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    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro: EL MENSAJERO DE LOS EXTRATERRESTRES » BARATH, ATLÁNTIDA, ISLA POSEIDÓN (PRIMERA GENERACIÓN)
    BARATH, ATLÁNTIDA, ISLA POSEIDÓN
    bookFecha: Jueves, 2013-04-04, 6:43 AM | Mensaje # 1
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    http://es.scribd.com/doc....restres




    INDICE

    Prólogo. ..…………………………8
    Primer encuentro. ..…………………………9

    PRIMERA GENERACIÓN
    BARATH, ATLÁNTIDA, ISLA POSEIDÓN


    Barath, el estudiante iniciado. ..…………………………16
    Mut, Lemuria, Atlántida. Desviación del eje magnético. ..…………..27
    Mapa número Uno: el continente Mutolteca. ..…………………………29
    Mapa número Dos: desviación del eje magnético. ..……………………30
    Mapa número Tres: período lemuriano. ..…………………………….30
    Profecía y recuerdo de hace doce mil años. ..…………………………32

    SEGUNDA GENERACIÓN
    HERMES TRISMEGISTO. EGIPTO


    De la era atlantídea a la adámica. Nueva deriva de continentes. …..36
    Hermes Trismegisto, Maestro de una generación. ………………..42
    Egipto, reducto de la cultura atlantídea. ..…………………………51

    TERCERA GENERACIÓN
    JUAN EVANGELISTA. PALESTINA


    Del Tarot al Apocalipsis. ..…………………………58
    Éste es el tiempo señalado en el Apocalipsis. ..…………………………64
    Juan Evangelista se ha reencarnado. Éste es su testimonio. ………75

    CUARTA GENERACIÓN
    GIORDANO BRUNO. ITALIA


    La Luna, Marte, Venus, habitados. USA y URSS lo saben. …………..82
    Los satélites artificiales de Marte, construidos por seres del espacio. .. 82
    Deimos y Phobos, construidos para equilibrar la órbita de Marte. …..84
    Monumentos en la Luna. Los astronautas, seguidos por Ovnis. ……87
    La CIA, los “black men”, comisiones de los gobiernos
    para ocultar la verdad. ..…………………………91
    Desde 1953 la CIA interviene en el problema de los ovnis. …………92
    Los “black men”: sus razones disuasorias. ..…………………………97
    Amonestación de extraterrestres a la NASA. ..…………………………98
    Giordano Bruno, quemado vivo por tener razón. Eugenio
    ha encontrado a la que fue su madre en el siglo XVI. ………………102

    QUINTA GENERACIÓN
    ALEJANDRO CAGLIOSTRO. FRANCIA


    El huevo cósmico del renacer, desvelado. ..…………………………111
    “Yo soy aquel que es”. ..…………………………112
    Toda la luz viene de Oriente; toda la iniciación, de Egipto. ……………113
    Movimientos diferenciados de la energía psíquica. ..……………………114
    Materia, antimateria y platillos volantes. ..…………………………118
    Antimateria o energía disociativa de la materia. ..……………………118
    El peligro de la desintegración. ...………………………… 125
    Energía-luz y energía magnética. Fuerza motriz de los platillos volantes. ..…………126
    Confrontación: Cagliostro, Saint-Germain, Eugenio Siragusa. …….129

    SEXTA GENERACIÓN
    GRIGORRI RASPUTIN. RUSIA


    Protagonistas de una mutación. ..…………………………136
    El hombre: energía conciencia, materia. ..………………………… 136
    Energía-luz, nueva conciencia. ..………………………… 138
    Campos de fuerza: energía, espíritu, hombre. ..………………………… 140
    Los platillos volantes, dualismo energético, desmaterialización. …… 142
    Platillos volantes y dualismo energético. ..………………………… 142
    La transpolarización y los platillos volantes. ..…………………………149
    El electrón y el protón. ..…………………………151
    La desmaterialización del platillo volante. ..…………………………153
    Está germinando una nueva era.
    Rasputín y Eugenio Siragusa, ¿conocían el secreto? ……………….155

    SEPTIMA GENERACIÓN
    EUGENIO SIRAGUSA, ITALIA


    Los seres del espacio se comunican con nosotros. Predisposición. ……163
    El sincronizador magnético. ..………………………… 163
    ¿Qué es el sincronizador magnético?..…………………………164
    El sincronizador y su programa. ..………………………… 166
    El primer mensaje vía “télex-sens” de Eugenio Siragusa. ………. 167
    ¿Qué es un operador de extraterrestres?..………………………… 168
    El “télex-sens”. La comunicación con el exterior. ……………………170
    El encuentro y el contacto con la vida paralela. ..……………………170
    Gráfico de vidas paralelas. ..…………………………171
    Cuarta dimensión. Ciudades subterráneas. El mundo del futuro. …….175
    La ciudad de la luz de oro: El Dorado. ..………………………… 176
    Templo de la Sabiduría Humana en el Etna. ..…………………………178
    El Centro de Estudios Fratellanza Cosmica. ..…………………………179
    La geofisiobiopsicoterapia. ..………………………… 181
    La pirámide biodinámica. ..………………………… 182
    El Sol, la energía psíquica, canales ritmo-magnético solares. …….183
    Radio cuarta dimensión. ..…………………………184
    La tribu de Juan. ..…………………………186
    Eugenio Siragusa, operador de los extraterrestres. ..……………………188
    Los extraterrestres: quiénes son, de dónde vienen, qué pretenden de nosotros. ..…189
    La macrobiótica, la Biblia, la reencarnación, la comunicación con el mundo micróbico y otros secretos desvelados. ..…………………………194

    Epílogo. ..…………………………203


    0. PRIMER ENCUENTRO




    “No te preocupes si alguno te llama loco. El loco está fuera de todo orden, por encima de toda ley. Nada podrán contra él los perros y los hechiceros. Su microcosmos no se resiste y se deja guiar por un sol invisible.”

    (ELEUZEL.)


    “Yo cumplía 33 años. Por motivos de trabajo, como solía hacer diariamente, me había levantado muy temprano. A eso de las seis de la madrugada, en medio de una espesa niebla, en la parada de la Plaza de los Mártires, esperaba la llegada del autobús. Me llegaba el murmullo de las olas del mar próximo. Para distraerme me apoyé en la barandilla del paseo marítimo y me puse a contemplar el encresparse de las olas. De improviso, suspendido en el cielo, velocísimo, divisé un círculo luminoso de un color blanco-mercurio. La luz, a medida que se aproximaba, se hacía más intensa. Al mismo tiempo, en el interior de dicha luz, comencé a distinguir un objeto semejante por su forma a un gran trompo o a un sombrero de sacerdote. El objeto se detuvo en el aire, encima de donde yo estaba. Confieso que me hallaba aterrorizado. Hubiera querido huir, pero no me fue posible. Estaba como petrificado. ¿Qué podía ser aquel objeto? ¿Un fantasma? ¿Un aparato experimental? Una riada de pensamientos pasaban por mi mente, cuando partió de aquel objeto un rayo luminoso en forma de clavo invertido que se dirigió a mí y compenetró todo mi ser. En el acto una indescriptible beatitud me invadió. Todo miedo se desvaneció. Después de un rato, el rayo luminoso se hizo más sutil, como si hubiera sido reabsorbido por el aparato.”

    “Aquel objeto (después supe que había sido un disco volante) describió un amplio círculo en el cielo y desapareció en el horizonte. Al recobrarme, comprendí de modo inmediato y de forma cada vez más intensa y convincente que me había sucedido algo extraordinario: una especie de redimensionamiento de mi personalidad, de todo mi ser.”


    Han pasado veinticinco años desde aquella madrugada en que Eugenio Siragusa, un empleado de arbitrios de Catania, viera un ovni y fuese compenetrado por un rayo luminoso que se retiró del mismo modo que desaparece la imagen al apagar el televisor. Catania y sus habitantes siguen viviendo su vida, del mismo nivel social y cultural que los cuatro millones de habitantes que constituyen las nueve provincias de Sicilia en el seno del Mediterráneo.

    Aquella experiencia fue trascendental para el empleado catanés de arbitrios. Sus paisanos le vieron transformarse paulatinamente y su familia observó cómo se alejaba hacia lugares y conceptos inaccesibles. No ha pasado en vano este cuarto de siglo. La historia continuaba así:

    “El trauma fue tremendo. Me sentí físicamente malísimo. Como si esto no bastase, al darme la vuelta, la geometría de las casas y los objetos que pasaban por delante me provocaban náuseas y me repugnaba su sentido estético. Todo me parecía arcaico. No me sentía con fuerzas para el al trabajo, y me volví a casa. Fue un día de crisis profunda. Al mismo tiempo comencé a oír una voz que hablaba dentro de mí. Aquel día de mi treinta y tres cumpleaños fue para mi vida el día de un completo y verdadero cambio trascendental.”

    “Aquella voz comenzó a instruirme sobre geología y cosmogonía. Me iniciaba en los misterios del Creador. Me hizo aflorar en la mente visiones del pasado, de mis vidas precedentes. Me hizo recordar que doce mil años antes yo era un estudiante de Poseidón, en la Atlántida. Me hizo revivir aquella época maravillosa, en cuya civilización la sabiduría y el amor eran los pilares sobre los que se asentaba la sociedad. Yo, que nunca había tenido predisposición ni práctica alguna en dibujo, comencé a sentir la necesidad de dibujar y diseñar. En aquel tiempo diseñe papiros de más de seis metros de largo. Dibujé la forma y posición de los continentes en la época de Mut, en la lemúrica y en el período atlantídeo. Este redimensionamiento mío fue posible en virtud del contacto telepático que se había establecido entre algunos extraterrestres y yo. Esta percepción extrasensorial se fue afianzando y afinando dentro de mí, pero debieron transcurrir diez largos años antes de poderme encontrar personalmente con mis instructores extraterrestres.”


    En este tiempo, el señor Eugenio Siragusa fundó el Centro Studi Fratellanza Cosmica, que tiene actualmente más de veinte delegaciones esparcidas por todo el mundo. De estas veinte delegaciones, tres operan en España. Aunque el centro nunca a dado cifras, se puede calcular en más de 50.000 los vinculados de un modo más o menos directo al C.S.F.C. El distintivo creado en aquellos mismos días, distintivo que aparece en las comunicaciones, en los boletines, en las puertas de las residencias de los miembros, representa dos manos que se estrecha, sobrestante un disco volante y la inscripción: “Desde el Cielo a la Tierra”, título actual del boletín que utiliza el centro internacionalmente como medio de comunicación entre todos sus miembros.

    Eugenio Siragusa continuó haciendo su trabajo de empleado de arbitrios, cobrando el tributo por las mercancías que entraban en Catania procedentes de otros lugares de la isla. Era su oficio muy parecido a los tributos situados en las entradas de nuestras ciudades los días de feria y que hacían pagar un tanto por el derecho posterior de venta en el mercado a que acudía.

    Aparentemente en Eugenio Siragusa nada había sucedido, pero se estaba operando una trasmutación en lo más profundo del catanés. Sus consecuencias irían apareciendo poco a poco y se harían visibles incluso para sus conciudadanos. El amigo que gustaba de pasar los ratos en la taberna, que seguía el fútbol y hacía chirigota de todo se fue convirtiendo en un hombre misántropo, que hablaba de un modo raro y decía cosas que sus paisanos consideraban estupideces o alucinaciones de loco. Con su modo de ver, de comprender, de enfocar la vida y las cosas, cambió también su comportamiento y vinieron los problemas de familia, los problemas en el trabajo, los problemas con el mundo que le rodeaba y que no le podía comprender de ningún modo. Estábamos todavía en los años cincuenta, y hablar entonces de ovnis y de extraterrestres no era tan habitual como lo es hoy o lo fue en los primeros años del sesenta.

    De todos modos, Eugenio Siragusa era un hombre marcado, y no se apartó ni un ápice de las instrucciones telepáticas que iban redimensionando

    paulatinamente su ser. Este redimensionamiento le llevó a un encuentro que él mismo nos cuenta:

    “Mi enseñanza telepática se hizo cada vez más intensa. Un día sentí repentinamente la necesidad de subir al Etna. Por entonces tenía yo un Fiat

    600 que había conseguido vendiendo una finca de un amigo. Tan pronto como se hizo de noche, partí de Catania en dirección al volcán. Mientras ascendía por la carretera que zigzaguea a partir de los 800 metros hasta una altura de casi 3.000, próxima a la cumbre, tuve la sensación de que no era yo quien conducía, sino que el coche era conducido por una fuerza superior. Recorriendo un camino sinuoso, me aproximé al monte Manfré, que tiene 1.370 metros de altitud. Después de parar el coche al borde de la carretera, continué a pie por un sendero que conducía a la cima del cráter apagado.

    Había llegado a la mitad de la ladera escarpada, cuando vi en lo alto de la colina destacar la silueta de dos individuos, cuyo traje espacial plateado brillaba bajos los rayos de la luna llena. Eran altos y de aire atlético, con cabellos rubios cayendo sobre sus hombros. Llevaban muñequeras y tobilleras brillantes que parecían de oro. Tenían un cinturón luminoso en la cintura y unas placas extrañas en el pecho. Viéndolos, mi sangre se helo en las venas y me sentí inundado de un sudor frío. Hacía diez años que esperaba ardientemente este momento, pero el sitio aislado, la oscuridad nocturna y el encuentro repentino no estimulaban precisamente mi valor.”

    “Uno de los extraterrestres dirigió hacia mí un rayo de luz verde, proyectado por un objeto que tenía en la mano, e instantáneamente me sentí recorrido por una sensación extraña, que me tranquilizó inmediatamente, dándome una serenidad indescriptible. Mi corazón, que al principio parecía querer explotar en mi pecho, volvió a latir regular y pausadamente.”

    “Me quede mirando a ambos como embobado. Con la iluminación de la luna, pude distinguir sus facciones delicadas y su mirada penetrante y

    sobrecogedora. Uno de los dos me dirigió la palabra en italiano:
    “LA PAZ SEA CONTIGO, HIJO. TE ESTÁBAMOS ESPERANDO. GRABA EN TU MENTE CUANTO TE DIGAMOS”. La voz no tenía timbre humano: parecía metálica y como si saliese de un registrador. Me dieron el mensaje, y yo intenté retenerlo en la memoria para escribirlo en cuanto llegase a casa… Elevaron sus manos como en gesto de bendición, me dijeron: “LA PAZ CONTIGO”, y se fueron hacia el disco, que se encontraba al lado de uno de los cráteres. Yo estaba tan estupefacto que no pude articular palabra. Algunos instantes después me repuse del estado de inmovilidad en que había caído. El mensaje contenía una invitación a la paz mundial y al desarme nuclear.”

    Bien, debemos añadir que Eugenio Siragusa envió por telegrama dicho mensaje a todos los jefes de Estado y científicos que investigan la energía nuclear. El texto del mensaje, en sus párrafos fundamentales, decía lo siguiente:

    “… CON DESAGRADO DEBEMOS ADVERTIROS NECESARIAMENTE SOBRE EL PELIGRO DE VUESTROS EXPERIMENTOS NUCLEARES. NOS DUELE AFIRMAR QUE NADA SE PODRÁ HACER PARA EVITAR QUE VUESTRO MUNDO SUFRA UN DURO GOLPE DE NATURALEZA DESASTROSA Y MORTAL. SI QUERÉIS QUE VUESTRO PLANETA NO SE CONVIERTA EN EL CUERPO DOLIENTE DE UN LEJANO TIEMPO, DEBÉIS ABANDONAR DE UN MODO DEFINITIVO Y PARA SIEMPRE VUESTROS DELETÉREOS EXPERIMENTOS NUCLEARES. HEMOS SIDO ENCARGADOS PARA VIGILAR VUESTRO DESTINO, PORQUE TENEMOS CONFIANZA EN VUESTRO PORVENIR. ESTAD COMPLETAMENTE SEGUROS DE QUE SI TENÉIS LA FUERZA Y EL CORAJE PARA REALIZAR UNA SÓLIDA UNIÓN ENTRE TODOS LOS HABITANTES DE LA TIERRA Y LLEVÁIS A CABO LA COMPLETA DESTRUCCIÓN DE LOS ARMAMENTOS NUCLEARES, QUE AHORA MÁS QUE NUNCA OS HACEN ORGULLOSAMENTE DAÑINOS Y MORBOSAMENTE AGRESIVOS, TODO SERÁ POSIBLE.

    … ESTE MENSAJE, QUE HEMOS DICTADO CON TANTO AMOR Y NO MENOS PREOCUPACIÓN, ES UNO DE LOS MÁS SENTIDOS QUE HEMOS TRANSMITIDO, DADA LA GRAVEDAD DE LOS ACTOS QUE OS PROPONÉIS COMETER. HEMOS HECHO MUCHO Y CONTINUAREMOS HACIÉNDOLO PARA EVITAR LO PEOR. VOSOTROS, GOBERNANTES Y HOMBRES DE CIENCIA, HABÉIS ELEGIDO EL CAMINO MÁS NEGATIVO. SED CUERDOS Y RESPONSABLES SI QUERÉIS SOBREVIVIR. HACED QUE NO SEA INÚTIL LA CONDONACIÓN CELESTE QUE OS CONSIGUIÓ JESÚS POR GRACIAS DEL PADRE CREADOR…”

    De todos los jefes de Estado y científicos a quienes fue dirigido el mensaje, solamente uno se dignó responder. Fue el presidente francés, general De Gaulle. He aquí el texto:

    “Señor:

    Su carta del 30 de Abril de 1962 ha llegado al Primer Ministro, General De Gaulle, y me ha encargado acusar recibo.

    Os la agradezco en su nombre y recibid mis más distinguidos saludos: Por el Primer Ministro De Gaulle, el Jefe de Gabinete.”


    (Sigue firma ilegible.)


    Esto sucedía en la primavera del año 1962. Algo importante se había comenzado a gestar en Catania. Los periódicos, las revistas semanales, la radio y la televisión tuvieron que acercarse a las estribaciones del Etna para entrevistar al modesto empleado de arbitrios, que tenía línea directa con los extraterrestres.

    A comienzos del otoño de ese mismo año, como se recordará, sobrevino la crisis de Cuba. El hecho tuvo un alcance político internacional, no sólo por cuanto se refiere a la futura política de armamentos nucleares, sino sobre el plano del equilibrio de los grandes bloques militares.

    Coincidiendo con dicha crisis, Eugenio Siragusa volvió a hacer acto de presencia. En esta ocasión para hacer llegar un mensaje recibido en relación con Cuba a los periódicos y medios de difusión italianos.

    Cuando a primeros de Octubre de 1962 el señor Siragusa difundió este mensaje, el mundo entero estaba aterrorizado ante la posibilidad de una tercera guerra mundial, y nadie podía pronosticar cómo se resolvería el problema entre americanos y rusos. Por su valor documental, los periódicos italianos publicaron el mensaje del catanés sin tomar partido a favor o en contra. Transcribimos a continuación el artículo aparecido en La Sicilia en los primeros días de Octubre:

    “LA CRISIS CUBANA. NO PROVOCARÁ UNA GUERRA ATÓMICA ENTRE LAS NACIONES.”

    “Lo da por cierto el señor Siragusa, corresponsal terrestre de los Hermanos Cósmicos que controlan, en su interés, con la aviación magnética, los puntos estratégicos de nuestro planeta.

    “Los que temen que haya una guerra atómica pueden estar tranquilos, porque según el mensaje enviado por sondeo mental desde la Conciencia Cósmica y recibido ayer noche, Jueves, por el señor Eugenio Siragusa, la aviación magnética extraterrestre está preparada para entrar en acción y oponerse a un conflicto atómico. Nuestro conciudadano Eugenio Siragusa es uno de los pocos habitantes de nuestro planeta, elegido por los Hermanos Cósmicos como representante en la Tierra, con el trabajo o misión de difundir periódicamente los mensajes que han sido enviados desde el espacio a los hombres. Tales mensajes son recibidos por el Señor Siragusa por sondeo mental o por escritura automática.

    “El último mensaje recibido es de total actualidad. Dice así:

    “NUESTRA AVIACIÓN MAGNÉTICA ESTÁ PERMANENTEMENTE SOBRE LOS OBJETIVOS Y CONTROLA TODOS LOS PUNTOS ESTRATÉGICOS DE VUESTRO GLOBO, PRONTA PARA INTERCEPTAR CUALQUIER MEDIO QUE TRANSPORTE UNA BOMBA ATÓMICA CONTRA CUALQUIER OBJETIVO. NUESTRA ACCIÓN TENDRÁ UN ÉXITO ABSOLUTO PORQUE NUESTROS PROGRESOS CIENTÍFICOS SUPERAN A LOS VUESTROS EN VARIOS MILENIOS. NOSOTROS CONOCEMOS, POR HABERLOS VISTO, LOS APOCALÍPTICOS EFECTOS QUE TAL CONFLICTO PROVOCARÍA EN LA YA PRECARIA ESTABILIDAD DE VUESTRO PLANETA, E INCLUSO EN EL SISTEMA SOLAR ENTERO. POR ESTA RAZÓN, DESDE HACE MUCHO TIEMPO VIGILAMOS CON MUCHO CUIDADO EL DESARROLLO POLÍTICO, MILITAR Y, SOBRE TODO, CIENTÍFICO DE VOSOTROS, TERRESTRES. NUESTROS CONTROLES SE DIRIGEN A LOS ESTABLECIMIENTOS ATÓMICOS DE LOS ESTADOS UNIDOS Y DE LA UNIÓN SOVIÉTICA Y ESPECIALMENTE A SU DESARROLLO EN EL CAMPO DE LOS MISILES. NO POCAS VECES INTERVENIMOS ENTORPECIENDO CON NUESTROS APARATOS, PORQUE ESTAMOS CONVENCIDOS DE QUE VUESTRA PREPARACIÓN INTELECTUAL NO HA LLEGADO AL EXTREMO DE SABER CONTROLAR CON CONCIENCIA LA INMENSA FUERZA QUE TALES ADELANTOS LE DAN AL HOMBRE. ESTA CONVICCIÓN ESTÁ CORROBORADA POR EL RECIENTE CONFLICTO CREADO EN CUBA, SITUACIÓN QUE CONTROLAMOS YA, POR LO CUAL QUEDA EXCLUIDO UN CONFLICTO BÉLICO QUE, ADEMÁS DE DESTRUIROS, PROVOCARÍA DESARREGLOS EN LA PAZ DEL ESPACIO.”

    “Éste es el mensaje recibido por el señor Siragusa. En cuanto a lo que nos parece [escribía el editorialista] diremos que nos limitamos a contar lo que el señor Siragusa ha dicho.”

    Algún tiempo después de publicado este mensaje, la crisis de Cuba se resolvió positivamente y las bases de misiles rusos en Cuba fueron desmanteladas. Un año después, el 5 de Agosto de 1963, Kennedy y Kruschev firmaban el tratado de “No proliferación de armas nucleares”. ¿Qué razones y quiénes habían influido en el ánimo de los dos jefes de gobierno y sus potencias para cambiar de actitud tan radicalmente en un tiempo inferior a doce meses?

    El mensaje de Eugenio Siragusa, ¿había sido una casualidad? ¿Se había cumplido porque sí? A partir de ese momento, sus conciudadanos, la prensa, algunos diletantes sobre el tema “Ovnis” y los oportunistas definieron a Eugenio Siragusa como un charlatán, un apóstol, un mesías, un profeta, un sucesor de Adamsky, un embajador de los extraterrestres…

    Eugenio Siragusa continuó su camino, inquebrantable, ignorando la cháchara que se provocaba a su alrededor, pero sin escurrir el bulto cuando su acción se lo pidió en cualquier lugar, ante cualquier persona por alta o importante que fuese. Su presencia física ante cualquier tipo de público actuaba como un detonador que provocaba las preguntas más graves, más cínicas y más difíciles sobre ciencia cósmica, étnica, teología, ufología, geofísica, biología. Eugenio Siragusa siempre tuvo una respuesta. Muchas de esas respuestas irán apareciendo precisamente a lo largo de este libro.

    El encuentro del señor Siragusa con los extraterrestres el 30 de Abril de 1962, en las laderas del cráter apagado del monte Manfré, señalaba el final de su primera etapa como programado por lo seres del espacio. Esta etapa había durado diez años. Eugenio Siragusa era muy consciente de los dos acontecimientos que señalarían su camino futuro y su acción dentro de su país y del planeta. Por eso he encontrado escrita de su puño y letra, en uno de sus documentos la siguiente nota: “Eugenio Siragusa, nacido el año 1919, muerto el año 1952”.

    ¿Murió realmente Eugenio Siragusa al cumplir los treinta y tres años? La muerte como hecho físico siempre ha rebasado a muchos, pero encierra la llave del gran secreto. Aquella madrugada del año 1952. Justo cuando el señor Siragusa cumplía sus treinta y tres años, algo se estaba transmutando en su ser, algo estaba naciendo. La historia que sigue es precisamente la historia de este renacimiento. Para muchos será una historia alucinante, que podrán creer o no, pero es la historia que yo he oído, visto y leído en las páginas de los veinticinco años que desde entonces hasta ahora ha vivido Eugenio Siragusa. El nunca pensó encontrarse con los seres del espacio, más se encontró, y este hecho le ha convertido en el “operador más importante de los extraterrestres en el siglo XX”.
     
    bookFecha: Miércoles, 2013-11-06, 2:19 AM | Mensaje # 2
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    PRIMERA GENERACIÓN
    BARATH. ATLÁNTIDA, ISLA POSEIDÓN

    (12.000 años antes de Cristo)


    “Siete veces todo hombre vendrá sobre la Tierra, y ninguno recordará haber nacido antes de ahora. Siete son las generaciones que durará; después deberá acabar sobre esta Tierra. Siete son las Escrituras del Cielo, y toda generación no tiene más que una por voluntad de Dios. La séptima será la última prueba: después vendrá el juicio de Dios.”

    (BARATH.)




    1. BARATH, EL ESTUDIANTE INICIADO


    “El hombre fue nacido libre, con el signo infinito sobre su destino, a pesar de los límites aparentes del nacimiento y la muerte. A su alcance estaban la Tierra, el Cielo, la vida. Con el oro y la espada podía hacer justicia o erigirse en defensor del manantial que brotaba del árbol. La mayor parte desconocieron los siete materiales y se quedaron en el primer peldaño de su camino. Sólo algunos los utilizaron para trasmutar la materia, y en ella fueron trasmutados. La mayoría llamó a estos seres privilegiados “magos”, “dioses”, “profetas”. Pero en verdad todo hombre nace para ser dueño del mundo y la naturaleza.”

    (ELEUZEL.)


    Este capítulo, que transcribo a continuación, es una historia verdaderamente alucinante. La encontré entre las visiones que Eugenio Siragusa tuvo después de haber sido compenetrado por el rayo emitido desde una nave cósmica la madrugada en que cumplía treinta y tres años.

    Esta historia es una visión similar a las visiones que Juan, el apóstol, tuvo en la isla de Patmos y que darían lugar al Apocalipsis. Es importante tomar nota de las coincidencias que en esta y otras historias el lector irá encontrando para atar los cabos de las vidas paralelas que integran este libro.

    Esta historia, en fin, es una historia de iniciación, y tuvo lugar en el fin de una generación y en el comienzo de otra. En ella se avanzan hechos y acontecimientos que encuentran su prolongación y confirmación en esta época.

    Hasta el momento de redactar este libro, permaneció secreta. Hoy ve por primera vez la luz dentro de su contexto adecuado. En la visión, Eugenio Siragusa es el estudiante iniciado por el Gran Sabio, que le adelanta los acontecimientos del futuro, un futuro en el que volverá a ser protagonista.

    Yo era consciente y comprendía bien todas las cosas que os cuento. Un día llegó un anciano, viejo y barbudo, que, reuniendo por donde pasaba a las turbas en torno suyo, les decía:

    “Así es, así fue, así será hasta la séptima generación, y ésta en la quinta generación.”

    Así hablaba él mientras yo le escuchaba con los ojos bien abiertos y la mente despierta. Luego añadió:

    “Pasará el tiempo y pasará desgraciado hasta que el Hombre Eterno venga del cielo, como ya sucedió antes de que los padres de vuestros padres naciesen, para juzgar las culpas cometidas por ellos. Lo que entonces sucedió, todavía sucederá dos veces sobre esta Tierra. La última será la séptima vez.”

    Mientras él hablaba así, mi ánimo ardía en la verdad y me producía una profunda admiración. Continuó hablando todavía a la muchedumbre:

    “Siete veces todo hombre vendrá sobre la Tierra. Ninguno recordará haber nacido antes de ahora, y esto por siete veces. Siete son las generaciones que durará; después deberá acabar sobre esta Tierra, y vosotros sois la quinta generación. Siete son las Escrituras del Cielo, y toda generación no tiene más que una por voluntad de Dios. Esta vuestra es la quinta, y después deberá acabar. La séptima será la última prueba: después vendrá el juicio final.”

    Así hablaba a las gentes que habían perdido la paz del alma, y continuó:

    “Vosotros sois la quinta generación, y la semilla de la sexta nacerá de vuestro final. Así está escrito en el gran libro del cielo. Y entonces sucederá que el Hombre Eterno, Dios, vendrá sobre la Tierra como Sol esplendoroso del cielo para mostrarnos su gloria y poder de su reino, que es reino del Espíritu Eterno. Muchos de vosotros se convertirán en fuerzas del mal. Sentirán terror, pero no se modificarán, no se apartarán de sus propósitos. Ni siquiera se arrepentirán los nacidos, porque el maléfico arte de los padres permanecerá fuera de la furia de las aguas, inmune al desastre. Y procederán por la vía recta, levantando tabernáculos y templos a la gloria y al poder de Dios.

    Yo escuchaba con corazón abierto lo que decía a las turbas, por momentos más inquietas y amenazadoras.

    Sucedió que no fue creído, porque era un hombre semejante a los otros.

    La gente fue incapaz de sentir en su corazón la fuerza de la piedad. Y sentenciaron en secreto lo que debían hacer, porque había predicho tan fatales destinos a causa de sus pecados, predicando por voluntad de Dios sin temor alguno.

    Las turbas, animadas de malvados propósitos y aconsejadas, lo apresaron en el lugar donde estaba y lo llevaron a otra parte de viva fuerza. Mi corazón ardía de amor por él. Yo era demasiado joven y amaba las sabias palabras que había dicho con tanto sentido.

    Lo llevaron a un campo donde las flores estaban abiertas al cálido y esplendoroso Sol y comenzaron a practicar con él lo que habían meditado y sentenciado en secreto. No dio signos de impaciencia. Se sumió en la sabiduría de su alma y de su corazón, y no hizo ningún signo de rebelión, ni sus ojos – semejantes a las estrellas – se dilataron de miedo. Sin embargo, quiso añadir todavía algunas palabras a cuanto había dicho anteriormente:

    “Vendrá el tiempo en que yo me sentaré entre los siete jueces del cielo por voluntad de Dios y os leeré una por una vuestras culpas. Y tal será el juicio, que vuestra raíz permanecerá en la Tierra, y quien hubiera pensado hacer mal en mi cuerpo, lo verá practicado en su raíz ante la faz del mundo hasta que Dios quiera, con igual fuerza y medida. Arrepentíos, porque todavía es tiempo.”

    Pero las turbas, enfurecidas y desaconsejadas, no quisieron frenar el malvado instinto del mal. Y lo que vi, después de terminar de hablar, fue tan cruel, que mis ojos quedaron como piedras en el mar. Vi a los hombres hurgar en el cerebro del sabio, buscando a quien había hablado en su nombre. Y buscaron sin encontrar a quien habían pensado que fuese. Y el Hombre Sabio,

    sin aquello que todo hombre debe tener por fuerza, permanecía como estaba al principio, más vivo que los que se hallaban en torno suyo cometiendo el delito. Los que habían actuado primero se volvieron irreconocibles, porque no hablaban como era común hablar, sino como hablaban los alucinados y privados de conciencia. Sus ojos giraban a un lado y otro, veloces como el viento. Y el Hombre Sabio, permaneciendo como estaba, volvió a hablar:

    “Habéis visto lo que no es dado ver a los mortales en vida. En el futuro del tiempo, tal cosa obrará Dios en vosotros y en aquellos que germinaron de vuestra raíz. Pero no sabréis más ni conoceréis, porque Dios querrá que así sea.”

    Después de haber dicho esto, tal como estaba, se encaminó como un hombre que tiene todos los atributos que la madre da a la propia criatura. Pero no estaba así, porque le faltaba el cerebro. A la vista de esto, tuvo lugar una gran turbación entre todos aquellos que observaban tan extraña bravura en el Hombre Sabio. También yo, como ellos, me turbé. Pero lo estaba ya antes, porque en mi alma sentía arder sus palabras de verdad.

    Y sucedió que le seguí yo solo. Otros, todavía aterrorizados, se pusieron en otra parte, siguiendo el camino inverso. Cuando él me vio no se paró, sino que con amorosa firmeza dijo:

    “Ven, pequeño mío, porque en ti vive lo que vive en mí.”

    A estas palabras suyas, mis ojos, mi corazón, mi alma, sintieron un gran calor, y todo mi cuerpo ardía como un fuego. Él entonces, más próximo a mí, añadió:

    “No te indignes por lo que has visto, porque lo que sientes en tu alma ya lo ha sentido Dios mucho tiempo antes, y Él dará el mismo dolor.”

    Todavía temblando de piedad, pregunté: “¿Quién eres tú, que siembras tanto dolor y tristeza en mi alma?” Y él respondió:

    “Yo he venido a la Tierra como enlace de Dios, por voluntad suya. Yo no tengo nombre y no soy como tú. También tú, pequeño mío, posees aquel que yo poseo por voluntad del Espíritu Santo. Aquel que tú sientes en tu frágil, pero gran conciencia, es el que reina eternamente en el cielo, donde tus ojos no podrán ver.”

    Y él, como un padre que amaestra a su hijo, continuó:

    “Allí es un lugar donde la noche es día y el día resplandece. En un tiempo no lejano tú irás allí y verás aquel que tus ojos ven. Aquel día los ángeles cantarán a coro, y tú vendrás por el camino que te conduce a mí, donde permaneceré por los siglos de los siglos, hasta el juicio final. Tú, pequeño mío, un día dejarás aquí, sobre la Tierra, tu cuerpo y vivirás de modo diferente, donde ni el cuerpo ni el aire te serán útiles. Sólo cuando hayas visto lo que el futuro reserva para la séptima generación, sólo después, por concesión de los Siete Espíritus de Dios y por su consenso, vivirá nuevamente el mundo con una faz diferente de cómo tú lo ves.”

    Después de haber dicho esto, añadió:

    “Ahora yo te dejaré, y pasará mucho tiempo antes de que tú puedas sentir el calor de tal verdad en tu alma. Pero te digo aún: en aquel tiempo, cuando hayas retornado entre los hombres de la séptima generación y cuando hayas cumplido los treinta y tres años, yo estaré en tu alma y en tus pensamientos y te daré pruebas de que ha llegado aquel tiempo, porque querré hablarte de tantas cosas. Es también oportuno que sepas lo que deberá suceder en breve tiempo, a fin de que reconozcas el camino justo y puedas aconsejarlo. Sucederá que el sol se volverá más grande y mucho más resplandeciente de como ahora lo ves. Pero que esto no te turbe el alma, porque ninguna cosa arderá con fuego ardiente. Cuando observes esto, tú muévete en dirección Oriente. Paso a paso tu alma será dirigida por los largos senderos verdes que en el tiempo deberás recorrer. El camino será largo y fatigoso, pero no se turbarán ni tu cuerpo ni tu alma, porque serás guiado y aconsejado. Sucederá que al final del camino encontrarás a aquellos que sobre la frente llevan el sol. Allí te afianzarás. Allí pasarás el restante tiempo de tu vida. Acabarás tus días sin padecer dolor en el cuerpo, ni será descubierto, ni mano humana lo tocará hasta el fin. Y cuando tú dejes tu cuerpo de hombre y vengas al reino de los cielos, desde este reino te haré ver lo que sucederá sobre la Tierra por culpa de la quinta generación.”

    Después de haber terminado su discurso, yo me sentí envuelto en un profundo sueño. Y apoyando mi cabeza sobre sus rodillas, me adormecí silenciosamente.

    A la mañana siguiente, tan pronto como se abrieron mis ojos, vi en el lugar que ocupaban las rodillas del sabio una abundancia de flores perfumadas llenas de vida todavía. No estaba, ni mis ojos lo vieron en los alrededores. Busqué con afán y con esperanza, y por mucho tiempo peregriné para encontrarlo; mas mis esfuerzos fueron vanos. No estaba, como yo, sobre la Tierra. Dentro de mi alma, me habló diciendo:

    “No te fatigues más con tanto amor, porque inútilmente buscas a aquel que deseas ver como era. Ya no soy como tú, porque el Padre me ha llamado hacia sí. Estoy dentro de ti para que tu alma hable y diga aquello que yo quiero decir.”

    Y aquel que yo sentía dentro de mí me alegraba el corazón, y mis ojos emitían una luz de beatitud como nunca anteriormente. En verdad, ya no estaba. Pero yo deseaba con vehemencia que estuviese tal y como le habían visto mis ojos.

    Pasó el tiempo, y dentro de mí albergaba la voz del Sabio y me seguía a cualquier lugar que yo fuese. Mis años habían llegado al número veinticinco, y el sol estaba en el signo de la Sabiduría, que es el signo del espíritu, y también el signo de la quinta generación, en la cual vi crecer los años de mi vida como crecen las plantas en el prado.

    En aquel tiempo sucedió lo que estaba grabado en mi corazón. Vi aproximarse el cielo a la Tierra como una amenaza mortal. La turba, el rey y los sacerdotes tuvieron un terror infinito, y todos gritaron como seres sin sentido. Andaban como el viento, impelido en busca de refugio en el vientre de los montes, y gritaban con tanto estruendo, que me parecía que las aguas de los mares comenzaban a correr sobre la Tierra.

    Mis ojos no se apartaron del espléndido sol, hecho diez veces más grande de lo que debía ser, ni sentí sacudirse mi alma ni me moví del lugar donde permanecía inmóvil, ávido de tanto esplendor. Y sucedió que mientras mis ojos se fijaban en tanta maravilla, el Verbo se hacía palabra dentro de mí y dijo:

    “Es el momento de que emprendas el camino hacia Oriente, porque lo que debía suceder sucederá pronto por obra y voluntad de Dios.”

    No convertí lo dicho en meditación, porque sabía que Él había hablado dentro de mí. Mientras me movía en dirección Oriente, vi que el sol giraba como se mueve una rueda de carro sobre la tierra seca, y sin poner en acto amenaza alguna, volvió a su posición primera, diez veces más pequeño.

    El rey, los sacerdotes y las turbas, todavía aterrorizados, no salían del vientre de los montes, porque en su mente permanecía el temor de que el sol volviese a girar y se hiciese más grande y amenazador que la primera vez.

    En mi pensamiento apuntó, como el alba, el diseño del camino que debía iniciar. En mi interior sabía ya que debía emprenderlo. Y así sucedió que mi cuerpo comenzó a sentir la fatiga y el tiempo me pareció todavía más difícil. Después de muchos días de camino, llegué a un bosque. Allí puse mi cuerpo en reposo y mis ojos los entregué al sueño. Vi al Hombre Sabio curar las llagas que se habían formado en mi cuerpo. Ponía sobre mis agrietados labios aceite oloroso, diciéndome:

    “Dilecto hijo, esto es amor del espíritu; álzate, porque la hora está próxima, y de tan gran bosque no quedará nada sino cenizas y ninguna cosa volverá a tener vida.”

    Así lo hice con más fuerzas que al principio. Comencé a andar, abriendo sendero a mi paso.

    Transcurrió todavía mucho tiempo antes de que yo distinguiese un hombre, antes de que muchos otros viniesen a mi encuentro como si yo tuviese la corona del reino. Y me acometió un gran susto hasta que la palabra dijo:

    “Mira a su frente y tranquilízate, porque ellos son los que Dios librará de la dura suerte. Ellos son la semilla de la sexta generación. Te amarán, porque tú reforzarás en su corazón la verdad del Espíritu, que es el reino de Dios.”

    Cuando tuve próximas a aquellas personas, miré en su frente y vi el signo del sol, como era cuando lo vi diez veces mayor. Antes de que les dijese lo que estaba brotando en mi alma, me dijeron:

    “Sabemos lo que llevas en el templo de la Sabiduría y también cuánta fuerza tienes en tu alma por voluntad de Dios. Ven, quédate con nosotros y regocija con más sabiduría espiritual nuestras conciencias.”

    Y yo, que esperaba sus palabras, pensando todavía y escuchando lo que me comunicaban, les dije a mí vez:

    “Llevadme al templo elevado, a la gloria del Espíritu, donde conserva vuestras almas sabias y prudentes, porque es verdad que allí iré a albergarme hasta el día que Dios quiera.”

    Así sucedió que yo entré en el templo y adoré la gloria del Espíritu Santo y enseñé el benigno valor de su sabiduría al pueblo de aquel lugar.

    Pasó el tiempo. Sucedió que mis años reunieron el número de cuarenta y nueve y en aquel templo me habló el Verbo diciendo:

    “Hijo, prepárate a dejar el cuerpo, porque, como sabes, la hora de tu traspaso ha llegado. Como ya te dije un día, vendrás al reino del cielo para ver aquello que sucederá en la Tierra por culpa de la quinta generación de los hombres. Prepárate, hijo, porque durante el sueño dejarás la vida terrena y tu cuerpo será bien conservado en un tiempo como Dios ha dispuesto que sea.”

    Yo, contento por aquello que había escuchado, tuve tal alegría que el sueño me tomó con dulzura infinita. En verdad no dormí, porque me vi en un lugar que gente humana jamás había visto ni construido. Era tan bello, que creía estar durmiendo y soñando; pero no era así.

    Había tanta belleza allí, que mi espíritu se regocijaba como no puedo explicar. Otros como yo demostraban tanta alegría, que se aproximaban a mí sin que yo viese su caminar, y decía a coro: “Gloria al Espíritu en la vida eterna”, “Gloria, gloria, gloria”. Y yo me unía a ellos con la palabra del silencio.

    Mientras sentía tal dulzura, absorbido con la luz del Espíritu, sucedió que se abrió en el espacio una gran pared de oro vivo, adornada de flores de mil colores, y brotaron rayos de siete colores delante de hombres con largos cabellos como luciente plata, que anunciaban con voz penetrante y fuerza de musical armonía a los Siete Espíritus de Dios. Estos anunciadores eran de tal belleza, que los ojos de mi espíritu no osaban levantarse.

    Inmediatamente después sucedió que rayos como de oro (tal era el color) formaron un grandísimo templo, tan grande como para poder contener a todas las generaciones de la Tierra. En el centro del mismo estaban sentados los Siete Sabios, de blanco reluciente. Yo vi sus cabellos como nieve al sol, suaves cual ligerísimas plumas, largos y reposados sobre su hermosa espalda. Sobre su frente brillaba una reluciente estrella semejante a la que había visto en la Tierra. Sus palabras musicales alcanzaban a todos sin necesidad de gritar. Me sentí turbado con tal visión, y era verdad porque su voz llegaba a mí, que era el último venido de tan lejos. Sucedió que uno de ellos se levantó, y haciendo un gesto como de querer llamar a alguien, dijo:

    “Venga aquel que del Oriente llega al cielo por voluntad de Dios.”

    Alcé la frente. Con gran alegría mis ojos, que no tenían miedo, se posaron en la cara de Aquel que como hombre había venido a la Tierra a dictar una ley divina y a proveer de sabiduría celeste. La alegría que sintió mi espíritu no puedo definirla. Pero yo digo esto, y ésta es la verdad: aquél era el Hombre Sabio que todavía recuerdo. Mas no podía tratar de demostrar mi alegría y decir: “Mi corazón ha estado siempre contigo sobre la Tierra, del mismo modo que mi espíritu está contigo en el reino de los cielos”. Él, como padre que habla a su hijo, respondió:

    “La gracia del Padre Eterno está en ti, hijo, como lo estaba cuando sentiste piedad, por lo cual te dije que vendrías al reino de los cielos para ver las cosas que sucederían en la Tierra.”

    Todavía añadió:

    “Yo conozco tu fe en el espíritu y todo el cielo está al tanto de tu obra sobre la Tierra en la hora de la sabiduría, por lo cual Dios, el rey del cielo y de la Tierra, ha querido acoger con complacencia nuestro relato sobre tu cuenta. Y propone todavía – lo que aquí sucede y deberá suceder en el tiempo – que tú, hijo, volverás a ser dueño de tu cuerpo y vivirás como hombre sobre la Tierra en la séptima generación.”

    Yo, como hijo obediente y sabio que sigue en la enseñanza y en la voluntad al propio padre, estaba atento y escuchaba con consentimiento su decir y proponer, por lo cual permanecía firme en sus designios.

    Sucedió todavía que se levantó del lugar donde estaba, y con otro de los siete, sin mover pie, vinieron a mi encuentro, y tomándome cada uno de una mano, me llevaron del lugar donde me encontraba para subir a un gran monte.

    Allí, con gran maravilla mía, aprendí de su demostración el significado de los corderos que yo vi esparcidos por todos los lugares, todos muertos, algunos como ahogados y otros como quemados. Era espantoso ver con mis ojos, que no eran cual los de los hombres. Y los dos, que querían demostrarme lo que había visto sobre el monte, me dijeron:

    “Hijo, desde este monte verás cosas que después, por voluntad de Dios, sucederán en la quinta generación, en la sexta y en la séptima. En esta última, que es la séptima, tu carne renacerá sobre la Tierra, y hasta que no hayas cumplido los treinta y tres años no recordarás nada. Pero cuando hayas cumplido los treinta y tres años, nosotros vendremos a albergarnos en tu alma y abriremos tu secreto y desligaremos aquello que antes estaba sellado. Y recordarás aquello que era antes, y en tu mente se verificará el retorno de las cosas vividas en la era de la Sabiduría y de aquello que has visto desde este lugar. Te será fácil recordarlo y harás lo siguiente: escribirás aquello que sientas sin que tu mente se fatigue y sin cansancio alguno en tu cuerpo. Y además sucederá que un número tendrá siempre a tu conciencia despierta y fuerte, y este número será el siete.”

    Todavía prosiguieron:

    “Tu corazón no tendrá paz hasta que hayas cumplido la obra que está en el designio de Dios para la séptima generación. Además, debes saber bien que muchos te serán hostiles y muchos sonreirán ante tu obra, pero esto no debe entristecer tu alma, porque es verdad que quien se ría de ti se arrepentirá de haberlo hecho. Existirán almas sinceras que creerán en ti, y éstas se salvarán en el cuerpo y en el alma y se purificarán y purgarán sus pecados cometidos. Después, ni padre, ni madre, ni esposa, ni hijo, ni amigo, te creerán. De este modo intentarán fatigarte, a fin de que el velo del oscurecimiento ascienda sobre tu voluntad. Pero nosotros vigilaremos sobre ti, y sobre tu alma se posarán los siete dones del Espíritu Santo. Y serás sabio, inteligente, aconsejado, fuerte en la ciencia y en la piedad, y tendrás temor de Dios, de modo que tendrás fuerza para combatir y vencer la obra de los malvados y de los desaconsejados y de hablar con dulzura y bondad y de conocer cosas que los otros no pueden y de rechazar la falsedad de las acusaciones vueltas contra ti. Ahora que tú sabes que estas cosas deberán suceder en la quinta generación, en la sexta y en la séptima, que es la última prueba de la humana gente sobre la Tierra, nosotros callamos a fin de que tu espíritu observe.”

    Yo, en la altura, después que ellos hubieron callado, sentí un gran rumor que hizo temblar de miedo mi alma y vi lo que aquí os cuento:

    “Una gran oscuridad se hizo en torno a nosotros y sobre nosotros y debajo de nosotros. Vi a los hombres de la Tierra y mujeres y niños temblar de miedo, porque la Tierra temblaba como una hoja movida por el viento y el mar comenzaba a bullir como el agua en una olla. El grito de terror subía al cielo. Toda criatura convertida en una fiera huía y buscaba abrigo y no encontraba fuerza ni equilibrio, yaciendo inexorablemente expuesta al fin. Todos buscaban refugio en los montes, pero no podrían tener tal esperanza. Y sucedió que el mar bullía siempre más fuerte y la tierra se separaba de la tierra y caminaba en el mar, semejante a una paja movida por el furioso viento. Vi que todas las aguas entraban sobre la tierra y muchas de ellas permanecían bajo el agua dejando un gran vacío. Después nuevamente las veía y luego las dejaba de ver con cuantas cosas llevaba en su regazo. Templos, hombres, animales, grandes bosques y cuanto existía perecía miserablemente. Luego vi desplazarse las montañas a tanta distancia, que pensé fuesen remolinos de agua. ¿Eran montañas aquellas unidas a tanta tierra que, como transportadas sobre la palma de la mano, venían de un lugar a otro? Unas montañas surgían de la profundidad del mar y otras desaparecían para siempre. El gran mar, empujado y reempujado, saltaba sobre la tierra como un malabarista. Yo sentía vagar en el espacio, gemidos de aguda desesperación, y después nada. Un solo trozo de la tierra había permanecido fuera de la catástrofe, y ni mar ni fuego lo desfondaron.”

    Sin saber qué era, me volví a los dos sabios diciendo: “Venerados maestros de mi espíritu, ¿Qué es aquello que veo fuera de la ira y todavía a la luz del sol?” Y ellos me dijeron:

    “Hijo, aquél es el lugar de los padres de la futura generación. Dios se servirá de ellos para sembrar la nueva vida, y brotarán la sexta y la séptima generación. Aquello que ves es la única tierra que está a la luz del sol. Es el lugar donde la fe en el espíritu permanece incontaminada y pura, porque ellos también han tenido temor de Dios. Allí yace tu cuerpo, que estuvo vivo, y ahora no lo está porque tu alma se encuentra aquí junto a nosotros. Los que has visto no padecerán la suerte de la ira desencadenada, porque es verdad que ellos constituyen la semilla que el Padre ha querido conservar para las generaciones futuras, sexta y séptima.”

    Yo miraba a los que lo decían, pero sin quitar los ojos de mi espíritu del mundo trastornado. Y queriendo todavía preguntar para dilucidar, les dije: “Dulces maestros, ¿Por qué perece todo con tan despiadada suerte?” Ellos respondieron:

    “Lo que Dios ha sabido sobre sus obras no encuentra justificación para su vida. Ha querido terminar las obras monstruosas de aquella generación y sembrar nueva semilla, que deberá germinar y dar tallo y ramas y hojas y frutos, y si éstos son buenos para el espíritu, el árbol vivirá feliz; si fuesen amargos, los gérmenes del mal golpearán el árbol y comenzará a perder la vida. Pero puesto que la gente humana no está ya contenta del bien que Dios Creador dispone, ellos mismos están midiendo el tiempo que el árbol deberá vivir.”

    Sucedió que ellos callaron y apuntaron lo dicho, a fin de que yo, desviándome de los razonamientos, mirase más atentamente donde había tierra y ahora había mar y donde había mar y ahora había tierra. La faz del mundo estaba muy cambiada, y aparecía todo desnudo como cuando el hombre nace. No veía templos, ni casas, ni árboles, ni cosa viviente. Sólo divisaba vida en el lugar en que había renacido la semilla. Allí el sol resplandecía y daba luz y color a las cosas que continuaban por voluntad de Dios. Pasó mucho más tiempo todavía, y no sentía cansancio de tener los ojos del espíritu fijos allí donde las aguas, convertidas en negro humo, se movían todavía sobre la tierra para buscar salida y tomar lugares diversos. Mientras meditaba tales cosas, los dos, a mi lado, no distrajeron sus miradas ni hicieron signo alguno de consideración, porque, como yo, aguardaban aquello que yo esperaba. Y pasó un tiempo y otro tiempo todavía, tanto que sentí la necesidad de preguntar cualquier cosa para escuchar una respuesta y disminuir el silencio que se había hecho en torno a mí como sombra de tristeza y dolor. Y les pregunté para mover sus pensamientos de la inmovilidad: “Ahora decidme, jueces sabios, si mi pregunta no es atrevida, ¿Qué sucederá cuando las aguas sean como solían ser antes, límpidas como el cielo y la tierra, cual paño al sol? Y los dos, volviéndose hacia mí, porque era lícito dar respuesta a mi pregunta, respondieron:

    “Sucederá, hijo, que la Tierra emprenderá la vida, porque el sol lo hará por voluntad del Padre celeste. Y además se verificará que los ojos de tu espíritu verán renacer sobre la Tierra todo lo que a ti te pareció estar muerto para siempre. Todo desprenderá vida y calor como en el principio, cuando el designio de Dios se convirtió en realidad.”

    Yo, que esperaba porque deseaba conocer, como un niño que para comprender mejor las cosas que sus ojos están viendo hace tantas preguntas, dije de súbito: “¿Veré crecer el sexto árbol y madurar sus frutos?”

    “Nosotros te decimos, hijo, que no verás aquel tiempo. Sin embargo, sabrás, porque muchos de nosotros estaremos sobre la Tierra para dictar leyes, como hombres, sin pensar ni prever el designio de Dios. No obstante, sabemos y conocemos lo que sucederá en aquel tiempo y conocemos también lo que obrará el Espíritu Santo, el cual se dignará descender todavía entre los hombres para poner delante de sus ojos los dones y el poder de su reino. Nosotros entonces seremos ya hombres y trabajaremos con Él, porque Él así ha dispuesto que suceda en el tiempo. Tendremos tanto que edificar y tantas obras nuestras permanecerán en la Tierra, que tú las conocerás sólo justo cuando se la hora de enseñar. Además te decimos, hijo, que cuando aquello suceda, será el tiempo en que el sexto árbol de la vida habrá absorbido amargas experiencias y habrá abandonado la fe en el espíritu. No te decimos más, porque cuando llegue tu séptimo renacimiento en la séptima generación y hayas cumplido más de veinte años, el sol comenzará a poner en tu alma el calor del espíritu y las estrellas dejarán en el lugar del pensamiento fuerte voluntad y orientación. Nada más tenemos que decirte de la sexta generación. Sin embargo, tenemos que proporcionarte todavía dilucidaciones sobre cómo se comportará la séptima, porque en ella tomarás cuerpo con alma como hombre, del mismo modo que antes de ahora, cuando alimento, aire, agua y calor eran necesarios a tu vida.”

    Yo, atento a lo que decían y todavía me querían decir, escuchaba. Y añadieron a continuación:

    “La séptima generación tendrá la séptima ley de Dios y los siete dones del Espíritu Santo, porque la prueba es la última. Los hombres serán libres de escoger y modificar según su voluntad, porque en el designio del espíritu está que los hombres de la séptima generación puedan justificar la grandeza de las cosas creadas por Dios sobre la Tierra y en el cielo y puedan censurar, en cambio, su obra de muerte y de destrucción. Ahora sabe bien, hijo, que se verificará el tiempo de una gran batalla, y antes se producirán grandes perturbaciones entre los hombres. En aquel tiempo habrás cumplido ya los treinta y tres años, por lo cual nosotros habremos decidido, por voluntad del Sagrado Colegio de los Sagrados Espíritus de Dios, que es su misma voluntad, entrar en tu alma para proporcionarte previsiones y para hacerte escuchar nuestro contenido. Cuando venga el tiempo en que estemos en ti, tus sentimientos serán fuertes y más fuerte será tu amor hacia el Espíritu Santo. Y comenzarás a hablar de cosas que sientes en ti por nuestro consejo y serás fuerte por Sabiduría, Ciencia, Caridad, Piedad e Inteligencia. En fin, sentirás más temor de Dios que nunca.”

    Ahora, en este tiempo y en esta generación recuerdo, ahora que he cumplido los treinta y tres años en la séptima prueba de la humana gente. He contado aquello que vi y lo seguiré contando, porque es verdad que en mi alma he comenzado a sentir tanto calor como ahora recuerdo que debía suceder en este tiempo. Dentro de mí siento claras palabras que me hacen vibrar, y dicen:

    “Es éste el tiempo, hijo del cielo, es éste.
    En ti está el Espíritu Santo.
    Actúa porque su voluntad te acompaña.
    Bendito seas en la eternidad.”






     
    bookFecha: Miércoles, 2013-11-06, 2:20 AM | Mensaje # 3
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    2. MUT, LEMURIA, ATLÁNTIDA. DESVIACIÓN DEL EJE MAGNÉTICO





    “La tierra, como mujer virgen, lleva en su vientre la semilla de todas las cosas. También la ley escrita y los dos principios activos, generadores de la vida y la muerte, como grandes columnas sobre las que se asienta el gran templo. En él entró la diosa vestida de blanco y anunció a las cuatro partes del mundo que se iniciaba la gran ceremonia donde el “arriba” y el “abajo” entrarían nuevamente en comunicación.”

    (ELEUZEL.)


    El capítulo anterior contaba una historia. Dicha historia es la historia de una “iniciación”. El nombre del iniciado lo sabemos, por haberlo revelado el propio Eugenio Siragusa; era Barath. Ahora bien, Eugenio Siragusa y Barath son la misma persona. Barath era un estudiante de la quinta generación. Eugenio Siragusa pertenece a la séptima. Los dos nombres personifican el principio y el fin de un relato, y se cumplen en dos generaciones diferentes, ambas transcurridas sobre la Tierra, con una diferencia de más de doce mil años.

    Debajo de esta historia quedan definidos algunos acontecimientos trascendentales para el concepto de nuestra humanidad y para el desarrollo del geoide que habitamos. Pero además de eso, se abordan conceptos tan importantes como la reencarnación, la deriva de continentes, el origen y la desaparición de anteriores civilizaciones, el sentido y la orientación de nuestra actual civilización y su relación con el desarrollo geológico de la Tierra.
    La afirmación de que Eugenio Siragusa y Barath, un estudiante de Poseidón hace más de doce mil años, son la misma persona, evidentemente no nos pertenece, como tampoco podemos afirmar que Eugenio fuese anteriormente Hermes Trismegisto, San Juan Evangelista, Giordano Bruno Cagliostro o Rasputin.

    Esta historia se apoya en estos nombres, porque todos ellos reconducen, según hemos visto en los documentos del señor Siragusa, a una línea conductal que viene desde hace dos generaciones y está llamada a cerrar un ciclo en esta generación.
    La historia de donde hemos partido no es más que la base de todo el relato. De ahí han nacido todos los interrogantes. Pero también en ella están algunas de las claves para comprender y seguir el hilo conductor a lo largo de los siete capítulos fundamentales del libro.

    Naturalmente, éste no es un libro de física; por tanto, ni los puntos de partida, ni las pruebas serán físicas. Tampoco es un libro esotérico, pero se parece a una historia esotérica. Por ello el lector podrá entrar por estos caminos en su comprensión. Es una historia, la historia personal del señor Eugenio Siragusa, la de nadie más. Las pruebas que se añaden y los documentos que se aportan son los que él ha permitido ver, los que han servido a su conciencia para llegar a la compenetración absoluta del viejo personaje después de su redimensionamiento.
    No se olvide que antes de la compenetración del rayo luminoso por la nave extraterrestre, cuando cumplía los treinta y tres años, Eugenio Siragusa era un hombre normal, de clase media, sin ambiciones y sin pretensiones de ningún tipo, sin conocimientos científicos, teológicos o de cualquier otra clase superiores a los adquiridos en una escuela elemental.
    Por ello revisten carácter de prueba algunos de sus diseños, algunos de sus relatos, incluso algunas de sus conversaciones y definiciones.
    El primer relato era, por tanto, algo más que una historia. Entre líneas se puede advertir un amplio programa a cuya dinámica se incorpora Eugenio Siragusa a partir de los treinta y tres años. La clarividencia sobre este programa no era más que la introducción a otro tipo de conocimientos dictados telepáticamente y que Eugenio Siragusa iría dando a conocer en su medio paulatinamente.

    Uno de los conocimientos fundamentales que le fueron dictados es lo que constituye la matriz de éste y los siguientes capítulos.

    ¿Existieron los continentes Mut, Lemuria, Atlántida? ¿Dónde, cuándo, cómo desaparecieron? ¿Qué civilizaciones desaparecieron con su hundimiento?

    Los acontecimientos cósmicos en los que se produjeron tales cambios en el planeta Tierra, ¿obedecerían a ciclos periódicos dentro de nuestro sistema solar, dentro de nuestro planeta? ¿Es verídico que la Tierra sufre periódicamente una roturación semejante a la que se lleva a cabo en los campos de labranza, sepultando lo que estaba en la superficie y aflorando lo que estaba en el interior, para beneficio del propio planeta? Y si es así, el hombre, los animales, las plantas, ¿cómo fueron seleccionados, dónde fueron conservados, cómo volvieron a germinar?

    Una de las primeras respuestas dadas por Eugenio Siragusa a estos interrogantes son sus diseños. Estudié estos papiros durante un día entero.

    Son papiros de uno a seis metros de largo y contienen diseños que abarcan desde temas cósmicos a temas teosóficos. Contabilicé en total veintiún diseños sobre temas diferentes. Analizaremos a continuación los que se refieren al desarrollo y evolución de nuestro geoide, a la ruptura y deriva de continentes, a la desviación del eje de la Tierra en el pasado.

    Según palabras del propio Eugenio Siragusa, dichos diseños le fueron dictados telepáticamente. Él nunca dibujó anteriormente nada y tampoco tuvo conocimiento alguno paralelo que le permitiese abordar un trabajo de este tipo. Por otra parte, tampoco existen, que nosotros sepamos, diseños de este estilo, tan detallados y pormenorizados. Dichos diseños los recibió como parte del programa de redimensionamiento y culturización a que fue sometido por los extraterrestres a partir del año 1952.

    Los mapas están diseñados en sobre papel cuadriculado, a colores y a escala. En este punto quiero hacer alusión a dos mapas muy conocidos de los seguidores de estos temas. De un lado, el mapa de Pirireis, y de otro, al aparecido en una de las piedras de Ica. El mapa de Pirireis parece que fue conocido por Colón antes de emprender viaje en busca del nuevo continente. Dicho mapa pudo haberlo conocido en la biblioteca de los Hermanos de la Orden de Calatrava, donde más o menos llevó a feliz término su iniciación.

    ¿Cuál fue el origen real de este mapa, si para llevarlo a cabo hoy sería necesario tener una perspectiva aérea de nuestro globo?

    El otro mapa que también aparecerá aquí como aportación documental es el grabado en una de las numerosas piedras de Ica. El mapa diseña claramente el período atlantídeo de nuestro planeta. En él no se ha llevado a cabo todavía la separación actual de los continentes americanos respecto de Europa y África.

    Curiosamente, los diseños de Eugenio Siragusa referentes al mismo período atlantídeo coinciden con el aparecido en esta piedra de Ica. ¿Cómo explicar esta coincidencia?

    Los mapas que a continuación se explican, han sido examinados por cartógrafos, por científicos, por geógrafos. Lo único que han podido decir al respecto es que no bastaban como prueba para afirmar que la faz de nuestro planeta respondiese a tales contornos y tal distribución de tierras y agua. Sin embargo, ahí están los diseños, y también para los científicos resultaba paradójico que un simple empleado de arbitrios hubiera podido llevarlos a cabo, describiendo las épocas, la evolución y las razas desde hace tres millones de años hasta hoy.



    Mapa número uno: el continente Mutolteca

    (Foto indicada con número 2) El primer diseño se refiere al continente Mut. Según las descripciones halladas, el diseño refiere al estado de la Tierra hace aproximadamente 2.953.000 años.

    Según otras explicaciones del señor Siragusa, alusivas a este punto, la vida animal debió aparecer sobre nuestro planeta hace unos cinco millones de años.
    En la época a que se refiere este diseño, el continente Mut era el de mayor superficie y ocupaba el centro del planeta. En realidad no se llamaba Mut, sino Mutolteca.

    La raza que habitaba dicho continente central era la raza roja. De ella han derivado las civilizaciones de diversos países sudamericanos y de ella provinieron las culturas maya y azteca.
    Pertenecía al mismo período y existía contiguo a Mut el continente Ciá.
    Era de inferior extensión y estaba habitado por la raza amarilla. Se situaba en el entonces polo Norte, y a dicho continente perteneció lo que actualmente llamamos Asia. La cultura oriental, en su raíz, partió también de aquella época.
    El tercer continente era el de Groenlandia, y estaba habitado por la raza blanca.

    Existían enormes extensiones de tierra sin colonizar. Como veremos en posteriores relatos, el continente Mutolteca fue destruido por la caída de una de las lunas. Y resultó una consecuencia de la desviación del eje magnético de la Tierra el progresivo y acelerado rompimiento y deriva de continentes que en aquellas épocas tuvo comienzo.

    Según afirmación del propio Eugenio Siragusa, las especies humanas no aparecieron en estos períodos como consecuencia de un proceso de evolución de especies inferiores animales, sino que fueron traídas del exterior ya formadas y evolucionadas.

    http://htmlimg2.scribdassets.com/8nhjq5y....5d8.jpg

    Mapa número dos: desviación del eje magnético

    (Foto indicada con número 3) La desviación del eje magnético de la Tierra tuvo lugar aproximadamente hace dos millones de años. La desviación no se produjo de modo progresivo, sino de un modo brusco y repentino. Fue una consecuencia del choque de una de las lunas con el continente Mutolteca.

    El impacto provocó el hundimiento del continente Mutolteca y una desviación en el eje magnético de la Tierra de 45 grados hacia el este en el polo Norte y hacia el oeste en el polo Sur.

    El efecto inmediato fue una enorme contracción del geoide. Dicha contracción tuvo como consecuencia el hundimiento de la mayor parte de la superficie terrestre.

    En un segundo momento el geoide comenzó su dilatación y su asentamiento, adaptándose a su nuevo ángulo de rotación, y este nuevo movimiento provocaría la aparición de nuevas tierras sumergidas.

    Con el movimiento de dilatación se iniciaría también el fenómeno llamado de la “deriva de continentes”, fenómeno más o menos progresivo que hoy todavía se deja sentir, aunque en ínfima escala.





    Mapa número tres: período lemuriano

    (Foto indicada con número 4 y 5) Inmediatamente después de la contracción del geoide, se inicia su dilatación y, como consecuencia, la deriva creciente de los continentes, la ruptura de las tierras emergidas y su separación, produciendo una nueva imagen del globo.

    En esta nueva faz había desaparecido totalmente el continente Mutolteca, exponente de una de las culturas más avanzadas de nuestro planeta. Millones y millones de seres perecieron bajo las aguas. El nivel del mar subió más de tres mil metros de altura. La intervención de los seres-dioses procedentes de las Pléyades, sirvió para dirigir a los supervivientes hacia los lugares más altos y seguros.

    Mientras tanto, el geoide se asentaba con enormes temblores y se iba provocando la lenta emersión de la compacta corteza terrestre. El planeta permaneció envuelto largo tiempo por una inmensa capa de nubes, provocadas por los continuos vapores de la masa ígnea de los volcanes en erupción, al contacto con las aguas marinas.

    En este vuelco, uno de los satélites que orbitaban en torno a la Tierra se precipitó en el Pacífico, destruyendo literalmente el continente Mut. La isla de Pascua y otras islas en el mar del océano Pacífico no son más que vestigios de las zonas más altas de aquel continente desaparecido, que tenía enormes cordilleras. Algunos de sus picos más elevados alcanzaban una altura que iba de los 9.000 a los 12.000 metros sobre el nivel del mar.

    En contraposición al hundimiento de la corteza terrestre del Pacífico, emergía imponente y majestuosa una nueva tierra con cadenas montañosas. Eran los continentes de África y América en su período compacto.

    El fenómeno de la deriva de continentes ha sido seguido y estudiado hace largo tiempo por mí. A causa de la gran dilatación que se iba produciendo en la masa del geoide, el continente de las dos Américas unidas comienza a separarse de Eurasia y África.

    Se perfilaba la imagen del período lemuriano, que comenzó hace dos millones de años y de donde irían produciéndose nuevas desviaciones de los continentes y nuevas formaciones de continentes jóvenes. Uno de ellos sería la Atlántida.

    La división de los continentes y la distribución de las razas humanas en el período lemuriano estuvo determinada por los supervivientes de la gran catástrofe.
    América del Norte y América del Sur continúan unidas en este período.
    Europa y África también. Asia y Australia comienzan a destacarse. La unión entre las Américas y Eurasia tiende a ser cada vez menor, hasta cristalizar en una separación definitiva.

    Las razas se distribuían así:

    - En el norte de América, Europa y Australia, la raza blanca.
    - En Sudamérica y en todo el sudoeste de África, la raza roja, oriunda del continente Mutolteca.
    - En el sudeste de África, la raza negra.
    - En el este de Asia, la raza amarilla.

    Sobre el período lemuriano sobrevendría una constante y progresiva deriva y ruptura de continentes. Ello conduciría a un nuevo período cultural y humano: el período atlantídeo.

    La cultura atlantídea y la imagen del geoide en este período están mucho más próximas a nuestra civilización. En realidad, nosotros somos los herederos. Por esta razón trataremos este tema en los capítulos cuarto y quinto. La era Mutolteca fue a la lemuriana lo que la lemuriana a la atlantídea y lo que la atlantídea a la adámica, que es la nuestra.
     
    bookFecha: Miércoles, 2013-11-06, 2:21 AM | Mensaje # 4
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    3. PROFECÍA Y RECUERDO DE HACE DOCE MIL AÑOS


    “En la matriz universal, una generación prepara la siguiente. Su seno, con el amor de una emperatriz coronada de doce estrellas, fecunda, germina y renueva la vida. En sus campos florece el trigo y los atraviesa un río que permanentemente opera la magia de la transformación de la naturaleza. Desde lo alto, un águila vigila y estimula la trasmutación de la materia en el espíritu.”

    (ELEUZEL.)


    Hasta aquí Eugenio Siragusa se nos manifiesta como un hombre que ha tenido un primer encuentro con los extraterrestres, y desde ese momento ha cambiado su vida.

    Entre los cambios aparece una constante educación, un constante redimensionamiento cultural, espiritual y humano de su persona. Durante este proceso, Eugenio Siragusa comienza a manifestar unos conocimientos superiores a su cultura, superiores incluso a nuestra civilización.

    Le preguntamos precisamente sobre estos hechos. En cada uno de los siete grandes apartados del libro volveremos a repetir esta conversación, para confrontar los datos encontrados con las afirmaciones verbales del propio Eugenio Siragusa.

    - Señor Siragusa, usted afirma haber sido Barath, un estudiante de la Atlántida hace unos 12.000 años. ¿Cómo tuvo conciencia de este hecho? ¿Cuándo?

    - Realmente no tuve personalmente conciencia del hecho. Me fue comunicada dicha conciencia.

    - ¿Cuándo, cómo, por quién?

    - Una de las primeras existencias precedentes que usted recordó fue la de Barath. ¿Quién era? ¿Dónde vivió Barath?

    - Bajo el nombre de Barath, fui un estudiante en la isla Poseidón, una de las islas mayores del grupo que formaban la Atlántida entre Europa-África y las Américas. En dicha isla poseíamos un laboratorio. Yo me dedicaba a estudiar precisamente la deriva y ruptura de los continentes. El laboratorio estaba a más de tres mil metros sobre el nivel del mar. Las islas Canarias son un vestigio de aquella isla en la que yo viví.

    - ¿Puede usted darnos algún detalle de aquella cultura, de su idioma, de sus costumbres?

    - Tenían un desarrollo científico muy superior al actual. Nosotros supimos que se estaba gestando una nueva ruptura de continentes, incluso pudimos prever la catástrofe con tiempo y salvaguardar conocimientos y datos científicos. El sistema de gobierno y la cultura eran totalmente diferentes a los actuales. Pero el hombre siempre fue libre para elegir entre lo positivo y negativo. Cuando esta elección ha llegado a un punto X de su desarrollo, han tenido lugar los grandes cataclismos, el final de unos ciclos y el comienzo de otros.

    - La Atlántida ¿Era un continente compacto?

    - No. Estaba constituida por un grupo de islas. Se podía llegar desde África a las Américas con pequeños barcos, con embarcaciones de papiro. Se podían transportar de una isla a otra.

    - ¿Qué raza habitaba la Atlántida?

    - La raza roja.

    - ¿Quedan vestigios de aquella raza hoy en nuestro planeta?

    - Sí. Las tribus de indios sudamericanos, los pieles rojas y algunos habitantes de las zonas de Egipto son herederos de aquella raza.

    - Usted afirma que conoce todas estas cosas porque fue anteriormente, hace unos 12.000 años, un estudiante llamado Barath. ¿Quiere decir que es usted Barath reencarnado?

    - La reencarnación existe, y es un hecho universal.

    - Todos, yo, ¿nos hemos reencarnado?

    - Sí. Usted, todos se reencarnarán en cada generación al menos siete veces.

    - ¿Por qué la mayoría no tenemos memoria de ellos? ¿Por qué no lo sabemos?

    - Es un problema de desarrollo, de evolución. Se adquiere conciencia de estos hechos cuando se ha alcanzado un nivel evolutivo. En el pasado, sobre este planeta existió esa conciencia. Nuestra generación la ha perdido. Ésa es la ley.
     
    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro: EL MENSAJERO DE LOS EXTRATERRESTRES » BARATH, ATLÁNTIDA, ISLA POSEIDÓN (PRIMERA GENERACIÓN)
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