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    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro: EL ANUNCIADOR » SE INICIA EL PROGRAMA SOBRE EL PLANETA (CAPITULO 1)
    SE INICIA EL PROGRAMA SOBRE EL PLANETA
    bookFecha: Viernes, 2012-12-14, 8:12 PM | Mensaje # 1
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    Extraido de: http://www.edicolaweb.net/nonsoloufo/aqus_pdf.zip

    CAPITULO I

    SE INICIA EL PROGRAMA SOBRE EL PLANETA







    1. White Sands


    Estaba anocheciendo sobre White Sands. La base americana iba entrando en una calma definitiva y el personal quedaba reducido al exclusivamente necesario. Dos investigadores escrutaban el cielo como cada noche. Era el mes de julio, hacía una agradable temperatura, había luna nueva. Uno de los observadores, mientras maniobraba con el telescopio, descubrió a más de 1.000 kilómetros de altura dos cuerpos que describían una órbita alrededor de la Tierra. Avisó a su compañero:
    - ¡Mira eso..!
    ¡Qué extraño! Son muy luminosos, no pueden ser aviones...
    - ¿No podrían ser satélites artificiales de alguna potencia extrajera?
    - No es conocido ningún tipo de satélite así...
    - Debemos comunicarlo. Llama al jefe de la base.
    El profesor Clyde Tombaugh, descubridor de Plutón en 1930, acababa de acostarse. Sonó el teléfono y al descolgarlo oyó con sorpresa que le llamaban del Pentágono:
    “Es necesaria su presencia en el Observatorio de Monte Palomar urgentemente.”
    El profesor Tombaugh se volvió a levantar y se dirigió al Observatorio de Monte Palomar. En su interior le esperaban dos altas personalidades dél Pentágono, los dos observadores que habían descubierto los cuerpos extraños y el profesor La Paz, de la Universidad de California.
    Clyde Tombaugh y La Paz observaron, durante el tiempo que estuvieron visibles todavía, los dos cuerpos. Clyde afirmó:
    - Parece tratarse de dos meteoros no desintegrados. Por alguna razón pueden haber sido frenados por la fuerza de atracción terrestre, pasando a ser satélites de la Tierra.
    Sin embargo, el profesor La Paz estuvo en desacuerdo:
    - La caída de un cuerpo en el espacio sideral no puede ser frenada por la atracción terrestre. Esta fuerza, por el contrario, debería actuar sobre un meteoro con la fuerza de un imán. Para que un cuerpo pueda quedar suspendido en el espacio, debe ser más ligero que la atmósfera terrestres o bien estar dotado de medios de propulsión sumamente potentes como para permitirle desafiar y vencer la ley de la gravitación. Los meteoritos son cuerpos sólidos, excesívamente pesados. Su tesis de que puedan haberse convertido en satélites de la Tierra está en contradicción con todas las leyes físicas.
    Los dos meteoros desaparecieron del campo de observación de White Sands y a pesar del revuelo, pasaron a los archivos.

    2. Palomar Garden's


    Muy cerca de Monte Palomar se encuentra el restaurante “Palomar Garden's”, un restaurante dirigido por un americano de cabellos canos, mirada profunda, rostro enjuto, 1 metro 65 de estatura y unos 70 años.
    George Adamski había sido profesor de Filosofía y Ciencias hasta el año 1939 y en realidad daba más la sensación de ser profesor que director de restaurante. Su aficción por la Astronomía había nacido en el año 1930, afianzándose a lo largo de su contacto con el ejército el tiempo que permaneció en servicio durante la Gran Guerra.
    Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, cambió su trabajo como profesor por el de director del restaurante “Palomar Garden's”. De este modo pudo, a partir de 1946, dedicar los ratos libres a los estudios de Astronomía y Ufología. Sus buenas relaciones con la dueña del restaurante, Alice K. Wells, le permitieron un trabajo cómodo al frente del “Palomar Garden's” y le dejaron la suficiente libertad para dedicarse a investigar de un modo progresivo y regular los fenómenos de la Astronomía y los platillos volantes.
    Para su trabajo utilizaba dos telescopios, uno de 6 pulgadas y otro de 15 pulgadas. Ambos telescopios llevaban adaptada una cámara Hagge Dresden Graflex. Con estos dos telescopios escrutaba cada noche los cielos de California. Su sueldo como director, y su amistad con la dueña del restaurante, le permitían una vida cómoda y le dejaban diariamente un amplio margen para sus investigaciones en el campo de la Astronomía y la Ufología.
    La mañana de este mes de julio de 1951 había amanecido lluviosa. Adamski se encontraba en el restaurante preparando el usual turno de comidas de las 12 del mediodía. Muchos de los clientes trabajaban en Monte Palomar, y de hecho no sólo conocían a George Adamski como director del restaurante, sino como un buen aficionado a la Astronomía, con una base científica suficiente como para poder comentar algunos de los incidentes que en los cielos de California eran paralelamente observados por los enormes telescopios del Observatorio profesional de Monte Palomar, y los pequeños telescopios de aficionado de Adamski.
    Cuatro hombres entraron en el restaurante. Dos de ellos saludaron efusivamente a George Adamski, Eran J. P. Maxfield y G. L. Bloom, ambos del Point Loma Navy Electronics Laboratory, cercano a San Diego, capital del estado. Sus dos acompañantes vestían uniforme de oficial. Adamski les acompañó a una buena mesa. Comenzaron a hablar. J.P. Maxfield dijo:
    - ¿Cazaste algo anoche, con tu telescopio?
    - Lo de siempre, desde hace unos meses, luces. Creo que tengo algunas fotos de esos puntos luminosos en el espacio. No ha ocurrido nada gordo desde la lluvia de meteoros de 1946.
    - Sí, aquello fue un buen espectáculo para todo el Sur de California. No se ha visto nada igual en este siglo. Y el gigantesco aparato oscuro en forma de cigarro, tan grande como un dirigible, detenido en medio de los cielos y repentinamente disparado en dirección a San Diego, hoy hubiera podido levantar un enorme revuelo.
    Los dos oficiales habían escuchado con curiosidad las palabras de Bloom. Adamski añadió:
    - El acontecimiento nos pilló a todos desprevenidos. Incluso al Gobierno. La radio dijo al día siguiente que un enorme objeto en forma de cigarro, de origen desconocido, había sido visto por millares de personas. Hoy lo hubieran desmentido.
    Adamski dejó a sus amigos hasta el postre. G. L. Bloom, antes de despedirse le dijo:
    - Vamos al Observatorio a pedir la cooperación de su plantilla de astrónomos en la observación de los “objetos no identificados”. Permanece ojo avizor, porque con tus aparatos puedes tener muchas más ocasiones de sorprender alguno de estos vuelos fantasma. Tus telescopios son más aptos que los del Monte Palomar y más manejables para la observación de cuerpos próximos.
    - Sí, tienes razón. Mi telescopio de seis pulgadas, se maneja y dirige como una escopeta para la caza de ánades en vuelo.
    Se despidieron. Adamski siguió con su trabajo en el restaurante.


    3. Las confidencias de Mr. G. L. Bloom


    Unos días después, G. L. Bloom entró en el restaurante. Adamski, al verle entrar, se dirigió a su encuentro:
    - ¿Qué te trae por aquí? ¿Es algo secreto, que vienes solo?
    - ¿Escuchaste ayer la radio?
    - Sí. Oí la noticia del platillo volante que ha aterrizado en México.
    Bloom añadió:
    - No han dicho toda la verdad. Hay mucho más de lo que has escuchado en la radio. Mi información privada me hace concebir sospechas de que mañana darán una contranoticia desmintiéndolo. ¿Tú tienes algo?
    - Sí, tengo dos clichés. Los he conseguido en una observación de la Luna. Si lo crees conveniente te puedo entregar dos copias para que las analices en el laboratorio.
    - Bien, les echaré un vistazo. ¿Te importa que les demos publicidad, si son importantes?
    - No tengo inconveniente. Respondió Adamski.
    - Entonces te enviaré a dos periodistas de San Diego.
    G.L. Bloom comió y se despidió de Adamski. Dos semanas más tarde aparecieron dos periodistas del San Diego Journal y contaron la historia en el periódico.
    Al día siguiente de aparecer la noticia en el San Diego Journal, pasaron por el “Palomar Garden's” reporteros del Tribune y Union.
    Adamski les confirmó la noticia y les añadió que había entregado las fotografías al Point Loma Navy Electronics Laboratory para su análisis.
    Los periodistas fueron al laboratorio, pero la dirección negó rotundamente haber recibido tales fotos. Los periodistas volvieron a consultar con Adamski, quien les entregó copias porque conservaba los clichés.
    La noticia se fue engordando y los periodistas pidieron explicaciones al Pentágono en relación con este caso. El Pentágono también negó todo conocimiento de tales fotografías.
    En este tiempo Adamski había gastado más de 200 clichés de fotografías y poco a poco los resultados de sus observaciones fueron siendo más positivos.
    La desaparición de las fotos entregadas a G. L. Bloom por un lado le tenía intrigado, pero por otro le había impulsado a incrementar las horas de vigilancia desde su observatorio casero. Personalmente había llegado ya a la conclusión de que en la atmósfera terrestre se movían objetos no identificados, bajo el gobierno de seres inteligentes.
    Desde el verano de 1951 al verano de 1952, se produjo una avalancha de avistamientos en la zona del desierto de California. George Adamski, desde su observatorio particular, a mil metros de altura, con una visibilidad de 180 grados, tiró más de 500 placas y consiguió unas doce fotografías aceptables de objetos no identificados.
    En este tiempo la prensa de San Diego había dado informaciones sobre algunos aterrizajes habidos en los desiertos californianos.
    Adamski solía revelar todas las fotografías y hacer las copias en casa de un fotógrafo de confianza llamado D. J. Detwiler que vivía en la ciudad de Carisbad, a unos 60 kilómetros de Monte Palomar.
    Le llamó, le entregó las placas y le pidió que preparase un dossier con las mejores fotos. Adamski se había comprometido con otro amigo y envió el dossier a la Wright Patterson Air Force Base. En el dossier se incluían exactamente doce fotos. Algunas de objetos en forma de cigarro puro y otras en forma de disco. Algunas de las fotos de este dossier se han convertido en prototipos dentro del campo de la Ufología.
    Unos días más tarde el nombre de Adamski apareció en la prensa. Unos reporteros habían ido a verle y tergiversaron la historia. En el artículo se acusaba a George Adamski de utilizar el truco de las fotografías para hacerse notar y atraer clientes al “Palomar Garden's”.
     
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