oído hasta ahora.
    1) “Primero: Dios; segundo: el mundo; tercero: el hombre”.
    2) “El mundo es para el hombre; el hombre para Dios”.
    3) “¿Qué es Dios?. Un Ser inmutable y bueno.
    ¿Qué es el hombre?. Un Ser mutable y malvado”.
    4) “La obra de Dios es perfecta; la obra del hombre es imperfecta”.
    5) “La Mente está en Dios, el intelecto en el hombre; Aquella es impasible, éste es pasible”.
    6) “El tiempo es la Ley divina, la perversidad es la ley humana”.
    7) “Para Dios son buenas las cosas buenas, para los hombres son buenas las cosas malas”.
    8) “En lo corpóreo nada hay de verdadero; en lo incorpóreo todo está exento de mentira”.
    9) “Nada de inconocible en el universo; nada de conocible sobre la tierra”.
    10) “La tierra está privada de la Mente; el universo tiene la Mente”.
    11) “El universo es el elemento príncipe; la tierra el elemento ínfimo”.
    12) “El espacio sideral es el receptáculo de los cuerpos eternos; la tierra es de los cuerpos que perecen”.
    13) “Los cuerpos siderales rigen las cosas terrestres; los cuerpos terrestres sufren el influjo sideral”.
    14) “No comunican los seres astrales con los de la tierra; los seres terrestres se informan de los astrales”.
    15) “Los seres vivientes sobre la tierra no son de ninguna importancia para los astrales, mientras que los seres astrales son de gran importancia para los de la tierra”.
    16) “Todo aquéllo que se encuentra en el espacio sideral es inalterable; aquello que se encuentra sobre la tierra es, en cambio, todo alterable”.
    17) “En el espacio sideral nada es impedido, sobre la tierra nada es libre”.
    18) “Nada bueno hay sobre la tierra, nada malo hay en el espacio sideral”.
    19) “La justicia es la ley sideral, la injusticia es la ley terrestre”.
    20) “Todo aquello que está en el espacio es irreprensible, todo aquello que está sobre la tierra es reprensible”.
    21) “La sustancia, de por sí, es inmortal: la sustancia, en su apariencia, está sujeta a cambios”.
    22) “Todo aquello que vive no es perecedero; todo aquello que no vive no es imperecedero”.
    23) “El Ser en su conjunto es perennemente movido; ninguno de los seres está inmóvil”.
    24) “Los seres no son movidos por el Alma; el Alma mantiene en movimiento a todo el Ser”.
    25) “Todos los seres no están en movimiento; solamente el No Ser es inmóvil”.
    26) “Todos los cuerpos están sujetos a cambio; no todos los cuerpos son disolubles”.
    27) “Lo disoluble es corruptible, lo permanente e inmutable es sempiterno”.
    28) “Aquello que está en continuo devenir está, también, en continua corrupción; aquello que una sola vez se hizo, no se corrompe nunca ni se cambia”.
    29) “El nacimiento del hombre es el fin de una corrupción, mientras que la corrupción del hombre es el inicio de un nacimiento”.
    30) “Aquello que perece, se asoma a la existencia; aquello que se asoma a la existencia, perecerá”.
    31) “No todos los cuerpos son pasibles de contaminación; todo cuerpo pasible de contaminación es disoluble”.
    32) “Todo aquello que existe está sujeto a mutamento; todo aquello que existe no es corruptible”.
    33) “Un cuerpo disoluble tiene dos tiempos: uno que va de la concepción al nacimiento, otro del nacimiento hasta la muerte. Un cuerpo eterno sólo tiene un tiempo: aquel que procede de la génesis”.
    34) “Los cuerpos disolubles crecen y disminuyen; los cuerpos eternos ni crecen ni disminuyen”.
    35) “La materia disoluble se transforma, en la disgregación y en el nacimiento, en materia indisoluble. La materia eterna, sin embargo, se cambia o en sí misma o, bien, en un semejante suyo”.
    36) “El inmortal no participa en lo mortal, mientras que el mortal participa en lo inmortal”.
    37) “El inmortal no entra a hacer parte de un cuerpo inmortal; el inmortal se asocia a un cuerpo mortal”.
    38) “Todo aquello que es inmortal no tuvo inicio; todo aquello que tuvo inicio no es inmortal”.
    39) “La parte sensitiva del hombre es mortal, la parte que ha acogido la Mente es inmortal”.
    40) “Todo aquello que es pasible no es, asímismo, sensible; todo aquello que es sensible también es pasible”.
    41) “Todo ser que está sujeto al sufrimiento, lo está también al placer (y este es el caso de los mortales). No todo ser sujeto al placer, lo está, también, al sufrimiento (y este es el caso de los seres inmortales)”.
    42) “La Providencia es el plano divino; la Necesidad es la sierva de la Providencia”.
    43) “El bien es voluntario; el mal es involuntario”.
    44) “El tiempo corroe al mundo; la perversidad corroe al hombre”.

    - Si tuvieses presentes estas sentencias, oh hijo mío Tot, también te sería fácil recordar las explicaciones pormenorizadas que te he dado durante nuestros coloquios, puesto que éstas son un resumen.

    - Recógete, hijo mío, y escucha el Himno de la Regeneración, que yo no te revelaría así, de prisa, si no estuviésemos llegando al término de mis enseñanzas. Tal loa no puede ser objeto de divulgación, sino que va protegida por el silencio. Por lo cual, hijo mío, busca un sitio apartado, a cielo descubierto, y póstrate dirigiendo la mirada hacia Poniente, a la hora de la puesta del sol, mientras que a la salida del sol, te postrarás por la parte de oriente. Escucha, pues, con recogimiento, oh hijo mío, el antiguo secreto:
     
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    (CONTINUACION...)




    “¡Toda la naturaleza del universo oiga esta loa!. ¡Ábrete, oh tierra, y se abran las vísceras del abismo!. ¡Árboles, no agitéis las ramas, haced silencio!. Yo voy a alabar al Dios creador, al Todo, al Único.
    ¡Oh cielos abriros de par en par; oh vientos aplacaros!. El círculo inmortal de Dios acoja esta oración mía, ya que estoy para cantar al Creador del universo: Aquel que vuelve firme la tierra, que suspende el cielo, que ordena al agua vaporosa salir del océano y derramarse por todo rincón de tierra habitada o desierta, para la alimentación y la vida del género humano; Aquel que ordenó al fuego de saltar fuera para ser empleado por los dioses y por los hombres.
    Cantemos todos nosotros a Aquél que está más allá de los espacios, al Creador de toda la naturaleza.
    Él es el ojo de la Mente. ¡No desdeñar recibir las loas de mis fuerzas!. ¡Oh fuerzas que estáis en mí, cantad al Uno y al Todo!. ¡Cantad como yo quiero, oh fuerzas que estáis en mí!.
    ¡Oh sublime Sabiduría, por ti, iluminado, canto, tu merced, la Luz ininteligible y exulto en la alegría de la Mente!. ¡Oh Fuerzas todas, conmigo cantad!. ¡Y tú también, oh mi contingencia, canta!. ¡Oh justicia, canta el justo!. ¡Canten todas las cosas: Verdad, canta por mí la verdad; Bien, canta por mi el Bien!. Vida y Luz, de nosotros sale la loa hacia vosotros.
    Yo te doy las gracias, oh Padre, Virtud de las Fuerzas. Yo te doy las gracias, Dios, Fuerza de mi virtud.
    Tu Mente canta tus loas hacia mí. Recibe, por mí, lo universal en la Mente, la oferta verbal.
    He aquí lo que gritan las fuerzas que están en mi. Ellas cantan al Todo: ellas realizan tu plano. Tu plano de ti proviene, y a ti retorna el Todo. ¡Recibe de todos la oferta verbal!.
    ¡Oh vida, redime todo aquello que está en mí!. ¡Oh Luz de Dios ilumíname!. De tu plano la Mente es el guía, oh creador. Tú eres Dios. Y es esto lo que el Hombre que Te pertenece canta a través del Fuego, el Aire, la Tierra, el Agua, el Soplo a través de Tus obras.
    Yo he encontrado la virtud de Tu eternidad y, con Tu consentimiento, el reposo que buscaba. Merced a Tu Mente he pronunciado esta loa”.

    Los buenos frutos de la Verdad, son brotes de Inmortalidad.
    El animal humano es excesivamente proclive al vicio que nace y crece con él.
    Si el animal viene a saber que la Tierra es obra de generación, todo sucede según Providencia y Necesidad y el Destino lo rige todo, se volvería mucho peor, endosaría al Destino la responsabilidad.
    Quedando en la ignorancia, será menos criminal por miedo a lo desconocido.


    SINGULARIDAD DEL COSMOS


    El agente del Devenir Universal de todas las cosas generadas, es anterior a la creación. Él genera donde volverse visible. Comprenderlo, quiere decir admirarlo.
    El Primero es Dios Creador, el Segundo Dios es el Todo creado. El uno precede, el otro sigue. Acto creativo y aquello que mediante éste, es producido, no pueden existir independientemente el uno del otro. Están íntimamente unidos.
    El Cuerpo de Dios tiene como función la generación universal. La duración de las cosas creadas es el motivo que hace florecer el mal. Por lo cual Dios ha instituido el cambio de las cosas creadas para someterlas a una periódica purificación.
    Dios, como en un jardín, siembra en el Universo la inmortalidad y el movimiento, sobre la tierra la vida y el cambio. Además de estas cuatro semillas, está la generación.

    Cuatro son las Causas primarias:

    1ª Dios, 2ª Mente, 3ª Soplo, 4ª Materia.
    El Soplo procura y mantiene la vida en todos los seres del Mundo, órgano e instrumento del plano divino.
    La Materia, naturaleza material, posee, en sí, el poder y la facultad natural de hacer nacer y procrear, teniendo la propiedad del principio de la generación, capaz de concebir de por sí.
    Es por ésto que el Espacio, aquello que contiene todas las cosas, posee en sí el poder de generación universal.
    Dios Supremo inteligible, rige y guía al Dios perceptible a los sentidos, abraza todo el espacio, toda la sustancia de las cosas, la naturaleza de los seres.
    El Soplo mueve y dirige todas las especies sensibles contenidas en el todo.
    La Materia es el receptáculo de todas las cosas, en donde todos los seres están en movimiento. Dios llena de Soplo todas las cosas en armonía con sus capacidades naturales.
    La Doctrina del sublime es semejante a un torrente impetuoso que supera en rapidez la atención de quien escucha y de quien habla.
    Entre lo Preexistente y la Naturaleza, están los Dioses Inteligibles, los Dioses sensibles, los
    Demonios. Son simulacros de cuerpos siderales, como el Sol es simulacro de Dios.
    Dios genera el Universo, así el Sol genera los seres vivientes sobre la tierra y preside a los
    Demonios.
    El alma de los Dioses astrales mayores, es toda Mente.
    Hay Dioses astrales inteligibles y Dioses astrales sensibles, visibles.
    Esta doctrina es tan sublime que supera las facultades del intelecto humano.
    Si no lograseis aferrarla en la palabra del Maestro, se irá, se desvanecerá a través de la mente y retornará a su círculo.
    Hay Dioses rectores de todas las especies.
    Hay Dioses sensibles, cuya esencia depende de un rector, tienen doble origen y producen, de un lado al otro del mundo, todos los seres en continua sucesión. Cada uno ilumina la propia creación.
    El Usiarca del Universo, el rector de la Sustancia, dispensa la vida a todos los seres.
    El Usiarca del Sol es la Luz, que a través del disco solar expande sobre nosotros el bien y la luz. Los treinta y seis Decanos, “Horóscopos”, tienen por Usiarca a la divinidad llamada Omniforme, sujeta a perenne movimiento.
    El Soplo es el órgano, el instrumento de todos mediante el cual todas las cosas llegan a producirse. Por eso todas las cosas resultan recíprocamente conectadas, ligadas por una cadena de relaciones reciprocas, de lo más ínfimo al más sublime. Las cosas mortales están ligadas a las inmortales, las sensibles a las inteligibles.
    La creación, en su conjunto, obedece a la Suma Potestad en modo a constituir una singularidad, no una multiplicidad.
    Vistos separadamente, los seres parecen una infinidad, pero considerados en su conjunto, aparecen como una unidad suspendida al Uno y de éste toman el origen.
    Sin embargo, aparte la singularidad, los seres revelan duplicidad, de la cual todo procede y todo es producido:
    de un lado la Materia que lo constituye todo, del otro lado el Plano Divino que decreta la diversidad de los seres.
    Dios no tiene un nombre, los tiene todos. Un nombre es un sonido, una vibración que sirve para expresar un concepto o un pensamiento que el hombre concibe en el cerebro a continuación de impresiones de sentidos.


    Doble naturaleza del universo:


    El Creador Supremo generó los cuerpos eternos una vez por todas. Después de haberlos mezclado recíprocamente, los dejó en la encrucijada del devenir, como seres eternos, creando de la Sustancia primaria que es incorpórea. El Creador de nuestro mundo sensible es agente de una infinita generación de cuerpos disolubles y mortales sirviéndose de materia, un producto de la generación.
    La Naturaleza del Cuerpo Universal es Doble.



    Cada cosa en el espacio es movida por una fuerza motriz que debe superar la del cuerpo que sufre
    el movimiento. El ambiente en que se desarrolla el movimiento, debe ser de naturaleza contraria a la cosa movida.
    El universo tiene una masa en continuo movimiento.
    El Espacio, que contiene el movimiento universal, tiene naturaleza de género contrario.
    Siendo inteligible, como Dios, cesa de ser Espacio, como tal, y resulta energía capaz de contener al universo. Dado que el móvil se mueve en lo estable, este no participa en el movimiento.
    Las esferas de los planetas se mueven con movimiento diferenciado. Giran alrededor del mismo eje.
    Una revolución alrededor de un eje es un movimiento contenido en la fijeza, por efecto de la fuerza centrípeta producida. Se obtiene, así, el fenómeno de estabilidad perpetua de resistencias recíprocas, como un nadador a contracorriente.
    El movimiento del universo y de cada ser material, no es producido por causas externas, más bien por causas internas centrífugas inteligibles, como el Alma, el Soplo.
    Aquello que pone en movimiento al objeto inanimado, no es un cuerpo sino el motor común del cuerpo portante y del objeto portado.
    El Espacio es incorpóreo, es la Mente que todo abraza, intangible en su estabilidad.
    La Mente contiene y conserva a todos los seres. Sus rayos son el Bien, la Verdad, el arquetipo de la Luz, el arquetipo del Alma.
    El mundo inteligible es incorpóreo y nada de corpóreo puede ingerirse en su naturaleza. El mundo sensible es receptáculo de todas las cualidades y formas sensibles.
    Cuando habrás conocido el todo, comprenderás, también, que el mundo sensible, junto con todo aquello que contiene está envuelto, a modo de revestimiento, por el otro mundo, aquel superior, inteligible.
    Entre el Universo y la Tierra se pueden percibir dos relaciones antitéticas: Ascendente, nutriente y Descendente, generador. Comprende todos los influjos que desde el espacio sideral descienden sobre la Tierra.
    La Tierra, como receptáculo acoge en sí todos los tipos, que luego restituye.
    El Todo contiene al Universo, pone en movimiento al Alma y al mundo material variando continuamente el aspecto de las cosas que vienen a formarse y hace, así, que resulte una infinidad de especies, unidas en un único conjunto. Así todo proviene del Uno a pesar de la diversidad de los elementos que forman el mundo material, Fuego, Aire, Agua, Tierra. Pero la materia es una sola, una es el Alma y uno es Dios.
    El Espacio rige todos los cuerpos, cuyo crecimiento y cuyo declinar son debidos al Sol y a la Luz. De todos los cuerpos astrales se expanden continuamente influjos a través del mundo y a través del alma de todas las especies y de todos los individuos, de un rincón al otro del Universo.
    La materia prolonga, al infinito, la serie de los seres.

    ¿Cuál es la sustancia de las formas sensibles del Universo? La Materia nutre los cuerpos.
    El Soplo nutre las almas.
    La Mente es la luz del alma humana, como el Sol lo es de la Tierra.
    La Mente, junto al Alma, forman una sustancia única, íntimamente fundida, de forma que no puede, más, ser oscurecida por las tinieblas de la ignorancia.


    Los 36 Decanos


    El cuerpo que contiene al Universo es esférico.
    En el interior de la circunferencia están dispuestos los 36 Decanos que, en el curso de la revolución del Universo, adquieren sucesivamente la Fuerza de los Siete.
    Sostienen el cuerpo que contiene el todo y alimentan el movimiento de los otros Siete Círculos que giran más lentamente que la esfera universal, en relación ordenada.
    Los Decanos presiden a la rotación, tanto de los Siete Círculos como la del Globo Universal.
    Cual Custodios de aquello que existe en el Cosmos, presiden a todas las cosas en el vinculo de la unidad y cuidan el buen orden del Universo. Custodios y Vigilantes meticulosos, no tienen los problemas de los astros y no conocen obstáculos.
    Dado que los Decanos rigen los cuerpos astrales y nosotros, hombres, estamos sujetos a los Siete, es evidente que alguno de sus influjos “Hijos de los Decanos” se extienden hasta nosotros, directa e indirectamente.
    Esparcen la tierra de semillas, “refugio” o rayos, algunos saludables para el genero humano, otros máximamente funestos. Son “Demonios” o “fuerzas” emanantes de los 36.
    Generan, recorriendo el espacio, los Ipaoliturgi, Mensajeros Secundarios que hacen de siervos y soldados, que vagan por todo el éter.

    Otros cuerpos astrales son los Cometas. Aparecen a intervalos, como mensajeros de acontecimientos importantes o proféticos.
    Los Astros navegan en el cielo.
    Las Constelaciones están fijas en el cuerpo celeste.
    Los treinta y seis Decanos están dispuestos en las Doce Constelaciones comenzando por Aries y a cada sucesivo Decano le son atribuidos 10º de los 360 del círculo zoóforo.
    Cada Decano está regido por uno de los Siete con dominio llamado Jerarquía de los Dioses y domina sobre específicas regiones de la Tierra.

    Las Constelaciones fijas son doce:

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    Los Dioses astrales desarrollan sobre los seres efectos perceptibles llamados “fuerzas” o “energías”. Estos influjos son innatos en los cuerpos y operan mediante éstos.
    No están sujetos a Providencia y Necesidad porque el Ser Universal existirá siempre.
    Los cuerpos celestes son disolubles y necesarios cual ámbito e instrumento de los influjos.
    Hacen, también, de escolta al alma. Algunos, desde el nacimiento, adheridos a las partes irracionales.
    Otros, más puros, aparecen con el progreso de la edad en cooperación con la parte razonable del alma.
    El alma existe también fuera del cuerpo, mientras que los influjos, ceñidos al alma independientemente del cuerpo, no pueden existir independientemente del cuerpo.
    Ej.: cuando el alma deja el cuerpo, éste sufre la acción de los influjos, determinando disolución y deformación. El cuerpo mortal, pasivo, está constituido por una mezcla de materias; el cuerpo inmortal, activo, por una sola materia.
    Los influjos actúan sobre cada cuerpo inanimado, haciendo crecer, madurar frutos, pulverizar todo cambio.
    Existe el continuo devenir en los seres sometidos a corrupción.
    También hay influjos propios de los cuerpos divinos. Hay los universales y los individuales y especiales. Los generales operan dentro de cada género de ser viviente, los especiales se exhiben individualmente en un determinado ser.
    En cada cuerpo actúan varios influjos; sin los “influjos comunes” el cuerpo no podría existir y tienen como efecto las sensaciones.
    Los influjos particulares, en las almas humanas, se revelan en artes, ciencias, trabajo, actividad individual.
    El influjo viene de lo alto, mientras que la sensación viene de la esencia del cuerpo, acoge el influjo y lo manifiesta, habiéndolo corporificado.
    Las sensaciones mueren y nacen con el cuerpo, con el cometido de indicar la medida del mal y del bien procurado o sustraído al cuerpo.
    En seres animados son crecimiento y decrecimiento. En seres animales sólo corpóreos.
    En seres racionales se actúan conjuntamente a la razón.
    En los seres animados las sensaciones son consecuentes a sufrimiento y disfrute, que son pena o placer, guiadas por la parte irracional del alma, por consiguiente nocivas.
    Hay, en nosotros, tres especies de influjos incorpóreos:

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    El Plano Divino


    La Providencia es el Plano Divino perfecto en sí, con dos fuerzas nacidas de sí mismas: Necesidad y Destino.
    El Destino sirve Providencia y Necesidad, es servido por los astros que llevan todo a maduración, de la naturaleza y de los hombres.
    Nada escapa al Destino, ni el resguardarse ante la fuerza inmensa de los Dioses astrales.
    El Destino empuja y arrastra cada cosa por coacción, es la causa de generación y corrupción, vida y muerte.
    Necesidad es determinación firme. Envuelve y mantiene el Mundo.
    Providencia es potencia inmutable. Gobierna el Mundo.
    La tierra disfruta, ante todo, de la Providencia, recibiendo el influjo. El Espacio sideral disfruta en la medida en que en ésta se mueven los Dioses astrales, con movimiento perenne. El Destino también domina los Espacios porque los Dioses astrales son movidos por la Necesidad.
    La Providencia predispone, el Destino es la causa de la revolución de los Dioses. Es ley inviolable.
    Destino y Necesidad presiden la evolución de todos los acontecimientos relegándolos recíprocamente en una cadena de sucesiones: son la causa que produce cada cosa, o el 2º Dios creado por la Mente Suprema, es decir el Orden Universal de las cosas celestes y terrestres.
    El Destino inicia las evoluciones, la Necesidad ordena el seguimiento hacia el fin último.
    El uno y la otra informan a la Providencia, su contenido es sucesión de todo aquello que debe realizarse en el espacio y en el tiempo.
    El Universo sigue, se desarrolla, se mantiene, por obra de la Providencia.
    Los Tres, en el vértice del plano divino, privados de arbitrio obedecen a la coerción de la Ley eterna, Eternidad inevitable, inmóvil, indisoluble.
    El Destino hecha la semilla; la Necesidad obliga a cada cosa a alcanzar su fin; la Providencia establece la armónica fusión de los acontecimientos madurados por los Dos.
    En el centro del Universo reside una divinidad potentísima que, siempre despierta, vigila escrupulosamente sobre todo aquello que hacen los humanos: la Justicia, propuesta a los hombres.
    Providencia y Necesidad fueron propuestas a la orden de los Seres divinos, que no pueden pecar. El hombre está sujeto al Destino a causa de los influjos que presidían su nacimiento, a la Justicia por las acciones culpables en vida.
    La Muerte = cumplimiento de los años vitales durante los cuales cada parte del organismo se había agregado en un único instrumento de vida. Es disolución del cuerpo y cese de la sensibilidad corpórea.
    Dios, Padre de todas las cosas, ilumina al hombre con el conocimiento que es patrimonio de la Mente. Después de haber expulsado del alma las tinieblas del error y adquirido la Luz de la Verdad, se une a la Mente suprema.
    El hombre pío es iluminado por la Piedad, por la Sabiduría y por el Conocimiento de Dios.
    A través de la Mente percibe la razón de las cosas, supera los propios semejantes, como el Sol que con Su esplendor domina sobre otros Dioses del espacio.


    “Dios, Vida de la vida humana, haznos perseverar en el Amor de Tu conocimiento”.

    Iside


    El gran Alma revela a Horus la doctrina sagrada que el antepasado Camefis acoge de Hermes, dándole también a ella el privilegio del Negro Perfecto.

    Los cuatro elementos dependen de un mismo resplandor.
    La Tierra es dispensadora de la materia que emana, absorbiendo sustancia de lo alto.

    El Demiurgo (Artífice) Sol, inicia la sustancia con influjos benéficos que penetran en el espacio hasta el interior de la Tierra; hace surgir la materia y atrae hacia sí todas las sustancias, reuniendo Cielo y Tierra.

    A través de la Luz Solar, que es el receptáculo de la Sustancia Noética, el Buen Auriga, conduce, en carrera ordenada, el carro del Mundo.
    Las riendas son: vida, inmortalidad, alma, mente, generación, Destino. Nutre las partes inmortales del Mundo, dándoLe eterna primavera.
    Con la Luz que envuelve la tierra, agua, aire, crea y concede vida y movimiento a los seres con sucesión de generaciones y transformaciones sin fin, remodeladas las unas en las otras a través de una evolución en espiral. Este cambio produce disolución, sólo en los cuerpos mortales.
    Tiene, en torno a sí, escoltas de Demonios, semejantes a guerreros que vigilan a los mortales y siguen órdenes, desencadenando tempestades, destrucciones, hambre, guerra y castigan la impiedad.
    A Dios corresponde hacer el Bien, a los hombres ser píos, a los Demonios custodiar el orden supremo.
    Funcionan desde vehículos del dictamen radioso de los astros, a través de los influjos, propiedad esencial de los demonios.
    Tienen plenos poderes. Provocan toda suerte de acontecimientos en ciudades, pueblos o individuos. Buscan remodelar y dirigir nuestras almas según sus intentos, insinuándose en cada parte del cuerpo.
    Cada uno de nosotros, apenas nacido y animado, es tomado en consigna por los demonios de los astros que rigen en aquel instante.
    Penetran en las dos partes inferiores del alma, la arrastran según las propias inclinaciones. Sólo la parte razonable del alma puede escapar al cepo, mantenerse libre, receptáculo de lo divino y recibir el Rayo divino por intercesión del Sol.
    Ningún Demonio o Dios Astral tiene algún poder contra un sólo Rayo de Dios. Este es el Destino: nuestra vida es instrumento de los demonios.


    Ordenamiento de las Tropas Astrales


    El mundo inteligible depende de Dios sensible del inteligible a través el mundo inteligible y sensible, el Sol recibe de Dios el influjo del Bien o actividad generadora.
    Alrededor del Sol y bajo Su régimen gravitan las 7 Esferas:
    1ª de las estrellas fijas




    Los Demonios dependen de estas esferas. Los hombres dependen de los Demonios. Dios es Padre de todas las cosas.
    El Mundo Sideral es el instrumento de la actividad curadora.
    El Espacio Sideral está gobernado por la sustancia inteligible, gobierna los Dioses astrales y los
    Demonios que gobiernan a los hombres.

    Dios, creando todo, se crea sí mismo, sin cesar de crear y de existir. Si Dios no tiene fin, tampoco Su actividad creadora puede tener ni inicio ni fin.

    Sigue el discurso sobre el Alma de Iside


    Reinó sobre la tierra una ignorancia supina.
    Muchas almas importunaban a los Dioses Astrales, se rebelaron e indujeron a los hombres a agredirse.
    La violencia tuvo un gran desahogo sobre los débiles, los poderosos mandaban a la hoguera hombres vivos con los cadáveres.
    Hasta que un día los Elementos, no pudiendo contener más la indignación, decidieron recurrir a
    Dios Monarca y acusaron la conducta malvada de los hombres.
    Dijo el Fuego: “¿Hasta cuando tienes la intención de dejar la vida de los mortales en la impiedad?. RevélaTe, da Leyes a los hombres que Te temen.
    Que yo pueda hacer salir del Aire el humo oloroso hacia Ti, mientras ahora me obligan a reducir a cenizas sus carnes y falsean, mezquinamente, aquello que es incorruptible.”
    Dijo el Aire: “Soy inmundo, el hedor de los cadáveres me ha vuelto pestilente.”
    Dijo el Agua: “Dios nacido de Ti mismo, Autor de la Naturaleza que genera toda Tu merced, ordena que los ríos y los mares deban estar limpios, porque ahora lavan la suciedad de los excrementos y acogen los cuerpos de los degollados.”
    Dijo la Tierra: “Padre, nosotros Elementos que estamos aquí, ante Tu presencia, de nosotros extraen el origen todas las cosas y a nosotros hacen forzoso retorno como los rayos ungidos al extremo límite: una chusma loca e impía de gentes, inhumanas, se ha abatido sobre Mí, que por orden Tuyo estoy dispuesta a llevar en el regazo hasta los cadáveres de los asesinos, dona a la tierra alguna emanación de Ti, ¡muta Mi suerte!. Vuelve la tierra más gloriosa que todos los otros cuerpos, porque es dispensadora de todo.”

    Dios, llenando de Su Voz Suprema todo el Universo, dijo: “¡Iros, Hijos Sagrados, dignos de un Padre poderoso!. Y que no os venga a la mente innovar algo y ni siquiera privar al Universo de vuestra obra.
    Vendrá un Efluvio de mi Ser, que será seguido de otros, el cual tendrá el cometido de vigilar atentamente todas las Naciones humanas. Esto será para los hombres un juez que no podrán eludir, un déspota absoluto, terrible, y vengativo de sus fechorías. Y todo hombre recibirá aquello que se merecerá para sí y para su prole.”

    Cuando decidió revelarse, inspiró las criaturas con ardores de Amor, prodigó en su inteligencia una mayor efusión de la Luz custodiada en su seno y suscitó en ellas la voluntad de volver a buscar, el deseo de descubrir y la tenacidad de conseguirlo.
    Esto no podía producirse en un ser de raza mortal, más bien en un Alma que poseyese la relación de simpatía con los misterios del cielo. Y tal fue, justamente, Hermes, que tuvo conocimiento de todo. Él lo vió todo. Él vió todo el conjunto de las cosas existentes y, habiéndolas visto, comprendió el significado y, habiéndolas comprendido, tuvo la fuerza de revelarlo y enseñarlo.
    De hecho un día, al nacer el Sol, con los ojos vueltos omnividentes, miraba hacia Oriente, percibió algo confuso y, a medida que lo observaba, tuvo conciencia de los Símbolos Sagrados de los Elementos. Y aquello que aprendió Él lo redactó en Libros y los escondió, prefiriendo mantener, sobre la mayor parte de éstos, un riguroso silencio, sin divulgarlos, para que todas las generaciones futuras tuvieran que buscarlos.
    Habló a los hombres, pero no lo escucharon.
    Queriendo dejar enseñanzas, en herencia, a los descendientes, las confió primero al hijo Tot y luego a otros. Finalmente depositó sus Libros Sublimes junto a los objetos sagrados de Osiris, acompañándolos con una solemne oración:
    “Hasta este momento, dilectos míos, prescrito de la patria, viví desterrado y peregrino, y ahora me dispongo, sereno y seguro, a retornar a la patria. Cuando, dentro de poco, me alejaré de vosotros, desarraigado completamente de las máculas del cuerpo, guardaros bien de llorarme como muerto. Yo, en verdad, retornaré a aquella amena y estupenda ciudad en la cual los habitantes son todos ignorantes de la corrupción y de la muerte. De esta cuidad solo y supremo rector es Dios, a cuya justísima autoridad cada uno obedece, voluntariamente, en el fervor de una grandísima y preciosísima bondad y en la plenitud de una exquisita suavidad.

    Hijos míos, os digo que aquella es la verdadera vida, en la cual, exentos de cualquier conmutación material y unidos inseparablemente al Bien eterno, aquellos ciudadanos son verdaderamente bienaventurados. Os aseguro, oh dilectos, que éstos gozan felices aquella vida sin más temor a conmutarse y en la certeza del eterno Bien. Estos se lo merecen con el ejercicio, en vida, de la verdadera justicia y de otras virtudes.
    De hecho, ésta que por muchos es considerada como la única vida, convendría, más bien, considerarla una muerte verdadera en vez de una verdadera vida. Yo la llamaría, más exactamente, no una sola, más bien tantas muertes, cuantas son en vida las ofensas a la sabiduría, a la suma divinidad, cuántas son las tinieblas de la ignorancia, cuántas las faltas a las sagradas promesas y las tantas otras deficiencias de esta naturaleza humana.”
    Y percibiendo las lágrimas en los ojos de los reunidos y de los discípulos, Trimegisto los apremió: “¡Dejad de una buena vez de llorar!. Esta disolución por la cual el cuerpo corruptible se separa de mí, no me procura, dilectos míos, ningún dolor ni daño, mientras me concede el glorioso retorno. No hay, en verdad, motivo de afligirse por el hecho que os deja un padre destinado a la gloria de la verdadera vida, a un premio tan deseado que le concederá la inmortalidad. Tengo la certeza que me viene del conocimiento de haber cumplido con prudencia y justicia el plano de Dios.” “También vosotros un día - continuó Hermes con voz más fatigada - siguiendo a vuestro padre, lo volveréis a ver, como ahora lo veis, en la verdadera patria, puesto que cada uno de nosotros, ahuyentadas las tinieblas de la ignorancia, reconocerá fácilmente, a la luz de aquella suma Bondad que es Dios, todos los ciudadanos del universo. También vosotros me alcanzareis, os lo aseguro, con tal que tengáis a honra todas las virtudes y ante todas la justicia. Os recomiendo desdeñar la idea de que existe una pluralidad de dioses y de venerar, con todas vuestras fuerzas, solamente Aquel, el Cual creó este complejo organismo que es el cuerpo humano y cierra las almas en tal prisión terrena”.
    Y puesto que los presentes continuaban dando libre desahogo al llanto: “¡Callaos!” – los exhortó Hermes con un hilo de voz “Me parece oír en mis oídos como una maravillosa música. Nunca, hasta ahora, había oído una más dulce...Es tan, tan diferente de aquellas melodías con las que los instrumentos musicales nos deleitan en la hora del ocio y del recreo... No sabría realmente decir si era la misma que producen los cuerpos siderales, girando diferentemente, o la sinfonía misma de las Siete Esferas...”

    Entretanto su rostro se iluminó todo de singular esplendor. No dijo más palabras Hermes, cerró los ojos y su alma, escapada del cuerpo, emprendió el vuelo imperceptible.




    Hoy Bharat quita el Velo del Sagrado Libro de la Verdad Una y Hermes, desde el Triángulo de Oro de la Conciencia Universal, libera el Principio de lo
    Finito en lo Infinito y por el Poder de la Conciencia
    Universal vuelve visible aquello que ha estado invisible.


     
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