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    HISTORIA DE GIORGIO BONGIOVANNI
    bookFecha: Sábado, 2013-04-13, 7:20 AM | Mensaje # 1
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    HISTORIA DE GIORGIO BONGIOVANNI

    (ENFOQUE PERIODISTICO)

    por Georges Almendras

    INTRODUCCION




    Ciertamente soy un hombre de prensa, pero no rigurosamente una buena pluma, por lo que todo el material de las siguientes páginas podrá ser pasible de cuanta crítica pueda ocurrírsele al lector desde el punto de vista literario.
    No pretendo elogios a ese nivel, lisa y llanamente porque no los merezco.
    Busco tan sólo compartir con el lector, todas las vivencias que me tocaron en suerte, habiendo conocido al estigmatizado italiano Giorgio Bongiovanni y al contactado Eugenio Siragusa.
    ¿ Y cúando y cómo nace mi vínculo con estos dos personajes ?
    Hace unos diez años conocí al matrimonio compuesto por Eduardo Leal y Anubis Gómez. Recién llegados de España, traían consigo una muy rica experiencia sobre lo que venía divulgando, en el mundo entero, Eugenio Siragusa, en relación a la REALIDAD EXTRATERRESTRE.
    Eugenio era uno de los más grandes contactados del planeta.
    La temática no me resultaba ajena. Era ante todo atrayente. Y fue por esa razón que conociendo a Leal y a Gómez, consideré que todo el mensaje que ambos portaban, y que pertenecía al contactado Siragusa, cuadraba con mis sentimientos.
    Y a partir de ese momento, las pautas comenzaron a delinearse. Tanto yo como mis amigos y mi esposa Martha Ofelia, supimos que un joven de 25 años llamado Giorgio Bongiovanni, quien era y es hijo espiritual de Siragusa, en Italia, venía de visita al Uruguay con los estigmas de Jesús en sus manos, acompañado por su hermano Filippo.


    DOCUMENTOS

    EL TERCER MENSAJE DE FATIMA DEL AÑO 1917


    "No tengas temor, querida pequeña. Soy la Madre de Dios, que te habla y te pide hagas público el presente Mensaje para el mundo entero. Haciendo esto, encontrarás fuertes resistencias. Escucha bien y presta atención a esto que te digo:
    Los hombres deben corregirse. Con humildes súplicas, deben pedir perdón de los pecados cometidos y que pudiesen cometer. Tú deseas que Yo dé una señal, para que cada uno acepte Mis Palabras que Yo digo por mediación tuya, al género humano. Has visto el Prodigio del Sol, y todos, creyentes, incrédulos, aldeanos, ciudadanos, sabios, periodistas, laicos, sacerdotes, todos lo han visto. Y ahora proclama en Mi Nombre:
    Un gran castigo caerá sobre todo el género humano, no hoy, ni mañana, sino en la segunda mitad del Siglo XX. Ya lo había revelado a los niños Melania y Massimino, en "La Salette", y
    hoy lo repito a tí, porque el género humano ha pecado y pisoteado el Don que había hecho. En ningún lugar del mundo hay orden, y Satanás reina sobre los más altos puestos, determinando la marcha de las cosas. El efectivamente logrará introducirse hasta la cumbre de la Iglesia; él logrará seducir los espíritus de los grandes científicos que inventan las armas, con las cuales será posible destruir en pocos minutos gran parte de la humanidad. Tendrá en poder a los potentes que gobiernan los pueblos, y los incitará a fabricar enormes cantidades de estas armas. Y si la humanidad no se opusiese a esto, estaré obligada a dejar libre el brazo de Mi Hijo. Entonces se verá que Dios castigará a los hombres con mayor severidad como no había hecho con el diluvio.
    Llegará el tiempo de los tiempos y el fin de los fines, si la humanidad no se convirtiese y si todo continuase como ahora, o peor, se agravase mucho más, los grandes y los potentes perecerán junto a los pequeños y los débiles. También para la Iglesia, llegará el tiempo de sus más grandes pruebas. Cardenales se opondrán a Cardenales, los Obispos a Obispos. Satanás caminará por entremedio de sus filas, y en Roma habrá cambios. Lo que está podrido caerá, y lo que caerá, ya no se levantará más. La Iglesia será ofuscada y el mundo trastornado por el terror. Tiempo llegará, en que ningún Rey, Emperador, Cardenal u Obispo, esperará a Aquel que sin embargo vendrá, pero para castigar según los designios del Padre mío.
    Una gran guerra se desencadenará en la segunda mitad del Siglo XX. Fuego y humo caerán del Cielo, las aguas de los océanos se volverán vapores y la espuma se elevará revolviendo y hundiendo todo. Millones y millones de hombres perecerán de hora en hora, aquellos que queden en vida, envidiarán a los muertos. Por cualquier sitio por donde se dirija la mirada, habrá angustia, miseria, ruinas en todos los países. ¿Ves? el tiempo se acerca siempre más y el abismo se engrandece sin esperanza. Los buenos perecerán junto a los malos, los grandes con los pequeños, los príncipes de la Iglesia con sus fieles y los gobernantes con sus pueblos.
    Habrá muerte por todas partes por causa de los errores cometidos por los insensatos y los partidarios de Satanás el cual entonces, y sólo entonces, reinará sobre el mundo, por último, cuando aquellos que sobrevivan a todo evento, estén aún con vida, proclamarán nuevamente a Dios y a su Gloria y le servirán como en un tiempo, cuando el mundo no era así de pervertido.
    Ve, pequeña mía, y proclámalo. Yo a tal fin, estaré siempre a tu lado para ayudarte".

    ¿QUIENES SOMOS Y QUE QUEREMOS?


    En diferentes partes del mundo, se han constituido grupos de personas que siguen las enseñanzas de Eugenio Siragusa. Estos grupos se denominan "Arcas" y desarrollan una forma de actividad que está perfectamente delineada en una definición que le pertenece a un cronista del Arca de Porto Sant'Elpidio, la que se trascribe a continuación: "Somos hombres simples y comunes, llamados a ser testigos y portadores, pero también muy principalmente
    disfrutadores de un discurso que desde hace casi cuarenta años un "amigo del hombre" y nuestro, Eugenio Siragusa, está revelando a la inteligencia humana y a la conciencia de todo
    hombre.
    No nos servimos de la Verdad para vivir a costa de los otros, ni pedimos nada por cuanto hacemos.
    Nuestro oficio no es el de ser sacerdotes, profetas, místicos, elegidos, sino ser libres de todo esquema y de toda institución para combatir, como hombres responsables para que la realidad emerja y para que se pare la inminente posibilidad de que se cumplan las profecías de todos los tiempos, en modo particular las del Apocalipsis y las de Fátima.
    No hemos sido llamados a edificar una sociedad secreta, un grupo de élite, una asociación con tramas y jerarquías, sino para movernos a la luz del día y hablar al corazón de quien nos quiere escuchar. No queremos hacer prosélitos o adeptos porque la cantidad no es nuestra meta. No imponemos nada a nadie porque pensamos que todo hombre debe ser libre de aceptar o no cualquier discurso si se ajusta o no a sus expectativas.
    Vamos contra corriente no por vocación nuestra, sino, más bien, porque la masa es a menudo, tibia, fría y sometida a las estrategias de quien quiere que las cosas queden como están.
    Alguien nos pregunta qué hacemos nosotros para mutar las cosas, pues bien, nosotros no somos diferentes, aún siendo mucho más pequeños, de aquellos que fueron llamados para llamar a los hombres a arrepentirse antes de que el castigo de Dios pueda manifestarse.
    Las Potencias Celestes nos han dado una señal crística, los estigmas, para que se confirmase la veracidad de cuanto decimos y nuestra perfecta armonía con el Mensaje de Aquel que fue llevado a la muerte en la cruz.
    Queremos recordar sus promesas y su retorno, las advertencias de los grandes profetas y la amonestación contenida en el tremendo Mensaje de Fátima.
    El tiempo ha sido fiador porque todas las cosas dichas, escritas y trasmitidas se han cumplido, o se están cumpliendo.
    La búsqueda de la unión y de la unidad de intentos nos viene de ser conscientes de que si no se para la actual carrera involutiva, poco o nada se podrá salvar de toda la humanidad.
    El mundo llora y la Naturaleza ya está agonizante.
    La pobreza, el hambre, la guerra y la muerte cabalgan ya los destinos de todos los pueblos. Continentes enteros, enteras comunidades humanas, ya están en un estado de completo abandono. La vida para muchos es un infierno y la muerte casi un momento de liberación y de renacimiento.
    La injusticia y las aberraciones están en las noticias cotidianas.
    De todo esto nosotros queremos hablar y denunciar movidos sólo por un sentimiento altruista y fraterno.
    Somos sinceros cuando decimos vivir con la pena y la rabia en el corazón, porque quisiéramos un mundo diferente, más feliz y más justo para todos, donde todos tengamos lo necesario y nadie lo superfluo.
    Nuestra verdadera esperanza no es la de convencer, sino la de que cada uno pueda sensibilizarse y encontrarse en sintonía con nuestros mismos deseos y nuestras mismas esperanzas.
    El mañana lo debemos construir nosotros, con nuestros sacrificios y con nuestras renuncias. No por casualidad Jesu-Cristo dijo: "EL QUE QUIERA VENIR EN POS DE MI, NIEGUESE A SI MISMO, TOME SU CRUZ Y SIGAME" (S. Mateo 16, 24).

    un cronista de ARCA 3
    Mino Grande

    PADRE PIO DE PIETRELCINA

    Francesco Forgione, Padre Pío, nació en Pietrelcina, en la provincia de Benevento, en Italia, el 25 de mayo de 1887, falleciendo el 23 de setiembre de 1968.
    Después de una devotísima infancia, a los 14 años el Señor lo llamó "a una altísima misión".
    Se hace novicio capuchino en 1903, y fue ordenado Sacerdote en 1910. Enseguida, después de su nombramiento, recibe las señales de la Pasión de Jesu-Cristo en las manos, en los pies y en el costado (estigmas), y todo unido a fuertes sufrimientos. Se ofrece entonces al Señor como víctima de reparaciones para la Iglesia, para el Papa, por la santidad del clero y por la conversión de los pecadores.
    Fundó numerosos grupos de oración y la "Casa del alivio de los sufrimientos" que aún hoy acoge miles de enfermos.
    Tuvo contactos constantes con los Papas Pío XI, Pío XII y Pablo VI.
    Hasta su muerte, en 1968, demostró dones excepcionales al servicio de la Iglesia: leía en las conciencias, descubría el pasado; preveía el futuro y demostró, a todos los que lo conocieron, una santidad y una caridad heroicas.
    Su causa de beatificación ha sido introducida en Roma desde su muerte.
    En el año 1959, a Padre Pío, nuestro Señor Jesu-Cristo le reveló un mensaje determinado. En esencia, esta revelación forma parte de todo el contexto del estigmatizado Giorgio Bongiovanni.
    Este mensaje dice así:
    "La hora de los castigos está cerca, pero manifestaré mi misericordia. Vuestra época será testigo de un terrible castigo. Mis Angeles tendrán cuidado espiritual de aniquilar a todos aquellos que se burlan de mí y que no creerán en mis profecías.
    Huracanes de fuego serán arrojados de las nubes y se extenderán sobre toda la Tierra. Temporales, tempestades, truenos y lluvia ininterrumpidos, terremotos, cubrirán la Tierra durante tres días, continuará entonces una lluvia de fuego ininterrumpida para demostrar que Dios es el Señor de la Creación.
    Aquellos que esperan y que creen en mis palabras no deberán temer, ni deberán temer nada aquellos que divulgan Mi Mensaje porque no les abandonaré. Ningún daño será hecho a aquellos que están en mis gracias y que busquen la protección de Mi Madre.
    Para prepararos a esta prueba, os daré señales e instrucciones: la noche será muy fría, el viento aparecerá, el trueno se hará oír. Cerrad todas las puertas y todas las ventanas. No habléis con ninguno de fuera. Arrodillaos ante vuestro crucifijo. Arrepentíos de vuestros pecados. Rogad a Mi Madre de obtener su Protección. No miréis fuera durante el terremoto porque la Ira de Mi Padre es Santa. No soportaríais la vista de Su Ira. (Jesús no quiere que miremos con curiosidad la Ira de Dios porque debe ser contemplada con temor y temblor). Aquellos que no tengan en cuenta esta advertencia serán abandonados y matados al instante de terror de la Ira Divina.
    El viento arrastrará gases envenenados que se derramarán sobre toda la faz de la tierra. Aquellos que sufrirán sin culpa se volverán mártires y entrarán en Mi Reino.
    Después de estos castigos, los Angeles bajarán del Cielo y derramarán el Espíritu de Paz sobre la Tierra. Un sentimiento de inconmensurable gratitud se apoderará de todos aquellos que sobrevivirán a este terrible castigo, recitad el rosario, si es posible, juntos o solos.
    Durante estos tres días de tinieblas, solamente las velas benditas podrán ser encendidas y arderán sin consumirse".

    INFORME MEDICO DE PADRE PIO DE PIETRELCINA

    Se trascribe textualmente el capítulo 10 del libro "Estigmas en nuestros días. El Padre Pío de Pietrelcina y Teresa Neumann" de Francisco Sánchez - Ventura en el que se hace constar informes médicos sobre el estigmatizado Padre Pío:
    El Padre Provincial envió al doctor Luigi Romanelli, quien somete al estigmatizado a toda clase de torturas. Como médico debe curar aquellas llagas, síntomas aparentes de una lesión, de una enfermedad.
    Ante el fracaso de sus tentativas, llama en consulta al doctor Bignami, de Roma. Fue elegido éste por incrédulo para evitar el riesgo de caer en un fenómeno de sugestión. El doctor Bignami analiza el caso, sonríe y toma una determinación que considera definitiva: aceptar el tratamiento de su colega, pero tomando previamente la precaución de sellar los vendajes para que no fueran levantados.

    Al cabo de quince meses de estudio, el doctor Romanelli se decide a redactar un informe. Textualmente dice así: "Las lesiones que el Padre Pío tiene en las manos están cubiertas de una ligera membrana de color rosáceo. No existen ni puntos sanguinolentos, ni hinchazón, ni reacción inflamatoria de los tejidos.
    Tengo la convicción, e incluso la certeza que estas llagas no son superficiales. Oprimiéndolas con mis dedos he notado un vacío que atraviesa todo el espesor de la mano.
    No he llegado a verificar si apretando com más fuerza llegarían mis dedos a encontrarse, ya que esta experiencia, así como toda presión provoca un dolor agudo en el paciente.
    Sin embargo le he sometido a esta prueva penosa repetidas veces por la mañana y por la tarde, y me veo obligado a confesar que siempre he obtenido los mismos resultados. Las lesiones de los pies presentan idénticas características que las de las manos; pero no he podido hacer la misma experiencia a causa del espesor del pie.
    La herida del costado es una incisión neta paralela a las costillas, de una longitud de siete u ocho centímetros, atravesando tejidos inconsistentes, de una profundidad difícil de averiguar y que sangra en abundancia. Esta sangre tiene todas las características de la sangre arterial y los labios de la llaga evidencian que no es superficial.
    Los tejidos que rodean la lesión no presentan reacción alguna inflamatoria y son sensibles a la menor presión. Durante quince meses he hecho cinco visitas al Padre Pío y, aunque he notado algunas modificaciones, no he logrado dar con la fórmula clínica que me autorice a clasificar estas llagas".

    Mientras tanto, el doctor Bignami no lograba hilvanar sus ideas ni vencer su estupor. Las curas radicales aplicadas a su "enfermo" no producían efecto alguno; las llagas se mantenían "sin infectarse jamás y sin la menor supuración". Humillando al Padre lo sometieron a exámenes clínicos buscando cualquier clase de explicación científica. Pero ante las exploraciones del doctor Bignami huía como por encanto cualquier clase de enfermedad. Hasta sus antiguas afecciones pulmonares habían desaparecido sin dejar rastro. El doctor Bignami no lograba encontrar huella alguna de enfermedad orgánica, física o nerviosa. Mas las llagas seguían abiertas y limpias, manando sangre con frecuencia y perdiendo a los médicos en el galimatías de sus deducciones.
    Por fin, llegó el doctor Festa, hombre digno y de carácter profesional, aunque con su natural desconfianza inicial. Este prescindió del Padre como problema aislado para estudiarlo íntegramente, como ser vivo. Y tras un minucioso y objetivo informe, que tuvo la virtud de despejar las prevenciones del Vaticano, acabó reconociendo que "este género de lesiones escapa a la ciencia".
    El Padre Pío pierde aproximadamente un vaso de sangre diario. La llaga del costado sangra en tal abundancia, que se ve forzado a cambiarse de vendaje continuamente, vendajes que él mismo lava y que el Santo Oficio ha prohibido distribuir entre los fieles.


    INFORME MEDICO DEL ESTIGMATIZADO GIORGIO BONGIOVANNI


    Entre los años '92 y '93, numerosos profesionales de la medicina, interesados en los estigmas de Bongiovanni, realizaron diversos estudios en sus llagas y en su persona. Surgieron así diversos certificados científicos fundamentales para que Giorgio Bongiovanni pudiera traspasar fronteras con la anuencia de las autoridades respectivas de Migración.
    Ofrezco algunos de los resultados médicos, consignando que los mismos fueron efectuados por profesionales europeos y una médica de Asunción, Paraguay, la que conoció al estigmatizado en el mes de julio del '93.
    Conviene acotar, para tranquilidad de la ciencia médica, que otros tantos galenos de distintas disciplinas, que han logrado contactarse con Bongiovanni, formularon sus respectivos diagnósticos que no expongo íntegramente dado que resultan parciales y no son el fruto de un estudio prolongado, como los efectuados por los médicos italianos, en la casa del estigmatizado en Porto Sant'Elpidio.

    El día 16 de noviembre de 1961 he encontrado al señor Giorgio Bongiovanni, conjuntamente a médicos colegas, en la vivienda del mismo, en Via Asti 23, Porto Sant'Elpidio.
    De un punto de vista psiquiátrico he encontrado al sujeto cordial, afable y comunicativo. Claro y lúcido en las expresiones orales y gestuales, no ha manifestado signo de algún desequilibrio psíquico. Habiendo dialogado por cerca de cuatro horas sobre temas de común interés, desarrollándose, ya sea con nosotros como con los presentes, una atmósfera serena, silenciosa y rica de atención general. Puedo considerar a Giorgio Bongiovanni una persona equilibrada y totalmente capaz de comprensión y de voluntad con un desplegado autocontrol en la confrontación del dolor, proveniente de las zonas sangrantes ubicadas en sus pies y sus manos.
    Desde un punto de vista físico he tomado acto de la existencia de ocho áreas epiteliales hemorrágicas. Tales áreas pueden ser denominadas con la definición común de "estigmas" sea sobre el dorso como sobre las palmas, los dos similarmente ubicados por cada pie. De tales áreas emana, periódicamente y con frecuencia diaria (o más aún) una sangre de color rojo vivo, privado de característico olor.
    Tal hemorragia me es sucesivamente dada referida como en aumento, tanto en cantidad como en frecuencia, dicho fenómeno a mi opinión, escapa a las leyes fisiopatológicas actualmente conocidas por la ciencia médica. (Dr. Stanis Previato. Especialista en neuropsiquiatría. Médico cirujano. Via Corridoni, 26. ROVIGO).

    El 16 de noviembre de 1991, he encontrado a Giorgio Bongiovanni en su habitación junto a otros médicos. Me ha parecido una persona equilibrada, serena y moderada pero no privada de fuerza interior. He podido ver los estigmas goteando sangre perfumada, asistir a su silencioso sufrimiento; me ha parecido sobre todo extraordinario que una criatura humana pierda dos o más veces sangre al día sin ser anemizado. (Dra. María Luisa Viel. Médico cirujano.
    Especialista en anestesia y reanimación. VICENZA).

    Certifico que el señor Giorgio Bongiovanni, por mi encontrado en Porto Sant'Elpidio, conjuntamente con otros médicos especialistas presentaba "lesiones epiteliales excavadas" en la palma y dorso de las manos, dorso y planta de los pies. Tales lesiones tenían forma de llagas excavadas recubiertas de costras con signos de sanguinación recientes. Por las objetivas características, la distribución, la ausencia de signos de infección superficial, no obstante el estado crónico de la evolución. Tales alteraciones no son encuadrables en una forma de patología explicable a la luz del actual conocimiento médico.(Doctor.Federico Finatti.Medico cirujano.Via Garibaldi 117.COPPARO)

    Asunción, 3 de agosto de 1993.
    Certifico que he practicado un examen médico al Sr. Giorgio Bongiovanni, durante su estadía en la ciudad de Asunción, República del Paraguay. Lo he visitado a diario en su habitación del hotel, durante cinco días, tanto en horas de la mañana como de la tarde para tener una observación más adecuada de los fenómenos a describir.
    He presenciado el fenómeno de la hemorragia por las heridas en cuatro oportunidades. En las horas de reposo (sin hemorragias) el paciente se presentaba lúcido, ubicado en tiempo y espacio, colaboraba adecuadamente con el interrogatorio médico. Al examen físico lo que llama la atención es la presencia de lesiones de piel, heridas abiertas, cubiertas por coágulos de sangre en las manos, pies, región frontal y región torácica anterior izquierda.
    En las manos, en los pies y en la región torácica anterior, las heridas carecen de signos de infección y olor característicos.

    Este fenómeno no lo puedo catalogar bajo ninguna nomenclatura médica. Debo arriesgar por lo tanto un dignóstico diciendo que se trata de heridas que sangran periódicamente, sin ser provocadas físicamente por el paciente. He constatado además que se trata de sangre verdadera, como lo avala el resultado del análisis de la sangre obtenida en el momento de la hemorragia, en un tubo de vidrio con anticoagulante (citrato de sodio). Este estudio laboratorial fue realizado por personal bioquímico profesional en laboratorio, y demuestra la presencia de glóbulos rojos, glóbulos blancos, todos ellos normales morfológicamente sin granulaciones tóxicas ni signos de infección bacteriana en la sangre obtenida. También se realizó tipificación, siendo la sangre obtenida, del grupo "O" factor Rh (+) (Dra. Carmen Recalde de Fernández. Médica clínica, especializada en alergia e inmunología. Registro profesional 2612).


    PRIMERA PARTE

    (Renacer)

    N'DJILI



    Faltaban pocos minutos para que el avión aterrizara en el aeropuerto N'Djili, en Kinshasa, capital del Zaire. Y digo con sinceridad, mi emoción era enorme. Casi incontrolable.

    Apoyé mi rostro contra la ventanilla de la aeronave. Afuera llovía copiosamente. A través de las nubes, en el descenso, un gris pero cautivante paisaje de tupida vegetación me deslumbró. La naturaleza africana ante mi vista. A mis pies. Misteriosa. Atractiva. No llegué a observar, desde mi puesto estructura urbana de altos . Predominaban las viviendas precarias, de techos con chapas y paredes descoloridas delatando deterioros de vieja data. La lluvia caía sobre ese escenario implacablemente. Era el 25 de diciembre de 1992, cerca de las siete de la mañana. Muy pronto el pájaro de acero de SABENA carreteó sobre la pista. Cerré los ojos y reflexioné. Estaba feliz pero repentinamente me invadió una extraña sensación de angustia, de soledad. Y esto no estaba en mis planes. Mi reacción tenía que ser contraria. Venía de cumplir un cansador y prolongado itinerario de vuelo y no había mejor acontecimiento que haber arribado a destino. Pero igualmente sentí una opresión en el pecho que me tumbó sobre la silla por un tiempo prudencial.
    A mi alrededor, el pasaje jugaba una verdadera carrera por alcanzar la primera posición en el abandono del transporte. Cada uno buscaba abrirse camino a empujones como atraídos desde el exterior por un poderoso imán. Comentarios, risas, rostros escrutando por las ventanillas.
    Gente ajena a mis pensamientos; ajena por completo a mi emoción de estar allí, precisamente en la entrada de Kinshasa, viviendo los instantes previos a mi reencuentro con mi amigo y hermano espiritual Giorgio Bongiovanni que estaría acompañado de hombres y mujeres a los cuales ansiaba nuevamente abrazar muy fuerte. Fue cuando opté, casi automáticamente, por accionar mi grabador para escuchar la melodía compuesta por mi amigo Giuseppe Vitulli.
    La cinta fue entregándome la composición armoniosa y recobré el ánimo. Toda mi angustia se esfumó al instante y me dispuse a plegarme a la larga fila de viajeros, que ubicados en el pasillo del avión, aguardaban turno para ganar terreno en la terminal N'Djili.
    Mi amigo Renzo Franchelucci, alguna vez me había advertido sobre las tensiones que le tocó vivir en el aeropuerto al que acabábamos de aterrizar durante su primera visita al Zaire. Y en verdad no eran muy alentadoras que digamos. Por eso, la ansiedad por sortear de una buena vez el trámite, se adueñó de mí de manera sorprendente. Llevando mi valija de mano colgada de mi hombro fui desplazándome por el pasillo del aéreo y, cuando menos lo pensé, ya me encontraba descendiendo por la escalerilla de la máquina con dirección a una pequeña camioneta que nos aguardaba bajo la intensa lluvia. Levanté la vista, y el espectáculo, a primera mano, no era diferente al de otras terminales aéreas. Sin embargo, luego supe que la realidad habría de ser muy distinta.
    Confieso que me hallaba algo inquieto respecto a lo que habría de acontecer a mi ingreso a la sala de arribos del aeropuerto y en mí aumentaba el deseo de identificar, si acaso en la terraza del edificio al que me iba aproximando, a algunos de mis amigos que sabían de mi llegada. Estimé que Juan Martíns no fallaría a la cita.
    Hoy reconozco que emocionalmente experimenté un fuerte impacto no bien atravesé el umbral de la principal puerta de acceso a la sala. Allí estaba, con una mano sosteniendo mi pasaporte y con la otra mi valija de dimensiones pequeñas, siendo rodeado por seis o siete hombres -presumí funcionarios de la terminal- que no dejaban de pedir compulsivamente nuestros pasaportes.
    Los viajeros nos sumergíamos así, en una verdadera escena de caos, tensión e incertidumbre.
    En un instante mi documentación me fue arrebatada. En el gentío, soldados de uniforme verde oliva armados a guerra nos observaban celosamente. Avancé hacia las entrañas de la instalación y de pronto, cuando mi desazón llegaba a su punto límite, pude ver entre el gentío del salón principal, por detrás de unas rejas, el rostro de Juan Martíns y luego el de María Milesi. Lanzaron al aire un efusivo saludo. Mis brazos respondieron. Nuestros rostros,
    henchidos de felicidad se enfrentaron en la intimidad, desafiando ese "circo" de burocracia y de prepotencia. Fue nuestro primer contacto en medio del infierno en N'Djili, en la capital del Zaire actual.

    Diez horas antes de mi arribo a N'Djili, recuerdo que estaba sentado en el Aeropuerto de Bruselas aguardando los minutos previos al embarque, con destino a Kinshasa en el vuelo 555 de SABENA, cuando se me acercó una mujer negra, de aspecto provocativo. El rostro, maquillado y bien parecido. En un perfecto francés y respetuosamente, formuló una tímida interrogante:
    - Monsieur, ¿porte vous une valise?
    Me miró fijamente; un dejo de sorpresa me sacudió. Enseguida reaccioné. Y en el mismo tono me manifesté afirmativamente. Y allí sobrevino la verdadera esencia de su comportamiento.
    - Disculpe. Pero su equipaje debe pesar menos de 30 kilos. ¿Tendrá algún inconveniente en embarcar dos valijas mías a nombre suyo?
    Enseguida me explicó que las autoridades de SABENA solamente admitían por persona un embarque máximo de 30 kilos. Era obvio que mi limitado equipaje visible a todos en la sala de la terminal había sido meticulosamente observado. Y lisa y llanamente de todos los viajeros allí presentes, prontos a partir al Zaire, la opción más clara para solucionar su problema era yo .
    No sabía quién era y hasta ahora, su nombre que me lo dijo una sola vez, lo olvidé totalmente. Admití a su requerimiento. Me agradeció muy atentamente y cuando llegó mi turno para despachar mi equipaje, la dama se sumó al trámite simulando ser "mi acompañante".
    Más tarde, en ese caos que era el aeropuerto N'Djili, "mi acompañante" no daba señales de vida y mis temores comenzaron a perturbarme.
    Me hallaba algo desconcertado, saludando a la distancia a Juan Martíns y a María Milesi, cuando un joven negro, alto, portando un pequeño portafolios se me acercó y me tomó del brazo. Por mi cabeza pasaron miles de cosas. ¿Quién era ese joven? Apenas le entendí que venía de parte de mis amigos. Me introdujo en la sala abriéndose paso a empujones. Soldados armados y pasajeros confundidos con maleteros y aduaneros conformaban la escena en ese tinglado infernal.
    Luego de discutir por unos minutos con un funcionario, el joven y yo dejamos la sala y pasamos a otra en la que podía ver la cinta transportadora de equipajes. Y mis ojos allí, buscaron afanosamente a "mi acompañante". Era prioritario ubicarla porque ella poseía adherido a su pasaje el comprobante de mi única valija. Gritos, insultos y órdenes se oían por doquier; y de pronto girando mi cabeza hacia la salida los vi acercándose. Mi emoción fue enorme. Con su tradicional chaleco rojo y llevando una agenda en sus manos la ágil figura de Juan Martíns fue ganando terreno en el salón hasta que finalmente en un solo grito de emoción nos abrazamos muy fuerte.
    - ¡George... George. Hermano. Ya estás con nosotros!
    Juan Martíns, luego del abrazo al verme inquieto, me preguntó cuál era el problema. Con prisa abracé a María Milesi y expliqué que mi pasaporte había sido retenido, que mi equipaje no aparecía en la cinta transportadora, como así tampoco "mi acompañante" de provocativos atuendos.
    Sin pérdida de tiempo, con el joven del portafolios nos instalamos ante la cinta buscando mi valija. Y Juan Martíns se puso en campaña para recuperar mi pasaporte.
    -Estos tíos, quieren tela... lo que buscan es tela. George, esta gente está muerta de hambre y buscan de todas formas sacarte dólares. Ten calma que ya recuperaremos tu pasaporte...
    -Monsieur, Monsieur, je suis ici,- escuché tras de mí. Al voltearme, estaba allí. Sonriente. Mi "acompañante" inclinó su rostro en gesto de atención al tiempo de entregarme el comprobante de mi valija. Todos mis malos pensamientos relativos a esa mujer se dieron de bruces contra el suelo. Debí haberle pedido disculpas pero no lo hice. Sin dejar de apretar mi bolsa de mano contra el cuerpo, tomé mi comprobante y la saludé con un "merci" a secas. Al segundo pensé abrir nuevamente el diálogo pero la mujer desapareció, devorada por el gentío.
    Las valijas, una y otra vez desfilaban por la cinta.
    Hasta que por fin avisté la mía. La tomé. Ahora faltaba recuperar mi pasaporte para definitivamente librarnos de toda esa situación que me estaba ya exasperando.
    -¡Por acá, vengan por acá!, gritó Juan Martíns. Lo seguimos. Otra vez nos zambullimos entre la muchedumbre.
    -George ¿a quién le diste tu pasaporte?- me cuestionó Juan Martíns. Tuve la fortuna de tener siempre en mi mente el rostro del hombre que se hizo de mi documento. No podía estar muy
    lejos . Y efectivamente lo encontré muy próximo a nosotros sosteniendo varios pasaportes.
    Estaba enfurecido. Hacía ademanes e iba de un lado a otro. Decía cosas que yo verdaderamente no comprendía.
    Juan Martíns y el joven del portafolios lo interceptaron. Con María Milesi nos quedamos quietos allí cuidando celosamente mi equipaje. Nuestros amigos se perdieron dentro de una oficina. De pronto Juan Martíns salió corriendo hacia nosotros.
    -George, dame tu pasaje de regreso, lo quieren ver.
    Con el billete retornó hasta la pequeña oficina. ¿Qué habría de suceder ahora? María me relató que la situación en Kinshasa era muy grave y que cuando ella llegó, días antes, tuvo el infortunio de ser detenida cerca de una hora en un calabozo. La acompañaba Luis Saldaña. A ellos también les quitaron el pasaporte y les increparon duramente sobre una máquina fotográfica que Luis llevaba, confundiéndolo con un periodista.
    -Es que no quieren a los periodistas- me apuntó María. La pasamos muy mal. Por eso te vinimos a esperar. Fíjate que Luis tuvo que darles unos 500 dólares para que nos liberaran.
    ¿Qué ocurriría si detectaban mi profesión? ¿Algunos de aquellos desorbitados soldados o funcionarios sabría leer castellano? En mi pasaporte decía claramente que yo era periodista.
    Hablando con María, mis ojos no dejaban de mirar atentos la oficina donde Juan y el joven definían mi futuro. Hasta que por fin los vi salir. Apurados.
    -Lo tengo George, lo tengo, ahora vamos a salir de aquí. Como me lo confirmaron después, unos dólares fueron la llave para la recuperación del pasaporte. Faltaba aún sortear el escollo de la aduana.
    Nos acercamos a un rudimentario mostrador, casi a ras del suelo. Una mujer negra con uniforme militar, revólver al cinto secundada por otros dos soldados nos miró despectivamente. Sin desprenderme de mi valija seguí atentamente los movimientos de Juan.
    Con un gesto la mujer militar me indicó que colocara mi equipaje sobre el mostrador.
    Y casi simultáneamente Juan le entregó unos dineros. Yo creo que ninguno de nosotros sabía exactamente qué estaba aconteciendo a nuestro alrededor. La preocupación mayor era dejar ese lugar lo más pronto posible. Por eso no reparamos que a corta distancia un oficial con casco blanco y metralleta al hombro nos estaba observando atentamente. Más tarde él personalmente se ocuparía de recordárnoslo.
    La militar nos sonrió socarronamente e hizo un ademán a sus dos colegas detrás suyo para que no se revisara mi equipaje. Pensamos que había concluido el trance.
    Los cuatro, haciendo comentarios banales comenzamos a ganar el pasillo buscando la puerta principal. Contentos. Hasta que sobrevino la sorpresa.
    -¡Atenttion!... ¡Atenttion!
    El oficial estaba descolocado; totalmente fuera de sí. Con sus manos tomó del brazo a Juan Martíns dando órdenes a otros soldados para que nos detuvieran. Despotricando señaló con su arma mi equipaje.
    Un minuto después gritó a los cuatro vientos, escandalosamente, que no se había abierto mi valija y que nos dirigiéramos hacia el mostrador.
    Obedecimos. Juan Martíns luchando consigo mismo para no perder la calma caminaba protestando por la situación. No hubo caso. La prepotencia del militar venció. Y nuevamente nos detuvimos frente a esa mesa de donde minutos antes habíamos salido victoriosos. Saqué la llave del pequeño candado. Lo abrí. El oficial murmurando en francés se metió de cabeza en la valija.
    Sus torpes manos dieron vuelta mis ropas y en sus ojos pude apreciar su frustración. Quedó desconcertado. Con rabia hizo un gesto extraño y quienes lo rodeaban se apartaron. Toda la soberbia de apenas unos instantes había quedado hecha trizas.
    No teníamos más nada que hacer allí.
    A paso ligero y abrazándonos salimos triunfantes de la sala de arribos de la terminal N'Djili.
     
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