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    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro: EL ANUNCIADOR » STOP ENERGIA NUCLEAR CON FINES BELICOS (CAPITULO 5)
    STOP ENERGIA NUCLEAR CON FINES BELICOS
    bookFecha: Sábado, 2012-12-15, 5:22 PM | Mensaje # 1
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    SEGUNDA PARTE DEL PROGRAMA

    LA HORA “H”:
    OSCURECIMIENTO GLOBAL DEL PLANETA





    “En esa hora H, cuyo mecanismo pudiera saltar mañana, sólo las conciencias de los justos estarán en medida de funcionar, porque gracias a sus sentimientos elevados, habrán sido dotados del gran privilegio de poder VER y ESCUCHAR. En ese día y en esa hora, que podrían ser mañana, todo se parará sobre la Tierra, excepto los Iatidos del corazón de los que, habiendo sido iluminados, serán guiados por la LUZ DE LA VERDAD del tiempo de todos los tiempos.” (Eugenio Siragusa


    CAPITULO V

    MENSAJE PRIORITARIO:
    STOP ENERGIA NUCLEAR CON FINES BELICOS




    El Planeta Tierra había entrado en la segunda década de los años 60. En USA gobernaba Kennedy, en la URSS, Nikita Kruschef, en Francia, De Gaulle; la Iglesia tenía entre manos un Concilio iniciado por un anciano llamado Juan XXIII que llegaría a la sensibilidad de todos los hombres de buena voluntad.
    Las dos superpotencias se movían entre la guerra fría y la guerra caliente, empeñadas en una carrera de armamentos que exigía constantes experimentaciones atómicas en Ia atmósfera, en el mar o en el subsuelo.
    La oleada de Ovnis que había sacudido la conciencia pública en los 50, había pasado. Los medios de comunicación habían dirigido su atención a otros temas más sensacionalistas y rentables.
    Sin embargo, la calma era aparente. El “Programa Saras” había entrado en su segunda década, en su segundo tiempo y los representantes políticos, científicos, religiosos y el público en general, nuevamente iban a ser implicados en una vasta operación envolvente en todo el Planeta.
    El signo que marcó el comienzo del segundo tiempo del “Programa Saras” fue un encuentro físico habido por el italiano Eugenio Siragusa en el Etna, en Sicilia, encuentro que se hizo público un año después a través del contenido de un mensaje que fue enviado repetidamente a los Jefes de Gobierno de los más importantes países de la Tierra.


    13. Primer encuentro físico con extraterrestres en Europa


    Al comenzar la operación, había tenido lugar en Norteamérica el encuentro físico de los tripulantes de una nave con George Adamski y el encargo de llevar un determinado mensaje a los Jefes de Gobierno de su país.
    Aquel punto operacional seguía su curso y volveremos sobre él.
    Paralelamente había comenzado otro contacto programado con un siciliano llamado Eugenio Siragusa. Del encuentro de Adamski al de Siragusa habían mediado unos diez años, tiempo exacto que los Hermanos del Espacio habían necesitado para redimensionar la mente y la psique del empleado de arbitrios catanés.
    Durante estos años, Eugenio Siragusa, había creado un Centro de Investigaciones denominado “Centro Studi Fratellanza Cósmica”. El símbolo del Centro llevaba como prototipo un platillo del tipo de los encontrados y fotografiados por Adamski. Debajo, dos manos se estrechaban fraternalmente y un versículo de Isaías rezaba: “Quiénes son estos que como nube vuelan?”
    En estos años, Eugenio Siragusa, había realizado diseños de los continentes perdidos, Mu, Lemuria, Atlántida. Sobre papiros dedicó semanas enteras a realizar diseños que en otro tiempo hubiera sido incapaz de sospechar. En su mente iban apareciendo imágenes de un pasado remoto del mismo modo que surgen las imágenes de la televisión, y el cine. Al amanecer iniciaba su trabajo en un estado de absoluta concentración, como si fuese teleguiado, copiando aquello que se le había hecho ver en estado de relajación o sueño.
    Recibió también informes sobre biología, biodinámica y cosmogonía. En su interior sabía que estos acontecimientos parciales tenían un objetivo y también que le acercaban a los Hermanos del Espacio de un modo definitivo.
    Eugenio Siragusa sabía que había entrado en un camino sin retomo. Y no porque le hubiesen obligado, sino porque desde siempre él lo había elegido como camino propio. Paulatinamente, esta conciencia iba ascendiendo a los niveles conscientes desde las capas mas profundas de su historia individual; de su ser libre.
    Su mujer, Sarina, no lo entendía. Tampoco era comprensible para la mayoría de los paisanos y amigos, aquello que Eugenio Siragusa decía sentir y hacer. En ocasiones tomaba una mochila y subía al volcán Etna para continuar su preparación, fiel a la voz que había comenzado a oír en su interior y que le impulsaba en determinada dirección.
    En una de estas ocasiones, Eugenio Siragusa se dirigió a Sarina y le dijo:
    Prepárame ropa y algo de comer, tengo que irme al Etna.

    - ¿Cómo te vas a ir? Nos vamos a quedar solos ¿No podemos ir contigo?
    - No os interpongaís en mi camino. Dejadme ir. Cuando haya aprendido y cumplido lo que debo cumplir, descenderé a vosotros. Estad tranquilos.

    Y esa misma noche Eugenio Siragusa partió solo hacia uno de los cráteres apagados del Etna, un cráter gemelo que tiene una pequeña gruta en el fondo entre rocas. Allí se acomodó sobre una manta, con un saco de dormir y pasó, como los viejos ascetas del desierto, como Elías antes de ser arrebatado o cuando viajaba, más de un mes a pan y agua.
    Eugenio Siragusa nunca contó a nadie lo que le sucedió en ese mes de aislamiento y soledad, pero cada vez que ha tenido que encontrarse con los Hermanos del Espacio en físico, ha vuelto a aquel mismo lugar en que estuvo aislado. Allí también tendría lugar el primer encuentro físico entre el catanés y los tripulantes de una nave.
    Este encuentro fue narrado ofialmente por el propio Eugenio Siragusa en el boletín que el Centro Studi Fratellanza Cósmica publicaba periódicamente en numerosos idiomas, y que se distribuía gratuitamente entre quien lo pedía.
    Este es su propio relato, contado en primera persona:

    “Mi enseñanza telepática se hizo cada día más intensa. Un día sentí repentinamente la necesidad de subir al Etna. En aquellos días tenía yo un Seat 600 D, que había conseguido vendiendo una finca de un amigo. Yo, que nunca me había dedicado a la venta de fincas. En anteriores encuentros telepáticos se me había indicado que debía subir solo al monte. El dinero que mi amigo me dio por esta gestión, me permitió comprar el coche y salir aquella tarde, una vez caído el sol, en dirección a las faldas del Etna, que miran a la ciudad de Catania.
    Mientras ascendía por la carretera que zigzaguea a partir de los 800 metros hasta una altura de 3.000 metros, y ya cerca de la cumbre, tuve la sensación de que no era yo quien guiaba el coche, sino que era una fuerza superior. Iba como teledirigido. Dejé el coche al borde de la carretera, a una altura de casi 1.500 metros sobre el nivel del mar. Después seguí a pie por un sendero que conducía hacia uno de los cráteres menores apagados del volcán. Era una noche estrellada y transparente. Salí de la espesura y alcancé la base del cráter apagado. El cráter tiene una vegetación baja y algunas ericinas diseminadas en toda la ladera. Mis pies se hundían en la lava arenosa dificultándome el avance. Al llegar aproximadamente a la mitad de la ladera escarpada del volcán, miré instintivamente hacia arriba y vi en lo alto de la colina la silueta de dos individuos cuyo traje plateado brillaba bajo los efectos luminosos de la luna llena. Eran altos y de aire atlético, con los cabellos rubios que caían lisos sobre sus hombros. Llevaban unas muñequeras y tobilleras brillantes que parecían de oro. Tenían un cinturón luminoso en la cintura y unas placas extrañas en el pecho.
    Viéndolos, mi sangre se heló en las venas. Me sentí inundado de un sudor frío. Nunca las anteriores veces que estuve solo de noche en el volcán, había tenido tal sensación. Hacía once años que esperaba ardientemente este momento, pero el sitio aislado, la oscuridad nocturna, el encuentro repentino, no estimularon precisamente mi valor.
    Uno de los extraterrestres dirigió hacia mí un rayo de luz verde, proyectado por un objeto que tenía en la mano, e instantáneamente me sentí recorrido por una sensación extraña que me tranquilizó de súbito, dándome una paz indescriptible. Mi corazón, que al principio parecía querer explotar en el pecho, volvió a latir regular y pausadamente.
    Me quedé mirando a los dos seres como embobado. A la luz de la luna pude distinguir sus facciones delicadas y su mirada penetrante, sobrecogedora. Uno de los dos me dirigió la palabra en italiano: “La paz sea contigo, hijo. Te estábamos esperando. Graba en tu mente cuanto te digamos.”
    La voz no tenía timbre humano, parecía metálica, como si saliera de un registrador. Me dieron el mensaje y yo intenté retenerlo en la memoria para escribirlo cuando llegase a casa.
    Elevando sus manos como en un gesto de bendición, me dijeron: “La paz sea contigo, hijo”, y se dirigieron hacia el disco, que se encontraba al lado de uno de los cráteres.
    Yo estaba tan estupefacto que no pude articular palabra. Algunos instantes después me repuse del estado de inmovilidad en que había caído.”
    El mensaje contenía una invitación a la paz mundial y al desarme nuclear. Este mensaje fue el primero que Eugenio Siragusa tuvo orden de enviar a todos los Jefes de Gobierno del Planeta. Y lo hizo, lo mismo que con los siguientes. En los archivos del Centro Studi Fratellanza Cósmica de Valverde, en Catania, pudimos ver el resguardo de los certificadós que se hicieron en cada ocasión, así como extraer estos párrafos del mensaje que fue enviado a todos los Jefes de Gobierno. Decía así:

    “...Con desagrado debemos advertiros necesariamente sobre el peligro de vuestros experimentos nucleares. Nos duele afirmar que nada se podrá hacer para evitar que vuestro mundo sufra un duro golpe de naturaleza catastrófica y mortal. Si queréis que vuestro Planeta no se convierta en el cuerpo doliente de un lejano tiempo, debéis abandonar de un modo definitivo y para siempre vuestros deletéreos experimentos nucleares. Hemos sido encargados para vigilar vuestro destino, porque tenemos confianza en vuestro porvenir. Estad completamente seguros de que si tenéis la fuerza y el coraje para realizar una sólida unión entre todos los habitantes de la Tierra y lleváis a cabo la completa destrucción de los armamentos nucleares, que ahora más que nunca os hacen orgullosamente dañinos y morbosamente agresivos, todo será posible...
    Este mensaje que hemos dictado con tanto amor y no menos preocupación, es uno de los más sentidos que hemos transmitido, dada la gravedad de los actos que os proponéis cometer. Hemos hecho mucho y continuaremos haciéndolo para evitar lo peor. Vosotros, gobernantes y hombres de ciencia, habéis elegido el camino más negativo. Sed cuerdos y responsables si queréis sobrevivir. Haced que no sea inútil la condonación celeste que os consiguió Jesús por gracia del Padre Creador...”
    Sólo un Jefe de Gobierno se dignó responder a este envío. Fue el general De Gaulle, en la persona de su jefe de Gabinete. El texto de esta carta original, también en los archivos del Centro Studi Fratellanza Cósmica, de Italia, decía así:

    “Señor:
    Su carta del 30 de abril de 1962, ha llegado al Primer Ministro, general De Gaulle, y me ha encargado acusar recibo.
    Os la agradezco en su nombre y recibid mis más distinguidos saludos.
    Por el Primer Ministro De Gaulle, el jefe del Gabinete.”
    El encuentro de Asthar Sheran e lthacar con Eugenio Siragusa, marcaba una fecha importante en la segunda década del “Programa Saras”.
    Para Eugenio Siragusa, este encuentro físico, fue la iniciación de una nueva etapa operativa dentro de su programa. Cuando descendió del monte, fue enviado a las gentes con un mensaje concreto que transmitir, y no sólo a las gentes, sino a los poderosos de la Tierra:
    “Detened las pruebas nucleares y la carrera de armamentos. Venimos en son de ayuda.”
    Curiosamente, los contenidos de este y los posteriores mensajes que le fueron entregados, coincidirían con los recibidos y transmitidos en su día por Adamski.


    14. Segundo encuentro físico: La crisis de Cuba


    Al hacer público el mensaje y las circunstancias del primer encuentro físico con los extraterrestres, Eugenio Siragusa fue consciente de que se había cortado la retirada, de que el camino ya no tenía regreso, de que había quemado las naves, como Cortés.
    No era importante, porque su espíritu había emprendido siempre caminos sin regreso y éste era uno más del programa. En el primer contacto recibió algo más que el mensaje sobre pruebas nucleares. Pero dicho contenido era exclusivamente personal y por tanto secreto e intransferible bajo ningún concepto. Más tarde confesaría que entre las cosas que los Hermanos del Espacio le dijeron, estaba la fecha aproximada para un futuro encuentro físico exigido por el programa.
    Durante cuatro meses, a partir del primer encuentro, esperó impacientemente que se produjese la señal indicada para subir ál monte y encontrarse de nuevo con sus interlocutores del espacio.
    Durante este tiempo se había corrido la voz de las raras excursiones nocturnas que Eugenio Siragusa y sus seguidores hacían a las laderas del Etna.
    Estando en su despacho de la calle Juan XXIII, en Valverde, volvió a sentir en su mente la clara llamada telepática que le indicaba el lugar del encuentro y la hora precisa.
    En estos años de aprendizaje, Eugenio Siragusa había aprendido a diferenciar objetivamente los mensajes de sus guías y sus interlocutores por vía de “compenetración” y “sondeo mental”. No le quedó ninguna duda de que la señal era la que esperaba.
    Al anochecer, como otras veces, se despidió de su esposa y sus hijos y subió una vez más al monte, en dirección al Etna, por la cara Sur Este.
    Como la vez anterior, partió solo, guiando su Seat 600. Llegó al desvío de Ragalna antes de las 12 de la noche. Se dirigió al lugar indicado.
    A las 12 y pocos minutos, una enorme nave apareció en el cielo, iluminando toda la zona de lava y escorias que cubren las laderas del Etna. La zona que le habían señalado estaba muy próxima a la de la vez anterior. Era una zona de bosque bastante tupido, próxima a un claro. El bosque tenía castaños seculares, robles, encinas, retamas. La nave se quedó suspendida en el aire, levitando, ante su vista atónita.
    Eugenio Sirágusa sintió menos aprensión que la vez primera, pero no pudo contener su nerviosismo. Por segunda vez, la cita se había cumplido.
    Parado, expectante, vio cómo del centro de la nave descendía un cilindro metálico y brillante como si fuese un eje. Descendió hasta tocar el suelo. Según sus cállos, el cilindro podría tener unos tres metros de diámetro. El cilindro aparentaba ser una pieza única, de duraluminio o bien de acero inoxidable... De improviso, en el centro del cilindro se abrió una puerta silenciosamente dejando aparecer a dos seres de enorme estatura. Según diría después Eugenio Siragusa, de unos 2 metros y 15 centímetros. Iban vestidos con una túnica espacial brillante y plateada, con ajuste en los tobillos y en las muñecas. Del cinturón emanaba una luz verdosa que le calmó nuevamente los nervios.
    Los dos extraterrestres se aproximaron a él hasta una distancia de un metro solamente. Le saludaron con el saludo de la paz, le entregaron un mensaje en mano y le contestaron telepáticamente a las preguntas que él se había planteado hacer al subir a su encuentro.
    Eugenio Siragusa estuvo en su presencia paralizado durante todo el tiempo. Sin embargo su mente y su espíritu se movían ágilmente y dialogaban de un modo instantáneo con los dos extraterrestres: Eran Woodok y otro tripulante que en numerosas ocasiones firmaron los mensajes que debían ser dirigidos a los Jefes de Gobierno.




    Terminado el encuentro, los extraterrestres regresaron hasta la nave y penetraron en el cilindro, cerrándose la portezuela tras ellos. Otros tripulantes, dentro de la nave, le hicieron señas de despedida con los brazos. El cilindro fue reabsorbido. La nave aumentó de luminosidad, se envolvió en un halo rojo azulado y dejó oír un sonido casi imperceptible y agudísimo. Luego comenzó a elevarse, primero lentamente, y despareció a la velocidad del vértigo, como chupada por el espacio cósmico. En el momento en que Eugenio Siragusa la vio parada sobre su cénit como una estrella más, recuperó su movilidad y su libertad de expresión. Volvió a su coche, y descendió a Catania impresionado por el encuentro y la segunda operación que le habían encargado realizar a nivel de Jefes de Estado y científicos.
    Nuevamente, transcribió el mensaje ccilificado con destino a los Jefes de Estado y personalidades que le habían sido desigandas.
    El mensaje reiteraba que se cortasen de modo urgente y definitivo las pruebas nucleares y la carrera de armamentos.
    Pero este encuentro, además de reiterar los objetivos del “Programa Saras” en su segundo tiempo operativo, avanzaba algunos aspectos más, y levantaba el velo de su modo de actuar e intervenir en los acontecimientos terrestres.
    En este tiempo Eugenio Siragusa había adquirido una cierta notoriedad en determinados sectores públicos y medios de comunicación. Con motivo de este segundo encuentro, y a causa de algunas filtraciones del contenido de los mensajes, los periodistas fueron a ver y buscaron saber.
    La primera semana de octubre de 1962, el periódico La Sicilia hizo público el siguiente reportaje relativo a Eugenio y sus mensajes:
    “La crisis cubana no provocará una guerra atómica entre las naciones.”
    Y el artículo continuaba:

    “Lo da por cierto el señor Siragusa, corresponsal terrestre de los Hermanos Cósmicos que con la aviación magnética controlan, en su interés, los puntos estratégicos de nuestro Planeta...
    ...Los que temen que haya una guerra atómica pueden estar tranquilos, porque según el mensaje enviado por sondeo mental desde la Conciencia Cósmica y recibido ayer noche, jueves, por el señor Siragusa, la aviación magnética extraterrestre está preparada para entrar en acción y oponerse a un conflicto atómico...
    ...Nuestro conciudadano Eugenio Siragusa es uno de los pocos habitases de nuestro Planeta elegido por los Hermanos Cósmicos como representante en la Tierra, con el trabajo o misión de difundir periódicamente los mensajes que le son enviados. Tales mensajes son recibidos por el señor Siragusa por sondeo mental o por escritura automática.”
    ...El último mensaje recibido es de total actualidad. Dice así:

    “Nuestra aviación magnética está permanentemente sobre los objetos y controla todos los puntos estratégicos de vuestro Globo, pronta para interceptar cualquier medio que transporte una bomba atómica contra cualquier objetivo. Nuestra acción tendrá un éxito absoluto porque nuestros progresos científicos superan a los vuestros en varios milenios. Nosotros conocemos mejor que vosotros, por haberlo visto, los apocalípticos efectos que un tal conflicto provocaría tanto a la precaria estabilidad de vuestro Planeta como al sistema solar entero. Por esta razón desde hace mucho tiempo vigilamos con mucho cuidado el desarrollo político, militar y sobre todo científico de los terrestres. Nuestros controles se dirigen especialmente a los establecimientos atómicos de los Estados Unidos y la Unión Soviética y sobre su desarrollo en el campo de los misiles. No pocas veces hemos intervenido entorpeciendo maniobras con nuestros superaparatos, pues estamos convencidos de que vuestra preparación intelectual no ha llegado al extremo de saber controlar con conciencia la inmensa fuerza que tales adelantos proporcionan al hombre. Esta convicción está corroborada por la reciente situación creada en Cuba, situación que controlamos ya, por lo cual queda excluido un conflicto bélico que, además de destruiros, provocaría desarreglos en la paz del espacio.”
    Cuando Il Tiempo y La Sicilia difundieron estos mensajes de Eugenio Siragusa, la crisis Cubana acababa de empezar y el mundo estaba espantado ante la posibilidad de una guerra nuclear. La crisis de Cuba se resolvió pacíficamente. Justo un año después del segundo encuentro de Eugenio Siragusa con los extraterrestres en el Etna, el día 5 de agosto de 1963, Kennedy y Kruschev firmaban el tratado de “No proliferación de armas nucleares”.
    De un solo trazo, Eugenio Siragusa, recibió dos confirmaciones de su papel operativo a nivel planetario. Sus primeros mensajes a los Jefes de Gobierno, tenían como objeto número uno la supresión de las pruebas nucleares. En el mensaje referente a la crisis cubana, Eugenio Siragusa avanzaba un pronóstico que se cumplió meses después...
    ¿Qué había hecho cambiar tan radicalmente de actitud, en unos meses, a las dos superpotencias?, ¿Tan sólo los mensajes enviados por un humilde catanés empleado de Arbitrios, conminándoles a terminar con la carrera de armamentos? ¿Los extraterrestres apoyaron los mensajes de Eugenio Siragusa con alguna demostración o prueba concluyente y terminante? Estos aspectos también formaban parte del programa “Operación Saras”.
    El propio Eugenio Siragusa, el 25 de octubre de 1962, recibió otro mensaje por sondeo Pes Solex a las 5,45 de la madrugada, que hemos encontrado en los archivos del Centro Studi Fratellanza Cósmica y transcribimos a contintiación por su interés:

    LOS EXPERIMENTOS NUCLEARES HAN PUESTO EN ALARMA
    A LOS HABITANTES DE OTROS PLANETAS


    “...Esta es la principal causa que les ha movido, como han hecho en remotos tiempos, a visitar con mayor particular actividad de observación el Planeta Tierra. Esta vez para ellos la misión es particularmente gravosa, pero no por ello imposible de ser resuelta por completo.
    Ellos conocen muy bien la particular situación de nuestro Globo y saben también que las desgracias periódicas han sido extremadamente violentas y muchas veces demasiado preocupantes para la continuidad de su existencia y del equilibrio del sistema solar. Los trastornos apocalípticos que en determinados períodos se verificaron, han dejado en la faz del mundo profundas cicatrices que, todavía hoy, cuentan la gravedad de las convulsiones padecidas. Y de esto no hace mucho tiempo si medimos los 12.000 años que han transcurrido desde entonces con su medida cósmica y no con la nuestra. Conocer el mundo en que se vive no es cosa fácil para una sola generación, pero sí lo fue para aquellos cuyos antepasados habían transmitido toda su experiencia trabajosa en una Tierra en ocasiones sana, en ocasiones despedazada, en ocasiones libre de las aguas y en otros momentos sumergida. Los Aztecas, conocedores de lo que habían visto y vivido sus padres, prefirieron construir sus casas en las cimas de las montañas, a más de 3.000 y 4.000 metros de altura, por temor a quedar prisioneros del agua del mar que había sido capaz, muchas veces, de levantarse de su propio lecho y avanzar con paso lento, pero inexorable, y sumergirlo todo. En aquellos tiempos tan lejanos de nuestro pensamiento, estuvieron presentes los hijos del espacio, quizás nuestros hermanos, hijos de aquellos que renunciaron a permanecer en este mundo.
    Hoy nuevamente están detrás de nosotros con medios más poderosos y científicamente más evolucionados, animados de un gran amor por nosotros, que somos sus semejantes, agonizantes en sanguinarias luchas, privados de comprensión, ávidos de poder y de conquista, autores de una titánica fuerza que no sabemos utilizar de modo pacífico y para el progreso. Ellos están aquí, junto a nosotros, prontos a intervenir con todos los medios a su disposición para impedir lo irreparable, vigilando el Geoide y en partictilar su Eje magnético, que con los experimentos nucleares en cadena efectuados en este corto espacio de tiempo ha sido sacudido con tal intensidad, que está en serio peligro su ya precaria estabilidad.
    Si se muestran complacientes con el esfuerzo que la Humanidad está haciendo por llevar al exterior del cerco estratosférico masas cada vez más pesadas, es porque saben que un gran satélite artificial de contrapoder o mitigador de la atracción lunar, remediaría, al menos en parte, uno de los más graves males de nuestro Planeta y lo alejaría de la crisis en que lamentablemente, pero de modo inexorable, se encuentra, con perspectivas, sí no peores, por lo menos idénticas a las del pasado.
    Como primer remedio imprescindible,.es necesario impedir ulteriores experimentos nucleares, tan dañinos a la humanidad como letales para el desarrollo equilibrante de la masa magnética de nuestro Planeta y de los demás del sistema solar. En segundo lugar, es necesaria la unión pacífica de toda la Humanidad para apoyar la supervivencia y provocar los presupuestos ideales para un intercambio de conocimientos científicos con habitantes de otros mundos de nuestro sistema solar y de otros sistemas solares, mucho más avanzados en todos los campos. Nosotros afirmamos que un gran evento está a las puertas de nuestro tiempo y, como en todos los grandes acontecimientos de la Historia, subsiste también la presión del “no creo” de los superhombres y de aquellos que no quieren saber los porqués del “no ver” y “no tocar”.
    Nosotros creemos en los ángeles tutelares que guían y vigilan la existencia terrena y con no menos fervor nos dirigimos a Dios a fin de que estos hijos del Espacio, traigan en su excelsa luz creativa la cálida y eterna amable palabra: amaos todos como hermanos.”
    Este nuevo mensaje contenía en sí mismo una explicación suficiente de la presencia de los seres del espacio sobre el Planeta. Y al mismo tiempo daba las claves de investigación en el campo de los satélites que permitirían emprender un camino positivo de equilibrio. Siempre contando con que previamente fueran removidos los obstáculos creados por las pruebas nucleares.
    Como dijimos más arriba, cuando estos mensajes vieron la luz pública, el mundo desconocía el desenlace de la crisis de Cuba. Kennedy impuso, con un golpe maestro de fuerza, la cuarentena naval a Cuba para obligar a la URSS a retirar los misiles de la isla. La cuarentena tuvo lugar a partir del 24 de octubre y llegaría hasta el 20 de noviembre. Antes de que Kennedy declarase públicamente el comienzo de la cuarentena, Eugenio Siragusa había dado a conocer su pronóstico sobre el desarrollo de los acontecimientos de modo positivo en la crisis cubana. Los hechos le dieron la razón. Antes del 20 de noviembre, Kruscheff accedió a retirar los proyectiles a cambio de una garantía formal de no invasión de la isla de Cuba.

    15. Kennedy, visitado por un extraterrestre, y Juan XXIII, consolado antes de morir


    Nada es fortuito en la historia de los pueblos. Nada sucede por casualidad en el Planeta Tierra y menos en estos momentos trascendentales de su evolución.
    No deja de ser curioso anotar de modo simple y llano algunas coincidencias de los años 1962, 63 y 64.
    En el año 1962 se inicia el Concilió Vaticano II, tiene lugar la crisis de Cuba, se efectúan los vuelos espaciales tripulados de USA de Carpenter y Glenn y el primer vehículo se posa en la Luna, el Ranger IV. En junio de 1963 muere Juan XXIII, en agosto se firma el primer tratado de prohibición de pruebas nucleares en la atmósfera, en noviembre es asesinado el Presidente del Vietnam del Sur, Ngo Ding Diem; Adenauer se retira del Gobierno, estalla la guerra entre griegos y turcos y los astronautas rusos Bikovsky y Valentina Tereshkova tienen encuentros importantes silenciados después del vuelo. Nikita Kruscheff es marginado del Poder en 1964, tan sólo un año después de firmar el tratado de prohibición de pruebas antinucleares, habiendo muerto Kennedy un año después de terminada la crisis cubana...
    Quién tenga capacidad para analizar, analice. Quien tenga otros datos para deducir, deduzca. Nosotros queremos añadir algún material más para que la labor sea más fácil.
    El 24 de mayo de 1962, en una base del Estado de California, varias personalidades de USA, incluido el propio Presidente Kennedy, asistieron a una demostración extraterrestre, teniendo lugar un nuevo encuentro del “Programa Saras”. La noticia se filtró por vía diplomlítica. El encuentro fue descrito por un testigo ocular: el cónsul Alberto Perego.
    Según otra información que circuló bajo mano en los Estados Unidos, entre los grandes del Pentágono y los responsables de la política, Kennedy tuvo otro encuentro con un ser extraterrestre el año 1962. A este nuevo contacto, que repetía de un modo indirecto el habido con un familiar del Presidente Truman, siguieron otros hechos que confirmaron a Kennedy en una determinada línea de acción y de política internacional.
    En el diario íntimo del Presidente no se ha podido encontrar alusión alguna a este hecho del que, por supuesto, hay datos oficiales. La noticia se filtró por vía subterránea y diplomática y llegó a Europa.
    En aquel período de tiempo, sin embargo, Kennedy comenzó a hablar de modo insistente del Espacio, de la exploración del Cosmos. Daba la impresión de estar obsesionado por la carrera del espacio y no perdía ocasión para justificar la urgencia de los proyectos que tenían como objetivo llegar a la Luna, aunque el costo de tal misión se revelase enormemente alto y produjera polémicas y perplejidades desmedidas en el Congreso.
    No es accidental que el propio Theodore Sorensen hiciese alusión a esta actitud del Presidente Kennedy con estas palabras:
    “...hizo elevar enormemente el presupuesto adjudicado al lanzamiento del “Proyecto Saturno”. Y con anterioridad había dado nueva vida el National Space Council, poniéndolo bajo la dirección del vicepresidente, de modo que fuese más fácil controlar y acelerar los trabajos, evitando las ingerencias militares y civiles. Kennedy, en este tiempo, tenía prisa y exigía de los colaboradores y de los técnicos respuestas inmediatas. Algunos de sus colaboradores más próximos llegaron a comentar que en Kennedy se había desatado inexplicablemente una auténtica mania espacial.
    Posiblemente el hecho más revelador de la actitud de Kennedy fue un discurso que pronunció por esta época en el Congreso v que terminó a su manera, saltándose las recomendaciones de los abogados y legisladores que le aconsejaban y corregían los textos que debía leer en el Congreso...”
    Su discurso terminó así:
    “En este momento, ninguna empresa tiene mayor importancia ni es de mayor significado para el desarrollo de la Humanidad, que la que puede conducirnos a la Luna... En un sentido real, no será un hombre en solitario quien llegue a la Luna, sino una nación entera. No se trata simplemente de una competición. Ahora el Espacio se abre ante nosotros. Nuestro deseo de conocer sus secretos no está determinado por los esfuerzos de los otros. Nosotros escrutamos el Espacio porque debemos prestar nuestra contribución a todas las grandes empresas de la Humanidad.”
    Esa noche, después de la sesión del Congreso, le acompañó en el coche presidencial Sorensen. John Kennedy le comentó:
    - En verdad, el aplauso del Congreso no ha sido entusiasta. Más bien ha sido pragmático y recriminador.
    - Ya te lo habíamos advertido, John. El Congreso te ha culpado por este discurso. En realidad lo que les ha molestado han sido tus palabra finales... “Si no estamos dispuestos a poner manos a la obra y aceptar las cargas necesarias para coronar este proyecto. es mejor no continuar con él ...” Tu voz ahí sonó demasiado apremiante, demasiado injustificada e incierta. No te pueden comprender. No tienen razones para comprenderte...
    Kennedy se retiró triste a descansar esa noche. Pero en el poco tiempo que le quedó de vida, volvió a las andadas. Y con ocasión de su visita a la Universidad del estado de Texas, exactamente el 12 de septiembre, cuando faltaban menos de setenta días para su asesinato, volvió a insistir camino ya hacia la muerte: “Apenas ayer pudimos disponer de la luz, el teléfono, los automóviles. Hace unos instantes que podemos disfrutar de la penicilina, la televisión, la energía nuclear. Ahora, si con la investigación espacial conseguimos añadir Venus, habremos añadido literalmente la primera estrella del despuntar del alba.”
    Estas palabras, que tampoco estaban previstas, que no se habían incluido en el texto de su discurso, volvieron a dejar perplejos a sus colaboradores directos y a los que le acompañaban en el viaje.
    Era como si John Kennedy, en los momentos importantes de sus apariciones en público, pusiese una rúbrica que le salía del fondo incontroladamente, como si alguien se la hubiese dictado empleando procedimientos subliminares. ¿Quién se la había dictado? O más bien, ¿acaso las pruebas que obraban en manos de Kennedy, le obligaban a tomar esta posición abierta en favor de la investigación del espacio?
    Lo cierto es que tanto él como Kruscheff se acercaron más de lo que nadie hubiera podido prever en los días de la crisis cubana, y el 5 de agosto de 1963 tuvieron el tiempo suficiente para firmar el primer Tratado de prohibición de pruebas nucleares en la atmósfera. Por supuesto se podía seguir haciendo pruebas en el subsuelo y además ni China ni Francia firmaron el tratado, pero fue un paso que no ha vuelto a repetirse en la historia de este siglo. Un paso que los dos estadistas dieron poco antes de desaparecer del mapa.

    Su desaparición, ¿tuvo algo que ver con estos hechos? Tal vez estemos a punto de conocer la verdad. Porque a la desaparición de estos dos hombres, hay que añadir la muerte de George Adamski y la de Juan XXIII.
    Según datos confidenciales, tres días antes de su muerte Juan XXIII recibió un mensaje de los Hermanos del Espacio. Juan XXIII fue uno de los pocos seres eclesiásticos que en este siglo pasó por la iniciación y la coronó. Juan XXIII reveló, en la medida que pudo, el tercer secreto de Fátima y profetizó acontecimientos que tenían que ver, que tienen que ver, con la política, con el espacio, con el futuro del Planeta y con el propio Kennedy, a pesar de que le precediera en el viaje. Pier Carpi, el escritor italiano que reveló documentos secretos del Conde de Cagliostro, los ha vuelto a revelar en el caso de Juan XXIII. Tampoco estos dos hechos son fortuitos.
    Eugenio Siragusa hizo alusión a Kennedy y Juan XXIII por las mismas fechas habiendo recibido sendas comunicaciones con las que cerraremos este cúmulo de coincidencias y casualidades históricas.
    Mucho antes de que los acontecimientos se produjeran, el Papa Juan XXlll escribió una serie de textos iniciáticos, esotéricos, proféticos... Textos que fueron cedidos por un misterioso personaje al periodista italiano Pier Carpi, periodista que ha conseguido alumbrar con honestidad ética imágenes del pasado, maltratadas por historiadores o deformadas por biógrafos. Carpi no lo hubiera podido hacer sin la aportación y el encuentro con un anciano de barba larga que le facilitó los datos en ambos casos.
    Juan XXIII dejó, en el seno de la orden esotérica a que perteneció, el contenido secreto de una serie de profecías. Algunas de ellas han sido reveladas por Carpi, otras quedan por revelar. Dos de esas profecías hacen alusión a los Kennedy, otra a los platillos volantes, una más a Eugenio Siragusa, de cuya existencia no sólo tuvo noticia, sino pruebas de real identidad. Este es el párrafo alusivo a los Kennedy:
    “Caerá el Presidente y caerá el hermano. Entre los dos, el cadáver de la estrella inocente. Hay quien sabe. Preguntad a la primera dama negra y al hombre que la llevará al altar en la isla. Serán tres quienes disparen contra el Presidente. El tercero de ellos estará entre los tres que matarán al segundo...”
    Y más revelador todavía el párrafo alusivo a los platillos volantes y a los viajes a la Luna... Teniendo en cuenta que Juan XXIII escribió estas profecías muchos años antes de los hechos y murió antes de que se confirmaran..., tienen un gran valor testimonial... y justifican el hecho del “Mensaje Secreto” que le llegó del espacio tres días antes de su muerte, corroborando a la vez el encuentro de John Kennedy con un enviado del espacio exterior...
    “Los rollos serán hallados en las Azores y hablarán de antiguas civilizaciones que enseñarán a los hombres cosas antiguas que ellos ignoran. Por medio de los rollos, las cosas de la tierra hablarán a los hombres acerca de las cosas del cielo. Signos cada vez más numerosos. Las luces del cielo serán rojas, azules y verdes. Veloces. Crecerán. Alguien viene de lejos. Quiere conocer a los hombres de la Tierra. Ya ha habido encuentros. Pero quien vio realmente ha guardado silencio...”
    Por primera vez revelamos estas coincidencias. Por primera vez podemos apoyar unos hechos con otros y dejar entrever el lazo que subterráneamente les ha unido. Quien sepa leer, lea. Solamente añadiremos dos mensajes de Eugenio Siragusa relativos a Kennedy y Juan XXIII.
    El mensaje referente a John Kennedy tenía fecha de 27 de noviembre de 1963 y fue recibido por Eugenio Siragusa a las 11,30 noche:
    “...El no está ya en la Tierra, pero su gran misión fue cumplida el día 20 de septiembre de 1963, cuando delante de los delegados de las Naciones Unidas, dijo: conciudadanos de este Planeta, salvemos al mundo de la destrucción y del hambre. Pero en verdad, los hombres de la Tierra desconocerán todavía, por poco tiempo, la verdad que John Kenndy sembró en los hombres de buena voluntad...”
    Refiriéndose a Juan XXIII, Eugenio Siragusa publicó en su Boletín una serie de afirmaciones totalmente esclarecedoras:
    “El Papa Juan XXIII divulgó el tercer secreto de Fátima. El fue el mensajero real de Dios y de la Madre del Hijo del Hombre, Jesús. Por esta razón divulgó el mensaje. En el futuro, sabremos lo que han ocultado sobre este acto real de Juan XXIII.”
    El contenido del mensaje fue divulgado por las Delegaciones del Centro Studi Fratellanza Cósmica en las puertas de las iglesias de Roma. Hacía alusión a una tercera guerra mundial que tendría lugar en la segunda mitad del siglo XX. El mensaje fue conocido a nivel diplomático y distribuido por este conducto a las autoridades de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y la URSS. Estos hechos fueron conocidos pocos meses después de la muerte de Juan XXIII, en octubre de 1963.
     
    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro: EL ANUNCIADOR » STOP ENERGIA NUCLEAR CON FINES BELICOS (CAPITULO 5)
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