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    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro: EL ANUNCIADOR » LA GALILEA DE LOS GENTILES (CAPITULO 10)
    LA GALILEA DE LOS GENTILES
    bookFecha: Domingo, 2012-12-16, 7:44 PM | Mensaje # 1
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    Extraido de: http://www.edicolaweb.net/nonsoloufo/aqus_pdf.zip

    CAPITULO X

    LA GALILEA DE LOS GENTILES






    En este tiempo, el Anunciador, había cumplido la primera y la segunda parte de su programa. Se encontraba al inicio de la tercera y última. Sumido en meditación profunda, viendo caer el sol en el horizonte lejano, pensó en todos cuantos había encontrado a lo largo y ancho del planeta en sus continuas peregrinaciones; recordó sus nombres... Unos habían sentido la llamada y habían vuelto la espalda. Otros no habían tenido la fuerza suficiente en el último momento para arrancarse de sus ataduras tridimensionales. Sólo algunos habían seguido hasta las alturas que les había propuesto como morada. Sabía que nuevamente el reino sería ofrecido a los gentiles, en cumplimiento de las palabras que fueron dichas y escritas: “Yo elegiré a un pueblo que no es mi pueblo. Instintivamente, la mirada se le desvió hacia una foto enmarcada en la pared. En la foto, podían verse a dos de los Apóstoles de Jesús camino del Sepulcro después de la resurrección. Eran los Apóstoles Pedro y Juan.
    La foto le había sido remitida por vía de correo ordinario después de uno de los encuentros más importantes que tuvo en Santa María de la Estela. Fue un encuentro que para él tuvo un profundo significado, y llenó su espíritu de alegría y firmeza por la senda en que se habían reencontrado, y que cada uno, de nuevo en esta generación, estaban recorriendo. Recordó la vieja escena de los tiempos de Jesús cuando, dirigiéndose a Pedro y haciendo referencia a Juan, dijo: “¿Si yo quiero que éste permanezca hasta el fin de los tiempos, a ti qué?”
    El viejo encuentro con los gentiles se repetía nuevamente y, como en el principio de la era, los mismos personajes se encontraban realizando el mismo trabajo, sembrando la misma semilla en los mismos campos. ¿Quiénes forman hoy el pueblo de los gentiles, la nueva Galilea a la que fue prometido el reino? ¿Quiénes han sido y están siendo enviados nuevamente en medio de este pueblo que un día fue llamado a tomar parte del banquete?


    28. Encuentro con el viajero


    En los últimos meses del año 1973, saltó a las páginas de los periódicos y las revistas semanales italianas una circular de un Centro de Investigaciones Ufológicas llamado Sideral Intercontacts Center, acompañada de una foto de un anciano de barba blanca. La circular, que tuvo una amplia difusión a partir de los meses de agosto y septiembre y duró hasta diciembre de ese mismo año, decía:
    “La operación Alcántara ha tenido un clamoroso éxito superior a lo que el propio Sideral Intercontacts Center había previsto. Y en cierto modo agradece a todos los medios de comunicación la enorme difusión que han dado a los sucesos del monte Musine, en especial a la manifestación ufológica habida en los cielos del Piamonte. En efecto, la manifestación de Ufos en el Musine ha sido grandiosa y el Sideral Intercontacts Center ha filmado algunas secuencias, como la de la propia astronave de Absu Ismaily Swandy, cuando se estaba aproximando a la ciudad de Torino. Algunas de las imágenes conseguidas son de una impresionante claridad y posiblemente las hagamos ver en la próxima reunión en San Giusto Canavese a nuestros socios, una vez terminadas las operaciones “Oeymas” y “Ghiraes”, todavía en curso y que deben completar la “Operación Alcántara”.
    Como complemento gráfico de esta comunicación, el Sideral Intercontacts Center, remitió a los medios de difusión una foto del anciano Absu Ismaily Swandy con este pie: “El viajero de más de 256 años de edad, que visita periódicamente la Tierra y que en el último encuentro terminó su conferencia con estas palabras: Bendigo a todos en paz y fraternidad cósmica.”
    Por las mismas fechas, dos fontaneros de la zona de Ragalna habían subido a la montaña para arreglar una avería que se había producido en la conducción del agua que aprovisionaba a la zona. Iban guiando su Renault de regreso a casa cuando un anciano vestido con túnica y barba blanca les hizo señas para que parasen. Los fontaneros detuvieron el coche y le hicieron subir en los asientos traseros. Durante el trayecto hasta la ciudad, la conversación recayó sobre diversos aspectos del Vaticano y la Iglesia Católica, sobre los primeros cristianos, sobre Jesucristo. En un momento determinado los fontaneros se mofaron de las palabras del anciano. Pero el hombre de la túnica y barba blanca, les contestó:
    Si realmente conociéseis mi identidad, no os atreveríais a sonreír. En otro tiempo y en estos lugares, me reverenciásteis. Ahora, como me veis con este aspecto de anciano y pobre, me replicáis...
    Los dos fontaneros guardaron silencio muy sorprendidos. También el anciano enmudeció de modo repentino. Los fontaneros volvieron instintivamente la mirada hacia el asiento trasero. El anciano se había evaporado, se había desvanecido en plena marcha. En una palabra, se había desmaterializado ante sus ojos... El suceso fue contado a la comisaría de la zona. Pero no ha tenido ninguna explicación.
    Por otra zona fue encontrado el mismo anciano, con idéntico aspecto, haciendo autostop a la entrada de una autopista. Dos muchachos que guiaban un Fiat 1500 se mofaron de él y le dejaron tirado en la carretera. Cuando iban a salir de la autopista y tuvieron que detenerse para pagar el peaje, descubrieron que al otro lado de las taquillas, en posición de espera, se encontraba nuevamente el anciano. Los jóvenes, sorprendidos, preguntaron cómo había llegado hasta allí y obtuvieron esta respuesta:
    - No soy yo quien necesita ser transportado, sino vosotros. Yo estoy por encima del tiempo y el espacio, pero vosotros no habéis terminado vuestro viaje. Estad atentos.
    El tercer encuentro con el misterioso personaje tuvo lugar en Roma. En una de sus plazas fue encontrado bajo la apariencia de un anciano con túnica y barba blanca, apoyado en una esquina, en una actitud que podía muy bien interpretarse como de pedir limosna, aunque realmente no lo hiciera. Una joven mujer estaba esperando en la parada del autobús para trasladarse al trabajo. Su mirada se detuvo en la del anciano, que a su vez la observaba fijamente. Sintió el impulso de acercarse y darle una limosna. Llevaba apenas algo más que lo necesario para pagar el autobús. Interiormente, sentía vergüenza de darle una limosna tan ruin. Estuvo dudando durante unos segundo. Al final se decidió, se le acercó y le puso unas monedas en la mano. El anciano le dio las gracias y sonrió. Ella sintió fija su mirada y volvió a avergonzarse de la limosna que acababa de dar. Regresó al autobús que estaba llegando y subió. Desde dentro, miró en la dirección en que se encontraba el anciano, pero había desaparecido. La plaza estaba completamente solitaria. Posteriormente supo que había sido el mismo personaje.
    ¿Pero quién es realmente Absu Isinaily Swandy?
    Las claves reales de su identidad obran en poder de Eugenio Siragusa y por especial concesión queremos ofrecerlas aquí, por primera vez.
    Dentro del programa operativo que Eugenio Siragusa conducía difundiendo los contenidos de los mensajes extraterrestres, se encontró un día con Absu Ismaily Swandy. Por aquel tiempo Eugenio Siragusa vivía en Santa María la Stella, y todavía no había tenido ninguna difusión la presencia de dicho personaje en Italia. Un día, cuando Eugenio Siragusa atravesaba la plaza, vio en uno de sus extremos, apoyado en la pared, a un anciano de barba blanca vestido con túnica. Inmediatamente fue atraído por su mirada. Siragusa encaminó sus pasos hacia él y cuando estuvo a su altura le preguntó si tenía hambre, si deseaba comida. El anciano siguió mirando fijamente, sin contestar. Entonces Eugenio Siragusa, siguiendo un impulso mecánico, entró en una de las tiendas de ultramarinos y le trajo un bocadillo. Al ofrecérselo, el anciano le respondió señalando a unos niños que miraban la escena y habían dejado de jugar: “Yo no tengo hambre. Ellos tienen hambre...” Instintivamente y sin que mediase palabra alguna, Eugenio Siragusa volvió a entrar en la tienda y compró, en unas banastas, provisiones de alimentos. Los tenderos le ayudaron a sacarlas a la calle y ofrecérselas a los niños. Pero al salir a la plaza, el anciano había desaparecido. Siragusa buscó al anciano por doquier, pero no había quedado ni rastro de él, como tantas veces ocurría después. Se había desvanecido misteriosamente.
    Eugenio Siragusa comentó lo que le había sucedido. Posteriormente se pudo confirmar la historia en la tienda de ultramarinos, porque Eugenio Siragusa no llevaba suficiente dinero para pagar lo que había adquirido y debieron cobrarlo en casa.

    Un tiempo después, Eugenio Siragusa recibió una foto que representaba a los Apóstoles Pedro y Juan que corrían camino del Sepulcro al conocer la noticia de la Resurrección del Señor. A la cabecera de la tarjeta y en el dorso podía verse un Sol, de numerosos rayos y debajo tres párrafos firmados con la inicial D.
    Los párrafos eran estos:

    “Pietro Santo, gloria di Dio, Principe eterno,
    che del divino amore Tu sei sicuro regno
    e d’essa, del Figliuol la chiesa Tu sol sei perno,
    c’implora dal ciel le grazie e siaci Tu sostegno!”
    D.

    “A Te, pio e amato Giovanni, che per alta
    sapienza e possente candore, dall’eterno
    Crocifisso ereditasti a custodire l’intera
    umanitá, giunga il nostro supplice grido:
    rimanti tra noi a salda difesa nella dura
    procella dei giomi nostri. Sia cosi Signore!”
    D.

    “L'amore e la purezza: Il binomio operante per il secoli
    Su! entriamo con audacia nella loro travolgente scia.”
    D.

    Una traducción literal de los tres párrafos dice lo siguiente, y que quien sepa deducir, deduzca:

    “Pedro santo, gloria de Dios, Príncipe eterno,
    que del divino amor Tú eres segura prueba
    y por ella, del Hijo de la iglesia Tú sólo eres el perno,
    implóranos del cielo la gracia y sénos Tú el sostén!”
    D.

    “A Ti, piadoso y amado Juan, que por alta
    sabiduría y poderoso candor del eterno
    Crucificado, heredaste custodiar la entera
    humanidad, llegue nuestro suplicante grito:
    permanece entre nosotros por la firme defensa
    en la dura tormenta de nuestros días. Sea así, Señor!”
    D.

    “El amor y la pureza: El binomio operante por los siglos
    ¡arriba! entremos con audacia en su arrolladora estela.”
    D.

    Cuando Eugenio Siragusa nos mostró por primera vez este documento nos dijo: ¿Sabéis lo que significan estos puntos? Significan la trinidád de la materia y de la antimateria.
    Durante el año 1967, Eugenio Siragusa volvió a encontrarse con el anciano de barba blanca. Después de este encuentro ambos quedaron para celebrar una comida en casa del propio Eugenio Siragusa. Durante días, Eugenio Siragusa se preocupó de preparar la visita del anciano y quiso tener una mesa preparada con una comida suculenta y apetitosa. Sin embargo, cuando el anciano llegó, se limitó a tomar una pizca de alimento, charlaron y se fue. Unos días después y a vuelta de correo, desde Roma, Eugenio recibía una carta que tam bién nos ha sido permitido traducir y divulgar por primera vez. Este era su contenido:

    “Roma, 26 de noviembre de 1967.

    Amadísimo Eugenio:

    En mis cotidianas correrías de pensamiento y de pasaje, todas intencionalmente dedicadas con devoto afecto al Padre glorioso, cuyo dulce imperio domina tan amorosamente el fulgor de la bóveda celeste durante las pesadas brumas de las cóncavas moradas terrenas, el pasado día, con tu feliz encuentro, he abiero un particularísimo paréntesis de fraterna cordialidad y un toque inolvidable de suavidad de espíritu.
    Cómo una Marta solícita me llevaste de todo donde con premuroso cuidado y un recorte de tiempo y medios arrebatados al peso gravoso de tus obligaciones familiares, fuiste pródigo y derrochador de una y otra oferta generosa. No te ayudé a desarrollar tu fatiga humana en la humilde mansión de tu recibimiento, ni hice tanto honor, como se dice humanamente, a cuanto quisiste prepararme en macrocósmicas cantidades para mi sostén físico. Me perdonarás querido Eugenio, pero a mí, como pájaro del bosque, tanto me abrasa permanecer fijo en la misma rama cuanto superar el cebo de mi necesidad, del mismo modo que el pájaro del bosque. Es también cierto, Eugenio, que humanamente he tomado en cuenta tu acto gentil, como el Señor lo tiene en modo divino, como si lo hubieras hecho a El mismo. ¡Está escrito!
    Pero ya que tú, Eugenio mío, tienes entrambas las potencias de las dos evangélicas hermanas, tampoco descuidaste el sentido bendito de la otra: de aquella que escoge la mejor parte. Conscientemente entramos también en el espíritu y en la luz de cuanto es sostén de nuestro vivir: la Ley del Maestro. Las diversas cosas tratadas exhalaron su perfume embriagador, expresaron la intensidad de su fuerza, difundieron la vibración del poder de la esencialidad de aquella Ley: la obediencia y la humildad.
    Este es un binomio inseparable que si está cimentado verdaderamente por el amor, forma un trípode indestructible sobre el cual domina todo el edificio divino. Cierto, no la obediencia servil, sino consciente; no la humildad de los signos externos, sino sentida en la raíz de su semilla: la semilla del Cristo, la semilla que el Maestro ha presentado al hombre como indefectible atajo para llegar a la meta radiante e infranqueable, ya que a ella, como tú sabes, por divina Ley, a todos los hombres les fue dada la gracia de llegar en el curso de las épocas y los ciclos que ellos mismos, en su libertad, quieren.
    Por tanto, este atajo, ni siquiera a ti puede ocultar los propios aguijones sobre los cuales el Maestro recorriera la dolorosa vía con su paso seguro y triunfal. Y esto tú lo sabes, lo has comprendido bien, lo estás viviendo en pro del hermano sea perezoso e indolente o incluso cobarde e incapaz. Y esto es amor puro, es desgarro del corazón, es el sacrificio de sí por el bien altruista. ¡Seas bendito en el Nombre del Señor!
    Pero los hombres no saben estas cosas de alto concepto, no creen más que con el tacto, se recrean inconscientemente con el imponderable, y lo que es más grave, burlan hábilmente cerros candentes, brasas de las infernales órdenes de destrucción y de muerte enmascarándolas con el térrnino taumatúrgico de ciencia, cuando en realidad es el silbido lacerante de la antigua serpiente.
    La verdadera ciencia, la ciencia positiva, no puede ser otra cosa que el vástago de aquella Fuente cristalina de verdad, de justicia y de amor que el ser finito, consciente de su origen divino y de la ley que lo informa, trae como latido de amor por el bien real de la humanidad en fatigoso camino hacia el infinito eterno. Fuera de esta verdad axiomática, está la desarmonía en acto, el desamor, el desequilibrio, la negación de toda ley vital.
    Que el Señor tenga piedad de los pobres desbandados que voluntariamente van al encuentro de las nubes tormentosas que se condensan en el horizonte, y que la fuerza de su tan esperado espíritu omnipotente quiera detener el avance amenazador de la desconcertante tempestad.
    Ahora, queridísimo Eugenio, que vas meditando en tu soleado eremitorio - en el retorno hacia Aquel a quien tanto dedicas, en sosiego y toda otra virtud, tu vigorosa postulación por todos cuantos tienes en el corazón - te ruego no olvides cuánto puede agradar a mi espíritu, de ti siempre tan devoto, contarme entre ellos.
    Con toda selección, tuyo afectísimo, Durante.”
    Con posterioridad a esta carta, la comunicación por diversos conductos entre Eugenio Siragusa y Durante ha continuado hasta hoy. Transcribiré dos comunicaciones recientes de felicitación dirigidas con ocasión de la Navidad de 1977 y Pascua de 1978.
    La primera tarjeta postal correspondía al mosáico del ábside, de la Basílica de San Pablo de Roma. Este era el texto:

    “Navidad 1977.

    En la luz gozosa del divino infante, te llegue mi augurio veraz de la más alta serenidad por la consecución de toda meta sublime.
    Tuyo afectísimo, Durante.”

    La segunda tarjeta postal, representaba la Transfiguracíón, según pintura de Rafael Sanzio, expuesta en la pinacoteca del Vaticano. Fue enviada a Eugenio Siragusa, en Pascua de 1978, antes de comenzar su calvario, y ser preso.
    Su texto era el siguiente:

    “Querido Eugenio:

    Un pensamiento de reconocimiento, un deber de sumisión, una plegaria de agradecimiento a Aquel que te señaló la vía que estás recorriendo. Un manantial de pura fuente para apagar la sed ardorosa de tu camino sobre rugiente empedrado hacia aquel Jesús que todos esperan en el gozoso triunfo de nuestro empeño.
    Este es el augurio de mi alma en la tradición humana de su venidero resurgir, que es siempre, por el contrario, realidad viviente de su infranqueable Amor por sus hijos. - Durante.”

    Esto es todo cuanto me ha sido permitido divulgar por primera vez. Los acontecimientos están en acto y hablan por sí mismos. Quien tenga ojos vea, quien tenga oídos, oiga. No habrá otro tiempo para poder deducir, ni otra llamada para poder responder en un tiempo útil.


    29. Un pueblo de constructores


    En una de las últimas comunicaciones que el Anunciador difundió antes de que los acontecimientos se desatasen, se hacía referencia al significado de la llamada, a su responsabilidad y su premura. Decía así:
    “Las responsabilidades que comporta la llamada están cargadas de extrema gravedad. ¡Estad atentos! Las reprensiones serán muy pesadas y no os pueden ser condonadas.
    Os recordamos que debéis ser plenamente conscientes del don que el Altísimo os ha concedido y perseverar con fortaleza espiritual si verdaderamente queréis sentaros a su lado y con El gozar de la elección que su gloria concederá a los herederos de su celeste reino.
    Las pruebas serán más duras y la felicidad del espíritu mayor. Esta verdad os ha sido revelada para que vuestro conocimiento sea inquebrantable y sólida vuestra fe.
    La llamada, hermanos y hermanas, quiere significar vuestro sí al Señor, vuestra completa disponibilidad de servicio y amarlo sin límites y sin condiciones. No esperéis tolerancia alguna pata los errores que habéis cometido en bien de una mayor conciencia y madurez. El período de la señal está por terminar, porque el tiempo del Señor viene. Quien haya recogido, conserve celosamente cuanto ha recogido por el bien del alma; porque no os será concedido otro tiempo. Ni se abrirán nuevos senderos.
    Estad atentos y permaneced fortificados en el espíritu.
    Muchas cosas mutarán. No tengáis temor y no os dejéis disuadir. La Luz está entre vosotros y con vosotros. Paz. - El Consolador.”
    En este tiempo, como les había sido predicho, se produjeron disensiones y desviaciones entre los discípulos. Unos abandonaron. Otros quedaron sumidos en la duda. Pero los que eran conscientes de la llamada, trabajaban juntos y estaban unidos en un solo corazón y una sola alma. Desde su interior, fueron impulsados y guiados en el camino del conocimiento.
    Habían aprendido a seguir con generosidad los dictados de los seres volumétricamente superiores que guiaban sus pasos. Siguiendo este impulso, se estructuraron en células vivas que reconstruían el viejo proceso iniciado hacia 2.000 años en Galilea, el viejo proceso que ya fue cumplido por los Apóstoles y los discípulos después de la venida del Espíritu Santo:
    “Y todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común, vendían las posesiones y haciendas y las distribuían entre todos según la necesidad de cada uno. Todos los días, con un solo corazón, frecuentaban asiduamente el Templo, partían el pan en las casas, tomaban juntos el alimento con alegría y sencillez de corazon” (H. III, 44).
    Así que decidieron buscar un lugar donde encontrarse e iniciar el trabajo que les había sido encomendado. Cuando lo hubieron encontrado, juntos trabajaron, repartieron el pan y comenzaron a labrar en su corazón la piedra angular, la piedra viva que había sido elegida por el Constructor del Templo. En sus espíritus y en sus mentes estaban vivas las imágenes del Templo de la Sabiduría, diseñado por el Anunciador y entregado como tesoro de vida, expresión de las células del microcosmos y el macrocosmos pulsantes de luz.
    Cuando el proyecto se concretó en sus planos materiales y todos se reunieron en el lugar elegido, unos recordaban para su interior el viejo oficio de constructores del templo y talladores de la piedra angular que ya les fuera encomendado en otras épocas. Todos tenían muy presentes las palabras del Anunciador:
    “El Templo de mi Padre no está hecho de piedra. El Templo de mi Padre está dentro de vuestros corazones y su luz en vuestros espíritus. Dios es justicia y amor, lo que no podéis palpar, sino solamente sentir. Y su Templo es la luz que está dentro de vosotros. Orad a Dios en su real esencia espiritual. El está dentro de vosotros, está en cada latido de vuestros corazones, en cada suspiro de vuestras almas, está en vuestros dolores y en vuestras alegrías, él es la sublime y excelsa luz creante y eterna.”
    El lugar estaba abierto a todos y a todos entregado por igual. Ninguno tenía más autoridad que otro y cada uno encontraba el método y la forma para expresarse. Entre todos, existía la conciencia de que el lugar era sagrado y necesitaba el trabajo de todas las manos: jóvenes, mayores, ancianos, niños.
    Los oportunistas hicieron acto de presencia y veían qué podían conseguir introduciéndose. Venían disfrazados de mansos corderos, pero ello mismos se descubrían. Otros venían y llamaban a la puerta con la esperanza de convertirse en grandes magos, grandes curanderos o grandes profetas. Algunos llegaron huyendo de su soledad interior o buscando algo desconocido con que calmar su desamparo. Quien quería entrar, entraba, quien quería permanecer, permanecía, quien deseaba irse, partía simplemente.
    Para quienes no habían respondido en su interior a la llamada, era duro este lenguaje y no podían comprenderlo. Había quienes seguían a duras penas, esperando que el tiempo les permitiese desvelar el secreto o al menos conseguir algún beneficio material.
    Un día, de improviso, el Anunciador apareció entre todos y quiso ver lo que ya conocían su corazón y su espíritu. Comió con ellos y luego se perdió en un bosque próximo para escuchar en su interior la voz entrañable del pasado, el verbo antiguo. Luego volvió donde estaban sus discípulos y dijo:
    - Debo manifestaras que esta escena ya se ha repetido antes. Ya tuvo lugar. Los personajes, la acción, eran idénticos. Solamente han cambiado el tiempo, el espacio y los decorados. Debo leeros algo que llenará de consuelo vuestro espíritu en esta hora. Escuchad.
    Todos guardaron silencio y quedaron mirándole, esperando. El leyó:
     
    bookFecha: Domingo, 2012-12-16, 7:53 PM | Mensaje # 2
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    (CONTINUACION...)




    “Hijos, hijas:
    He estado en medio de vosotros y he gozado. Me he alegrado de vuestra paz. Mi luz os ha coronado y mi amor os ha compenetrado. Mis Angeles os han estado próximos.
    Mis parvulitos, mis queridos, yo os amo y el Padre se complace en vosotros. Pronto estaremos juntos y veréis mi rostro para alegría vuestra.
    Benditos seáis”

    (Del cielo a la Tierra).

    Antes de que se echase la noche, todos regresaron a la ciudad. Quienes no se habían sentado a la mesa, esa noche se dejaron llevar del recelo. Otros andaban obsesionados por el día del juicio y tenían como máxima preocupación el ser contados entre el reducido número de los elegidos. Así que cuando estuvieron reunidos en tomo al Anunciador, al día siguiente, se lo preguntaron. El les contó una historia:

    - Un labrador recogió su cosecha de trigo. Pero no lo mandó todo al molino para convertirlo en pan sagrado; dejó un pequeño saco para sembrar la tierra en la siguiente sementera. Previamente había elegido las mejores espigas, las más fecundas y sanas. El labrador sabía que cada espiga contenía en sí misma 36 gérmenes de grano. Cuando llegó la hora, los sembró nuevamente en la tierra y cada uno de los granos germinó y se convirtió en una espiga que llevaba una genética informativa más evolucionada con otros 36 granos, conforme a la misma genética informativa de la espiga entera. De este modo iba mejorando la semilla con cada sementera... Queridos hermanos, la economía creativa es como la del agricultor. Es una economía creativa maravillosa y armónica. Conocerla es difícil. Pero fue dicho, recordad: “No he venido a unir sino a dividir.” Ya ha comenzado el proceso de separar el grano de la cizaña. La selección está en acto. ¿Habéis olvidado quizá la promesa?: Los elegidos heredarán la Tierra.
    Le preguntaron algunos:
    - ¿Cómo podemos saber si hemos sido llamados o si hemos respondido a la llamada y hemos superado el proceso de selección del grano y la cizaña?
    - Recordad que fue dicho y escrito: “Muchos serán los llamados y pocos los elegidos.” Os añadiré un texto de Woodok:
    “Las selecciones aún no se han terminado. Podemos deciros que la metodología utilizada por nosotros para establecer los presupuestos seleccionadores, se desarrolla en diversas direcciones y con múltiples efectos. Es necesario que sea así, a fin de que la calidad revista vuestras acciones y vuestra personalidad con los valores requeridos. No podemos dedicar nuestra atención a quien no quiere entender que la calidad debe estar revestida de superior conciencia y de universal consciencia. No creáis en nuestra pasividad en este importante proceso selectivo. Estamos más activos y presentes de cuanto podéis imaginar. Se había hecho necesaria la medida, considerando el proceso negativo de muchos, ilusionados por espejismos no constructivos, tendentes a suscitar dinamismos psíquicos distónicos, convulsionadores y materialistas. La eliminación de estos elementos comportará una mayor sublimación de aquellos que sabrán discernir y realizar los valores imprescindibles necesarios para alcanzar la meta señalada por las superiores voluntades. Los acontecimientos que están en vías de desarrollo os darán la medida exacta de nuestro activo programa selectivo. Nutrid paz y tranquilidad y estad siempre sintónicamente sensibles y plenos de espiritual alegría.”
    - Entonces, ¿qué nos aconsejas hacer? ¿Cómo debemos comportarnos? Intentamos ser lo más generosos posible.
    - No basta con ser premurosos; es necesario ser ordenados, equilibrados, responsables consigo y con los demás, armoniosos y sobre todo vigilantes y atentos para no dejarse envolver por entusiasmos privados de discernimiento y cargados de efectos negativos. Os digo esto a fin de que podáis siempre más y mejor adecuaros a ciertos valores que intentamos vivificar en vuestros espíritus. En vosotros falta la responsable sensibilidad altruística. A menudo, prevalecen pensamientos egoístas que penetran en el ámbito de vuestros actos cotidianos, produciendo distonías y por tanto, desarmonías y desequilibrio operativo. Es necesario hacer trabajar más al espíritu, volviéndolo libre de los desórdenes de la materia, a menudo reaccionaria, pesada y todavía no suficientemente adecuada y sometida al instinto programado. Os invito a tomar en seria consideración cuanto os digo para que podáis ágilmente superar las dificultades que desarrollan tales distonías y procesos ensombrecidos por la ignorancia. No creáis que conseguiréis fácilmente la meta hacia donde os dirigís. El camino que todavía debéis recorrer, es siempre difícil, incluso aunque muchos de vosotros crean haber conseguido la completa consciencia de la propia y verdadera personalidad espiritual. Estad atentos para no dejaros embrollar por el orgullo y las cualidades peculiares de aquellos que tienen el cometido de desorientaros y de tentaros. Manteneos sólidos, con el alma intacta, a fin de que ninguno de ellos se haga fuerte con vuestra debilidad. Nosotros hacemos lo mejor para que comprendáis la necesidad de permanecer vigilantes, estimulando evidentes valores de contraste y haciendo claramente resaltar los lados positivos de los negativos. Os debéis habituar a esta metodología nuestra para poder conseguir la fuerza necesaria y autorrealizar la completa independencia y la seguridad de proceder, siempre de un modo más expedito, hacia la definitiva liberación de todo aquello que corta las alas que conducen a la luz del superior conocimiento del ser divino. Os he hablado con las palabras que me fueron comunicadas para vosotros por Adoniesis.”
    Uno se puso en pie y dijo:

    - Algunos de los que conozco saben muy bien lo que deben hacer, están preparados para hacer grandes cosas. Yo, en cambio, no sé cuál es mi lugar en la reconstrucción del Templo. Tampoco estoy preparado para cumplir grandes cometidos como los otros. ¿Qué debo hacer?
    - Hijo, te diré: El amor y la armonía de las pequeñas cosas edifica el amor y la armonía de las grandes. El grande está ligado al pequeño y el pequeño al grande. Dios está ligado al hombre y el hombre está ligado a Dios. Si el hombre pierde la conciencia de esta verdad eterna, la unión se debilita y pierde la sintonía que une al divino con el humano. Toda cosa creada y manifiesta es siempre, invisiblemente, una cosa, aunque no os parezca así. En la economía creativa del cosmos, es útil la operatividad de toda cosa, pero si es degenerante, entonces es sustituible. Podéis ser sustituidos si perseveráis, como hacéis, en edificar aquello que no es vivificante y útil al bien creado. Podéis, si queréis, volver toda cosa que os circunda, buena y coadyuvante de generosa gracia. Pero si no hacéis crecer el amor y la armonía, permaneceréis aislados y privados de la fuerza de aquello que gobierna las pequeñas cosas. Faltará, inevitablemente, la sintonía que liga el humano al divino.
    - ¿Entonces, en qué debemos ocuparnos, cómo debemos ocupar nuestras energías, si nadie nos los dice?
    - Ya os fue comunicado por Adoniesis:

    “No empeñéis vuestras energías en aquello que no es vuestro específico cometido. A cada misionero, su trabajo. Sabéis muy bien cuál es el vuestro y debéis desarrollarlo según el programa que os corresponde. El constructor, que haga de constructor, y el podador, que haga de podador. Aplicar energías a aquello que no es de vuestra competencia, no es útil ni a vosotros ni a la obra. Nosotros dirigimos hacia vuestro sendero a aquellos que no deben ser regocijados con pan material y alegrías sensoriales, sino de pan espiritual y de sabiduría y alegría astrales. Deseamos también recordaros que vuestro cometido es principalmente el de sensibilizar sobre el plano anímico a aquellas personas ya predispuestas por nuestros sondeos, y dirigirlas a un preciso lugar programativo capaz de desarrollar y practicar el sentido de altruística fraternidad y de los valores que la nutren y la sostienen. Muchos, creen en una comunión egoísta; en una fraternidad superficial. Se equivocan y también vosotros si fuéseis celosos en este sentido. Vuestro cometido, repetimos, sabéis cuál es y sobre este plano debéis empeñar vuestras energías.”

    Ponedlo en práctica.
    Una señora de edad avanzada, señaló con una cierta irritación en la voz:

    - Yo he ido al lugar que tienen tus discípulos en el monte. Cuando llegué no me salieron al encuentro. Cuando les ofrecí mi dinero para la reconstrucción de la casa, respondieron que no necesitaban esa ayuda. ¿Crees que ese fue un buen comportamiento, un comportamiento propio de discípulos?
    - Sois una vieja raza de constructores. Y el viejo signo de reconocimiento del constructor está en la piedra angular. Si tú no les reconociste, ellos tampoco te reconocieron. No se puede comprar con dinero el derecho a ser discípulo.
    Ni se puede sustituir el proceso de reconstrucción del Templo con unas monedas que nada valen y corroe el tiempo. Lo que ellos necesitaban de ti no era tu dinero, sino tu amor y tu buena voluntad. Si les hubieras ofrecido eso con humildad, te hubieran reconocido.
    Uno de los que trabajaban activamente en la reconstrucción del Templo, se puso en pie y habló por boca de otros que operaban con él:
    - Nosotros pensamos que el Templo está todavía en proceso de reconstrucción. Sabemos que muchos del mundo exterior se han introducido entre nosotros y por todos los medios buscan la forma de apoderarse de sus llaves y violar su secreto. ¿Qué podemos hacer?
    - Como ya ocurrió antiguamente. muchos andan buscanese Templo, movidos por su vieja deuda atávica, para destruirlo, y en esta hora están convencidos de que podrán tener en sus manos las coordenadas exactas y alguien, entre los que militan en el atrio de los gentiles, podrá ser comprado y se apoderarán de su secreto. Pero ni siquiera podrán atravesar el umbral. Los mismos guardianes de hace milenios lo impedirán. No saben que el Templo no está hecho de piedra y ellos buscan la piedra. No saben que el Templo es el espíritu y ellos han muerto para el espíritu.
    ¿Qué deberíamos hacer si alguno se presentase con malvadás intenciones y pretendiera arrebatarnos el Templo con violencia o atentar contra nosotros?
    - Recibidie con amor y que se ponga a trabajar en medio de vosotros. Y si el amor no le convierte, yo mismo vendré y lo arrojaré fuera. No permitiré que nadie convierta el Templo en una cueva de ladrones, ni toleraré que ninguno especule con la verdad y trafique con ella. De todos modos os fue dicho: “Por sus frutos los conoceréis; un árbol bueno no puede dar frutos malos y árbol malo, darlos buenos. Quien conoce al buen pastor y ama a su grey, os prometió: No os dejaré huérfanos; volveré en medio de vosotros. El mantiene alerta a los príncipes del Universo, sus ángeles, que vigilan día y noche vuestros pasos y dejarán sentir la espada de la justicia contra quien pretenda haceros mal o destruir el Templo. Recordad también que os fue prometido para este tiempo: ni uno sólo de sus cabellos perecerá.”
    Cuando el Anunciador hubo pronunciado estas palabras, toda la gente guardó silencio y no se atrevieron a seguir preguntando. El, entonces, tomó nuevamente la palabra y dijo:

    - Ahora me voy de vosotros. Otros llegarán y os pedirán luz. Recibidles y dadles los instrumentos adecuados para el trabajo. No os dejéis llevar del miedo. Tened paciencia y soportad con dignidad espiritual lo que dicen y hacen. Permaneced fuertes en la fe y no os turbéis. Los impíos dicen lo que les ha sido ordenado por la fuerza anticrística. El mal es su linfa y todo cuanto éste alimenta en sus espíritus perversos. Os hemos dicho que la gran batalla del bien contra el mal está en pleno desarrollo. No os extrañéis si dicen y hacen lo que los hijos del maligno deben decir y hacer, con la inútil tentativa de anular el fecundo bien y la gloriosa luz del amor y de la divina justicia. Saben ya que deben perecer en la muerte segunda y se agitan y se retuercen como fieras heridas. La luz del espíritu santo ha cegado sus ojos, y sus mentes han sido prendidas en el lazo de la locura y la desesperación. Tened paciencia y no se turben vuestros corazones y vuestras almas, porque en verdad que pronto los hijos de la luz rendirán gloria al Padre de todas la cosas con su victoria, a fin de que se cumpla su voluntad. Entonces os alegraréis, porque es también verdad que el Maestro del amor estará en comunión con vosotros y todos estaréis sentados en su mesa con los ángeles del inefable Señor Dios.

    30. La Galilea de los gentiles


    Los mensajes, las profecías, hacían referencia precisa al tiempo señalado y entre los que conocían al “Mensajero” unos habían podido creer en el “Anunciador”, otros se habían apartado del camino. Sus últimos mensajes habían tenido un especial sentido de apremio y cada uno les daba una interpretación diferente según su estado y su desarrollo interior.
    Uno de los comunicados era éste:

    “El tiempo concedido está terminándose. Cuanto debíais saber os ha sido dicho y repetido. Ahora no tenéis excusas y todos seréis obligados a asumir vuestras responsabilidades personales. El proceso selectivo será acelerado, y según los designios superiores, le será dado a quien ha dado, y quitado a quien ha quedado sordo y ha retenido. La justicia divina imperará soberana y el juicio se realizará según las propias obras. Le será dada plena libertad al tentador, para que cada espíritu viviente sea puesto a prueba en la carne y en el espíritu, y esto por la certeza de ser dignos herederos del reino de Dios en la Tierra e hijos del Altísimo Dios viviente. Duras serán las batallas, pero quien resista, como Job, tendrá la corona de la vida eterna y el doble de cuanto ha dado con amor. El círculo del tiempo se cierra y la oscuridad de los días llega. Aquellos que han hecho germinar la verdad en sus espíritus y en sus corazones, serán súbditos directos del reino prometido.”
    “¿Qué reino?”, se preguntaban algunos. “¿No fue ese mismo reino el que prometió el Nazareno a quienes fueron crucificados, muertos, apedreados, convertidos en pasto de los leones y escarnio de los poderosos? ¿Qué reino nos están prometiendo otra vez? ¿En qué reino debemos creer?” Tal vez la respuesta estuviese en una profecía del consolador, profecía difundida poco antes de la disolución del Centro Studi Fratellanza Cósmica. Decía así:
    “La sociedad de hoy no será la de mañana. Todo será purificado y todo resurgirá a una nueva vida. El mál será desvelado y sus secuaces encerrados y atados en un grumo de materia primitiva, en un mundo denso donde comenzarán las necesarias experiencias para aspirar a la consecución del punto ascensional, el despertar de la muerte segunda. Todo esto sucederá porque así ha sido escrito para el árbol de la vida de este planeta. El cielo que circunda a la Tierra será sacudido, a fin de que los cielos de la justicia, de la paz y del amor universal, se revelen radiantes a los herederos del reino de Dios en la Tierra. Entonces, se elevará un canto de alegría y de felicidad; se elevará en lo más alto de los cielos en cumplimiento de la promesa de Aquel que dijo: “No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros. Dichosos vosotros, que habéis sufrido y padecido la persecución y el escarnio de los hijos del mal, porque en verdad que seréis remunerados, cortejados y coronados hijos de Dios y luz eterna de su excelsa y divina gloria.”
    Los discípulos y algunos de sus seguidores habían oído repetidas veces que había sonado la séptima trompeta anunciada en el Apocalipsis, que el séptimo ángel estaba en uno de los ángulos de la Tierra, y que los veinticuatro jueces de la Suprema Ley habían encomendado al Angel, el privilegio de manifestar a los hombres su justicia. Este conocimiento, para algunos, era un sensación incómoda y estaban preocupados por el momento en que se producirían los acontecimientos para estar a salvo. También a ellos fue dirigido un comunicado importante:
    “Habéis contado vuestros días, pero no habéis contado los días que el Padre estableció para que despuntase la aurora de su día y el tiempo de su gloria en el mundo. Yo os lo recuerdo, a fin de que podáis esperar con ojos y oídos sensibles. Preparaos, porque los acontecimientos están cargados de luz purificadora que transformará vuestras almas. Quien intente salvar la vida, la perderá. Tened piedad de quienes permanezcan sordos y ciegos. Los signos son evidentes y en verdad que se aproxima un nuevo cielo para aquellos que heredarán el reino de Dios en la Tierra. Recordad que antes toda cosa será renovada y será hecha justicia. Recordad que son los pobres de espíritu, los puros de corazón, los que lloran, los que tienen hambre de justicia, los misericordiosos, los pacíficos, los perseguidos, quienes heredarán el reino. Vuestras debilidades humanas os vuelven vulnerables. Repito lo que os fue dicho: “Muchos los llamados, pocos los elegidos”. Para muchos de vosotros, esto será verdad. Las pruebas selectivas ya hacen brecha en vuestra flaca fe y en vuestro superficial cerebro. Os sentís solos y perdidos, privados de la luz vivificante que os ha sido generosamente dada, con gracia y fraterno amor. Las pruebas más duras serán para todos vosotros, de esto estad seguros. Seréis batidos como el grano y las tentaciones os seducirán, cada vez más y con mayor sutiliza. Heredar el atributo de hijos del Altísimo no será fácil para muchos de vosotros, Bienaventurados aquellos que, confiando en la verdad revelada, quedarán firmes en la esperanza de cuanto ha sido anunciado por los ángeles del Padre Glorioso.”
    La promesa del reino, la promesa para quienes permanecerán firmes hasta el fin y heredarán la Tierra, hacía referencia, en otros comunicados, a un nuevo pueblo, a una nueva Galilea, la Galilea de los gentiles. En los últimos tiempos, el Anunciador había proliferado su atención hacia unas determinadas zonas geográficas donde teóricamente se encontraba dispersa la gente que pertenecería a ese futuro pueblo. ¿Qué zonas eran éstas? ¿Qué pueblos? Le fue hecha la pregunta en uno de sus últimos viajes y esta fue la respuesta:

    “Ha sido dicho y escrito: “Elegiré al pueblo que no era mi pueblo”. Y este pueblo elegido al cual pertenecéis, es el pueblo latino. España, América del Sur, Italia, son la nueva Galilea, la Galilea de los gentiles, y a cada uno de vosotros ha sido dado el divino privilegio de prepararos para estar un día entre los que protagonizarán ese nuevo mundo y esa nueva Tierra.”
    La respuesta verbal fue confirmada también durante los últimos meses de vida pública del Anunciador, en dos importantes comunicados, cuyo contenido era éste:
    “La renovación del mundo nacerá del espíritu de Juan. De la Tierra bendecida por Dios, la Galilea de los gentiles, surgirá en el triunfo de la justicia el principal pilar que deberá sostener el edificio en construcción del nuevo mundo. Todo aquello que soporte la nueva ley, nacida del nuevo pacto, será puesto bajo severo juicio y condenado a la segunda muerte. Las milicias celestes están ya operando iluminadas y sostenidas por el poder del Espíritu Santo. Los benditos, cribados y probados, nacen y crecen fortificados en el espíritu para ser dignos herederos del nuevo pueblo de Dios y de su celeste reino en la Tierra. El espíritu de Juan, consolador y mensajero, ha hablado ya del pecado por no haber creído, y del fin del mundo. Agudizad los oídos y abrid bien Ios ojos si queréis poneros a salvo. Ay de vosotros, hijos ingratos y degenerados, porque en verdad os digo: Seréis vapuleados y exilados del reino de la luz hasta que no dobléis vuestras rodillas al supremo bien de la justicia, del amor y de la paz del verdadero único Padre: Dios.”
    El comunicado había sido precedido por otro texto que tenía el mismo origen y ampliaba algunos aspectos sobre el concepto de la Galilea de los gentiles. Era éste:
    “Ha sido dicho y escrito: ”El Señor hará prodigios y bendecirá la Tierra más allá del río Jordán y del mar: la Galilea de los gentiles”. En verdad, en vuestros corazones arde la llama de la vida de los espíritus que han permanecido en el mundo por suprema voluntad del altísimo. En vuestros espíritus está la luz que es levadura y el verbo que es sal, y esto por haber creído y amado al hijo de Dios, por el cuál padecisteis persecución, vituperio y muerte. Ahora el tiempo de vuestro despertar ha llegado, a fin de que podáis preparar la nueva Galilea del nuevo pueblo elegido por Dios y para ser testigos de la bajada sobre la Tierra de la Jerusalén celeste y de su gloria en el mundo. Ahora, os alegraréis porque así será cumplida la misión de Jesús Cristo y de vosotros, que formáis parte de su reino. La luz del hijo de Dios, reinará soberana en el mundo y con ella la paz, el amor y la fraternidad, en la justicia del absoluto monarca de lo creado.”
    Evidentemente, esta promesa, llevaba implícito el proceso de revelación y conocimiento personal. Un proceso que era impulsado por el Anunciador en primer lugar y por el mensaje en segundo término. Todos llevaban la semilla; cada uno debía cultivarla y hacerle producir el ciento por uno. También esto les había sido dicho a todos los que podían entender:
    “Debéis descubrir lo que os ha sido dado. Debéis hacerlo vuestro a todo precio. Debéis excavar dentro de vosotros, aunque el sufrimiento os rodee y os agite violentamente. El don de Dios no es una conquista fácil y cómoda. Si queréis poseer el derecho de ser libres e iluminados por la verdad, debéis antes que nada, estar llenos de fe y soportar, sin sufrir, el deber para el que habéis sido llamados, para despojaros de la ignorancia y estar preparados para daros a vosotros mismos sin límites y sin condiciones. Si os asalta el miedo y os dejáis vencer por él, no descubriréis nada. La fe es la linfa de la esperanza que os precede y os concede la fuerza necesaria para superar las pruebas de hoy y la adquisición de la alegría de mañana. Si hoy sois fuertes, mañana seréis menos débiles y. siempre más fortificados en el espíritu, hasta descubrir lo que anheláis conocer para estar en la verdad y ser libres.”
    ¿Qué bautismo, qué alquimia era o es necesaria en cada uno para acceder a este secreto? En numerosas ocasiones habían preguntado al Anunciador sobre la alquimia del agua y sobre la alquimia espiritual. El había respondido:
    - Personalmente no utilizo más que la alquimia del agua, la alquimia que me fue transmitida y enseñada. Pero no me es dado enseñársela más que a aquellos a quienes ha sido dado. Ellos la conocen y la practican y sólo la enseñarán cuando el soplo del Espíritu les indique el nombre y la dirección. Es la ley. También debo deciros que si no realizáis la alquimia del espíritu, no os salvaréis. La materia ha de ser transmutada. ¿Sabéis acaso quiénes eran los alquimistas y cuál era su poder? La alquimia era un arte no terrestre.
    Pertenece a la cuarta dimensión. Y la próxima generación terrestre, incluso vosotros, podréis utilizar esta alquimia. Depende de vuestra elección.
    ¿Qué condiciones físicas, astrales y psíquicas eran imprescindibles para llevar a cabo este proceso de trasmutación? Hay muchos caminos, pero el Anunciador había señalado uno, fundamentalmente el camino que no podía conducir a error o desviación.
    En un comunicado de Hoara se hacía referencia al equilibrio psicofísico astral necesario.
    “Es indispensable evitar las turbaciones psíquicas, aceleraciones neurovegetativas. Pensar y obrar sobriamente, con distensión reflexiva, donde facilitar al máximo las estructuras sintónicas entre psique, físico y astral. Las emotividades deben ser controladas, a fin de que las informaciones no sean alteradas y puestas en condiciones de seguir desequilibrios deletéreos para la estabilidad del complejo circuito del edificio psico físico astral. Las excesivas acciones emocionales comportan un desgaste del laberinto nervioso, y por consecuencia una progresiva decadencia de los valores portadores que regulan la actividad de todo el cuerpo. Es indispensable controlar activamente los estados emocionales, porque fatigan seriamente, dañando, incluso irreversiblemente, órganos debilitados o predispuestos a serlo.”
    Esta promesa, repetida en comunicados, mensajes y manifestaciones públicas, fue definitivamente confirmada y sellada por una carta circular que el Anunciador, en nombre del propio Centro cuando todavía estaba en acto, envió a todos los miembros, simpatizantes y delegados. Decía así:
    “Del cielo a la Tierra, de la Tierra a vosotros, dilectos hermanos y hermanas nuestros que estáis vivientes en el mundo para ser, una vez más, instrumentos de la divina inteligencia y para preparar, junto al espíritu de verdad, la venida del Hijo del Hombre y ser partícipes en la edificación de su celeste reino en la Tierra.
    Fue dicho y escrito: “Cuando venga el consolador, aquel que os enviaré del Padre, el espíritu de la Verdad que procede del Padre dará testimonio de mí, porque habéis estado conmigo desde el principio al fin. Es mejor para vosotros que yo me vaya, porque si yo me voy vendrá el consolador y yo os lo enviaré. Y cuando venga, El convencerá al mundo por cuanto se refiere al pecado, a la justicia y al juicio. Al pecado por no haber creído en mí, a la justicia porque yo voy al Padre y no me veréis más, al juicio porque el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Debo deciros muchas cosas, pero no sois todavía capaces de comprender. Cuando venga el espíritu de verdad, El os enseñará en toda verdad, porque no os hablará de sí mismo, sino que dirá todo aquello que habrá oído y os anunciará el futuro. El me glorificará porque recibirá todo lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el padre es mío, por esto os he dicho que recibirá lo mío y os lo anunciará.”
    En verdad, queridos hermanas y hermanos nuestros, el espíritu de verdad está en medio de vosotros para despertar en vuestros espíritus la luz de la verdad que había sido ligada, por divina voluntad, y ahora por la misma voluntad es desligada, a fin de que sepáis que estáis en el mundo, vivientes, y sepáis también que el tiempo ha llegado y que el retorno del hijo del hombre está próximo. Es el tiempo de que toda alma se arrepienta según las enseñanzas recibidas y tenga plena conciencia de cuanto ha sido profetizado por aquel que por medio de sus Angeles, os da testimonio y conocimiento. Todos los señalados han sido tocados y muchos llamados. Nosotros, hijos de la llama, hemos hecho esto por suprema voluntad y por suprema voluntad hemos vuelto nuestra mirada fraterna y amorosa hacia cada uno de vosotros, a fin de que ninguna adversidad pudiese turbar vuestro despertar a la verdad. Ahora, puesto que el tiempo de los grandes acontecimientos está próximo y los dolores comienzan, es justo que todo espíritu sea pleno de gracia y el Señor esté con vosotros en Espíritu Santo y en Verdad.
    Estad unidos y alejad a los tibios, a los curiosos y a los que preguntan para desmentir y haceros perder el tiempo que debéis dedicar a los espíritus preparados y prontos para renunciar a sí mismos por la suprema gloria de Dios.
    Sed cautos y despiertos, porque es un tiempo bastante grave y lleno de insidias. Os decimos esto a fin de que tengáis conciencia despierta en la necesidad de usar de una activa vigilancia que os permita alejar las fuerzas negativas que, ahora más que nunca, intentarán golpearos.
    Os recomendamos preocuparos de la cualidad antes de la cantidad y evitar las intrusíones astutas y sutiles de aquellos que están apagados en el espíritu y encendidos en la materia.
    Dejad sin fuerza la rama que podría golpearos y no deis las perlas a aquellos que no son dignos. Cerrad vuestras filas. Nosotros estamos con vosotros y contra quien está contra vosotros, pero os repetimos: permaneced vigilantes y despiertos y la sabiduría sea vuestra fuerza y la consciencia vuestra voluntad.
    Las pruebas no os faltarán, pero serán estas pruebas las que os harán recordar lo que no debéis olvidar. Estad todos en paz y esperad con fe la alegría espiritual. No temáis.”
    Esto fue lo que quedó escrito y dicho para los nuevos componentes del pueblo de la nueva Galilea de los gentiles. Quien pueda comprender, comprenda y obre.
     
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