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    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Orazio Valenti, libro: ¿HUMANIDAD DONDE VAS? » LAS RELIGIONES Y LA CIENCIA (CAPITULO 2 -3)
    LAS RELIGIONES Y LA CIENCIA
    bookFecha: Jueves, 2013-04-04, 6:29 AM | Mensaje # 1
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    LAS RELIGIONES Y LA CIENCIA




    LAS RELIGIONES


    La causa de todos los cultos y religiones del mundo es única, aunque los aspectos puedan parecer diferentes. Las conclusiones nacen de un serio y profundo estudio, corroborado por experiencias claras e irrefutables.

    La era de los OVNI y de cuanto se manifiesta de forma aparentemente fenoménica e incomprensible para la inteligencia humana, ha vuelto a abrir un paréntesis temporáneamente cerrado: la visita sobre la Tierra de "seres" procedentes de los espacios externos y portadores de una ciencia, más que de ciencia ficción, impensable. No se trata, ciertamente, de una nueva visita casual, sino causal.

    Estos "Señores", de características multidimensionales y con un bagaje de valores morales, sociales y espirituales, muy evolucionados, no desconocen nada de lo concerniente a la formación del sistema solar, al que pertenece el planeta Tierra, y mucho menos desconocen la evolución de la especie humana, o de cuanto vive y vegeta en este planeta.

    Para los hombres primitivos, estos "Señores", los cuales surcaban los cielos con "carros de fuego" o "escudos luminosos", eran "Dioses" procedentes de las estrellas; eran Seres de Luz, Maestros de vida y de verdad, Instructores, Guías, Coordinadores, Legisladores, Tutores de un orden preestablecido y Artífices de prodigiosas transformaciones. Todos estos múltiples aspectos, dieron la sensación de su deidad y de su indiscutible potencia.

    Los contactos con estos "Señores", provenientes de las estrellas, suscitaron un sentido de veneración, una necesidad imperiosa de reconocimiento hacia las enseñanzas que les habían sido concedidas para instruir, del mejor modo, la existencia terrenal.

    Los diferentes grupos étnicos interpretaron distintamente sus presencias y sus enseñanzas, conservando inalterable, eso sí, el concepto de su deidad y de su procedencia. ¡He aquí las religiones!

    Los cultos, aún hoy, se evidencian, sin proponerse nunca redimensionar los antiguos discursos y llevarlos al plano de los conocimientos modernos, tecnológicos, y científicos, de este tiempo.

    Los hechos que se registran en este período de siglo están recogidos bajo la definición "OVNI", y están en un paréntesis que se vuelve a abrir; y aunque el discurso pueda parecer diferente de aquel del gran pasado y aunque contraste el valor interpretativo, la causa es la misma; la matriz es única, los aspectos idénticos. Habría que preguntarse el por qué se ha vuelto a abrir el paréntesis y qué es lo que quiere significar esta nueva visitación.

    La respuesta está contenida en "los signos de los tiempos" y en los múltiples peligros que angustian y amenazan la supervivencia humana. Quien ha entendido la respuesta, trata de hacerla entender a los demás, llevando adelante un discurso claro, inconfundible y cargado de verdad, más antigua de cuanto se pueda imaginar, y de modo distinto a cuanto proponen ciertas organizaciones religiosas.

    Se trata, también, de hacer que salga a la luz cuanto se ha intentado ocultar equívocamente; por ejemplo, remontándose a las traducciones de los textos bíblicos arameos, al griego y de éste, al romano: la palabra "malakh", en griego "anghelos", hubiera debido traducirse "nuntius" y no literalmente "anghelos", que no quiere decir nada.

    ¿"Mensajeros", entonces, de qué?

    ¡Digamos la verdad!

    Mientras el hombre de este planeta sea instrumentalizado por la ignorancia, permanecerá desunido. También las religiones se han revestido de poder, mientras la justicia, el amor y la paz, emanados del Espíritu Omnicreante Cósmico, tienen una sola y única Ley: el bien de todos en la Luz que vivifica y santifica el espíritu viviente. El templo viviente es, entonces, toda la humanidad. El verdadero y real sacerdocio, y el único rito, consiste en amar la justicia expresada con el movimiento de las estrellas y de los universos que instruyen el inmortal y eterno Edificio Cósmico en su continuo devenir.

    En la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegisto está escrito: "Es verdad, sin engaño, cierto y verdadero, que lo que está arriba es como lo que está abajo, y lo que está abajo es como lo que está arriba, para las maravillas de una única cosa". He aquí la verdad, verdad que las religiones dividen, haciendo estéril su eficacia, sus eternos e inmutables valores evolutivos. Y, por el contrario, muchos comercian con la Sabiduría de Dios y con el Amor de Cristo.

    Son muchos los especuladores de la Sabiduría que Dios dispensa para iluminar a los espíritus y volverlos fecundos y conscientes de su divina naturaleza viviente. Hay muchos otros que trastocan el Celeste Amor de Cristo y hacen de El un objeto de dar y de recibir, como un vulgar comercio de Aquel que todo lo dio sin pedir nada a cambio. Todos ellos no saben la turbación que provocan hacia los espíritus anhelantes de puro, desinteresado y altruista amor.

    LA CIENCIA HUMANA



    Las incitaciones hacia una superior meditación sobre la relatividad de los sistemas de referencia, en que cada perfeccionamiento es humillado, además de por la búsqueda en la oscuridad de las micropartículas, nos llega por el contacto con el Cosmos, el cual nos ha ofrecido las experiencias astronáuticas de nuestros exploradores lunares.

    Dejemos a un lado las ahora ya famosas fotos tomadas por las diferentes sondas terrestres, o el encuentro de Amstrong y sus compañeros con las naves extraterrestres que les esperaban cerca de uno de los cráteres, o bien los testimonios de dichas naves extraterrestres que han seguido en vuelo a nuestros astronautas. Hablemos mejor de la revolución nacida en la mente de la razón humana.

    El deseo y la necesidad que la nueva frontera del hombre sea la expansión en el Cosmos, se ha acrecentado cada vez más. ¿Pero, realmente, los fines perseguidos han sido de conocimiento e introspección? ¿O, bien, en plan de conquista y explotación? ¡Qué enorme diferencia hay entre los dos motivos! Es el mismo problema que científicamente se nos plantea cuando hacemos comparaciones con una ética o rol pseudo-teológico que no se acepta. Biólogos y psicoanalistas niegan. ¿Pero, de qué ciencia exacta se quisiera hablar? Es suficiente darnos cuenta de la incompatibilidad entre la vida internamente ligada a la dimensión atmosférica, regulada por leyes biofísicas planetarias, y la "Vida" en el Cosmos, gobernada por leyes astrales psicodinámicas.

    De hecho, basta pensar en los entrenamientos del cuerpo para la coordinación y orientación de los movimientos en estado de imponderabilidad espacial. Se produce un trastorno en el vuelo espacial, no teniendo sentido los conceptos de verticalidad-horizontalidad, arriba-abajo, peso- caída, y así se pierde todo valor y significado. De aquí el problema de espacio, que se descarga a través del sistema neurovegetativo.

    Una prolongada permanencia en espacios faltos de gravitacionalidad causaría lesiones graves e irreversibles en las estructuras bio-físicas del cuerpo humano. Los habitáculos que viajan y que están estacionados fuera del ambiente gravitacional de la Tierra, deben estar provistos de una propia fuerza gravitacional, a fin de evitar modificaciones en los dinamismos cohesivos de la materia orgánica e inorgánica. En la estratósfera existe un magnetismo en estado diferente del que forma parte del anillo magneto-esférico, del que nace la gravitacionalidad sobre vuestro planeta. Modificando este magnetismo estratosférico, se puede obtener un anillo gravitacional alrededor de un cuerpo estacionado o viajante. El movimiento tiene que ser vertiginoso. Es muy útil recordaros a vosotros, terrestres, que ya los antiguos griegos habían, en parte, individualizado la importancia del movimiento vertiginoso en los fenómenos naturales. Un buen estudioso, de nombre Descartes, había reemprendido dicho estudio, pero lo cierto es que fue largamente descuidado.

    Hoy, puesto que el hombre está decidido a atravesar el umbral del espacio cósmico, es necesario que los científicos terrestres tomen en seria consideración este fenómeno, que tiene una importancia enorme, mejor dicho, importancia decisiva, en relación a los medios aéreos espaciales que deberán llevar, por primera vez, al hombre hacia los espacios cósmicos.

    El hombre de hoy conoce el calor y la luz del ambiente en que vive y sabe muy bien que no puede exponerse a la absorción de una energía mayor de la que su naturaleza le consiente, sin sufrir inmediatamente la muerte. La importancia vital que tiene la capa atmosférica, mitigando la impresionante entrada de los glóbulos energéticos solares a una altísima energía que, numerosa e inimaginablemente, inciden de lleno en la capa magneto-esférica que protege vuestro planeta, con desconocidas acciones de rozadura y resonancia, provocan aquella luz y aquel calor tan indispensables para la vida humana y para todo lo que está cercano a ella, útiles incluso para la misma atmósfera que, a causa de todo ello, elabora y modifica los valores de los propios elementos, lo cual debería inducir a la ciencia aerodinámica y a la física atómica terrestre a tomar en seria consideración el estudio de la energía vertiginosa fluctuante.

    Los científicos terrestres, seguramente, conocen en el espacio cósmico que, aparte de la ionosfera, existe un particular tipo de energía en un estado de saturada pureza, organizada en su plena potencia viajante a incalculables velocidades, y dispuesta a descargar su titánica energía en cualquier cuerpo incidente.

    Todos los satélites artificiales lanzados al espacio por vosotros, terrestres, han sido continuamente envueltos por una suficiente luminiscencia, durante todo el período de rotación alrededor de vuestro planeta, y no ciertamente por una luz refleja, como muchos creen, sino debido a la continua adherencia de los glóbulos solares que al incidir, edifican una causa suficiente para que se produzca la modificación de su estructura originaria y se provoque, además, una continua extensión de luz y una notable energía vertiginosa.

    Los medios previstos con los que el hombre debería experimentar los primeros vuelos en el espacio cósmico, no son idóneos para una empresa de tal género. Es preciso que en medio del viaje por el espacio sea impulsado por la energía vertiginosa y que el medio y el hombre estén siempre en el centro del vórtice, punto invulnerable que vuestra ciencia no conoce todavía. Si vuestra ciencia trata de alcanzar los valores positivos de la evolución tecnológica espacial, impidiendo la intromisión degenerativa de la utilización bélica con sus consecuencias derivadas, tutelaremos y facilitaremos vuestras operaciones. Pero si, desgraciadamente, se verificase la intromisión de las fuerzas desestabilizadoras de la potencia bélica, los problemas no os faltarían ni nos predispondríamos a ayudaros. La conquista del espacio debe estar animada por los más altos valores morales, sociales, científicos y del espíritu humano.

    En el espacio se dan apretones de manos, mientras que en la Tierra se dan puñetazos en los ojos. Si los hombres pudieran expresar lo que realmente sienten en lo profundo de sus corazones, no serían solamente los astronautas quienes se abrazarían y se estrecharían las manos, con real benevolencia fraterna, sino todos. Pero los hombres no son libres para poder expresar, en la práctica, este anhelo de amor, porque hay quien separa, quien crea odio y distanciamiento, ideológicamente: el hombre con el otro hombre, el hermano con el otro hermano. Solamente en el espacio, símbolo supremo de la libertad universal, libre de coacciones y de reglas políticas y religiosas, el hombre, con el otro hombre, se siente hermano y sin reservas mentales. Cuando los astronautas tengan que volver a la Tierra, será difícil reconciliar la vida, porque no podrán expresar los instintos de su propia libertad y del amor fraterno. Entonces, estarán obligados a apretar los puños y ponérselos en los ojos.

    Este hombre puede hacer teorías con su matemática filosófica que, aparte de las posibles vibraciones vitales de los 300.000 km./seg., donde la materia se transforma en energía, acelerando el movimiento en el espacio recorrido, se modera el ritmo del tiempo y se sale del confín de la dimensión-tiempo, que se convierte en realidad. ¿Pero, cómo puede concebir y vivir esta diferente dimensión, a través de su propio instrumento viviente? Nosotros sabemos que, muchas veces, nuestros astronautas han sido ayudados y salvados por el amor de otros astronautas extraterrestres que les seguían, mientras aún nos obstinamos, presuntuosos, en no respetar la relación existente entre el observador y el sistema observado, entre lo humano corporal y lo humano consciente de las dinámicas astrales.

    La crisis del hombre moderno, que se debate entre la religión y la ciencia, es debida a la falta de conocimiento sobre Dios, el cual no es como muchas religiones nos han querido dar a entender. Sólo a través de la humildad del científico y del religioso que, previamente hayan aceptado su propio papel de hombres en busca de conocimiento sobre esta gran célula que es la Madre-Tierra, insertada en el ritmo del Universo, se puede ver iluminado el sendero por quien, en cada tiempo, ha estado cerca tratando de hacer prevalecer en nosotros la lógica de la inteligencia consciente, lejos de la anarquía y del asesinato de nuestros hijos; una inteligencia que está en el cuerpo, pero que no es del cuerpo. Decía Einstein: "La ciencia está volviéndose criminal".

    Cualquiera puede sentir en su corazón seguir uno u otro sendero; cada uno de nosotros tiene su propia libertad o libre albedrío.

    Todas estas explicaciones nos proponen analizar cuanto, por obra de muchos terrestres, viene demostrado, de modo más o menos inconsciente, en la manipulación de la materia, con resultados mágicos o misteriosos; por ejemplo: la voluntad-energía, que dobla con la mirada barras de metal; curanderos que abren los tejidos sin utilizar bisturí, o curan sólo con la mirada a través del televisor; o alguien que materializa objetos o productos con las manos, aunque no es todavía como hacía Jesús, que multiplicaba panes y peces y devolvía la vista a los ciegos. ¿Qué nos demuestra todo esto? Que, potencialmente, poseemos estas dotes, pero no las podemos todavía dominar. En cualquier caso, existe una energía más allá de nuestros conocimientos físicos-químicos, que es la matriz de nuestra vida.

    ¿Por qué queda un campo. todavía inexplorado por la medicina occidental? No es, ni siquiera, llevado al campo de la experimentación, porque no tiene rigor científico y es desterrado por los postulados de la lógica fisico-química. Aunque existan diversos puntos de aceptación sobre los resultados de la existencia del fenómeno, se quiere indagar con los metros de la medida de la ciencia tradicional, y lo que se consigue, una vez más, es un alejamiento. Por ejemplo, la emisión del "prana" no deriva de la voluntad, sino de la predisposición interior del sanador y del enfermo, lo cual es considerado como un fenómeno de dilaciones científicas, quedando relegado más el caso a la filosofía que a la física. Entonces, hay ocultaciones detrás de las palabras: autosugestión y psicoterapia. Pero el enfermo se cura y el resultado es clínico. Quien hace de espectador, se da cuenta de los grandes principios de la carga vital, a través de la cual se desarrolla la fe (sintonía real con el propio espíritu-conciencia), y que son: generosidad, fuerza de ánimo carismática y religiosidad emocional profunda; y así, la fe se vuelve certeza, donde la identidad espiritual puede transformar la efectiva identidad material:

    Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres. Intentad curar primero el alma, porque si curáis el cuerpo y dejáis el alma enferma, ¿cómo esperáis poder salvar la vida? Es el alma la que primero debe curarse, si queréis que el cuerpo se levante y florezca de salud. El médico del cuerpo tiene que ser, también y sobre todo, médico del alma. Os recuerdo cuanto ha sido dicho, escrito y trasmitido: "Quien intente salvar su propia vida, la perderá".

    Hay taumaturgos que ponen en práctica lo de hacer bello el cáliz por fuera, dejando el interior lleno de porquería. ¡Tened cuidado con ellos! Es mejor tener la concha menos limpia, que tener la perla sucia y privada de luz. Estos chapuceros, ávidos de dinero, son muy a menudo embaucadores, partidarios de los demonios, de los que se sirven para dar aparentes alicientes materiales. "Aquellos a quienes he concedido los dones del espíritu, harán cuanto yo he hecho, sin pedir nada a cambio".

    Deberíamos aprender que los mecanismos del punto en común entre ciencia y religión, no podrán ser individualizados, si no se estudia la realidad viviente del hombre en las tres naturalezas: cuerpo-alma-espíritu.

    ¿Qué ciencia ha dividido el plano físico-corporal del psíquico-mental? ¿La medicina antropológica, ha sido desvirtuada por la tecnología? ¡Qué caos! La tecnología explica que las enfermedades psíquicas son debidas a factores orgánicos, en cuanto la mente está enferma a causa de disfunciones bioquímicas en el sistema nervioso central, por tanto, de naturaleza endógena. ¿Habría que buscar el origen de la psicosis en la ultramicroscopía de las sinopsis, o en los mediadores de las conexiones neurónicas? ¡Cómo si el cerebro fuese el lugar que ocupa la inteligencia, en vez de una simple computadora, por cierto, utilizada muy mal! Es usual en esta cultura que la acción de los alucinógenos ayude a liberarse de los problemas llamados de incompatibilidad social, porque no hay ni una cultura de estudio ni una búsqueda consciente de las causas que engendran los efectos biológicos. De hecho, la continua guerra sobre las teorías de las ciencias neuro-psiquiátricas, en las distintas disciplinas autónomas, no llega a ninguna solución, sino a mitigar ciertas formas de disfunciones bioquímicas; pero, decididamente, las hipótesis del origen biológico de las psicosis o enfermedades mentales, en general, están fracasando continuamente. El mayor problema es esclarecer el confín entre normalidad y desviación. Los medicamentos resuelven el síntoma, adormecen, pero no remueven la causa. Otra curación que se propone, para algunos síndromes, son formas de aprendizaje con reelaboración de los problemas según nuevas perspectivas. ¿Pero, para qué dimensión de vida?

    El lavado de cerebro hace perder, de igual modo, el sendero de la conciencia. Las causas psíquicas son debidas a la dimensión extrabiológica del cuerpo astral. Mientras tanto, desdichadamente, este hombre tecnológico se ha convertido en primitivo, persiguiendo el saber para memorizar, y no para ser consciente.

    La ciencia terrestre no está todavía en condiciones de conocer, realmente, lo que comúnmente llama "psique", ni sabe de dónde procede, para qué sirve y qué poderes posee.

    La "psique" es segregada por el Sol, bajo forma de una energía estructurada y organizada en el aspecto material. Es la energía vital que anima e instruye los valores portantes de la vida física en todas sus manifestaciones: mineral-vegetal-animal.

    El animismo de cada cosa, aunque ésta sea aparente e inmóvil, nace de un querer organizativo, bien definido por reglas fijas en la calidad, no en la cantidad.

    Esta energía, "psique", responde a un código programado, el cual estructura una determinada genética. Todas las manifestaciones físicas, tanto orgánicas como inorgánicas, son coordinadas por esta energía, llamada por vosotros "psique".

    La dimensión de lo imponderable no puede ser conocida por el hombre, hasta que no haya entendido que él es un efecto y no una causa, y su función consiste en el deber que tiene de transformar cuanto le ha sido confiado, con abnegación, en obras laboriosas, hasta vencer a la muerte y volver a ser Angel.
     
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