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    Foro » SIXTO PAZ WELLS » Sixto Paz Wells: LOS GUIAS EXTRATERRESTRES Y LA MISION RAHMA » LOS NOMBRES COSMICOS (CAPITULO 7)
    LOS NOMBRES COSMICOS
    bookFecha: Domingo, 2013-03-03, 5:11 AM | Mensaje # 1
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    http://es.scribd.com/doc....restres



    CAPITULO: VII
    LOS NOMBRES COSMICOS




    El siguiente fin de semana y después de varios días de larga y ansiosa espera, pero a la vez estrecha vinculación a través de las comunicaciones, nos dirigimos a la Mina y allí hicimos un trabajo de proyección mental, práctica que habíamos aprendido de la instrucción directa de los Guías en los mensajes. En ella, Guillermo (Mito) y yo, que nos habíamos separado del resto de los muchachos que participaban de la salida, nos vimos proyectados al interior de una nave, en una espaciosa sala redonda donde el Guía que nos recibió nos dijo que, en aquella estancia él se encontraba acompañado de Rolem. y Tell-Elam, por lo que supusimos de inmediato, que serian otros dos Guías, pero como no veíamos por ningún lugar a nadie más, no le dimos importancia.
    En aquella ocasión, nos relataron los extraterrestres la historia de las Grandes Pirámides, haciéndonos observar las imágenes en la amplia pantalla que se hallaba delante de nosotros. Nos habían indicado que nos concentráramos bien para que pudiésemos sintonizarnos con el registro Akáshico y, así aparecieron las imágenes de la anterior humanidad, llamada la Cuarta Raza, habitante de la Atlántida, que tuvo su origen en seres híbridos de colonias extraterrestres procedentes de otros sistemas que desvinculados de la fuente original llegaron a desarrollar su propia civilización.

    Su capital, que se encontraba en la mayor de un conjunto de islas, fue destruida por una secuela de terremotos, maremotos y explosiones volcánicas que se conjugaron en un gran cataclismo hace unos 12,000 años, pudiendo llegar a ser evacuada parte de la inmensa población que la habitaba hacia Centroamérica, mientras que otros habrían emigrado al continente Europeo, las Islas del Mar Mediterráneo y a Egipto, donde después de luchar contra los pobladores originales, poco a poco, ya en paz, se habría producido un proceso de mestizaje que traería como consecuencia la formación de la cultura Egipcia. Esto ocurrió antes del diluvio que asoló las tres cuartas partes de la Tierra como consecuencia de la desviación del eje terrestre y cambios en las corrientes y climas del mundo por la desaparición de la Atlántida. Por ello las tres grandes pirámides ya habían sido construidas en esa época y consiguientemente quedarían en parte sumergidas. Las Pirámides de Gizeh fueron construidas con la combinación de las fuerzas física, mental y de una alta tecnología, para que llegasen a ser éstas grandes acumuladores de energía que restablecieran cuanto antes el equilibrio perdido en la Tierra. No llegaron a ser terminadas cuando sobrevino el diluvio que interrumpió indefinidamente los trabajos que la reorganización de la cultura Egipcia y el recuerdo en parte perdido o adulterado retomó después con el correr de los siglos.

    Las puntas eran originalmente de cristal y lograban una gran concentración de energía bajo la proyección de su vértice. Los reyes de las primeras dinastías terminaron las pirámides atribuyéndose a ellos la construcción total, cosa obviamente errada. En épocas posteriores los sacerdotes, herederos de gran parte de este conocimiento aunque incapaces de frenar la adulteración que deviene por la alteración propia del tiempo, utilizaron las pirámides como templos iniciáticos. El conocimiento fue poco a poco tendiendo hacia la superstición y el ritualismo como un mecanismo que promovieron los mismos sacerdotes para dominar al pueblo y limitar la información verdadera, confiando su significado sólo a una élite de iniciados evaluados previamente.
    El culto al símbolo, que viene como consecuencia de la perdida de la profundidad de la información, es decir, la ausencia del significado de las formas; aceleró la irreverencia de algunos y el fanatismo de otros, desapareciendo en muchos casos la información exacta. Así, los Faraones de la IV Dinastía del Imperio Antiguo o Menfita, entre ellos Khufu, Kefrén y Menkaura, con un conocimiento incompleto y exagerado egoísmo, terminaron las pirámides ante el pedido de los mismos sacerdotes pero posteriormente obligaron a éstos a que utilizaran sus conocimientos arquitectónicos y de ingeniería para acondicionar las pirámides como sus tumbas personales, a lo cual se rebelarían los propios sacerdotes pero sin capacidad de oposición.
    Los sacerdotes egipcios guardaban el recuerdo de como los reyes atlantes eran introducidos en profundas cavernas cortadas por rayos luminosos y en ellas eran depositados dentro de catafalcos para ser mantenidos en hibernación después de lo cual, pasado algún tiempo podían ser revividos. El recuerdo, como dijimos, distorsionado, llevó al desarrollo de las técnicas de momificación y embalsamiento que simulaban y reconstruían grotescamente lo visto en el pasado pare así proteger al cuerpo pare una ulterior resurrección. Lo que no se tomaba en cuenta era la necesidad de mantener todo tal y cual, detalles que eran insalvables por no tener ni la técnica necesaria ni el conocimiento completo. El sentido común les llevo a extraer las vísceras y todo aquello descomponible y dejar sólo el cascaron, colocando todo lo extraído en pequeñas vasijas al alcance de la mano.
    Poco a poco, la superstición rellenó los vacíos de información, surgiendo así el mito de la reencarnación en el mismo cuerpo. Ciertamente y dentro de los limites de las posibilidades, se procuró reconstruir las condiciones de refrigeración para toda resurrección, por ello se construyeron Mastabas, se acondicionaron o tallaron cavernas y cuevas en la roca y hasta se aprovecharon, como decíamos, las pirámides como lugares adecuados, por brindar una menor temperatura ambiental y por tener la forma piramidal, acción directa sobre la conservación de las elementos orgánicos.
    Las pirámides eran usadas por los sacerdotes para ejercer un tipo de iniciación humana y solar; por ello encontramos en la mayor de ellas tres cameras:

    La primera y más antigua, excavada por los constructores originales, fue la comúnmente llamada Cámara de la Reina que se localiza por encima de la más baja, excavada posteriormente por los sacerdotes egipcios en la capa geológica rocosa debajo de toda la estructura pare aminorar la intensidad del efecto energético que en algunas iniciaciones llegaba hasta producir la locura o la muerte. A la cámara baja subterránea se llegaba en peregrinaje desde el Río Nilo por un túnel secreto. Por encima de la más antigua y dentro de la estructura piramidal se encuentra una tercera, que fuera construida posteriormente, cuando se continuaron los trabajos que culminaron la pirámide y en la que intervinieron cien mil esclavos diarios durante 20 años, tal como los sacerdotes informarían después a los historiadores griegos.
    Ambas cámaras inferiores están colocadas bajo la proyección del vértice, mas no así aquella tercera que mandara construir, posteriormente, el Faraón Khufu o Keops. Esto se debió a que como eran los mismos sacerdotes los arquitectos de aquel entonces y a la vez los guardianes de aquellos templos iniciáticos, al verse obligados por el faraón a cometer una herejía teniendo que adaptar la pirámide a sus egocéntricas pretensiones, habrían alterado a propósito sus cálculos para que la Cámara del Rey apareciera fuera de lugar. Como se tuvo que apuntalar, ensanchar y excavar nuevos corredores, se usó cada vez más esclavos que morían por decenas aplastados y asfixiados en las oscuros túneles, se fueron desarmando varias capas de rocas hasta llegar al pleno corazón de la pirámide. Al acabarse los trabajos la estructura quedo a la espera de su ilustre ocupante quien en sería el último en utilizarla y, en su propio beneficio cuando muriese aprovechando la energía concentrada y contenida en la proyección del vértice.
    Su cuerpo fue depositado en el catafalco dentro de una caja de piedra que aislaría del exceso de las radiaciones al cuarto entero y, que simulaba las cámaras de refrigeración; luego de la lectura del Libro de los Muertos y de las plegarias correspondientes, fue sellada la habitación con los honores de su investidura y finalmente clausurada la pirámide mediante los ingeniosos sistemas de protección desarrollados para ello y aprobados por el mismo faraón.

    Sólo los sacerdotes conocían los detalles de todos los posibles accesos y trampas, así fue como ellos dictaminaron que se profanara la tumba del Rey, como él a su vez había profanado la Gran Pirámide, utilizándola en su propio beneficio y privando a la Humanidad y al Sacerdocio de sus potenciales. Se cortaron, entonces, los sellos reales, poniendo a disposición de los miserables chacales del desierto, es decir, los ladrones de tumbas, toda la riqueza del faraón, siempre y cuando también destruyeran el cuerpo, las imágenes y todo recuerdo de su persona. Los ladrones guiados por los propios sacerdotes hicieron presa fácil de los objetos contaminados de una extraña radiación que engañosamente acabaría posteriormente con cada uno de aquellos ambiciosos, depredadores. Mientras iban desapareciendo las pertenencias de quien en vida había sido dios encarnado con igual majestad que la que podría haber tenido Osiris o Amón Ra, los sacerdotes sacaban el cuerpo para incinerarlo, destruyéndolo así junto con todas las inscripciones dispersas por los corredores. Nunca más volvería a ser utilizada la Gran Pirámide como tumba ni como templo o santuario porque había sido contaminada por las ambiciones humanas, por tal, le fue retirada la punta de cristal y ocultada ésta hasta el fin de las edades. La Pirámide, desde entonces, permanece violada y abandonada en la soledad del desierto.
    Las pirámides al ser concluidas fueron ofrecidas, una a las Ciencias y la Historia, otra a las Artes y la Medicina y otra a la Astronomía y la Religión; por ello en su interior como en el exterior habíase escrito en caracteres jeroglíficos todo el conocimiento que se había trasmitido desde antes del Diluvio y también los datos sobre la construcción de las mismas. Toda esta capa de piedras desapareció cuando en el Medioevo Califa Al Mamun construyó la ciudad actual de El Cairo, usándolas de cimientos y también como defensas en las orillas del Nilo, controlando así los desbordes.
    Después de tan interesante relato y de otros datos más, como fueron la muerte de los sacerdotes que escondieron las puntas de cristal al no querer confesar dónde las ocultaron, en manos de los faraones que precedieron a Khufu, hicimos nuestro regreso, volviendo a estar conscientes del lugar en donde nos encontrábamos, pero olvidando mucho
    de lo visto, que supimos que llegado el tiempo adecuado, se nos seria recordado.

     
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