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    Foro » EUGENIO SIRAGUSA » Eugenio Siragusa, libro: EL MENSAJERO DE LOS EXTRATERRESTRES » HERMES TRISMEGISTO. EGIPTO (SEGUNDA GENERACIÓN)
    HERMES TRISMEGISTO. EGIPTO
    bookFecha: Lunes, 2013-04-08, 2:58 PM | Mensaje # 1
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    http://es.scribd.com/doc....restres


    SEGUNDA GENERACIÓN

    HERMES TRISMEGISTO. EGIPTO

    (Hace unos 6.000 años)






    “Los principios de la verdad son siete: El Todo es mente. Como arriba, así abajo. Nada es inmóvil; todo se mueve; todo vibra. Todo es doble; todo tiene dos polos, su par de opuestos. Todo fluye y refluye. Toda causa tiene su efecto; todo efecto su causa. La generación se manifiesta en todos los planos; la mente infinita del Todo es la matriz del cosmos. Quien comprenda esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del templo se abrirán de par en par.”

    (Kybalión. HERMES TRISMEGISTO.)


    4. DE LA ERA ATLANTÍDEA A LA ADÁMICA. NUEVA DERIVA DE CONTINENTES



    “Un día más, el sol se levantó en el horizonte para fecundar la nueva tierra. El rey los tenía como atributos, sentado en la gran piedra cúbica, protegido por el águila desde el espacio, apoyado por el león en la tierra; por sus venas corría la sangre roja del toro joven y en su mente terminaba un ciclo y renacía otro Para su trabajo le fueron encomendados el aire, la tierra, el fuego y el agua. Todo estaba preparado para una nueva transmutación.”

    (ELEUZEL.)


    En el capítulo primero de este libro contamos una historia inédita, una historia de género iniciático. En este nuevo apartado del libro volvemos a encontrar el relato perdido de la humanidad.
    Eugenio Siragusa recibe telepáticamente las imágenes del fin de un ciclo geológico y humano en el planeta Tierra, un ciclo que ya había visto repetirse, un ciclo al que ya había asistido proféticamente.

    El primer capítulo, constituido por un relato esotérico, se continúa aquí como un relato histórico.
    Para algunos puede ser un relato de ciencia ficción. Ni afirmo ni niego. La ciencia ficción se queda muy corta a la hora de intentar describir hipotéticos cataclismos, hipotéticas luchas de culturas y generaciones, y en la mayoría de los casos resulta poco convincente.
    Un iniciado como Julio Verne logró descubrir algunos misterios que con el paso del tiempo las ciencias positivas van ajustando a imágenes y acontecimientos reales.

    No es nada extraño que otro iniciado de nuestro siglo nos traiga imágenes retrospectivas de la historia de nuestra humanidad, esta vez desprovistas de fantasía, ajustadas a los hechos que en su mente han sido cotejados como reales y verdaderos en un próximo pasado.
    Ésta es una nueva historia inédita, dictada telepáticamente a Eugenio Siragusa.
    En aquel remotísimo tiempo, toda la humanidad del planeta Lucifer (Tir en lenguaje sans) se sentía irremediablemente perdida. No quedaba ninguna esperanza de salvación, y era necesario huir lo más pronto posible.

    Millares de naves espaciales estaban preparadas, y otras venían del planeta Marte y del planeta Saturno. El planeta Lucifer, condenado a una lenta y progresiva desintegración, estaba a punto de alcanzar su nivel crítico. Había que obrar prontísimo; el desastre final podía ocurrir en cualquier momento. La energía atómica que el hombre había desencadenado con tanta ligereza había creado una desintegración en cadena de algunos yacimientos de elementos sensibles, existentes en dicho planeta. Ninguno podía detener el caos de una potente energía convertida en destrucción.
    La Tierra se encontraba entonces en la órbita del actual planeta Venus, y este último en la órbita actual del planeta Mercurio. La cúpula terrestre se vio poblada de millares de transatlánticos espaciales, que hacían el trasvase de gente entre Lucifer y los planetas más próximos, es decir, la Tierra, Marte y Saturno. Estos eran los puntos más próximos donde podían encontrar salvación. No todos lograron ser salvados, y los que lo fueron no pudieron llevar consigo más que lo elemental para sobrevivir.

    La Tierra, todavía en estado primitivo, poblada por enormes animales, no era del todo hospitalaria para el ser humano. De todos modos, resultaba remedio provisional en un momento tan desesperado, y se consideraba providencial su estado de evolución. Criaturas de ambos sexos y diferentes razas intentaron crear una sistematización en espera de acontecimientos, con miras a una supervivencia armónica. El tiempo de lo peor estaba próximo. Mientras millones de otras criaturas esperaban salvación, una visión apocalíptica tuvo lugar a los ojos aterrorizados de los que habían conseguido escapar: sobre el firmamento apareció un enorme resplandor en forma de cruz.
    El cielo se había vuelto terso y aterrador. Una célula del universo había sido muerta y desintegrada por obra del hombre rebelde, por su desobediencia a las leyes del cosmos. Éste se encargó de cobrarse el precio de la culpa.

    El caos que se produjo como consecuencia de la desintegración de dicho planeta fue enorme no sólo en la Tierra, sino en todo el sistema solar.
    El sol vibró fuertemente, dejando salir de la propia superficie una enorme masa incandescente, que debía asentarse después en una órbita próxima y que nosotros con el tiempo llamaríamos Mercurio.
    La Tierra, Marte, Venus, Saturno y todos los restantes planetas del sistema solar recibieron enormes choques. Mientras tanto, gigantescos peñascos (trozos de materia sólida) del planeta destruido se desviaron en todas las direcciones del espacio sideral. Muchos de estos pequeños mundos encontraron asentamiento definitivo orbitando en torno al planeta Saturno.

    La sacudida en todo el sistema solar fue desastrosa. El planeta Tierra recibió también el impacto de uno de los enormes bloques del planeta destruido. La consecuencia inmediata fue la desviación de su eje magnético, más otros efectos: las erupciones volcánicas, hundimientos y elevaciones de la corteza terrestre, invasión espantosa de las aguas, movimientos telúricos de vastas dimensiones.
    Los seres que habían encontrado temporal salvación en la Tierra fueron diezmados y sus medios completamente destruidos y sepultados por las aguas y las tierras en movimiento.
    Los supervivientes no resultaron ser muchos, y la lucha por la supervivencia fue desesperada. En sus mentes, el trastorno del inmanente sufrimiento psíquico provocó la anulación completa de anterior personalidad.

    Los infelices seres que sobrevivieron a tanta desventura tenían delante de sí un pesadísimo bagaje de enormes sacrificios para poder prolongar el nuevo camino de su existencia.
    Lentamente, y después de mucho tiempo, se fue remansando en sus mentes el recuerdo y las imágenes de tal catástrofe cósmica. El recuerdo de haber venido del cielo no les abandonó durante milenios, y lo fueron contando de generación en generación como una enorme tradición histórica que señaló su procedencia y origen.
    El tiempo, los milenios, se fueron sucediendo, y de las historias contadas por los padres a sus hijos se tejieron fábulas, sueños y fantasías que cobraron fuerza en las posteridades. Las nuevas generaciones eran totalmente diferentes en cuerpo y espíritu a las que habían venido del espacio exterior.

    El asentamiento del planeta no fue armónico, sino violento en muchos casos. El reajuste de los continentes aparecidos y los movimientos de las aguas marinas provocaron a lo largo de las diferentes épocas nuevos cataclismos circunscritos al propio planeta Tierra, que causaron nuevas heridas en la mente de los habitantes del mismo.
    Tantos acontecimientos desgraciados atormentaron la gran alma humana, amodorrada en el vértice de un triste pasado. Muchas veces afloraba, sin embargo, en la mente de los más evolucionados el impetuoso deseo de comunicarse con el cosmos para pedir respuestas a las preguntas que surgían dentro de su interior como imágenes vivientes y significativas.

    Pero la cruz luminosa aparecida en el firmamento permaneció para siempre esculpida en lo más profundo de su pensamiento y de su corazón. Fue un signo que nunca pudieron desmentir y que en tantas circunstancias aparecía como un signo de invitación al arrepentimiento y al temor.
    Los sufrimientos psíquicos, la lucha diaria con los elementos de la naturaleza joven del planeta y la defensa de las ferocísimas y enormes bestias que lo poblaban, fue una labor que les obligó a emplear toda su energía en detrimento del pensamiento. Sin embargo, de los sueños sacaron útiles enseñanzas y de la naturaleza los primeros medios rudimentarios. Los conocimientos fueron siendo más numerosos y los medios de supervivencia y desarrollo estuvieron a su alcance cada vez con más facilidad.
    El tiempo fue trabajando a su favor, y el dictamen misterioso del Gran Saber se les fue revelando lentamente. De este modo comenzaron a vivir en contacto con la naturaleza misteriosa de la Inteligencia universal. De nuevo llegó el gran despertar de sus conciencias, y el hombre no pudo frenar por más tiempo la llama de su saber atávico, que había sido sepultado en un primer tiempo.

    Pasaron milenios y milenios en una continua escala evolutiva, que permitió la multiplicación de las diferentes razas y la aparición de otras nuevas como consecuencia de los cruces.
    No todo el tiempo fue feliz. A causa de las convulsiones periódicas del planeta, que continuó en su fase de asentamiento y reajuste durante milenios, los habitantes tuvieron que sobrevivir a la destrucción y a la muerte colectivas de modo periódico.
    El paso del tiempo y su evolución habían templado su espíritu, y se elevaron hasta la cima del saber. Lo que siempre preocupó a los sabios fue la reminiscencia de un pasado atávico, es decir, la reminiscencia de una terrible fuerza de dominio y de guerra que poco a poco se había vuelto a formar en el alma de muchos. El instinto del pasado se revelaba, aunque fuese de modo confuso.

    El hecho de que la guerra fermentase nuevamente en el corazón de la gente, así como la utilización de la energía y el poder para actos negativos, preocupó a la infalible Inteligencia del cosmos, al igual que a aquellos habitantes de otros planetas, que iniciaron la exploración de nuevos mundos.

    Sabían el destino que había cabido en suerte a los habitantes del planeta desaparecido en el sistema solar y que se habían refugiado en la Tierra.
    Hace varios milenios conocieron nuestro estado psicológico y pusieron de su mano cuanto fue posible para hacernos evolucionar más rápidamente. Para ello dejaron sobre la Tierra maestros insignes de cultura universal. Muchos de ellos vivieron largo tiempo sobre nuestro planeta y sacrificaron su vida con una pasión pura, angélica y santa. Sus enseñanzas y conocimientos fueron de eficacísima ayuda para mejorar progresivamente el proceso evolutivo de la raza humana. Su saber era infinito y sus conocimientos exactos.
    Incluso en aquel tiempo se hizo conocer al hombre quién era verdaderamente Dios. Las convulsiones de nuestro geoide no habían terminado aún, y nuevos desastres se añadieron a los que habían tenido lugar hacía largo tiempo. La raza humana debió recomenzar nuevamente, pero esta vez con la ayuda de quien lo sabía todo de nosotros, todo desde el principio hasta nuestro tiempo actual. Ellos sabían quiénes éramos y de dónde habíamos venido. Nada se escapaba a su conocimiento, y tampoco la progresiva y malvada formación de instintos agresivos y negativos en nosotros, instintos que desarrollaban siempre acciones funestas para la evolución posterior del planeta y sus habitantes. Nos ayudaron, nos aconsejaron, nos acompañaron, pero debieron mantenerse necesariamente ocultos, escondidos con todo su conocimiento, en aquel tiempo tan incomprensible como hoy. Muchos de ellos se sacrificaron por nuestro bienestar y otros muchos hicieron obras maravillosas e inconcebibles para la gente contemporánea.

    Su presencia y acción es titulada así por Ezequiel: “La primera visión de los querubines”. Después llega incluso a describir sus medios de transporte y su modo de presentarse ante el hombre hasta el versículo 24 de su libro. Estaban con nosotros porque querían a toda costa obrar el bien entre nosotros, que permanecíamos en cautividad.

    El hombre y la cruz se convirtieron en un símbolo que debía mantener alerta y sacudir para siempre el alma humana, que debía conducir al hombre a la inaceptable verdad de su pasado, que le debía llevar a pensar, a comprender con toda convicción, las consecuencias que tiene la desobediencia de las leyes del cosmos.

    El gran perdón y la paz fueron ofrecidos misericordiosamente al hombre.

    Pero una vez más éste no quiso comprender ni aceptar un cambio radical en su vida absurda e inconcebible.

    De modo que tuvo que someterse a un nuevo ciclo de sufrimientos y mutaciones hasta que llegase a interpretar su verdadera naturaleza. Éste es nuestro tiempo, de un gran progreso material y de una enorme regresión espiritual. Estamos implicados en una infinita reminiscencia que marca las cosas más impensadas y las edifica con desconcertante prontitud: aviones, energía atómica, nuevos mecanismos y conocimientos en todos los campos.

    Estamos nuevamente en manos de una reminiscencia incontenible y peligrosa: la energía atómica. Ello nos ha puesto alerta y ha sembrado la alarma entre nosotros. El monstruo de inaudita potencia y destructiva violencia ha tentado nuevamente a la especie humana, y amenaza con repetir la ya vieja historia de nuestro sistema solar. Parece como si la mente humana estuviese en manos de esta caótica energía, como si una irresponsabilidad inmutable intentase emplearla cual medio de muerte y destrucción.

    Por providencia para todos, la malvada intención de unos pocos y el susto de muchos han traspasado el océano inmenso del espacio sideral para llegar al corazón y a la mente de los justos, de aquellos que conocen la ley del universo mejor que nosotros.

    Ha llegado el momento en el cual es imposible no comprender que nuestra soledad en el gran espacio ha sido sólo aparente, que en realidad nunca hemos estado solos desde hace muchos siglos.

    Muchos fenómenos deberían hacernos comprender más profundamente que estamos en un estado suficientemente idóneo para aceptar verdades universales de mayor importancia que las que la historia nos ha dado a conocer.

    Hay que admitir que una gradual, aunque lenta, predisposición existe ya en millones de personas. Ello, gracias a la indiscutible, precisa y metódica obra de los Hermanos Mayores que, como en el pasado, hoy más que nunca se prodigan con perseverancia y voluntaria abnegación.

    Hoy es mucho más fácil comprender el sentido real de aquellas palabras de Ezequiel:

    “Al mirar a estos cuatro seres, me fijé que en el suelo había una rueda al lado de los cuatro. El aspecto de las ruedas, su estructura, resplandecía como el crisolito. Tenían las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una estuviese en medio de la otra. Al rodar iban en las cuatro direcciones, sin volverse en su movimiento. Su circunferencia era de gran altura y las llantas de las cuatro estaban cuajadas de ojos todo alrededor.

    (EZEQUIEL, I, 15-16.)


    La descripción del profeta Ezequiel hoy es totalmente comprensible. Las naves venidas por el norte con sus tripulantes, en el contexto de nuestra cultura pierden su misterio y se convierten en una descripción de un hecho real. Sólo hoy estamos definitivamente preparados para comprender este y otros relatos de la Biblia, que reflejen “su” intención en el desarrollo de la humanidad.

    Desde los tiempos en que Ezequiel hacía esta descripción de los extraterrestres y sus naves hasta hoy han pasado más de 3.000 años. En nuestro tiempo la visión de Ezequiel se repite constantemente, y la gente se pregunta: ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son?
    Muchos habitantes de nuestro planeta están convencidos de la existencia de los extraterrestres. Muchos otros han visto personalmente aterrizar y cruzar el espacio a enormes velocidades pequeñas y grandes naves. Algunos incluso han podido ver a los tripulantes de dichas naves y han descrito sus trajes espaciales, su aspecto físico.

    Muchos son los querubines, serafines y tronos que nos guardan, que escrutan atentamente nuestros propósitos, preparándonos para aceptar verdades más profundas que en los siglos pasados han permanecido como ideas confusas en nuestra conciencia.

    Hoy, en nuestro mundo, la gran bestia de la cabeza de fuego se ha despertado amenazadora, implacable, airada, decidida a destruir y devorar todo sin piedad.
    Todavía hoy silba velozmente sobre la faz del gran espacio sideral la imagen de un gran peligro. La intervención de los Hermanos Mayores se ha hecho indispensable y necesaria. El punto crítico ha marcado nuestro tiempo, y se necesita prevenir absoluta e inmediatamente el porvenir.
    Ellos están de nuevo sobre la Tierra. Sabemos que es cierto. ¿Quiénes son? ¿De dónde han venido? ¿Por qué han venido? Quien tenga oídos, escuche; quien tenga ojos, vea.
    No repitáis de nuevo la infantil pregunta: Si están, ¿por qué no se dejan ver en medio de las plazas públicas?

    Ellos nos conocen desde remotos tiempos, y lo saben absolutamente todo de nosotros. Toda publicidad sería para ellos inútil y perjudicaría el programa de acción que están llevando a cabo sobre la Tierra. Saben lo que deben hacer, y en el momento oportuno toda la humanidad tendrá las pruebas. Los escarnecidos, aquellos que vieron y sintieron antes que los otros, serán los primeros en comprender la mayor verdad del universo. Éste será su más justo premio, porque en verdad los últimos serán los primeros.
     
    bookFecha: Miércoles, 2013-11-06, 2:23 AM | Mensaje # 2
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    5. HERMES TRISMEGISTO, MAESTRO DE UNA GENERACIÓN




    “El Gran Sacerdote tomó asiento en su trono a la entrada del Templo. Bendijo a todos los que habían pedido ser iniciados en la verdad, y esperó. Una nueva generación estaba llamando a las puertas de la sabiduría. Les fueron mostrados los siete sellos y la corona de triple círculo. Pero no les fueron entregadas las llaves del gran secreto, porque todavía no habían subido el primer peldaño que les separaba del umbral de la iniciación.”

    (ELEUZEL.)


    En el capítulo segundo hicimos alusión y explicamos los diseños realizados por Eugenio Siragusa telepáticamente. En este capítulo volveremos sobre el mismo tema. Intencionadamente dejamos por analizar unos de los mapas, concretamente el último de la serie: el mapa que ofrece una imagen de la distribución de los continentes y los mares muy semejante a la actual.

    Como consecuencia del fenómeno llamado “deriva de continentes”, hace unos veinte mil años el continente llamado Atlántida estaba configurado por una serie de grandes islas. La aparición de dicho archipiélago había tenido lugar por la ruptura provocada entre los continentes América del Norte y Eurasia, América del Sur y África. Puede decirse que las islas mayores de la Atlántida estaban situadas aproximadamente en la zona del Atlántico, próxima a las actuales islas Canarias.

    Durante muchos años las alusiones de Platón a la Atlántida fueron consideradas pura imaginación. Platón no sólo estaba en lo cierto respecto a la existencia de la Atlántida, sino incluso en cuanto se relacionaba con su situación geográfica. Algunos científicos han pretendido encontrar vestigios actuales de la Atlántida en el mar Egeo. Habría que decirles, a la vista de los documentos del señor Siragusa, que no se puede confundir la geografía de la Atlántida con la cultura atlantídea.

    En este período de la historia de la humanidad había cuatro razas sobre el planeta Tierra. Por el anterior capítulo sabemos la procedencia de los primeros pobladores del globo. Podemos añadir, según los relatos encontrados en los archivos del señor Siragusa, algunos detalles más sobre el origen y las características de las razas que en el período atlantídeo poblaban las tierras emergidas.

    Como ya dijimos en el anterior capítulo, las razas humanas no aparecieron sobre la Tierra a consecuencia de una evolución progresiva de determinadas especies animales. Llegaron ya evolucionadas, unas por causa de un cataclismo habido en nuestro sistema solar; otras, puestas por los guías del cosmos para mejorar el código genético y provocar una evolución adecuada al ritmo del planeta.

    En la época atlantídea, inmediatamente anterior a la cultura egipcia, las razas eran cuatro, como ya indicamos: la negra, la blanca, la amarilla y la roja.

    Las cuatro habían sido establecidas por voluntad de los arquetipos solares, y tenían forma humanoide. Los arquetipos que habían presenciado y emitido las entidades espirituales para llevar a cabo tal proceso evolutivo- creativo en esta célula del Cuerpo Macrocósmico pertenecían a los genios solares de tres constelaciones: Águila, León y Toro. Los artífices de la vida de Dios Manifestado habían cumplido sobre nuestro planeta una estructuración cosmogónica, con predisposiciones evolutivas iniciales para un grupo enzimático tridimensional, y estaban dotados de un proceso de valores mutantes a través de un conocimiento binario. De acuerdo con este plan, y después del cataclismo que inició las mutaciones profundas de nuestro planeta, las razas se repartieron por toda la Tierra y evolucionaron libremente.

    Su distribución en el período atlantídeo era el siguiente:

    Raza proveniente de Proción. Era una raza corpulenta, de estatura variada y color de piel amarillo o verde claro. Tenía los ojos oscuros y ovalados, y portaba una fuente genética informativa con predominio de los elementos intelectuales. Su dinamismo psico-físico-motor tenía una tendencia natural hacia los valores místicos, hacia la invención y el utilitarismo, y le permitía formas muy avanzadas de colectivismo.

    Raza proveniente de Alfa Centauro. Era una raza rubia, hermosa, de gran altura, con ojos azules. Su fuente genética informativa le permitía todo tipo de realizaciones basadas en una genética erótico-creativa. Su dinamicidad psico- motora estaba suficientemente realizada, incluso en los planos de orden físico.

    Raza proveniente de Orión. Tenía gran estatura y corpulencia. El color de su piel era bronceado, y sus ojos, oscuros. Poseía una fuente genética informativa sustancialmente mágica, y su dinamismo psico-motor estaba instruido por las fuerzas materiales de un modo que le permitía entrar en contacto y comunicación con las vibraciones primordiales de la energía.

    Raza proveniente de las Pléyades. Era una raza muy corpulenta. Su estatura, sin embargo, resultaba muy variada, y su color, rojo. Tenía, según se decía, sangre de buey, dada su especial constitución. Sus ojos eran oscuros y su rostro oval. Llevaba impresa una fuente genética informativa con predominio de elementos espirituales. Su dinamismo psico-motor era preferentemente constructivo, imitativo y con gran capacidad para la deducción a partir de las grandes leyes de la naturaleza y del espíritu creador.

    En la época a que nos estamos refiriendo, es decir, hace unos veinte mil años, éstas eran las razas que operaban en el globo terrestre, después de diversos cataclismos que habían provocado enormes mutaciones no sólo en la corteza terrestre, sino en las costumbres y en el cruce de las diferentes razas.

    Se puede afirmar que los primeros cosmonautas que llegaron a nuestro planeta lo hicieron hace muchos miles de años y que provenían de las Pléyades, de Alfa Centauro, de Proción y de Orión.

    El planeta Tierra (Saras, en lenguaje sans) se había orientado hacia el gran progreso, gracias a la presencia de los hombres-dioses, cuya descripción ha quedado patente en múltiples fábulas, en libros sagrados como la Biblia, el Popol Vuh, el Corán, los Vedas…

    La presencia y la influencia de estos seres-dioses se hizo sentir especialmente en el desarrollo de la raza roja, en su cultura y en su evolución, que les habían llevado a un enorme desarrollo en la época atlantídea a que nos estamos refiriendo.

    El pensamiento creativo, nacido de la suprema Inteligencia cósmica, se había manifestado por medio de los seres-dioses, que lo interpretaron y lo convirtieron en ejecutivo. El injerto de dichos conocimientos hizo que la rueda de la evolución acelerase su movimiento.

    La concreción de los diferentes planos de desarrollo de cada una de las razas se operó según su propio dinamismo y su adaptación al medio. Este proceso estaba regido por unas leyes, y la vinculación a dichas leyes, y la vinculación a dichas leyes fue otra causa que motivó acontecimientos graves en la historia del planeta.

    El hombre podía experimentar, construir, evolucionar, a partir de su experiencia dualista: positivo-negativo. Para discernir este proceso era imprescindible el conocimiento y la completa conciencia de la verdad, y sobre todo para iniciarse en el discernimiento de lo operativamente negativo o positivo, dentro de la economía creativa del reino tridimensional (mineral, vegetal, animal) en que el hombre debía manifestarse y ascender.

    En aquella época remota hizo acto de presencia también una enorme fuerza negativa, y tuvo como consecuencia la provocación de actos involutivos, que promovieron nuevas mutaciones no sólo en las especies, sino en la estructura de nuestro globo.

    El hombre lo mismo que el animal, el vegetal y el mineral, está inmerso en una ley cósmica que no puede soslayar ni invertir sin provocar un trauma. Por otra parte, la naturaleza en todos sus planos tiene en sí misma un código de supervivencia, que le lleva a provocar movimientos de fuerza contraria a los que el hombre pretende hacerle seguir, si tienen sentido involutivo. En lenguaje cósmico, los elementos de la naturaleza se llaman zigos, y actúan automáticamente como generadores de movimientos de equilibrio cuando se ha provocado violentamente una desarmonía en uno de sus elementos constitutivos: aire, agua, fuego, tierra.

    Cuando el hombre intenta poner en desequilibrio la conciencia instintiva del mineral, el vegetal o el animal, automáticamente dicha conciencia genera un movimiento pendular, que tiene como objeto restablecer su propio equilibrio de supervivencia. Estos movimientos causan inmediatamente enormes mutaciones, que suelen afectar, en primer término, a los sujetos generadores del desequilibrio, es decir, al hombre.

    Estos hechos nos reconducen de nuevo al relato de la Atlántida. Nos hacen volver a su cultura, a su forma de vida, a su estado de evolución y, en definitiva, al proceso de mutación en que se vieron envueltos los hombres de aquélla época, relativamente próxima a nosotros.

    La cultura atlantídea fue una de las más prósperas que existieron en la humanidad de nuestro planeta. Su raza, la roja en origen, aunque evolucionada ampliamente por causa de los diferentes cruces, era la más extendida, y abarcaba hace unos veinte mil años, según puede verse en el mapa que hemos analizado anteriormente, todo el norte de África, lo que hoy son las islas Británicas y el norte de Europa, España, todo el este de la costa de Norteamérica, especialmente las zonas de unión de los dos continentes americanos, y el este de Sudamérica.

    Sobre estas enormes extensiones geográficas, la raza roja consiguió una cultura superior. Ello fue posible gracias a la intervención de inteligencias volumétricamente evolucionadas, provenientes de los espacios exteriores.

    Ya dijimos en los capítulos segundo y tercero que Eugenio Siragusa había sido redimensionado hasta poder recordar sus anteriores vidas y que una de ellas había sido la de investigador en la ciudad y en la isla de Poseidón, dedicado al análisis de la deriva de continentes. Ahora nos volvemos a encontrar con otro de los personajes de esta historia. Se trata de Hermes Trismegisto. El Gran Sacerdote de los egipcios, el Gran Iniciador del hermetismo, el “Dios” que supo todos los secretos y los dejó en algunas de sus obras claves solamente reconocibles por iniciados…

    ¿Cómo se relacionan Barath con Hermes Trismegisto? ¿Fueron realmente la misma persona y tuvieron el papel de cerrar una generación y abrir otra? Se puede, sin entrar en juicio alguno, emparejar los nombres de este modo: Barath es a la cultura atlantídea lo que Hermes a la cultura egipcia. Para nosotros existe una diferencia: de Barath no tenemos ningún vestigio; en cambio, sí lo poseemos de Hermes Trismegisto, el Tres Veces Grande.

    Así como otras culturas desaparecieron con los cataclismos cíclicos a que se vio sometida la humanidad, sin embargo hay un hecho paradójico: la cultura egipcia resplandeció, alumbró y sembró la semilla de una nueva era y una nueva generación. ¿De dónde venía esa cultura superior? ¿Era realmente un producto de la evolución de los egipcios?

    En el mapa que reproducimos se puede ver perfectamente cómo se extendió la raza roja en el período atlantídeo y que llegó hasta Egipto. Hay un detalle más de suma importancia. En el mapa, de una de las islas de la Atlántida nace una flecha en rojo que llega hasta Egipto. Esta flecha señala el camino que siguieron los grandes secretos de la cultura atlantídea antes de que un nuevo cataclismo provocase otra deriva de continentes y el hundimiento de las islas que componían este archipiélago.

    Los guías de la civilización atlantídea supieron con mucho tiempo cómo, cuándo y dónde se iba a producir el cataclismo que terminaría con aquella civilización. Por tanto, crearon los vehículos adecuados para guardar toda la cultura y los secretos de dicha civilización en un lugar seguro. Ese lugar, o uno de esos lugares, fue Egipto. Y digo lugares, porque las otras razas también hicieron lo propio en otros lugares del globo.

    Los sabios de la Atlántida venidos de fuera para guiar la evolución de dicha raza sabían muy bien que Egipto permanecería fuera del cataclismo. Por otro lado, la construcción de las pirámides obedeció a este trabajo de los atlantes. En realidad, no fueron tumbas de los faraones, sino enormes reductos cifrados de la sabiduría de la generación que precedió en varios miles de años a la nuestra.

    Al frente de ese gran secreto, como sacerdote, fue puesto Hermes Trismegisto. Hoy, el secreto que contienen las grandes pirámides no ha sido desvelado totalmente. Para los que saben leer, los libros Poymandrés y El Kybalión contienen la teoría de los secretos más detallados y minuciosos sobre todos los aspectos de las ciencias que florecieron en la Atlántida. Estos aspectos han permanecido ocultos, pero el día de su revelación está cercano. Otro de los famosos libros o claves encontradas en las pirámides fue el del Tarot. Hoy, dicho libro ha sido vulgarizado y ha perdido su valor hermético y científico. Pero también ahí radica la clave para conocer su contenido real.

    Antes de preguntar sobre estos pormenores al señor Siragusa, queremos añadir dos datos que pueden ser de interés. Tanto el secreto de la Gran Pirámide como el Tarot profético han sido analizados desde un punto de vista esotérico por Rodolfo Benavides, y la lectura de sus dos obras es sugerente y aconsejable. Hay un párrafo en su obra Dramáticas profecías de la Gran Pirámide que merece ser recordado. En su investigación encontró que la perpendicular al pasillo descendente de la Cámara del Rey señala la estrella Alción. Se sabe que Alción es una de las estrellas que forman el grupo de las Pléyades. Pero no sólo eso; Alción actúa como el centro del sistema gravitatorio de la constelación de Tauro, constelación en que nosotros quedamos incluidos.

    Hasta este punto se puede atar el cabo de la raza roja, que primero fue la creadora de la cultura atlantídea y antes del cataclismo pasó a Egipto y creó los reductos adecuados para guardar dicha cultura e irla administrando a esta humanidad de modo progresivo y metodológico. Ello no impidió que nos dejasen algunas claves para poder interpretar el origen y el sentido de la cultura que fue el germen de toda la evolución en la era que estamos viviendo.

    La raza roja, como ha indicado el señor Siragusa, provenía de las Pléyades. Los sabios que elevaron los monumentos de sabiduría en Egipto, quienes hicieron progresar a toda una generación y guiaron su evolución, eran seres trasplantados de la Atlántida, seres guiados por maestros de las Pléyades. La Gran Pirámide está también señalando a las Pléyades. Y como remate, muchos de los que han avistado ovnis o se han comunicado con extraterrestres dicen que provienen de las Pléyades.

    Una coincidencia más, y cerramos este capítulo. Eugenio Siragusa nos proporcionó algunos nombres de extraterrestres con quienes se entrevistó y otros de quienes recibe periódicamente mensajes por sistema telepático. Uno de esos nombres es el de Adoniesis. Sobre este nombre volveremos, porque es muy importante en esta historia. Ahora queremos señalar otro punto de contacto, que coincide dentro de este relato con otras constataciones. El signo con que se suelen identificar los mensajes de Adoniesis, una vez recibidos telepáticamente, es uno de los dibujos que proliferan en las tumbas de Nofretari, esposa de Ramsés II. Casualmente, estas techumbres y todo un material importantísimo, perteneciente a la época de Ramsés II, forman parte de una extraordinaria exposición montada en la ciudad de París.

    De la Atlántida a Egipto, de Barath a Hermes Trismegisto, y retrotrayendo toda esta historia alucinante hasta los tiempos actuales, un hombre guiado por seres del espacio exterior, llamado Eugenio Siragusa.

    Los arqueólogos tienen todavía un enorme trabajo por llevar a cabo. Y en cuánto se refiere a Atlántida, los arqueólogos españoles están en condiciones óptimas de investigar el Atlántico. Hace dos o tres años apareció una pequeña noticia que decía lo siguiente: “En unas investigaciones llevadas a cabo frente a las costas españolas, en el Atlántico, se han encontrado los restos de una enorme ciudad sumergida. Pudieran ser los restos de la ciudad atlantídea llamada Poseidón”. Se ha sabido que incluso por parte oficial española se llevaron a cabo algunas investigaciones para confirmar la noticia de la existencia de dicha ciudad. Los resultados fueron positivos, pero las cosas no se han llevado adelante. ¿Se encontrará Poseidón, lo mismo que otras ciudades sumergidas en el Atlántico? Es probable, pero nuestro siglo tiene otras muchas ocupaciones graves, antes que la arqueología, según parece. De todos modos, es igual: el tiempo decidirá, y cuando deje al descubierto algunas pruebas de la existencia de aquella civilización de la cual procedemos, todo quedará claro.



    6. EGIPTO, REDUCTO DE LA CULTURA ATLANTÍDEA





    “Un hombre y una mujer inician su camino bajo un sol resplandeciente, guiados por mano y sabiduría de ángel. En su heredad encontrarán el árbol del conocimiento con doce flores y el árbol de la vida con nueve frutos. Pero detrás del árbol de la vida les espera la serpiente, y ellos deberán vencerla para que sus frutos no sean amargos.”

    (ELEUZEL.)


    Como en el anterior capítulo, volvemos a conversar con Eugenio Siragusa para escuchar de sus labios algunas aclaraciones relacionadas tanto con el tema de la Atlántida como con Egipto. ¿Quién fue, en realidad, Hermes Trismegisto? ¿Cuál fue su papel en el comienzo de esta era?

    Anteriormente, usted nos confirmó que había sido Barath. Bien, usted afirma haber sido también Hermes Trismegisto. ¿Puede decirnos quién era, cómo era Hermes Trismegisto?

    - Hermes Trismegisto fue tenido entre los antiguos egipcios por el más grande entre los grandes, por el maestro entre los maestros. En la antigua religión de Egipto, al igual que Osiris representa el modelo de príncipe, Hermes ofrecía el modelo del sacerdote. La figura de Hermes Trismegisto, por efecto de particularísimas circunstancias, se perdió con el paso del tiempo y de los siglos.

    - Se ha llegado a dudar de la existencia real de Hermes Trismegisto. Se ha dicho que es un mito. ¿Qué opina usted de esto?

    - Quienes hicieron desaparecer a Hermes Trismegisto no pudieron hacer desaparecer por completo sus obras. Hermes tuvo el tiempo suficiente para depositar sus secretos y su sabiduría en los recintos más ocultos del templo donde él operaba la iniciación de los guías de la humanidad... Esos secretos todavía no han sido descubiertos. Y el conocimiento que los humanos han tenido de sus obras nunca fue directo, sino mediático.

    - ¿Podría usted precisar algo más estas imágenes, estos recuerdos?

    - El santuario de Eleusis fue destruido, y la biblioteca de Alejandría, saqueada. ¿Nunca se han preguntado ustedes por qué? Hermes Trismegisto, antes de ser muerto, depositó personalmente sus libros y objetos sagrados en lugares donde no pudieron ser saqueados. Las pruebas de todos estos hechos existen, y algún día no lejano verán la luz.

    - ¿Cuál fue la misión, la acción real de Hermes Trismegisto?

    - Fue el depositario de la gran iniciación, de los grandes secretos de la teología, las ciencias… Fue el fundador del Gran Templo de los misterios en los albores de esta generación. El Tres Veces Grande fue el elegido como custodio y guía de una nueva era.

    - ¿Usted era también de raza roja, según dice que eran los atlantes, y por tanto los egipcios que custodiaron los grandes secretos en los umbrales de la era adámica?

    - Está escrito en el Poymandrés: “Por la misericordia de Dios, he salido de mí mismo. He revestido un cuerpo inmortal; no soy ya el mismo. He nacido en inteligencia”. Esto no se aprende por medio de este elemento modelado, con el cual nos es dado ver, por lo cual no me preocupa más mi primitiva forma compuesta ni me importa que yo sea colorado, tangible, mesurable. Sí. Hermes Trismegisto pertenecía a la raza roja, y el recuerdo de aquella época todavía hoy provoca en mi interior oleadas de una enorme emoción.

    - Hemos mencionado más arriba el concepto era adámica. Por los documentos encontrados, deducimos que la historia de Adán y Eva es una historia que contiene otro secreto muy diferente debajo. ¿Cuál?

    - Adán significa luz, espíritu derivado de Dios, amor manifestado de Dios. Eva significa sombra, la madre, amor de Adán, el cuerpo astral. La suma de los dos equivale a la conjunción entre espíritu y cuerpo astral. La serpiente es el símbolo de la atracción material que envuelve en su cuerpo-espiral el astral de Eva y no condiciona el espíritu de Adán. A través del cuerpo astral de Eva, el espíritu de Adán realiza la primera materialización, simbolizada por la negatividad emitida y atrayente del vehículo físico “serpiente” que añadió la materia calamitosa, la más idónea para representar la atracción material negativa primordial. A causa de esta fusión entre Adán-Luz- Espíritu y Eva-Sombra-Astral por la acción de la Serpiente-Materia, se obtiene el efecto hombre. “Y fue su exilio el exilio del Espíritu y su condena la condena del Cuerpo Astral envuelto en la espiral de la forma terrena. Al final del ciclo, Adán volverá a ser Adonai. La suma de Adán y Eva se terminará, y se separarán poco a poco de la materia; de este modo recorrerán el camino evolutivo para entrar en un plasma más equilibrado y menos constrictivo, en una zona de luz eterna y vivificante”.

    - Si hemos entendido bien, la historia de Adán y Eva encierra el secreto del nacimiento y el fin de una generación. Nuestra generación, y por tanto, las razas que hay sobre la Tierra, ¿nada tienen que ver con este relato?

    - Así es exactamente.

    - Si esto es como usted dice, ¿el hombre nació realmente en la tierra, o fue traído de fuera?

    - Le con palabras de Adoniesis, pertenecientes a una comunicación que recibí el 13 de septiembre del año 1966, a las quince horas: “La verdad es que los antepasados, los primeros habitantes de vuestro planeta, no nacieron en la Tierra. Os decimos que vinieron, y por una razón muy particular de fuerza mayor, desde los espacios exteriores. A pesar de todo, hoy muchos científicos terrestres creen conocer mucho sobre este tema, pero en realidad saben muy poco o casi nada. No habiendo tenido el hombre origen en esta Tierra, no ha seguido el proceso evolutivo que todavía muchos científicos creen y se obstinan en afirmar y hacer creer”.

    - ¿Cuáles fueron las causas que obligaron a nuestros antepasados a llegar y permanecer en este planeta?

    - Existen leyes que son absolutamente inquebrantables. “El universo al que pertenecéis y pertenecemos nosotros vive y se desarrolla a través de varias y diversas dimensiones. Incluso sobre vuestro planeta, tales dimensiones se avecinan, y vuestra falta de conocimiento produce causas que constituyen la matriz de todos los efectos que edifican y modifican las diversas estructuras psico-físicas. Como está sucediendo ahora con las explosiones nucleares, el ser terrestre se cree con derecho a tentar aquellas leyes que no le está permitido violar a ningún tipo de inteligencia”.

    - ¿A qué ley se está usted refiriendo?

    - Me refiero a aquella ley que gobierna y tutela las estructuras y la vitalidad del Cuerpo Cósmico y que forma parte íntima del principal complejo creativo que se identifica con la figura del Padre Creador. Esta ley se intentó violar en el pasado por un príncipe incontrolado de los espacios cósmicos. Y la ley dio un severo aviso a quienes intentaron profanarla. En verdad, ésta ha sido la principal causa que obligó a nuestros antepasados a emigrar de otros mundos y a refugiarse, buscando salvación, en el planeta Tierra.

    - ¿Cómo era entonces el planeta Tierra?

    - Nuestro planeta, demasiado joven en aquel tiempo, les dio muy pocas facilidades de supervivencia, dada la violencia de los elementos todavía en estado de asentamiento. Nuestros antepasados pudieron cruzar el espacio, gracias a sus conocimientos y a sus medios técnicos. Las inmensas naves del espacio se dirigieron y se asentaron en las verdes llanuras de la Tierra, en espera de mejor solución. Miles de pequeñas cosmonaves se posaron en pequeños grupos sobre diversos puntos del planeta. Sus jefes conductores eran cuatro, y representaban cada uno la voluntad colectiva de las almas de las cuatro razas. Otras naves se dirigieron a otros planetas del sistema solar. La Tierra sufrió terribles temblores y el cataclismo hizo vibrar todo el planeta, provocando el completo desastre de los medios y la muerte de los habitantes. Los supervivientes del espantoso cataclismo huyeron como enloquecidos. Poquísimas naves consiguieron despegar de nuevo y alejarse del suelo terrestre. De los que quedaron y sobrevivieron, que fueron nuestros antepasados, derivan los actuales habitantes.

    - ¿Cómo pudieron sobrevivir?

    - Sufrieron una lenta metamorfosis en todas sus originarias características psico-físicas a través del tiempo. La materia edificó un plano dimensional de adaptación al ambiente con la formación de una estructura exterior válida para garantizar la permanencia de los órganos originales. Hace milenios y milenios, nuestros antepasados poseían todavía el poder y la capacidad de comunicarse a enormes distancias a través del poder telepático. Conservaron por mucho tiempo la profunda cognición del saber, pero la nueva dimensión les agredía de modo inexorable. El tiempo delimitó definitivamente su personalidad, y el hombre tuvo que someterse a la dura experiencia de la materia, experiencia no superada hoy todavía.

    - ¿Se desarrollaron igual nuestros antepasados que los que se refugiaron en otros planetas y que procedían del mismo Lucifer o Tir antes de su desintegración?

    - No todos se desarrollaron igual. Los que se refugiaron en la Tierra tuvieron el proceso más difícil. La causa principal de este retraso fue la inestabilidad constante del planeta. Los desastres se sucedieron, y otros posteriores llevaron a sus orígenes los notables adelantos conseguidos en mucho tiempo y con enormes esfuerzos. En otros planetas esto fue totalmente diferente, y la evolución, aunque sometida a otros acontecimientos, se llevó a cabo de modo más fácil.

    - ¿Cuánto tiempo duro la intercomunicación de las razas?

    - Duró mucho tiempo. Pero el lento y progresivo alejamiento de la capacidad perceptiva y comunicativa extrasensorial terminó por aislarlas. La intervención violenta y continua de las fortísimas emociones provocadas por las mutaciones del geoide, terminó por instaurar un nuevo complejo psíquico y un régimen emotivo brutal y distinto.

    - ¿En qué raza duró más tiempo la reminiscencia de su origen?

    - En la raza amarilla. Tuvo en principio una vivaz reminiscencia de los elementos instintivos organizadores del alma colectiva que caracterizó los originarios valores activos.

    - ¿Qué raza logro recuperarse antes y llegó al completo conocimiento de éste y otros secretos olvidados?

    - Fue la raza roja. Precisamente la raza roja representaba la cepa originaria que manifestó esta particular actividad de reminiscencia espiritual. Sus primeros padres conocían ya la naturaleza de la fuerza creadora en todos los aspectos dimensionales, como hoy la conocemos nosotros. Esta verdad fue transmitida por fuerza mental a los nacidos del alma colectiva.

    - ¿Qué entendían ellos por Dios?

    - Para ellos era el Ser que lo compenetra todo, el alma eterna de todo. Sabían que sin Él ninguna cosa existiría en el tiempo. Para ellos Dios era la causa eterna de todas las manifestaciones en todas las dimensiones.

    - Usted ha hablado de constante intervención de seres del espacio para guiar la evolución del hombre en este planeta. ¿Desde cuándo se viene llevando a cabo este tipo de tutela?

    - Esta guía fue llevada a cabo desde los comienzos. Y todavía hoy, más que nunca, es activa y constante.

    - ¿Quiénes la llevaban y la llevan a cabo?

    - Es llevada a cabo por maestros cósmicos de distintas procedencias y dimensiones.

    - ¿Se puede pensar que dichos guías o maestros son los ángeles de que habla frecuentemente la Biblia?

    - Exacto. Así es.

    - ¿Qué grado ocupan en el cosmos los maestros cósmicos?

    - Los maestros cósmicos son coordinadores del reino de la Inteligencia divina. Su grado es: dos partes de astral y dos de espiritual.

    - ¿Está usted en contacto con algún maestro cósmico? ¿Ha visto alguno?

    - Sí. Estoy en contacto con Adoniesis, un maestro cósmico de la quinta dimensión, coordinador planetario sobre la cuarta dimensión. Es un genio solar.

    - ¿Qué se debe entender por quinta dimensión?

    - La quinta dimensión es existencia dinámica astral. Es el logos manifestadode la deidad. Es la dimensión de la inteligencia creativa. La quinta dimensión es el logos crístico, la emanación de la suprema voluntad del arquetipo cósmico: Alfa-Omega. Es potencia coordinadora del Manifestado, fuente de la Idea divina del principio de toda cosa, potencialmente existente. Adoniesis se autodefinió así en uno de sus mensajes: “Mi patria es el cosmos; mi morada el Sol; de aquí vengo y esto soy”.

    - El Sol fue el astro en torno al cual giraron culturas cuyos vestigios permanecen hoy: la maya, la azteca y la egipcia. ¿Cuál es su definición, su concepto del Sol?

    - El Sol es fuente de energía psíquica creativa. Y es esta la energía que permite realizarse a los terrestres, la energía que hace posible la mayoría de las cosas que el hombre considera milagros. El Sol de este sistema planetario, además de ser logos de la divina Inteligencia, es el contenedor y elaborador de las ideas manifestadas y manifestantes. En él se informan los elementos aptos para instrumentalizar el cuerpo y hacerlo funcionar sobre los diversos planos energético-físicos. Los antiguos habitantes de la Tierra tenían un perfecto conocimiento del arte sabio y eterno del Sol. Eran plenamente conscientes de su naturaleza viviente y sabían además que en él residían todos los cuerpos pensantes de Dios. Conocían desde remotísimo tiempo la inmutable y eterna ley que gobierna la actividad creadora del Sol esparcido en el universo. Su devoción a esta ley fue incondicionada, porque eran plenamente conscientes de que dicha ley resultaba la pura expresión de Aquel que tiene la inteligencia primera y la fuerza del devenir.

    - ¿Es conocida esta energía, en este sentido, por los científicos actuales terrestres?

    - La energía psiquizante que el Sol segrega es perfectamente conocida por ciertos científicos terrestres. Algunos han individualizado los corpúsculos- vehículo, pero incluso conocen la particular estructura y la naturaleza contenida y transportada. Es dicha energía precisamente la que posee la particular capacidad de informar la materia cósmica de los valores estructurales genéticos. La laboriosa actividad de esta energía solar produce los quanta-sens, que son valores materiales psiquizados sobre los diversos planos dimensionales conocidos y desconocidos de nuestra ciencia. Estos quanta-sens instruyen y determinan además los quanta-memor, cuerpos pensantes, o mejor, imágenes de los valores experimentales y aptos para ser reabsorbidos por el acumulador-memoria (Sol).

    - Volvamos a Egipto. Hemos encontrado en diversos relatos suyos alusiones al sistema de navegación de los atlantes. Sus embarcaciones ¿se podían identificar con los barcos “Rha”?

    - Efectivamente. Este tipo de embarcación se usaba en la Atlántida. Era un tipo de embarcación muy práctico para pasar de una isla a otra. El barco se podía transportar cómodamente por tierra y volverlo a utilizar para pasar de una isla a la siguiente. De estilo “Rha” era el usado habitualmente para comunicarse entre las islas que se formaron en las costas occidentales del África y las costas orientales de las Américas. En aquellos tiempos, la cultura atlante se extendió a Egipto, y esos barcos fueron habituales muchos milenios después allí. Incluso hoy pueden encontrarse embarcaciones como aquéllas utilizadas por los indios en el lago Titicaca.

    - ¿Encontrará el hombre contemporáneo pruebas científicas de sus afirmaciones?

    - La Atlántida, Mut, Lemuria existieron en el pasado. Un día, cada vez más próximo, tendremos los elementos y las pruebas históricas de aquellas generaciones, pruebas conservadas celosamente en secreto para el tiempo que debe venir.

    - Una última pregunta: ¿De qué cree usted que están hechas las pirámides? ¿Cómo fueron construidas? ¿Para qué?

    - Las grandes pirámides, las originarias, fueron templos de la sabiduría, donde se impartían los conocimientos y los conceptos que sirvieron de guía a esta generación. No fueron construidas por grandes masas de esclavos, sino con la intervención de grandes medios provenientes del desarrollo atlante. Para su construcción se contó con la ayuda exterior. Las piedras se podían mover fácilmente, porque en la zona se operó limitando la fuerza de la gravedad. Y los inmensos bloques de piedra no fueron arrastrados por masas de esclavos, sino que se fabricaron en el mismo lugar de su utilización por un proceso de cristalización de la arena. La existencia y el trazado del Nilo pertenecen a la misma época.
     
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