EL AVISTAMIENTO QUE CONFIRMARIA TODO - Foro
Sábado, 2016-12-03, 0:42 AMBienvenido(a) Visitante | RSS
CONTACTO ADONAY
ENTRADA
TEMAS MAS LEIDO
  • LECCIONES DE CONCIENCIA CÓSMICA (9)
  • LO QUE LOS EXTRATERRESTRES HAN DICHO A GIORGIO BONGIOVANNI (4)
  • HISTORIA DE LA HUMANIDAD TERRESTRE (4)
  • LA BIBLIA Y LOS EXTRATERRESTRES (4)
  • LABORIOSIDAD INTERPLANETARIA (3)
  • AMA A TU PROJIMO MAS QUE A TI MISMO (3)
  • EL SANTO TEMOR DE DIOS (3)
  • BARATH, ATLÁNTIDA, ISLA POSEIDÓN (3)
  • GRIGORRI RASPUTIN. RUSIA (2)
  • IMPORTANTE LEER : LOS HIJOS DEL SOL Y LOS HIJOS DE LA TIERRA (2)
  • IR A: VIDEOS - BLOG  [ Mensajes privados() · Nuevos mensajes · Participantes · Reglas del foro · Búscar · RSS ]



    Página 1 de 11
    Foro » SIXTO PAZ WELLS » Sixto Paz Wells: LOS GUIAS EXTRATERRESTRES Y LA MISION RAHMA » EL AVISTAMIENTO QUE CONFIRMARIA TODO (CAPITULO 3)
    EL AVISTAMIENTO QUE CONFIRMARIA TODO
    bookFecha: Jueves, 2013-02-28, 4:41 AM | Mensaje # 1
    Visitante
    Grupo: Visitante
    Mensajes: 844
    Premios: 0
    Reputación: 0
    Estatus: Offline
    Extraido de:
    http://es.scribd.com/doc....restres



    CAPITULO III
    EL AVISTAMIENTO QUE CONFIRMARIA TODO





    El lugar escogido para el contacto que confirmaría la comunicación era un declive entre cerros en una zona desértica, típica de la costa peruana. donde aún podían verse los restos de un canal de riego cuando esa región, en el pasado, recibió agua de los torrentes de la Sierra, que con los cambios climáticos sufridos se fueron extinguiendo totalmente. Cerca se hallaba un poblado eh estado de abandono llamado Papa León XIII, lugar éste, que nos serviría de cuartel general para las salidas posteriores; allí vivía uno de los integrantes de aquel primer grupo, Juan Acervo, estudiante del Programa de Arquitectura de la Universidad Ricardo Palma de Lima. Su madre nos atendería siempre con muchísimo cariño y entusiasmo toda vez que volviéramos a su bien cuidada casa de campo o de temporada, cercana al mar.
    Las noches en el desierto peruano son frías y silenciosas, características éstas que parecían amplificarse con la ansiedad, que crecía con el paso lento de las horas.
    Como habíamos llegado el día anterior al señalado para la experiencia, aprovechamos la noche para avanzar lo más posible, internándonos en el desierto por el antiguo camino que sube las montanas hacia Santo Domingo de los Olleros, explorando por primera vez aquella zona. Con las mochilas en la espalda iniciamos la caminata, estaba bastante fresco el ambiente por lo que adelantamos bastante, pero nuestra inexperiencia en campamentos nos había llevado a sobrecargar nuestras mochilas más allá de lo que podíamos cargarlas por lo que pronto el entusiasmo dejó paso al agotamiento que terminó por hacernos caer cuan largos éramos sobre la tierra y piedras del lecho de un antiguo río. En aquella hondonada permanecimos hasta que amaneció, descansando y durmiendo un poco.
    Con las primeras luces del alba nos desperezamos y después de comer algo reiniciamos nuestra marcha. Mas adelante vimos un camión detenido, recogiendo tunas que allí abundan; le pedimos entonces, que nos diera un aventón, a lo cual accedió el chofer. Fue bastante lo que avanzamos aquella mañana con la ayuda de aquella eventual movilidad; más adelante, nos detuvimos y despidiéndonos del camionero que regresaba a Chilca avanzamos por una quebrada donde Mito, Charlie y Juan se esforzaron por levantar las carpas, luchando contra el implacable viento que comenzó a comer aquella mañana. Subidos en lo alto de una loma, todos nos sentamos a conversar sobre las razones de encontrarnos allí y de la importancia de que todo pudiera llegar a confirmarse demostrando que la sencillez y simpleza, así como el arrojo acompañan a todas las grandes empresas.

    Desde la ubicación en que nos encontrábamos, dominábamos todo el valle que se extendía ante nuestros ojos, pero en la medida en que fueron pasando las horas, la temperatura había seguido aumentando, haciendo escasear la poca agua que en nuestra imprevisión habíamos llevado. No había nada que nos diera sombra en medio de aquel descampado a excepción de la carpa; pero en ella nadie aguantaba mucho rato, porque dentro se concentraba más el calor. Nombramos una comisión que procurase agua al resto, para lo cual partimos cuatro de nosotros con las cantimploras vacías en las manos; ni bien habíamos caminado un kilómetro bajo el implacable sol, encontramos un árbol solitario en medio de aquel desierto. Corriendo fuimos hasta él para hallar la frescura de la sombra y tuvimos que compartir sus beneficios con una colmena de avispas; rápidamente fuimos desalojados haciéndonos un favor, porque a unos 50 metros más adelante hallarnos sendas parras de uva Italia, con unos racimos envidiables. ¿Qué era esto? ¿Parras en medio de la nada?. Después comprenderíamos que por temporadas llega a acumularse buena cantidad de humedad y hasta llega a bajar algo de agua por el cauce cercano por donde habíamos caminado más abajo. Esto era de por sí un milagro; arrancamos cuanto pudimos y los llevamos donde los demás, celebrando un festín hasta hartarnos. En aquel instante volvió e1 viento de la mañana y derribó la carpa; dejándonos sin resguardo por la noche. Como aquello rebasó nuestro .espíritu de aventura, que ya se hallaba bastante deteriorado por el excesivo calor y cansancio de la caminata de la noche anterior, resolvimos regresarnos con todas nuestras cosas a Papa León XIII y esperar allí a que se diera en sus alrededores el supuesto avistamiento.
    Ni bien habíamos terminado de levantar el campamento, paso sorpresivamente un camión del ejercito que iba bajando la quebrada con dirección Chilca. Lo detuvimos con señales y aceptó llevarnos. Subimos con los soldados que habían estado haciendo pruebas de tiro en las zonas altas. De Chilca nos trasladamos a Papa León a la casa de Juan donde descansamos y nos refrescamos, preparándonos para la noche.
    La velada nocturna empezó con un reconfortante refrigerio servido amorosamente por la mamá de Juan; en la sobremesa aprovechamos para conversar. La idea generalizada era: "no esperar nada". Ciertamente la gran mayoría tenía la seguridad de lo que podría ocurrir, o mejor dicho "de que nada pasaría"; pero todo ello no era preocupación para el grupo, pues se tomaba .la salida como un paseo y a la vez como una aventura alucinante.
    Entre todos los allí presentes, yo me consideraba entre los más escépticos; seguía rechazando en mi interior la facilidad con la que se había dado todo, no podía ser factible un contacto extraterrestre a través de personas tan simples como nosotros; me era mas fácil pensar que todo obedecía a mi propia imaginación o quizá a alguna entidad burlona.
    Cuando nos acercábamos a la hora señalada en la comunicación, los ánimos parecían exasperarse. Guillermo Duffó, amigo de los tiempos de colegio que estaba presente; se me acercaba para comunicarme su impresión sobre aquella salida, diciéndome que nos encontrábamos perdiendo el tiempo, por que de acuerdo a las probabilidades; nada fuera de lo común podría suceder aquella noche, a menos que confundiéramos una estrella, algún meteoro o hasta un satélite con el esperado avistamiento de un OVNI. Y me decía, que sinceramente pensaba que todo era producto de un engaño perpetrado por mí en combinación con otro del grupo. Le respondí tratando de convencerlo hasta el cansancio que deberíamos aguardar ya que faltaba tan poco para que todos saliéramos de dudas.

    Escuchaba hablar cómo entre los del grupo se hacía referencia a muchos antiguos hombres que en el pasado también habían sido seleccionados por los entonces llamadas dioses o ángeles - tal como aparece en diversos libros sagrados y leyendas - estos elegidos eran gente sencilla, pero con algo en común que les hacía sobresalir de resto y que nosotros no tardaríamos en descubrir y valorar.

    Faltaban escasos minutos para la hora fijada de la confirmación de los mensajes. La ansiedad en algunos había llegado a su máximo, mientras que en otros era el pesimismo el que ganaba más y más terreno; la duda también crecía y junto con ella, un deseo hasta entonces oculto, de que todo fuese verdadero. Éramos conscientes de las limitaciones tanto grupales como personales que nos distanciaban de las condiciones óptimas que suponíamos necesarias para algo de tal envergadura, pero allí estábamos nosotros en medio del desierto y en plena noche de sábado cuando podríamos estar haciendo otra cosa, pasando bien el rato en el cine o en alguna fiesta.
    Cuánta no sería nuestra sorpresa, cuando detrás de un cerro - que no llegaría a más de 100 metros de altura - iba surgiendo lentamente una luz plateada que inicialmente confundimos con l a Luna. Era exageradamente las 9 p.m. y la luz terminó por salir de su escondite, iluminando sólo el lugar donde nos encontrábamos nosotros como si fuese de día,. Se fue acercando lentamente al grupo, dejándonos apreciar su peculiar forma de hamburguesa. A ambos lados de aquel gran objeto metálico se prendían y apagaban luces naranjas, azules y amarillas que parecían, estabilizadores, porque poco a poco la nave fue quedando inmóvil a escasos 80 metros por encima nuestro.
    En la parte alta del aparato discoidal, podían distinguirse claramente media docena de ventanillas, algunos pudieron hasta apreciar siluetas de personas en ellas.
    El calor que irradiaba el aparato era tremendo. Entre nosotros habían quienes no podían creer lo que veían y no cesaban de restregarse los ojos, y más de uno llegó hasta pedir que le pellizcasen el brazo para asegurarse de que no estaban soñando. Fue en éste momento en que..Mito: se abalanzó sobre mí para suplicarme casi histéricamente que me comunicará con ellos y les dijera que se fueran, ya que todos nos encontrábamos aterrados.

    Yo también tenía un miedo incontrolable, pero éste no era tanto como el desconcierto en que me hallaba sumido, debido a qua había sucedido lo inimaginable, es decir, aquello que no estaba dentro del cuadro de posibilidades que había pensado y era que: ¡Todo había sido real! Verdaderamente existía contacto y había sido así de simple.
    La insistencia de todos para que me comunicara con la nave determinó que me sentara a intentar mantener comunicación a través de papel y lápiz, de la manera acostumbrada, o sea; psicográficamente. La respuesta no se dejó esperar a pesar de mi nerviosismo y esta decía:
    " No bajamos en este momento porque ustedes no saben controlar sus emociones. Habrá una preparación, un tiempo y un lugar...”
    Mensaje este que coincidía con lo que la gran mayoría había captado mentalmente.
    Sin despegar nuestras vista de la nave, que permanentemente mantenía un intercambio de luces - como queriéndonos comunicar su total control de la situación con nuestras linternas que al cabo de minutos se habían descargado totalmente, perdiendo energía - optamos por comentar lo que sentíamos y a la vez lo que veíamos para disimular el temor y para asegurarnos de aquella visión. La astronave se mantuvo 15 minutos sobre nosotros hasta que empezó a girar sobre sí misma y a gran velocidad se dirigió con rumbo al mar; en donde posteriormente se nos revelaría que existía una base submarina, específicamente frente a las playas de León Dormido y Puerto Viejo, kilómetros 80 y 82 de la Carretera Panamericana Sur.
    Después que la perdimos de vista, tuvo que pasar unos instantes hasta que empezáramos a reaccionar, apreciando en toda su dimensión la contundencia de lo acaecido.
    El regreso fue triunfal para los muchachos, quienes no podían contener su alegría, pero yo me sentía conmocionado y agotado por la tensión que me había envuelto minutos antes de que todo se verificara y después por la confirmación tan evidente e impresionante.
    Toda aquella mezcla de temor y alegría me hicieron reflexionar durante el regreso a casa. Me sentía abrumado por la responsabilidad que aún sin comprenderla, sabía que se desprendía irremediablemente de los acontecimientos presentes y futuros, por lo que no podía compartir los gritos de júbilo y risas de los demás.
    La Mochi nos aguardaba tras el marco de vidrio de la puerta principal de la case de mi padre. Ella lucía complaciente.. no sabía lo que había ocurrido pero lo presentía. Nos recibió con un suculento refrigerio y como compadeciéndose de nuestro cansancio, no nos hizo preguntas, pero su sonrisa nos confirmaba que de una forma especial - que suele ser tan natural de todas las madres, nos había estado acompañando, siendo consciente sin detalles del éxito obtenido.
    Al día siguiente, durante el almuerzo, les informamos a nuestros padres de la trascendencia de los acontecimientos. Mi papá nos escuchó respetuosamente pero sabíamos que en él existía un prejuicio, formado ya por el primer desengaño, que é1 tomara como una burla hacia su persona y también por el hecho de que no quería creer que sus hijos u otra persona joven sin la experiencia ni el conocimiento necesarios que el juzgaba como indispensables, pudiera desarrollar y mantener cualquier tipo de contacto con aquellos seres en los que creía y a los que había dedicado gran parte de su vida de investigador.

    Había, pues, un delicado problema de amor propio y orgullo; pero lo que mi padre y todos los investigadores serios del fenómeno no habían previsto era que independientemente a una preparación completa o capacidad para el contacto, éste, en última instancia está supeditado a la voluntad de los extraterrestres, quienes bajo un planificado sistema de selección, determinan a quien se escogerá, quién cumpliera con los requisitos que ellos consideren indispensablemente para una misión conjunta con ellos.

    Para mi padre, no sólo era poco probable nuestro contacto, sino que lo tomaba como una fantasía, que de tener algo real, esto le hacía entender que de nada habría valido el esfuerzo de largos años debido a que a la primera oportunidad se le habría dejado de lado. La duda habría quedado sembrada en su interior, pero él no pensaba en que sin su trabajo preparando el camino, jamás habría constituido en útil instrumento y tenía que seguir siéndolo sobre todo desinteresadamente, lo cual constituye la clave del progreso espiritual.
    Como persistía la incredulidad en mi padre, esperamos a que llegara la hora habitual de recibir comunicaciones, más o menos 9 p.m., para consultarle a los guías sobre lo que podríamos hacer para convencerlo. La respuesta de ellos fue algo dura para nuestra intención, pero a la vez denotaba sinceridad y decía:

    “No deben buscar convencer a nadie, menos a sus propios parientes. Las experiencias y confirmaciones se darán solo a aquellos que con la apertura mental y la humildad necesarias, se presenten o lleguen donde ustedes, dispuestos a comprometerse consigo mismos, porque ya creían esto y estaban en la edad evolutiva, edad del entendimiento y tan solo esperaban el llamado solitario.
    Sean conscientes de que no se espera una fe sumisa en la labor a desarrollar, menos aún en nosotros o en nuestra existencia, ya que ello no tiene tanta importancia, pues nuestra presencia es una realidad evidente y demostrable.
    Se pretende encontrar gente que sepa hallar el aspecto de fondo, la razón de nuestra aparición sobre el planeta y lo pueda entender sin preconceptos. Se necesita gente joven de espíritu que crea que puede empezar cada día de nuevo, desde cero si fuese necesario; personas que estén dispuestas a desechar todo lo anterior y replantear su vida, las prioridades de la existencia y el verdadero valor de las cosas. Gente que sepa distinguir los espejismos de la realidad y que viviendo en el mundo no pertenezca a él ni comparta su podredumbre. No buscamos cantidad de gente, sino calidad de personas.
    Si nos brindan su amistad, nosotros la sabremos corresponder, compartiendo gustosos nuestra responsabilidad de desarrollar la Misión de orientación de la humanidad, así como les aseguramos nuestra ayuda y apoyo frente a las dificultades que se pueden presentar. Finalmente sepan que la Misión recaerá totalmente en el hombre, porque este es vuestro plano de evolución y deberéis evolucionar con él y responder por él.
    Seremos veraces con ustedes hermanos nuestros, a su tiempo le proporcionaremos los medios de transporte, porque seréis removidos de sobre la faz de la Tierra, pero por lo pronto daremos pautas de preparación.

    Con amor Oxalc.”


    A pesar de lo contundente del mensaje, nosotros insistimos a los guías pidiendo algún tipo de confirmación para nuestro padre a lo que con mucha paciencia accedieron, dándonos un avistamiento. Oxalc señalo el sábado siguiente, 14 de febrero, como fecha de la salida a Chilca, a la que deberíamos ir nosotros con él pero sin nadie más.
    Al informarle a Papá lo dicho por ellos, éste se dio cuenta de la ilusión tan grande que aquello representaba para nosotros, por lo que después de pensarlo aceptó a ir pero nos dijo que nos adelantáramos, porque con los detalles que le habíamos dado del lugar, él sabría llegar antes de la hora fijada.
    Al llegar al lugar acostumbrado, subimos a un cerro donde se divisaba el camino de acceso. El sitio era solitario y desértico, marco adecuado para un contacto extraterrestre. Eran las 6:45 p.m., cuando - como nos lo había asegurado - ellos llegaron: siete personas componían nuestro pequeño grupo de avanzada y todos nos percatamos de la aparición sobre nuestras cabezas de dos naves de forma discoidal, de por lo menos 15 metros de diámetro cada una, con luces naranjas y azules.
    Los relojes marcaban exactamente las 7 p.m. cuando a lo lejos por el camino de tierra se divisaban las luces de un automóvil; saltamos de alegría al ver que todo se estaba cumpliendo exactamente como se esperaba para aquella ocasión. Es más, no acabábamos de alegrarnos cuando a nuestra espalda apareció una astronave madre o nodriza - de aquellas que actúan como bases aéreas ambulantes - de por lo menos 150 metros de largo, abarrotada de luces blancas en los lados.
    Inmediatamente, nuestra emoción se vio interrumpida al ver como por el camino por donde se suponía debía venir sólo mi padre, se divisaban, ahora, las luces de más de un auto; Temiendo de que todo se echara a perder por una indiscreción, Mito y yo corrimos cuesta abajo, para dar encuentro a los inesperados intrusos. Ni bien habíamos llegado a la quebrada, pudimos observar a nuestro alrededor, por lo menos unos diez automóviles estacionados y una gran multitud de personas extrañas que habían descendido de los mismos para instalarse cómodamente en carpas, mesas y sillas plegables a la espera de un espectáculo. Otros, aún no terminaban de instalar sus telescopios o limpiar sus prismáticos, así como demás accesorios.

    Pero ¿quiénes eran todos aquellos inoportunos curiosos y dónde se encontraba nuestro padre? De repente, en medio de la bulliciosa y desordenada muchedumbre, el se asomó. Se le veía sumamente alegre, con una sonrisa complaciente, que desapareció bruscamente cuando se halló frente a nosotros y contempló nuestros rostros expresivos. Nuestras miradas nunca debieron ser más demostrativas de la decepción e indignación que sentíamos; inmediatamente agachó su cabeza, y como queriendo buscar una excuse, argumentó rápidamente que no sólo no creía en el contacto, sino que también se había permitido invitar a toda aquella gente del I.P.R.I. pare aquella excursión que calificaba - subestimándola - de simple paseo. Rápidamente fue absorbido y abordado por los miembros del instituto que como abejas en torno a la miel, se arremolinaban en torno a él. Dejamos a mi padre dando un ultimo vistazo al campamento; ciertamente era increíble ver como se desvirtuaba la reunión, ya que había quienes alrededor de una mesa se hallaban agarrados de la mano procurando, en estado de trance, establecer contacto con carácter mediúmnico; otros, incapaces de frenar sus vicios que hasta allí les seguían, se encontraban celebrando la noche al aire libre, pero en vez de hacerlo desintoxicándose de la ciudad y quizás contemplando las estrellas, preferían beber a borbotones los cajones de botellas de cerveza que se apilaban al lado de las carpas, donde otros se encontraban en pleno romance.
    No sabíamos que hacer; por un lado sentíamos indignación, pero por otro queríamos desaparecer de la vergüenza que nos embargaba y por la impotencia al no poder expresar nuestra frustración. Todo esto nos había hecho olvidar que aún sobre la montaña se encontraban las tres naves, y que al volver la vista para ver si aún estaban allí, las dos más. pequeñas descendieron vertiginosamente montaña abajo por la quebrada que se iba abriendo hacia el valle, pasaron tan abajo y por encima del gentío, que se produjo un desbande general, volcándose las mesas; cayendo por los suelos muchas botellas y escondiéndose muchas personas dentro de las carpas.
    Las dos naves hicieron un ángulo recto ascendiendo a gran velocidad sobre las cabezas de todos y abriéndose de tal forma, que una se dirigió hacia el norte y a otra hacia el sur. A esto le siguieron segundos de silencio total, lo que fueron interrumpidos por un sonido ronco como de un reactor, además de un fuerte zumbido. Era la gigantesca nave nodriza que desde su estática ubicación hacia permanentes cambios en las tonalidades de sus luces, y que lentamente iba corrigiendo su posición, pues lucía inicialmente ladeada hacia la izquierda. Se puso finalmente horizontal y giró sobre sí misma, poniéndose de punta y dirigiéndose hacia el suroeste, lentamente, para aumentar su velocidad, luego pasando a escasos 400 metros por encima del campamento.
    Hasta éste momento, decenas de personas del I.P.R.I. habían seguido los desplazamientos y se hallaban atónitos por el insólito espectáculo del que habían sido testigos. Mi padre no cesaba de buscarnos, pero ya era tarde y debíamos emprendido el regreso a la montaña.
    A1 reencontrarnos con el recto de los muchachos del incipiente grupo, nos procuramos consolar mutuamente del desasosiego que nos embargaba. Habíamos equivocado la marcha. No era nuestro padre el que había fallado, sino nosotros, quienes habíamos querido forzar las cocas, imponiendo nuestra verdad, exigiendo demasiado de la naciente amistad con los Guías. Así comenzábamos a asimilar los errores y ha sacar provecho de ellos, ya que en su esencia está la experiencia que nos acerca a la forma correcta. Sin que ésto sea justificación,; los errores han sido señal de nuestro caminar, pues comete errores quien realiza, quien avanza, no así quien está inmóvil o permanece observando el desenvolvimiento de los otros. El peligro no se encuentra en cometerlos sino en permanecer demasiado tiempo equivocados, pues a mayor tiempo errados tanto más difícil poder superar tal condición.
    El rumbo muchas veces se nos presentará confuso, lleno de brumas como en una ciénaga, y habremos de hundirnos innumerables veces, hasta que lleguemos a encontrar la luz del día, pero si nos detenemos nos perderemos irremediablemente. Cuanto más tiempo hayamos aprovechado ascendiendo en nuestra búsqueda, las pruebas y los errores se tornarán más exigentes, porque las caídas serán desde mayores alturas. Lo único que nos ayudará a superarlos será la humildad para aceptarlos, reconocerlos y la fuerza de voluntad para sobrellevarlos y vencerlos.

    No nos extrañe que haciendo eco de nuestras necesidades de evolución se nos deje solos en el vació de nuestros errores, para así poner en acción nuestros propios recursos. Pasaremos así, de la agradable y comprobable sensación intuida de ser “guiados”, a la terrible “ noche oscura”, en la que percibiremos claramente que por un tiempo indefinido, hemos sido dejados a nuestra suerte. Y el único recurso que tenemos frente al desamparo, es la “FE”, que aquí interpreto como “confianza” ( Con - fianza, con la garantía de recibir el apoyo en él momento justo), y con la seguridad de no ser probados más allá de nuestras posibilidades reales.
    El error que podríamos llamarlo también con el milenario y conflictivo término de pecado, es fruto de la ignorancia, y el hombre sólo podrá superarlo sobreponiéndose a éste teniendo acceso a la verdad, que a la vez le suministrará el discernimiento necesario, después del cual, sólo deberemos evitar la omisión de que sabido, no hicimos lo que de nosotros se esperaba o la equivocación de querer apurar las cosas cayendo en la vehemencia, que también es la ignorancia de desconocer el orden natural de las cosas. Cada persona, como dijeron los extraterrestres, posee su tiempo evolutivo, que es la edad de la comprensión , herencia y ganancia de su ciclo de encarnaciones que no hace a nadie mejor ni peor que otros, sino solamente distinto, atravesando su propio momento.
    Nos quedamos, así, sólos en la cumbre del cerro, en medio de la abrumadora soledad del desierto, sin capacidad anímica alguna de recepcionar comunicación que nos aclarara en cuanto más nos habíamos equivocado, y que a la vez sirviera para que llegara de una vez la llamada de atención de parte de ellos.
     
    Foro » SIXTO PAZ WELLS » Sixto Paz Wells: LOS GUIAS EXTRATERRESTRES Y LA MISION RAHMA » EL AVISTAMIENTO QUE CONFIRMARIA TODO (CAPITULO 3)
    Página 1 de 11
    Búscar:

    Mensajes Nuevos
  • MAXIMO CAMARGO (CONTACTADO) (1)
  • LA HERMANDAD BLANCA (0)
  • EL TESTAMENTO DE ABRAHAM (1)
  • LA BIBLIA Y LOS EXTRATERRESTRES (4)
  • UNA VIDA, UNA MISIÓN SIGUIENDO LOS PASOS... (2)
  • LA HUMILDAD, RAIZ Y MADRE DE TODAS LAS V... (1)
  • EL CAMINO DE LA EVOLUCION DEL ESPIRITU (1)
  • YO EL MAESTRO DEL AMOR ALIENTO SOBRE VOS... (1)
  • EL SANTO TEMOR DE DIOS (3)
  • EUGENIO SIRAGUSA (2)
  • RECOMENDADOS
    Búscar