DEFINICION Y DESARROLLO DE LA OPERACION “SARAS” - Foro
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    DEFINICION Y DESARROLLO DE LA OPERACION “SARAS”
    bookFecha: Viernes, 2012-12-14, 8:28 PM | Mensaje # 1
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    Extraido de: http://www.edicolaweb.net/nonsoloufo/aqus_pdf.zip

    CAPITULO III

    DEFINICION Y DESARROLLO DE LA OPERACION “SARAS”






    Desde el 20 de noviembre habían continuado los avistamientos y la alarma en los aeropuertos civiles y militares cada vez que un objeto no identificado aparecía en la pantalla.
    Adamski había transmitido verbalmente el mensaje recibido en el encuentro del día 20 de noviembre, ante seis testigos amigos suyos. El vehículo de transmisión del mensaje había sido su contacto de Monte Palomar.
    Según las referencias que, de regreso, le llegaron a Adamski, las autoridades no se tomaban en serio su mensaje y en cierta forma pidieron alguna prueba definitiva de que tal hecho se produciría. Y desde luego pedían identificación del cómo, el cuándo y el dónde.
    Adamski, desde el encuentro con el venusiano en el desierto Parker, había hecho enormes avances en cuanto a comunicación telepática se refiere. Ello le evitaba permanecer largas horas detrás de su telescopio y podía ceñirse a la horas óptimas, o a las horas en que se producían acontecimientos importantes del programa en las coordenadas que pasaban por Monte Palomar.
    Telepáticamente, una de las noches de primeros de diciembre de ese mismo año tuvo una nueva cita, esta vez para él solo, de noche y en el desierto californiano.
    Adamski no tuvo dudas sobre la validez de su mensaje telepático. Así que se fue preparando durante la semana que mediaba entre la cita telepática y la fecha determinada.
    La noche del 8 al 9 de diciembre se dirigió solo, sin material alguno, ni máquina, ni telescopios, según se le había indicado, al mismo lugar del encuentro, en Desert Center.
    Esperó a que pasara la medianoche y salió del coche, aparcado en la carretera. Se ádentró solo en el desierto. Cuando estuvo varios kilómetros en el interior, se paró. En la línea de vuelo Este Oeste, vio acercarse una luz, del mismo tipo que la primera vez. Se detuvo a enorme altura sobre su vertical. Luego descendió en picado, se paró a unos metros delante de él y quedó haciendo un pequeño remolino, sólo perceptible por las gamas de luz en forma de halo que circundaban al objeto. Adamski percibió también un agudo silbido suave que le llegaba hasta el interior de todo su ser, comprendiendo que no era un sonido normal, pues también su clariaudiencia se había despertado en ese tiempo.
    El objeto estuvo levitando unos minutos. Adamski estaba más tranquilo que la primera vez. Su interior se encontraba en paz. El aparato terminó por posarse y quedó iluminado como si fuese una transparente campana de dos niveles. Más que una campana de iglesia, se asemejaba a dos paraguas superpuestos. Dos paraguas de diferente tamaño.
    Se abrió un lateral y volvió a aparecer el mismo ser de la primera vez. Le tendió la mano de la misma manera y le invitó a seguirle dentro del aparato.

    La nave era completamente circular en su interior. Era una pequeña nave que mediría unos doce metros. Iban tres tripulantes. Adamski recibió la orden de situarse en un asiento anatómico que había pegado al circuito central, una especie de giroscopio que comunicaba las dos superficies.
    En su frente había una enorme pantalla en la que se podía ver todo el terreno en círculo sobre el que se encontraba la nave. Su anfitrión de cabellos rubios iba vestido de la misma manera y los demás tripulantes llevaban el mismo traje de vuelo.
    En un momento determinado, sobre otra pantalla que había en un panel derecho, apareció un nombre: Orthon. Adamski preguntó mentalmente qué significaba y percibió que era el nombre de su contacto y su guía en la operación.
    Después apareció otro nombre: Saras y Saros... Adamski volvió a preguntar qué significaba. La respuesta fue la siguiente:
    “Es el nombre del planeta Tierra para nosotros. También el nombre del programa que se está llevando a cabo y en el que estás incluido. También el nombre de la gran “operación” que se inicia ahora y se terminará un día próximo y tú no verás. En el antiguo idioma de vuestro planeta, “Saras” o “Saros” significaba repetición. Sois el “Planeta de la Repetición”. Vuestro karma os lleva de un modo atávico a la repetición de las mismas equivocaciones planetarias.”
    Después volvieron a proyectar sobre la pantalla otras dos palabras que desconocía: “Solex Mal”. Adamski volvió a preguntar mentalmente. Le respondieron:
    “Es el idioma hablado telepáticamente en otras épocas en vuestro planeta. Era un idioma sintético, ideográfico. Es también la lengua y el idioma de toda la gente del espacio externo. Es una lengua simbólica, con escritura figurada. Esta fue la lengua que se perdió, la lengua a que hace alusión la parábola de la Torre de Babel.”
    Adamski notaba como si se hubiera parado el tiempo. Se notaba fuera del tiempo y del espacio habituales, como si en torno suyo se hubiera hecho un enorme vacío. Se sentía radiante, como si le rodease la luz y a la vez el sol interior se expandiese hacia afuera revitalizando todas sus células físicas. No podía apartar su vista de la pantalla. Se dio cuenta de que habían levantado el aparato y sobrevolaban toda la zona desértica.
    Vio sobre la pantalla, como en una película, que se colocaba una placa fotográfica de las que él utilizaba habitualmente. Supo repentinamente que era su placa, la placa que el primer día le había sido llevada por el ser de Venus.
    La placa tenía una imagen del aparato muy clara. Vio que la imagen desaparecía y se borraba desvaneciéndose sobre el fondo verde. Luego vio una mano escribiendo sobre la placa. Apareció la mayor parte de la placa cubierta de unos signos. Debajo de la placa, cuando estuvo totalmente escrita, volvió a aparecer una expresión que ya le había sido proyectada antes: “Solex Mal.”
    El fondo de la placa varió al ultravioleta y al infrarrojo. En el infrarrojo volvió a aparecer la imagen del platillo que se había desvanecido. En el ultravioleta, vio aparecer la placa totalmente escrita en su idioma. El. texto íntegro decía así:

    “OPERACION SARAS


    El Gran Consejo accede a dar la prueba definitiva del contacto. Tendrá lugar el próximo día 25 de diciembre a las 12, hora solar, en la base de Edwards, en California. Varias de nuestras naves serán visibles y harán ejercicios de materialización y desmaterialización. Sólo podrán estar presentes tres personas. Aterrizaremos en la terminal del Aeropuerto, dirección Este Oeste. No habrá otro ejercicio táctico de alto nivel. Paz. Por la Confederación y el Consejo, ORTHON.”
    Nuevamente volvió a variar de color la pantalla y apareció su placa primitiva, con los signos “Solex Mal”.
    La pantalla se apagó. Adamski preguntó qué debía hacer. Y le fue respondido:
    “Esta es la séguda vez que te comunicarás con altas personalidades de tu país. Hazles llegar verbalmente este mensaje. Y presenta como prueba esta placa que has visto y que te entregaremos. La operación cifrada de la placa es solamente para ti y no debes comunicarla. Lo único que permanecerá será el negativo con el texto en idioma Solex Mal. En su día, y como prueba de este mensaje y de tu participación, se descifrará el texto íntegramente.”
    En un momento determinado Adamski se dio cuenta de que sobrevolaban Monte Palomar.
    La nave se volvio a detener una hora después en el Desert Center. Orthon le acompañó hacia la rampa. Le despidió con el brazo en alto, Vio que la nave quedaba, herméticamente cerrada y que iniciaba un cambio de luz y una aceleración del giro de sus anillos. Luego, en unos segundos, se desvaneció hacia arriba, como absorbida materialmente.
    Adamski tenía la mente pesada, como si el cerebro se hubiese sobrecargado de documentación y no pudiese digerirlo repentinamente. Respiró tres veces, profunda y acompasadamente, mirando en la dirección en que se había alejado la nave. Volvió a su coche y regresó a Monte Palomar.

    7. Avistamiento oficial: Alto secreto militar


    Tres días después de este nuevo encuentro, Adamski utilizó su contacto de Monte Palomar para transmitir el contenido del mensaje. El encuentro entre Adamski y personalidades de alto nivel político y militar tuvo lugar en una de las dependencias del Pentágono.
    Asistieron a esta reunión seis personas: dos altos cargos políticos, dos militares de alta graduación, un eclesiástico desplazado desde Nueva York, un astrónomo y el propio Adamski.
    La reunión fue secreta, tanto para la Casa Blanca como para el Capitolio, pero no para la Central de Inteligencia. Este hecho marcaría de modo definitivo todo el proceso OVNI en los Estados Unidos en el futuro.
    Adamski repitio verbalmente el mensaje. Los asistentes se quedaron sin habla. Finalmente uno de los militares añadió:

    - En la comunicación oficiosa anterior que le hicimos llegar, ya le indicamos que no nos expondríamos sin una prueba definitiva y física.
    Adamski le miró, y extrayendo de su bolso interior la placa que le había sido devuelta, dijo:
    - Esta es la prueba física que me ha sido permitido traerles. Es el texto íntegro del mensaje que les he transmitido, en un idioma que no me ha sido autorizado indicarles. Puedo permitirles que hagan una copia de la placa, en mi presencia, pero no puedo dejarles la placa, ni concederles cualquier otro tipo de manipulación.
    Uno de los civiles que asistían a la reunión y el astrónomo salieron de la sala, una sala de tonalidad ocre en forma hexagonal irregular. Luego regresaron y pidieron al resto que les acompañasen para asistir al revelado de la placa.
    Las únicas palabras claras que aparecían al comienzo y al final eran “Saras” y “Orthon”.
    El eclesiástico preguntó a George Adamski:
    - ¿Tienen algún significado la palabra inicial y la del final?
    Adamski respondió:
    - La inicial es el nombre que ellos dan a nuestro Planeta y la del final es el nombre del emisario que me transmitió el mensaje.
    El militar agradeció al empleado su trabajo. Le fue entregada la placa a George Adamski y él se quedó con el ejemplar reproducido. Regresaron a la sala del principio.
    Dijeron a Adamski que antes del día indicado decidirían sobre la forma y las personas que presenciarían la prueba.
    El representante de la Casa Blanca añadió:
    - Se sobreentiende que tanto la reunión como la prueba son estrictamente secretas, y ninguno de nosotros, ni ustedes, podrán revelar la existencia de esta reunión o los acontecimientos que se sigan. Esta entrevista no compromete a nada a las autoridades de los Estados Unidos. Quienes decidan participar en los hechos, lo harán a título personal y aceptarán las consecuencias que derivasen a título individual, sin implicar en ellas ni al Gobierno ni al Ejército de los Estados Unidos.
    Adamski y su amigo fueron acompañados al exterior.
    Ya era noche entrada y el personal hacía tiempo que había abandonado las oficinas.
    El astrónomo subió a su coche comentando a George Adamski:
    - Esta vez los tienes atrapados. No saben qué hacer. Menuda tormenta se les viene encima... Mañana lo sabrá el Presidente Truman... Es demasiado grave el asunto.
    - Esa no es mi preocupación. Estoy satisfecho porque he cumplido. Me preocupa lo que después de la prueba puedan decidir hacer... ¿Crees que no conocía alguien más esta reunión? ¿Que la conocíamos exclusivamente los siete que estábamos allí?
    El astrónomo añadió:
    - Es seguro que alguno de los que asistían habrá dejado filtrar alguna información al organismo que te imaginas. Aquí unos nos espiamos a los otros.
    George Adamski guardó silencio y miró instintivamente hacía el cielo por la ventanilla del coche. Todo estaba en calma.
    El astrónomo le volvió a interrumpir:
    - A estas horas, habrán tenido confirmación de los avistamientos que han coincidido con la fecha de tu encuentro en el desierto. ¿Sabes que varios aeropuertos militares han detectado “ecos radáricos” la misma noche del 8 al 9?
    - No lo sabía; es una buena coincidencia para ellos.
    - Lo único que me gustaría es poder observar en directo la escena que puede producirse el día señalado...
    Hacía una noche estrellada. Era la noche del día 12 de diciembre y los norteamericanos habían comenzado ya a soñar con Papá Noel, pero unos cuantos políticos y militares tenían la cabeza hecha un Iío y no podrían conciliar el sueño fácilmente.

    La noche de Navidad, para cualquier base militar, suele ser tranquila a partir de las ocho de la tarde, y la base Edwards, en California Oriental, estaba dispuesta a revalidar el título de la vieja canción: “Noche de paz”.
    El personal habitual de los radares y la torre de control del aeropuerto de la base había sido sustituido esa noche por personal militar. El gesto fue interpretado como una muestra de benevolencia y gratitud de los altos mandos en una fecha tan señalada.
    La realidad era muy otra. Se trataba de controlar cualquíer posible filtración desde el exterior hacia el interior de la base y viceversa, para el caso de que realmente se produjera el avistamiento previsto para las doce horas.
    Dos horas antes de la cita, tres altas personalidades entraron a la base en coche oficial, dirigiéndose a la sala de juntas.
    Las personalidades eran: un alto cargo de una agencia de noticias, un eclesiástico de alta jerarquía de la Iglesia Metodista y un pariente cercano del Presidente Truman, que había presidido, en cierta forma, la reunión en que Adamski presentó sus pruebas.
    Permanecieron en silencio hasta media hora antes de la hora prevista. En el mismo coche oficial que les había llevado a la base, se desplazaron hasta la pista situada en el lado oriental. Una vez llegados al lugar, pararon el coche y esperaron.
    A la hora señalada, un punto luminoso comenzó a agrandarse en el horizonate. Detrás de él, otros cuatro. Venían en la dirección Este Oeste a una gran altura. De un modo vertiginoso e imprevisto se agrandaron sobre su trayectoria de caída, como una pelota luminosa que se aproxima precipitadamente al ir cayendo en forma elíptica.
    Los tres espectadores se sobrecogieron, sin conseguir articular palabra alguna. Estaban, por instinto, aplastados materialmente contra sus asientos.
    Las luces, sincronizadas como si perteneciesen a un solo aparato, se agrandaron hasta tener un tamaño aparente de dos metros, quedando suspendidas en el cielo oscuro varios metros sobre el suelo, frente al coche. A los lados se divisaban las luces de posición del aeropuerto, y en medio de la pista, el coche, como un pobre animal desvalido en medio de la noche.
    Repentinamente las luces cambiaron de color. Pasaron del blanco al amarillo y al anaranjado, mientras descendían de un modo imperceptible, suavemente, como flotando. A un metro del suelo y frente al coche, sobre la pista y a los laterales, quedaron Invitando, como colgadas del espacio, formando un triángulo.
    Eran naves de un tamaño medio, de un diámetro aproximado de 12 metros, en forma de campana. Eran semitransparentes y a su trasluz podían distinguirse bultos en su interior tenían todas ellas como dos planos, uno inferior con tres ventanas y otro superior con una. Las ventanas eran de forma oval, simétricamente dispuestas. Los objetos presentaban una apariencia metálica parecida al cobre, pero de matices transparentes y como si fuesen de una sola pieza.
    Sobre el horizonte se oyó el ruido de un caza acercándose. En el mismo instante, las naves comenzaron a apagarse, a desvanecerse como una nube de humo o una forma fantasmal en medio de la noche. Cuando el avión pasó próximo para aterrizar, las naves habían desaparecido ante sus atónitos ajos. Cuando el ruido de los motores del caza se apagó, las naves volvieron a emerger de la oscuridad de la noche, en el mismo sitio en que se encontraban antes.
    La maniobra de aparición y desaparición se repitió otras dos veces en la base. Los tres espectadores comprobaron que el proceso parecía sincronizarse con la onda acústica del ruido de los motores de los aviones.
    Los tres testigos de excepción estaban mudos, sobrecogidos y, en cierto modo, asustados por lo que estaban viendo y no podían creer. ¿Cómo podían aparecer y desaparecer los objetos ante su vista, sin ruido alguno, sin variación alguna? Era como una pesadilla, o como un juego de bambalinas y magia. Su mente explotaba ante los cinco aparatos perfectamente claros, contundentes, parados delante de sus ojos, suspendidos entre el cielo y la tierra. En ocasiones se llevaron las manos a los ojos y se los frotaron instintivamente, como queriendo apartar una pesadilla.
    De un modo súbito las naves hicieron un cambio de luz. Se volvieron más brillantes y amarillas. Los tres testigos percibieron un pequeño zumbido semejante a una onda de radio en proceso de sintonización. La nave que ocupaba el vértice del triángulo hizo un flash luminoso en dirección al coche por tres veces consecutivas; las restantes naves lo repitieron. Luego la nave primera comenzó a despegar en vertical. Y seguidamente las cuatro restantes. Se colocaron a unos 200 metros sobre el suelo y volvieron a variar el grado de intensidad luminosa hasta llegar a ser de un brillo casi blanco.

    Luego, en décimas de segundo, fueron materialmente absorbidas en el espacio, chupadas por el cielo oscuro, siguiendo el dibujo inverso que habían realizado a su llegada, pero siempre perfectamente sincronizadas y en línea elíptica.
    Ellos siguieron a las naves hasta que se convirtieron en puntos luminosos como las demás estrellas; luego las dejaron de ver.
    Habían sido como una mala pesadilla, como un sueño poblado de imágenes del inconsciente.
    El pariente de Truman debía dar cuenta esa misma noche al Presidente, que estaba al tanto de la operación. El problema, en verdad, no era cómo contárselo, sino qué medidas políticas o militares debían tomarse o qué consejo debía dar como testigo excepcional del suceso.
    El mismo coche oficial en que habían llegado, les sacó de la base.
    Era la noche de Navidad. Tenían una buena nueva inesperada de alto nivel político. Una buena nueva, por otra parte, embarazosa para ellos y para su Gobierno. Tal vez la más embarazosa de toda la historia de los Estados Unidos, porque sabían que no podrían quitársela de encima de ningún modo.
    Pocos días después de esta prueba oficial, la prensa dio cuenta de avistamientos paralelos de gente civil. El avistamiento de Estados Unidos tuvo lugar en Marysville, otra ciudad importante de California. El de la URSS, con características muy similares, tuvo lugar en Grasnovodsk a orillas del mar Caspio, en la Rusia meridional.
    Los habitantes de Grasnovodsk, esa tarde regresaban a sus hogares o se encontraban en la calle de charla. Repentinamente, vieron acercarse a la ciudad un objeto volante, de forma de zepelín, de cigarro o de huso. Era un aparato silencioso, de luminosidad verde, de enormes proporciones. Algunos le calcularon unos 800 ó 1.000 metros de longitud. Según los cálculos, pasó a unos 2.000 metros de altura antes de volver y colocarse sobre la ciudad, totalmente inmóvil.
    Las autoridades - la policía - avisaron rápidamente a la base militar más próxima.
    La población se había echado a la calle para observar el extraño objeto.
    De la base militar despegaron dos escuadrillas de cazas, provistos de material bélico. Antes de que los aviones llegasen a la ciudad, el huso comenzó a perder sus contornos precisos y se volvió transparente hasta hacerse invisible como una nube que se evapora.
    Los ciudadanos de Grasnovodsk no creían lo que estaban viendo. Sin embargo el objeto había desaparecido como tocado por una varita mágica, como si fuese una ilusión del día de los Santos Inocentes.
    Algunos segundos después llegaron los cazas. Iniciaron una rápida y vana búsqueda a distintas cotas. Volaron y sobrevolaron una y otra vez la ciudad, sin resultado alguno. Finalmente, regresaron a la base de origen.
    En el mismo instante que se apagaba el ruido de los motores de la escuadrilla, comenzó a materializarse el huso, cigarro o nave en el mismo punto en que estaba anteriomente. La gente volvió a verlo enorme, ante sus ojos, despavorida, como si surgiese de la nada. Muchos de los ciudadanos corrieron a ocultarse en sus casas. La policía volvió a telefonear histérica al comandante de la Base Militar.
    El objeto permaneció unos minutos sobre la ciudad. Luego comenzó a moverse, salió una llama violeta de su parte posterior y comenzó a tomar, de modo acelerado, altitud y velocidad. En unos segundos desapareció de la vista de Grasnovodsk.
    Cuando años más tarde este hecho fue conocido en Occidente, y publicado en la prensa, Eugenio Siragusa hizo también público este comunicado de Adoniesis, extraterrestre, con quien estaba en comunicación por esa misma época:
    “Algunas personalidades de vuestro planeta saben muy bien que nosotros tenemos la completa posibilidad, si lo deseamos, de proceder a la desmaterialización de nuestros aparatos y de nuestras naves y en consecuencia a la rematerialización de lo que temporalmente habíamos desmaterializado. No estoy autorizado por el Consejo Supremo de la Confederación a demostraros prácticamente este proceso, y espero que comprendáis el por qué, pero nosotros podemos detenernos con nuestras naves en cualquier sitio sin ser visibles para vuestra capacidad visual, y esto gracias a la técnica que empleamos desde hace mucho tiempo y que ponemos en práctica cuando es necesario para no ser molestados en ciertas misiones particulares que piden la penetrabilidad de la materia sólida que para vosotros es absolutamente inviolable. En ciertos casos particulares, si lo deseamos, podemos provocar una sintonía visual particular con sujetos predispuestos y así ser vistos con una luz “particular” que poduce el proceso de desmaterialización mismo.
    Nosotros hemos dado una demostración práctica de esto, hace algún tiempo, cuando cinco de nuestras naves descendieron precisamente sobre la base americana Edwards, en California meridional. El hecho tuvo lugar en presencia de un pariente del ex presidente Truman, de un competente representante de una importante agencia de prensa y de un obispo de la Iglesia Episcopal Metodista. Estas autoridades quedaron muy impresionadas y han permanecido un tiempo muy sacudidas por nuestras posibilidades, pero no han podido hacer otra cosa que “callarse”. Nosotros continuaremos hasta que estéis habituados al hecho de que nosotros somos una ”realidad operacional por una ley de amor que vosotros todavía no queréis comprender”.”
    De este modo el mensaje de Eugenio Siragusa confirmaba un hecho importante acaecido en otro lugar. Un hecho fundamental del programa en sus comienzos, cuando el “Programa Saras” acababa de iniciarse.


    8. La muralla del silencio


    Evidentemente el suceso de la base Edwards era importante y grave. Lo suficiente para que el informe que se redactó fuese calificado de “Alto Secreto”.
    La conclusión sobre las espacionaves, después de estos hechos, sin que hubiera una sola disensión, quedaba definida en el informe. Y así pasó al Directorio de Inteligencia. Algunos miembros del Proyecto y altos jefes militares estaban ya convencidos no sólo de la presencia continua de espacionaves, sino de su programa concienzudo sobre observación y preparación de nuestro planeta para un eventual contacto encuentro en un futuro no determinado.
    Estos miembros se oponían a que la situación de secreto continuase y el público permaneciese sin la información de derecho. La opinión de este grupo era adelantarse a los acontecimientos, de modo que el Alto Mando no se viese un día obligado por los hechos a admitir la presencia de ASTRONAVES sin poder controlar tal información.
    Pero el buen camino por el que iban las conversaciones con miras a dar publicidad al informe y poner en conocimiento del público de los Estados Unidos estos hechos, encontró un freno súbito en el general V. H. Este, al tener en sus manos el informe, dijo:
    - Cómo vamos a dar a conocer esto al público? Ni siquiera tenemos una prueba física definitiva en nuestro poder: una nave. Además, la gente no está preparada; cundiría el pánico y podría provocarse una enorme estampida...
    El propio general mandó quemar el informe. Pero una fotocopia con fecha de ese mismo año se salvó de la quema y estuvo en poder de uno de los enlaces en el Cuartel del Proyecto SIGN, que venía investigando los OVNIS desde finales de los 40. La presencia del informe y la copia fue testificada por un teniente coronel implicado en un departamento de información en la Oficina del secretario de la Fuerza Aérea. También existe prueba de este hecho en la NICAP.
    A partir de este año el Proyecto SIGN cambió de nombre, se llamó GROUDGE, y marcó toda una campaña de propaganda, de acciones subterráneas contra los testigos de avistamientos o encuentros, y de intervención directa en cualquier caso, deformando, manipulando o anulando cualquier informe que se recibiese, existiendo orden terminante de controlarlos todos.
    Como si los tripulantes desconocidos de los OVNIS supiesen lo que se estaba tramando, durante todo el año 1952, en especial desde julio, y durante todo el 1953, hubo una avalancha de avistamientos, informes y testigos.
    Fue el momento en que la CIA decidió intervenir de modo drástico y definitivo, no sólo actuando según proyectos y planes propios, sino interviniendo las comisiones de la Fuerza Aérea y de la Armada que investigaban a los Ovnis.
    Los sucesos con los que se organizó la guerra fría entre la CIA y los organismos oficiales encargados de la investigación de los Ovnis, tuvieron lugar a partir de julio de 1952, llegando al límite a finales del mismo año, coincidiendo con los acontecimientos detallados.
    El principio de esta guerra particular que hemos definido como la muralla del silencio, se produjo al intervenir el secretario de la Armada, Dan Kimball, según relato del que fuera director de la NICAP, Donald E. Keyhoe. Dan Kimball fue sorprendido por dos Ovnis cuando realizaba un vuelo con rumbo a Hawai ese mismo año, en un avión ejecutivo de la Armada. También seguía la misma ruta de vuelo, a unos 80 kilómetros de distancia, otro avión de la Armada con el almirante Arthur Radford a bordo. Los Ovnis describieron círculos en tomo a los dos aviones, y cuando se pusieron en contacto por radio Kimball y Radford, los Ovnis recorrieron el espacio de 80 kilómetros entre un avión y otro en algo más de un minuto.
    De regreso, Kimball ordenó a un ayudante suyo enterarse sobre la investigación que la Fuerza Armada había hecho en este caso, a partir del informe remitido por su tripulación de vuelo en viaje a Hawai. La respuesta que su ayudante recibió fue ésta:

    - No se ha realizado investigación alguna ulterior. El caso ha sido archivado.
    El ayudante de Kimball insistió. Le dijeron:
    - Le recordamos que discutir los análisis de los casos va contra las órdenes y que está terminantemente prohibido intentarlo marginalmente, interrogando a los testigos.
    Cuando el ayudante transmitió a Kimball el resultado de sus pesquisas, el secretario, montando en cólera, tomó el teléfono.
    - ¿Está el cotraalmirante Calvin?
    - ¿De parte de quién?
    - Del secretario Kimball.
    - Le paso.
    - ¿Dime, Kimball?
    - Necesito verte esta misma tarde. Quiero que la ONI (Oficina de Investigación Naval) lleve a cabo una investigación completa en relación con el caso que ya te conté, y controle todos los informes de la Armada y los Marines. Y si es posible, que consiga duplicados de los informes de testigos de casos anteriores no resueltos. Debe llevarse a cabo por separado del proyecto de la Fuerza Aérea.

    KimbalI y el contraalmirante Calvin Bolster se vieron esa misma tarde y trazaron un plan.
    Seguían lloviendo los informes y los avistamientos por parte de la aviación civil y militar.
    La CIA tuvo conocimiento inmediato de la actividad de Kimball y preparó su entrada triunfal. En el mes de julio, Kimball había podido hacerse con la película de un fotógrafo de la Aviación Naval que había conseguido una filmación de 12 metros en 75 mm. con una cámara Bell & Howell y teleobjetivo, cuando iba con su mujer y su hijo en coche, en dirección a Tremonton. Delbert C. Newhouse era un veterano fotógrafo de la aviación naval y llevaba siempre su cámara. Justo a la altura de Utah distinguió una formación de unos doce Ovnis y tuvo el tiempo suficiente de tomar la cámara y rodar unos metros.
    La película, analizada por orden de Kimball en el Laboratorio Naval de Interpretación Fotográfica, era una prueba importante. Y la comisión, al final del informe había escrito: “Objetos desconocidos, bajo control inteligente.”
     
    bookFecha: Viernes, 2012-12-14, 8:32 PM | Mensaje # 2
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    (CONTINUACION...)




    La CIA, al tener conocimiento de este caso, estuvo a punto de implicar directamente al Presidente Truman en su programa, al objeto de detener las investigaciones de la Fuerza Aérea, de Kimball y de la Armada. Pero estaban muy próximas las elecciones y ellos sabían que Truman no sería reelegido y por tanto el secretario Kimball, en un período de pocos meses, estaría en inferioridad de condiciones. Ese sería el momento de su intervención. Mientras tanto conducirían una política de dilación.
    Kimball cayó en el engaño, y en noviembre obtuvo la victoria el general Eisenhower. Con el nuevo Presidente de los Estados Unidos, hubo también un nuevo secretario de la Armada.
    Como parte del plan, y para tranquilizar a las Fuerzas Aéreas especialmente, la CIA convocó una conferencia especial en el Pentágono para analizar y estudiar detenidamente los casos de Ovnis más detallados, y concretamente el Informe de Alto Secreto a que nos venimos refiriendo.
    De entrada, la conferencia de alto nivel tendría como componentes a un número determinado de científicos y a un grupo de la Fuerza Aérea. Los científicos elegidos al respecto eran totalmente escépticos y consideraban aquella reunión estrambótica, improcedente y ridícula para el Pentágono. Los representantes de la Fuerza Aérea, en cambio, se lo tomaron muy en serio, por supuesto sin sospechar la maniobra que había entretejido la CIA, y acudieron dispuestos a presentar las pruebas irrefutables de la existencia de los Ovnis y de su tripulación superavanzada.
    Los representantes de la Fuerza Aérea eran: el general de la base, Wright Petterson; los coroneles William Adams y Wesley Smith, del Directorio de Inteligencia; el mayor Deway Fourtnet, enlace de la Inteligencia con el Cuartel General para el proyecto Ovni; Albert Chop, encargado por el Cuartel General de las relaciones con la prensa, y Edward J. Ruppelt, capitán que intervenía directamente en el proyecto. En secreto habían planeado dar a la prensa el informe que habían preparado y que se iba a discutir en el Pentágono.
    La conferencia en el Pentágono se aplazó hasta el 12 de enero de 1953. Subterráneamente estaba controlada y dirigida por tres hombre de la CIA: el científico doctor Marshall Chadwell y los agentes Philip Strong y Ralph Clark. La CIA se las había arreglado para mantener al margen de la conferencia a Kimball. Las reuniones del Pentágono duraron cinco días y constituyeron el mayor jarro de agua fría que hasta entonces hubieran recibido la Armada y las Fuerzas Aéreas. Al final de las reuniones, Fournet y Ruppelt fueron a ver a Kimball para contarle lo sucedido, entrevistándose en el domicilio particular de Kimball. Edward Ruppelt, que había experimentado un notable cambio de posición respecto a los Ovnis, dijo:

    - Todo ha sido una vil trampa, y hemos entrado en ella como corderos, con la cabeza baja. La CIA se ha propuesto no dar a luz el informe. Su objetivo es enterrar todo el asunto.
    Kimball le interrumpió:
    -No les resultará fácil. Tenemos tu informe, Fournet. No va a ser tan fácil ocultarlo. Y además está en nuestro poder la película de Newhouse, que es un importante documento probatorio.
    El propio Dewey Fournet, enlace de la Inteligencia del Cuartel General para el Proyecto Ovni, respondió:
    - Han destrozado la película de Utah... Han cortado los mejores fotogramas. Además han echado por tierra los testigos que presentamos. ¿Sabes cuál ha sido el calificativo exacto de Marshall Chadwell sobre ellos?: “Estos testigos son unos cretinos; con estas pruebas es una ridiculez llegar a la conclusión de que existen espacionaves interplanetarias tripuladas por seres inteligentes.”
    Ruppelt añadió:
    - El programa que teníamos para un sistema de seguimiento especial, no pudo ni ser presentado. Nos han ordenado, taxativamente, trabajar conjuntamente con la CIA en una campaña de ridiculización. La campana es una operación a nivel nacional, con artículos en prensa, programas de radio y televisión, de modo que se manipularán informes sobre Ovnis, incluso los propios casos aportados por nosotros, para presentarlos como alucinacionés de gente estúpida.
    Siguió hablando Fournet:
    - No sólo eso: nos han ordenado ocultar las observaciones, y si hubiese algún caso urgente, anularlo con una explicación que ridiculice y deje fuera de juego a los testigos, sean del nivel social que sean o incluso tengan el cargo militar que tengan, Fuerzas Aéreas incluidas. Llegado el caso tendremos que desacreditar a nuestros propios pilotos...
    - Bueno, por lo menos ahora ya sabemos lo que pretenden - respondió Kimball -. Puesto que no saben nuestro programa, podemos dar una última batalla.
    Ruppelt concluyó:
    - Nos han dejado entrever que se publicará una nueva ley sobre este tema que apoyará a la JANAP 146. Ya sabes que el tema UFO es considerado parte de los Informes CIRVIS (Comunication Instruction for Reporting Vital Intelligence Sightings), y los informes CIRVIS hacen referencia a temas que afectan a la defensa nacional de los Estados Unidos, dentro del ámbito de las leyes contra el espionaje... La nueva ley, además, dejará dentro de CIRVIS cualquier difusión de informaciones sobre Ovnis entre el elemento civil del país, mientras estos informes no se refieran a objetos identificados positivamente, como aviones, globos sondas, efectos ópticos o pájaros...

    Los protagonistas de esta conversación fueron las primeras víctimas de las fuerzas de choque de la CIA. Kimball fue barrido del Gobierno del general Eisenhower. El mayor Fournet pasó a la lista de inactivos, con órdenes de no revelar las conclusiones personales o como autoridad encargada del Proyecto Ovni por el Cuartel General. Sus opiniones formaban parte de otro informe secreto que pasó a los archivos como “Documento incompleto”. A Edward Ruppelt todo esto le llevó a la tumba. Ruppelt pasó como capitán a situación de retiro, publicando un libro con su opinión personal positiva sobre los Ovnis. Ruppelt trabajaba en una compañía subcontratada por las Fuerzas Aéreas... De la noche a la mañana desmintió el contenido de su propio informe público... Los amigos, los conocidos, el público, se volvieron contra Ruppelt cuando apareció la segunda edición de su libro. Ruppelt murió de un ataque al corazón, de un modo totalmente inesperado...
    Por supuesto, esta guerra de fondo también se dirigió contra testigos civiles no accesibles tan fácilmente para la autoridad militar, o para la CIA, por vía de presión legal o extorsiones de tipo profesional y económico. Una de estas víctimas sería el propio George Adamski, protagonista muy especial, que se iba agrandando por momentos, al mismo ritmo que la CIA intentaba enterrar todo el asunto y anular a los protagonistas militares.


    9. Objetivo mundial:
    Caza y captura de un Ovni a cualquier precio


    No hay que prestarse a equívocos. La iniciativa de la CIA sobre control informativo del tema ufológico no pretendía enterrar los informes a todos los niveles. Solamente le interesaba triturarlos a nivel público, pero al mismo tiempo ampliarlos, analizarlos y conseguir los máximos resultados positivos, si fuera posible, en privado.
    Puesto que había quedado claro en todos los avistamientos la superioridad tecnológica de las naves del espacio, había que suponer o que dicha tecnología pertenecía a otro país de la Tierra, o que venía de fuera. Una vez eliminada la primera posibilidad, quedaba en pie la segunda: “Los seres que tripulaban los Ovnis, que los tripulan hoy, poseen una tecnología tan avanzada que les permite controlar la gravedad y utilizarla en su beneficio.”
    Si estos seres diesen estos conocimientos a cualquier país del planeta Tierra, automáticamente ese país conseguiría una hegemonía total. Igualmente, si alguna de las potencias enemigas conseguía hacerse con una máquina espacial del tipo de Ovnis observados, y desentrañar su secreto, la pondría en una situación de enorme ventaja, convirtiéndola en la dueña del mundo.
    Estas fueron la reflexiones que se hicieron, al comienzo de los años 50, los encargados de la Seguridad de los Estados Unidos, la URSS y la NATO. Como consecuencia, en todos los frentes se dio una orden: Caza y captura de un Ovni para desentrañar su secreto antes que cualquier otra potencia.
    Esta orden general tuvo en Estados Unidos algunos protagonistas que pagaron con su vida. Pero también tuvo lugar esta caza, inútil hasta hoy, en el Canadá, en la URSS, en el Reino Unido, en Sudamérica...
    El caso más popular fue el del capitán Mantell. Un caso relatado hoy con todo detalle por la Comisión del “Libro Azul”, pero conocido públicamente desde el primer momento.

    * * *

    Era ya la tarde del día 7 de enero de 1948. El sargento Quinton Blackwell se dejaba llevar por el sopor que producía la hora inmediata a la comida. Todo estaba tranquilo. A las 13,15 sonó el teléfono. Lo tomó Blackwell.

    - Torre de control de Godman Field, ¿dígame?
    - Le llama el sargento Cook, desde el despacho del coronel Hix. La policía militar de Fort Knox acaba de comunicarnos que se encuentra sobre Mansville un gran objeto circular de unos 100 metros de diámetro. ¿Puede usted comprobar con el servicio del Ejército si se encuentra algún aparato inusual realizando maniobras en la zona?
    - De acuerdo, pediré información.
    Poco tiempo después, Blackwell recibió esta notificación del servicio de vuelo:
    - No tenemos ningún aparato en vuelo sobre esa zona. Pero, hemos recibido información sobre un objeto que se ha desplazado sobre Irvington y Owensboro, en Kentucky. Verifiquen sus observaciones y compárenlas con la nuestra. Llamaremos de nuevo.
    El sargento Blackweil se dedicó a realizar una observación más minuciosa dentro del perímetro que le permitía su torre de control en la base Godman Field. A las 13,45 observó un objeto situado al Sur. Inmediatamente llamó para dar la confirmación que se le había pedido. Le pusieron con el subteniente Orner, del Detachment Commander.
    - Tengo ese objeto a la vista, en la zona sur del cielo. Es visible desde la torre.
    Bien. Siga observándolo. Voy ahora mismo.
    El subteniente Orner entró en la tórre de control de Godman. Tomó los prismáticos y observó el objeto. Luego tomó el teléfono.
    - Aquí el subteniente Orner. Me encuentro en la torre de control. Desde hace unos minutos estamos observando un objeto al sur de la base. El objeto es discernible a simple vista. Parece redondo y blanco y se distingue perfectamente de las nubes de alrededor. También hemos recibido aviso del capitán Hooper, de Operaciones de Vuelos de Prueba, y no tienen en ese área ningún aparato experimental.
    - Voy inmediatamente.
    El oficial de operaciones de la Base Godman que prestaba servicio en ese momento, Gary W. Carter, colgó el teléfono y se dirigió apresuradamente a la torre de control. Tomó los prismáticos de campaña, como habían hecho los anteriores, y observó el objeto. No hizo ningún comentario. Blackwell y los demás observaban atentos. Carter tomó el teléfono y llamó al coronel Hix.
    - Lo hemos comprobado desde las 13,15 hasta ahora. Es un objeto no indentificado. No existen vuelos experimentales en la zona. Lo estamos observando a simple vista. Puede tener unos 100 ó 150 metros de diámetro.
    El teniente coronel Wood, el capitán Duesler y el coronel Hix, llegaron inmediatamente a la torre de control. Eran aproximadamente las 14,30 horas de la tarde.
    A las 14,40 se acercaba hasta Godman Field una escuadrilla de cuatro cazas P-51 Mustang. Traían la ruta desde Marietta a Standford Field.
    El oficial de operaciones, capitán Gary W. Carter, ordenó al sargento Blackwell:
    - Tome contacto con los aviones e indíqueles que se acerquen al objeto para hacer una observación más detallada.
    Blackwell, operador en la torre, puso en práctica la orden inmediatamente.
    - Torre de Control de Godman Field llamando a jefe de vuelo NG-869, cambio.
    - Aquí NG-869, le escucho...
    - ¿Tienes suficiente combustible para realizar una observación?
    - Sí, tenemos suficiente.
    - Hay un objeto situado al sur, en el rumbo 210” ascendente. Acérquense y si pueden identifíquenlo.
    - Recibido. Iniciamos maniobra. Cambio.
    El jefe de vuelo era el capitán Thomas Mantell, que tripulaba un caza NG-3869. Thomas Mantell transmitió el comunicado a la escuadrilla de cazas. El caza NG-336 de la formación, con el piloto Hendrichs, tuvo que aterrizar en Standford inmediatamente porque le faltaba combustible. Los otros tres cazas ascendieron en dirección al objeto.
    Cuando se encontraban a unos siete mil metros de altura, otro de los pilotos, Hammond, que tripulaba el NG-737, llamó a Clements que tripulaba el NG-800 y le dijo:
    - Oye, muchacho, estamos sin equipo de oxígeno, no podemos seguir ascendiendo. Regresemos.
    Clements le respondió:
    - Amí me falta también combustible, regresemos.
    Ambos pilotos tomaron tierra en Standford. El NG-3869 del capitán Mantell seguía ascendiendo en dirección al objeto. El piloto Clements tomó combustible y reinició la observación del objeto hasta una altura de 11.000 metros con su caza NG-800. Había perdido de vista el objeto y tampoco vio el aparato de Mantell, así que regresó a la base nuevamente.
    Al pasar por la torre de control de Goman, el piloto Clements dijo:
    - Lo he perdido. Ahí arriba he visto como el reflejo de la luz del sol sobre la cabina de un avión. He penetrado hasta 11.000 metros de altura, pero no he podido ver nada.
    Durante los 25 minutos que duraba la operación, Thomas Mantell se comunicó dos veces con la torre de control. A las 15,15 dijo:
    - Lo tengo localizado. El objeto está delante y arriba, moviéndose a mi velocidad, tal vez más rápido. Voy a tratar de acercarme para verlo mejor. Estoy a 9.000 m., voy a subir otro poco...
    El piloto Clements, con su NG-800, había hecho la segunda subida en busca de Mantell pero sin resultado. Su llamada al jefe de escuadrilla y su comunicado a la torre de Godman fue casi simultáneo antes de abandonar la búsqueda.
    A las 17,50 llamaron de Standford a Godman:
    - El NG-3869 se ha estrellado con Mantell a bordo, a cinco millas al suroeste de Franklin. Hora aproximada, a las 16,45.
    A esa hora de la tarde y a partir de las 16 horas se encontraba a cargo de los operadores el capitán Arthur T. Jehli. Al cambiar el tumo habían abandonado la torre de control de Godman, Blackwell, el oficial de operaciones Gary Carter y el coronel Hix.
    Arthur Jehli, notificó a NG-737 y NG-800 que había recibido el aviso. Y amplió la información del NG-3869 al Centro de Servicio de vuelo de Maxweil. Dicho Centro hizo una llamada a Franklin, lugar del accidente.
    - Habla Arthur Jehli, de la Base de Godman (Kentucky). Se ha estrellado el caza NG-3869, pilotado por el capitán Thomas Mantell, al suroeste de esa base. Hora aproximada, las 16,45.

    Poco después se personaron en el lugar del accidente el capitán Joe Walker, de Franklin, y el subteniente Tyler, oficial de operaciones de Standford. Posteriormente se les unió un grupo de la policía militar de Godman.
    Los restos del NG-3869 estaban esparcidos en una distancia de varios kilómetros, pero no se encontró rastro del piloto. El informe pasó al Mando de Defensa Aérea de la Base Mitchel, del estado de Nueva York.
    En el informe se decía: “El capitán Mantell perdió la consciencia por falta de oxígeno en un momento determinado del vuelo. En ese momento, debido a la falta de control, y por influencia de las enormes presiones, el NG-3869 inició una caída en espiral cerrada y se desintegró. En esa fecha, y en la dirección que siguió Mantell, se encontraba Venus. Es posible que fuera algún reflejo solar la causa del accidente. O también un globo lanzado por la Navy que se encontraba a más de 10.000 metros de altura por encima de su aparato en el momento de ocurrir el accidente.”
    Mientras se realizaba este informe, sin embargo, el aparato metálico volvió a hacer acto de presencia en los cielos de Kentucky y fue detectado por la torre de St. Louis, Kansas City, Olmsted, Maxwell, la policía militar de Madisonville...
    De cualquier manera, Thomas Mantell fue la primera víctima histórica de un Ovni, y al parecer se había producido en el momento de su persecución...
    Unos años más tarde, cuando todavía el caso Mantell era un secreto militar, en Catania, Eugenio Siragusa hizo público un comunicado alusivo al accidente de Thomas Mantell. El comunicado fue recibido por su sistema habitual de telex-sens, siendo el sujeto emisor “Adoniesis”.
    “El aparato del capitán Thomas Mantell, al rebasar los límites de seguridad consentidos al tipo de apprato que él pilotaba, embistió el espacio fuertemente magnetizado en forma de halo fluctuante que rodeaba a la cosmonave, disco o platillo volante, como ustedes lo llaman, provocando la desintegración del aparato y la total deshidratación del piloto. Esto no habría sucedido si el capitán Mantell hubiera sido capaz se controlar su emotividad psíquica y de comprender que el alejamiento de nuestra cosmonave le invitaba a desistir de acercarse con su aparato hasta el halo magnético fluctuante. Este hecho nos ha causado un profundo dolor. Y por ello, a su debido tiempo, hemos invitado, por medio de nuestro operador, a los pilotos civiles y militares a que procedan con mucho cuidado y no se dejen llevar por los excesivos peligrosos impulsos de irresponsable curiosidad. Deben tener en cuenta que la aureola magnética que envuelve nuestras naves puede llegar hasta un diámetro de 2.000 metros. En el caso de Thomas Mantell procuramos desplazarnos despacio para evitar el ensanchamiento de dicho halo magnético, pero su impaciencia le hizo penetrar en dicha zona de peligro. Esto fue todo.
    De todos modos, en estos momentos, el capitán Thomas Mantell está muy bien y muy pronto tomará un nuevo cuerpo para completar su ciclo de vida.
    La luz y la paz universal estén con vosotros”.
    (Transcripción: Eugenio Siragusa)

    Este incidente se repetiría habitualmente en la década de los 50. Después de los hechos de la invasión de Ovnis en los cielos del planeta en el año 1952, tanto USA, como la URSS, como la NATO, tenían una orden: “Abatidlos, Capturad uno al menos, a cualquier precio.”
    Esta orden tuvo graves riesgos para la aviación civil y militar y también fue objeto de un comunicado extraterrestre de Adoniesis recibido por Eugenio Siragusa, dado a conocer a los medios oficiales de modo directo y personal.
    También el personal científico y los intelectuales conocieron estas órdenes de ataque contra las naves extraterrestres que viajaban por los espacios del Planeta y levantaron su voz en contra, pues en cierta forma iba contra toda ley de hospitalidad, y si los visitantes tenían como programa entrar en contacto con los terrestres, la acción violenta provocaría un evidente retraso. Herman Oberth y Albert Einstein estuvieron entre los hombres que levantaton su voz y pidieron un poco de cordura a las autoridades militares.
    La historia de 1952 había propiciado una orden, conocida tan solo por el personal encargado de las Fuerzas Aéreas. Tal orden incluía cuatro fases:

    1 Detectar los Ovnis.
    2. Identificarlos.
    3. Interceptarlos.
    4. Destruirlos.

    La acción de los científicos hizo que esta orden subterránea fuese revocada, y los pilotos se limitaron a ejecutar órdenes de observación y captura dentro de lo posible.
    Otro de los incidentes que han sido conocidos por Eugenio Siragusa fue el de Goose Ray, en junio del año 1954.
    El día 30 de junio de 1954, un Stratocruiser de la compañía aérea inglesa BOAC, empleado en las líneas transatlánticas, volaba a 5.700 metros de altura con 52 pasajeros y 11 tripulantes. El avión había despegado en ldlewild, en Nueva York, y se dirigía hacia Shannon, en Irlanda.
    Repentinamente, al salir de un banco de nubes, el piloto vio que a su derecha, a unos 10 kilómetros del avión se desplazaba una nave enorme que sobrepasaba los 120 metros de longitud. El aparato tenía forma de cigarro, pero a veces perdía tal perfil para tomar una forma más ovalada. A su lado volaban otros seis discos de inferior tamaño, brillantes y metálicos.
    Los pasajeros se dieron cuenta inmediatamente de aquella extraña escolta. La primera persona que los vio fue la azafata Daphne Webster, en el momento de servir el té a los pasajeros.
    Los discos habían adaptado su movimiento de vuelo a la velocidad de crucero del avión y el comandante comenzó a ponerse nervioso. Así que se puso en contacto con la base más próxima, que era la Base Militar Americana de Terranova:
    “Tengo desde hace unos minutos una familia entera de discos que me siguen. Vuelan a la misma velocidad que nosotros. Es como una gallina clueca y sus pollitos. Enviad algún caza para ver si se deciden a dejarnos. Los pasajeros ya se han dado cuenta y pudiera ser peligroso.”
    Inmediatamente, despegó de Terranova un Sabre F-86. Iba de segundo piloto el teniente Lee Bood, que orientó el aparato por radio hacia los objetos. Poco antes de que el caza alcanzase la cota de vuelo de la nave y los platillos, aumentaron su velocidad y se alejaron en dirección Sudeste. Cuando el Sabre llegó a la altura del Stratorcruiser, los discos habían desaparecido vertiginosamente.
    La azafata de vuelo, al ser interrogada en el aeropuerto irlandés dijo:
    “Fue un espectáculo excitante. Jamás había visto cosa igual. La visión de los aparatos me causó una excitación y unos escalofríos inolvidables.”
    Entre los numerosos comunicados recibidos por Eugenio Siragusa sobre casos especiales de persecución, también tuvo una respuesta concreta éste. Fue la siguiente:

    “Adoniesis informa en relación con el avistamiento del avión inglés Stratocruiser de la BOAC:
    Nuestras retiradas tienen motivos muy definidos, motivos que sólo aquellos que poseen el don de la caridad, de la bondad y del amor pueden comprender. Si conociéseis verdaderamente el poder de nuestra ciencia, sabriais también que nada podemos temer de vuestros medios técnicos. ¿Qué hubiera podido hacer contra nuestras naves un Sabré?
    Con nuestras retiradas oportunas, evitamos siempre que realicéis actos negativos. Conocemos muy bien vuestra naturaleza y aplicamos nuestros métodos, de acuerdo con vuestro estado de evolución.
    Lo que vio la tripulación del Stratocruiser fue un ingenio “Portanaves”, de unos 300 metros de largo, y los objetos más pequeños eran cosmonaves de forma lenticular, de 9 y 12 metros de diámetro, salidas de la nave madre para una misión de contacto a distancia. Cumplían una parte de la acción programada. Nuestra metodología es lenta, guiada por una lógica que escapa a vuestra inteligencia, pero sus efectos serán los deseados.
    La luz y la paz universal estén con vosotros.”
    (Transcrito por: Eugenio Siragusa)

    En ese mismo tiempo, la Unión Soviética era uno de los países más decidios en la caza y captura de un Ovni al precio que fuese. Los pilotos, encargados de interceptar las astronaves, y los artilleros antiaéreos soviéticos, con orden tajante de disparar contra los Ovnis, se vieron sometidos a un fracaso pertinaz y constante.
    Uno de estos ataques tuvo lugar el 24 de julio de 1957. El informe se dejó filtrar por un miembro de la Academia de la Fuerza Aérea bastante tiempo después. En pleno día del 24 de julio de 1957, tuvo lugar una aparición súbita sobre las islas Kuriles. Una formación de varios Ovnis pequeños y una enorme nave nodriza que iba a la cabeza. Apenas tuvo lugar el avistamiento, todas las baterías antiáreas soviéticas de las islas entraron en acción. Su acitividad duró todo el tiempo del avistamiento. Los Ovnis eran luminosos y viajaban a gran velocidad. No se consiguió ni un solo blanco.
    En estos años, Gran Bretaña, Holanda, Noruega, Brasil, la Unión Sudafricana, también intentaron abatir objetos no identificados.
    Sólo Canadá intentó, a partir de 1954, una táctica diferente: El establecimiento de un campo de aterrizaje camuflado, como parte de un proyecto ultrasecreto de tomar contacto con los Ovnis. El proyecto dependía directamente de la Fuerza Aérea y se puso en práctica después de que los pilotos, en varios años, no consiguiesen hacer un solo blanco en sus persecuciones. El “Ovni Puerto” tenía como objeto llamar la atención de algún Ovni con luces y señales de radio y estaba preparado para capturar cualquier aparato que aterrizase. En numerosas ocasiones se avistaron Ovnis sobre Alberts, el campo solitario de aterrizaje de Suffield, pero ningún Ovni tomó tierra. Era como si supiesen que el campo era una burda trampa.
    Durante todo el tiempo que duraron las persecuciones inútiles y los avistamientos generalizados, los organismos dependientes de las Fuerzas Aéreas o los Ministerios de Defensa de todo el mundo habían desarrollado un informe con la tipología de los objetos no identificados. Esta tipología tenía como finalidad principal, iniciar la investigación a partir de las observaciones de forma, características de vuelo y demás detalles.
    Las cuatro formas eran las siguientes:

    A) Discos volantes (platillos).
    cool Cuerpos en forma de cigarro o torpedo (sin alas ni cola).
    C) Objetos esféricos (de gran movilidad).
    D) Globos luminosos (con gran capacidad de maniobra y de variación luminosa).

    Después de cualquier ejercicio de caza, los pilotos debían contestar a un cuestionario técnico, que pasaba a los departamentos de investigación y se convertía en secreto, incluso para los propios pilotos entre sí. Este informe incluía apreciaciones de los pilotos sobre la forma del objeto parado, moviéndose, al girar, de perfil, debajo, arriba, detrás, delante, dimensiones de ancho, longitud, profundidad o diámetro. Luces o accidentes en la estructura externa del aparato. Cambios de maniobra, de luminosidad, de color. Velocidad apreciada...
    Con los inforrmes recibidos, numerosos investigadores trabajaban en laboratorios a marchas forzadas intentando definir, y si fuera posible, dar con la energía o la estructura de las naves. Entre estos investigadores estaban: Herman Oberth, Grover Loening, Lawrence Bell, Igor Sikorsky... Más de 100 proyectos, patrocinados por gobiernos y compañías aéreas fundamentalmente, investigaban ya a partir de estos años la antigravedad...
    La persecución constante e inútil de Ovnis, la presencia de las naves sobre bases militares en medio de flotas de cazas y su inmunidad total, aceleraron estos programas terrestres de investigación. En numerosas ocasiones, los Ovnis tuvieron que valerse de sus adelantos técnicos para evitar el peligro en que entraban los aviones militares que despegaban a su encuentro. En alguna ocasión los pilotos, incluso recibieron orden de colisionar sus aparatos y saltar en paracaídas.
    Hoy todo sigue como en los años 50, aparentemente. La aviación militar sigue persiguiendo o intentando capturar algún Ovni. Los Ovnis siguen estando sobre nuestro espacio exterior libremente. Continúan a un ritmo trepidante las investigaciones en laboratorios y los sondeos del espacio exterior de nuestro Planeta y otros Planetas de nuestro sistema solar, sin que se nos haya revelado gran cosa.
    A finales de los 50, el Centro Studi Fratellanza Cósmica, fundado por Eugenio Siragusa, dio a conocer un comunicado recibido del extraterrestre Adoniesis dirigido a los pilotos civiles y militares. El comunicado se hizo llegar a los gobiernos de todos los países por vía de sus delegaciones. En líneas generales decía así:
    “Creemos oportuno comunicaros que nuestros vehículos espaciales, llamados por vosotros platillos volant es, son movidos por una potente energía fluctuante, desconocida por vosotros y vuestros científicos.
    Os exhortamos fraternalmente, por vuestra incolumidad y por la seguridad de los pasajeros, a no caer en la curiosidad y evitar absolutamente seguirnos o situaros en nuestras escalas de vuelo.
    Principalmente, queremos hacer hincapié en el ciego sentido de responsabilidad de los hombres puestos al frente de los aviones militares, encargados de interceptar nuestros medios para hacer fotografías o abatirlos si fuese preciso. Os exhortamos a no hacerlo, queridos hermanos, por vuestro bien y por nuestra tranquilidad de conciencia.
    Aparte de que nuestros medios espaciales pueden adquirir velocidades para vosotros imposibles e impensables, vuestras armas, cualesquiera que sean, no podrán incidir en la seguridad de nuestros medios, ni podrán poner en el más mínimo peligro a nuestras cosmonaves.
    Es, sin embargo, extremadamente peligroso para vosotros y vuestros aviones alzaros a la escala de nuestras naves en navegación.
    El impulso y la proyección de nuestros medios espaciales es regulable y lo llevamos a límites extremos cuando nos encontramos con vuestros aparatos por dos razones principales:

    A) Permitir a vuestro poder visual observarnos y a vuestra inteligencia deducir.
    cool Evitar lo más posible el alargamiento del halo magnético a fin de anular una eventual colisión o encuentro de este anillo con vuestros aviones.
    A menudo sucede que vuestros aviones, dirigidos contra nuestras naves, nos obligan a acelerar el impulso de proyección, produciéndose el consiguiente alargamiento del halo magnético de la energía fluctuante.

    De ahí provienen los graves acontecimientos que pueden colocaros en situaciones extremadamente peligrosas e incluso mortales.
    Entrar en la zona de residuos de energía en un relativo estado de condensación, comporta para vosotros y vuestros aviones la completa desintegración y vuestra muerte segura.
    Os invitamos con fraterno amor a no aventuraros con inconsciencia en tales empresas y os exhortamos con espiritual afecto a alegramos de nuestros encuentros, como nosotros nos alegramos.
    Venimos a vosotros sobre la Tierra animados del santo Amor y del bien Universal y de la Verdad divina. Esto os comunicamos a través de nuestra mente sobre la Tierra para advertiros y haceros conscientes.
    La paz y la serenidad sean sobre vosotros y sobre toda la Humanidad.”
     
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