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    LA EXPERIENCIA CON EL REAL TIEMPO DEL UNIVERSO
    bookFecha: Sábado, 2012-12-01, 11:25 AM | Mensaje # 1
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    LA EXPERIENCIA CON EL REAL TIEMPO DEL UNIVERSO

    Publicado por SIXTO PAZ WELLS




    “El dios Make Make, el creador
    creó el universo, pero a la Tierra
    la encerró dentro de un huevo,y experimentó en ella
    el poder del sentimiento y la emoción,
    para ver que si era bueno
    abriría el huevo para inundar el universo con esa luz”

    Don Benito, Sabio Rapa Nui.

    En el año 1997, se cumplieron 50 años de la Era Moderna de los Ovnis. Habían pasado 23 años desde que se inició nuestro contacto telepático y psicográfico con los Guías Extraterrestres. Y habían transcurrido 8 años desde que los Hermanos Mayores me invitaron a acompañarlos a vivir el contacto con el Real Tiempo del Universo, sin haberse concretado hasta ese momento.

    Se sentía que aquel sería un año muy auspicioso, y había grandes posibilidades de que se definieran las experiencias pendientes.

    Durante el mes de enero se sucedieron las reuniones con los grupos de contacto en Lima, aprovechando unas vacaciones que me di en casa, al lado de mi familia. En estas agradables veladas combinadas con meditaciones y tertulia, recibimos el siguiente mensaje:

    Comunicación: 22-01-97

    Lugar: Surco – Lima


    “Sí, somos sus hermanos guías de la misión. Salgan el 31 de este mes a Chilca. Será un buen día para establecer una conexión en el lugar conocido. Desde las 7 p.m. les aguardamos trabajando. Prepárense bien porque el tiempo es llegado para aligerar las transformaciones planetarias.

    Estamos con ustedes.

    Con amor, Sampiac

    Sí Oxalc.

    La invitación está dada, la preparación es responsabilidad de ustedes. Es útil y necesario que este encuentro sea vivido como el salto aguardado, como el siguiente paso. Y estamos seguros de que así será.

    El contacto permanece más allá del desaliento y el tedio. Renuévense cada día y no teman que estamos con ustedes apoyando.

    Las cosas están cambiando para bien, acelerándose procesos, pero es difícil para ustedes percatarse de ello. Abran los ojos, la mente y el corazón, y verán la luz en el camino.

    Con amor, Oxalc.

    Al final de la recepción del mensaje, el comentario del grupo fue que debíamos prepararnos y volver a crear las condiciones para captar nuevas pautas en los días siguientes, donde alguna otra indicación nos clarificara los requisitos de la salida. Y así fue.

    El 28 de enero nos reunimos en casa con mi familia, y con el apoyo de Marinita y mis hijas, recibí un nuevo mensaje. De forma simultánea, en otro lugar de Lima, la gente del grupo del distrito de Maranga también se hallaba reunida, y ellos captaron otra comunicación que coincidía y se complementaba con la recibida por mí. El mensaje decía:

    Comunicación: 28-01-97

    Lugar: Surco- Lima


    “Sí, somos sus hermanos guías en misión.

    Aquel lugar en el desierto al pie de las montañas (La Estrella, en la quebrada de Santo Domingo de los Olleros), es el lugar donde les esperamos (el día 31). Lleguen a las 6 p.m. (empiecen a trabajar a las 7 p.m.) y vayan no más de diez personas, con una actitud y preparación acordes con el tiempo y la madurez que deben manifestar los misioneros de la luz.

    Con amor, Sampiac”

    El viernes 31 amaneció soleado y luminoso, sin una sola nube, por lo que muy temprano me había levantado escuchando el canto de la multitud de aves que revolotean sobre los árboles de la calle, en nuestro barrio que es residencial y muy tranquilo, por estar en las afueras de la ciudad, con mucho campo alrededor.

    Después de un poco de gimnasia y una ducha con agua fría, me encontraba listo para irme a la oficina que tengo en el extremo opuesto de mi casa, en una habitación independiente a la que se accede a través de una escalera caracol. Allí tengo mi escritorio y la biblioteca, junto con el delicioso tesoro de multitud de recuerdos y souvenirs de infinidad de viajes (puntas de flecha y fósiles), así como regalos de todos los amados amigos que he conocido a lo largo de los años, asimismo como producto del cariño de los grupos. Esta habitación a la que considero muy acogedora, tiene una vista muy agradable del jardín interior y de las montañas cercanas. También posee una acústica muy especial, por cuanto se encuentra bajo una gran cúpula de concreto pintada de azul, y llena de estrellas fosforescentes, formando constelaciones, colocadas con mucho amor y gran esfuerzo por mis hijas, según el mapa del cielo en estas latitudes.

    Realmente era un hermoso y cálido día de verano que invitaba a ir a retozar en la playa, pero no podíamos distraer nuestra atención en nada más que prepararnos para la salida de la tarde. Sobre las 3 p.m. estaríamos partiendo hacia el sur, en pos de una aventura extraordinaria: encontrarnos una vez más con seres que vienen de otros mundos y dimensiones...

    Después de revisar mi correo electrónico, cerré el ordenador y bajé hacia el garaje para sacar mi auto y dejarlo afuera, en la calle. Allí me encontré con un vecino que además de saludarme amablemente, me contó que el día 28 de Enero, por la noche (coincidía con el horario de la última comunicación que recibimos), venía conduciendo por la ruta de regreso a Lima, y al pasar por Chilca (la zona de nuestros contactos), vio con su esposa salir de entre los cerros un objeto en forma de esfera de un color naranja, que se dirigió al mar. Pero no le pareció que fuera un meteorito ya que su desplazamiento era horizontal.

    Me resultaba muy interesante que me lo contara justo esa mañana, de tal manera que al reingresar en casa, se lo dije a Marinita que se encontraba en la cocina ordenando sus cosas, vestida por comodidad sólo con una larga camiseta, y con sus pies descalzos sobre el piso de mármol travertino, buscando refrescarse en contacto con el suelo. Ella me escuchaba atentamente mientras iba repartiendo la comidita a cada uno de nuestros dos cariñosos y engreídos gatos persas que tenemos, llamados: “Mingo “y “Saravi”, y que ya son parte muy querida de nuestra familia (hoy por hoy se han multiplicado y ya son seis)

    Ambos quedamos pensativos, pero ella terminó esbozando una deliciosa sonrisa pícara, como confirmándome que presentía igual que yo, que algo muy especial nos aguarda más adelante. Por ello no nos costó ningún esfuerzo mantener el ayuno que habíamos iniciado el día anterior, como adecuada preparación para sensibilizarnos más.

    A la hora convenida, abordamos nuestra camioneta roja y nos dirigimos por la carretera Panamericana Sur hacia los peajes, para aguardar allí al resto del grupo: siete personas del grupo de Maranga ( Nimer y Carmen Obregón, Elard y Cucki Pastor, Silvia Maza, Richard González y Fiorella Pita) y uno del grupo San Borja (Pablo Manrique). Nuestros compañeros de salida llegaron algo atrasados al lugar de encuentro, pero inmediatamente partimos en dirección hacia Chilca y arribamos a la población, al cabo de una hora. Debíamos buscar a Don “Nico” y su fábrica de hielo, por que al ser el dueño de la última granja antes de internarnos en el desierto deshabitado. Había un camino que pasaba por sus instalaciones y que permanecía cerrado por una tranquera, por ello requeríamos su permiso, para mostrárselo luego a sus trabajadores y guardianes, a fin de que nos dejaran avanzar. En la fábrica nos dijeron que él estaba precisamente en la zona de los pozos de agua, unos cinco kilómetros antes de la granja. Que allí lo podríamos encontrar.

    Felizmente, aquel simpático empresario estaba en el sitio aguardándonos, siempre jovial y generoso, en medio de los motores que extraen el valioso elemento, ¡agua pura!, a unos veintitrés metros de profundidad de la napa del desierto. Y no sólo nos dio su permiso sino hasta su bendición, por lo que resultó muy sencillo seguir por el camino, y llegar a la hora convenida (6 p.m.) a la zona de La Estrella.

    Dejamos nuestros autos en una explanada al pie de los cerros, y nos fuimos distanciando del único sendero que llega hasta allí, que es tan sólo una simple huella algo afirmada, para aislarnos aún más del mundo. Recorrimos unos dos kilómetros por el desierto, caminando hasta un sitio muy especial: una pequeña planicie rodeada de una inmensidad de piedras, pequeñas hondonadas y cauces secos de torrentes, donde se han dado en anteriores oportunidades intensas experiencias de avistamientos y descensos de naves.

    Nos habíamos ubicado en el extremo derecho de la quebrada, y ni bien llegamos, pedimos permiso a las fuerzas de la naturaleza para trabajar allí, y agradecimos a Dios por la oportunidad que nos concedía de estar todos juntos y unidos en mente y espíritu.

    Después de hacer una armonización y cadena de protección, nos sentamos en círculo, aprovechando los desniveles del suelo. Entonces tomé la palabra para comentarles a todos, que presentía que la experiencia se iba a dar al pie de una pequeña colina distante del lugar donde nos encontrábamos, mas o menos a un kilómetro y medio. Y hasta me permití señalarla.

    Cada vez que en los mensajes se había mencionado el tema del contacto con el Real Tiempo del Universo, siempre se me había venido a la mente ese sitio. Por lo cual fui categórico y reiterativo al señalarlo como ¡el sitio! ... Pero era el lugar al que seríamos invitados más tarde. Por ahora, había que trabajar en elevar nuestra propia vibración allí donde nos habíamos acomodado.

    A continuación hicimos nuestra primera meditación de tipo solar con vocalizaciones de palabras clave o llave (mantram), que duró cerca de treinta minutos, al cabo de lo cual abrimos los ojos y a pesar de que cuando llegamos no había ni una sola nube en el cielo, ahora, exactamente sobre nosotros, se había formado una única y solitaria. Estaba como a unos quinientos metros de altura. Era ovalada, compacta y de un color marrón oscuro, muy sospechosa. Pero sin distraernos por su presencia, continuamos los trabajos, incorporándonos para hacer entre todos una cadena de irradiación de energías positivas por el país y el mundo, cerrando los ojos y extendiendo los brazos hacía adelante, de tal manera que visualizábamos en nuestra mente nuestra nación, como si estuviese delante y debajo de nosotros, siendo observada desde el espacio. Y con cada respiración lenta y profunda, sentíamos que energías poderosísimas de colores descendían sobre nosotros y eran dirigidas a través nuestro a revertir todo lo malo y negativo...Al terminar, abrimos los ojos y la nube se había transformado en dos líneas convergentes gruesas y largas que señalaban un punto, que era exactamente el lugar que había mencionado. Era como si la naturaleza estuviese jugando a confirmarnos las cosas.

    Nos sentamos e hicimos una nueva meditación, pero mentalmente, en silencio durante otra media hora. En ella, algunos de nosotros sentimos predisposición al desdoblamiento, y también percibimos claramente que había gente caminando a nuestro alrededor. Al abrir los ojos, todo estaba iluminado. Como si hubiese Luna.

    Se observaron a continuación varias caneplas, esferas luminosas de un color rojo y anaranjado, moviéndose a la distancia por entre los cerros cercanos, así como fuertes resplandores y fogonazos. El cielo estaba estrellado, y nos maravillamos al contemplar que se había formado en el espacio, un gran círculo entre gris y blanco que ocupaba todo el cielo por encima de la quebrada, y que dentro, había un triángulo equilátero cuyas puntas tocaban el círculo. Era fantástico e increíble.

    En ese momento, Silvia hizo que nos fijáramos en lo alto de un cerro del lado izquierdo de donde nos encontrábamos ubicados, en dirección hacia la zona de las granjas distantes. Allí había aparecido un lucero inmenso. Todos contemplamos cómo aquella lucero fue avanzando lentamente, hasta que se detuvo delante nuestro, y proyectó un haz de luz que descendió de forma oblicua sobre la colina que yo había señalado a poco de nuestra llegada, manteniéndose el objeto luminoso y el haz permanentemente sobre el lugar.

    Fue para mí la confirmación definitiva. Y como sentía internamente que me estaban llamando, les dije a todos, que debía ir hacia allá. Por ello me incorporé y me despedí de Marina y del resto del grupo, poniéndome a caminar ligero.

    Iba sin linterna, y sin embargo todo se veía muy claro. Inexplicablemente mientras avanzaba veía en el suelo formarse como unas manchas luminosas a manera de células gigantescas de luz que se movían como si estuviesen vivas, y se marchaban y juntaban formando un extraordinario camino luminoso. Generalmente, caminar por el desierto a campo traviesa es dificultoso, incluso de día, por cuanto el terreno es muy irregular, polvoriento y con demasiadas piedras sueltas.

    Pero iba avanzando sin sentir ni piedras ni desniveles, por lo que me consideré afortunado de haber encontrado lo que yo creía era un camino. Pero de pronto me sobrecogió el temor a lo desconocido...Sentía una presencia que me cerraba el paso y dudé de seguir adelante, pero al final me sobrepuse y seguí avanzando.

    A la distancia, el grupo estaba siendo testigo igualmente de las manchas inteligentes de luz, por lo que Nimer – ingeniero mecánico, hombre valiente, fuerte y robusto – también se sintió llamado a dirigirse hacia el haz. Así se lo comunicó a todos, y se levantó del suelo. Estuvo caminando largo rato, maravillado por los resplandores y las luces que revoloteaban a su alrededor. Sin embargo, de un momento a otro, igualmente lo envolvió el mismo temor. En ese instante él se amilanó, dio la vuelta y volvió hacia donde estaban los demás reunidos.

    Fui avanzando hasta que estuve a unos treinta metros de la colina donde se posaba el haz proyectado por el objeto que se perfilaba ya como una evidente nave lenticular. Me detuve donde aparentemente el camino terminaba en un círculo amarillento en el suelo. Intempestivamente, cayó sobre mí, como si fuese un fogonazo o resplandor espectacular, acompañado de una como estructura gaseosa, circular y a la vez cilíndrica ( de unos 3 m de diámetro), de un color marrón grisáceo, que me aisló del desierto y me dejó anonadado. De pronto, estaba y no estaba en el lugar, aunque podía ver el paisaje ligeramente difuminado. Miré entonces hacia el suelo, y este empezó a moverse, desde el polvo hasta las piedras, grandes y pequeñas, formándose una espiral que giraba a gran velocidad, mientras la misma fuerza me elevaba y me mantenía suspendido en el aire. De repente, todo comenzó a serenarse, compactándose la tierra debajo de mí y formando un promontorio, a manera de pequeña colina artificial sobre la cual fui depositado. Me encontraba con el corazón en la garganta, cuando vi del lado derecho, una esfera (canepla), de un color naranja de unos treinta centímetros de diámetro, que se acercaba a la estructura que me envolvía, penetrando en ella y colocándose delante de mí como a un metro de distancia y a la altura de mi rostro. Quise tocarla, y se replegó hacia atrás, transformándose al instante en una estructura oscura, rectangular y plana, como de un metro de ancho por 1,80 de altura. Parecía una puerta o una ventana, y luego comenzaron a aparecer muchas otras puertas paralelas, que me hacían recordar el programa Windows de los ordenadores (computadoras). Y en cada una de esas ventanas aparecían las imágenes de cada una de las veces en que los grupos de contacto habían trabajado en el lugar en la apertura de puertas dimensiónales. Veía allí cada salida, pero como si recién estuviesen ocurriendo. Era una sensación extraña. Y la ventana más cercana mostraba el encuentro que se había llevado a cabo el día 25 de diciembre de 1993, muy cerca de allí, y a la que yo no pude asistir. Era tan impresionante ver a la gente y esas escenas tan vívidas de hacía unos años, que acerqué mi rostro y el torso de mi cuerpo, penetrando en parte dentro del umbral. Entonces me di cuenta que la gente me vio y reaccionó, yo me asusté y me hice hacia atrás, desapareciendo el portal. ¡Había podido interactuar con una realidad ocurrida ya cuatro años antes!¡Era una locura!

    A los pocos días, cuando conté la experiencia completa, hubo gente que había estado en la salida del 93, que aprovechó para revelar algo atestiguado por varias personas, pero ocultado por su extraña naturaleza. Resulta ser que en aquella salida ellos vieron materializarse en el desierto un domo luminoso a manera de un xendra. Corrieron hasta allí, y esperando ver salir de su interior a un ser extraterrestre, a quien vieron asomarse fue mí en persona, sorprendiéndose todos... ¡Ellos sin saberlo, me vieron aparecer del 97 en el año 93!...

    Como dije, la experiencia continuó, desvaneciéndose instantáneamente las ventanas o puertas, como si se compactaran en el aire, por delante mío. En eso, vi fuera del cilindro gaseoso, la silueta oscura de dos personas altas, y pensé que eran algunos de los muchachos del grupo que habían llegado hasta allí, por lo que descendí del promontorio buscándolos, asi que me acerqué hacia el límite de la estructura, pudiéndola atravesar sin dificultad y percibiendo como un ligero viento cálido sobre mí. Una vez fuera, no había nadie, de modo que recorrí la poca distancia que me separaba de la colina y del haz de luz, que ya había formado un domo brillante, un hermoso y contundente Xendra. Me detuve delante del domo luminoso, y en ese momento, se colocaron detrás de mí y a un lado, dos seres físicos de apariencia humana, vestidos con trajes brillantes. Uno era muy alto y el otro como de mi estatura. Me dio tal impresión, que de la sorpresa, no me atrevía sino a mirarles de reojo, sin atreverme a girar para encararlos frente a frente. Y entonces escuché que me dijeron:

    -¡Sigue adelante!....

    Di unos pasos dentro de aquella energía radiante y a la vez concentrada. Esperaba que se produjeran en mí los síntomas propios de un traspaso interdimensional, como son: náuseas, mareos, pérdida de peso y excesivo calor; pero no se dieron. Sólo sentí como una suave brisa cálida. Y lo que vino a continuación fue que vi y sentí que me alcanzaba como una explosión, y que al atravesarme, yo ingresaba como en otra realidad. Como si estuviese del otro lado del espejo, como en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas. Pero esa otra realidad venía acompañada por la impresión de haber sido conducido a gran velocidad por un profundo túnel.

    Entonces aparecieron delante de mí un cielo verde y un océano rojo. Estaba allí y no me sentía extraño. Sabía que lo que tenía delante era un mar, aunque no había oleaje alguno, sino una impresionante calma. Yo me hallaba en la orilla, pero con mis pies sobre esa agua poco profunda. Se distinguía hacia el lado izquierdo, y a la distancia, como una isla, y en ella una ciudad compuesta de gigantescas cúpulas de un color blanco azulino. Luego la imagen cambió, y a pesar de que estaba parado nuevamente sobre un mar de aguas tranquilas, el color de estas era plateado como el mercurio y el cielo azul índigo, destacando un increíble y cercano planeta de colores pasteles. Del mar brotaban gigantescas estructuras semejantes a cactus, y en cada brazo había edificios iluminados. Y así siguieron apareciendo y desapareciendo infinidad de paisajes de todos los colores y formas, con un común denominador: la presencia de océanos con sus aguas en reposo. En uno de estos paisajes, siempre con mis pies ligeramente sobre el agua giré y vi que los seres que me invitaron a ingresar en el umbral permanecían detrás de mí, inmóviles. Entonces capté o escuché que me decían:

    -¿Ya percibiste la diferencia?

    -¿Con respecto al océano? – contesté devolviendo la pregunta, porque era esa la imagen que me venía a la mente.

    -¡Sí, en relación con las aguas! – me confirmaron mis acompañantes, sin que yo supiera si era telepáticamente o verbalmente que me comunicaban las cosas.

    -Lo que veo es que todo está en calma. No hay movimiento. Se siente como estancado – dije reflexionando en voz alta, y volviendo mi vista al frente, donde salían del mar gigantescas torres coronadas por esferas.

    -Ahora, fíjate en tu mundo....

    Y ni bien dijeron eso, veía hacia atrás sin tener, siquiera que girar la cabeza. Podía ver las imágenes de la Tierra, con sus costas y sus grandes olas golpeando contra los acantilados y formando diferentes playas. Probablemente lo visualizaba en mi mente, pero era muy claro...Eran escenas de grandes olas y mucho contraste en un solo lugar.

    -¡Hay movimiento, mucho movimiento! ¡Pero cuál es el significado de todo esto? – pregunté extrañado, sin saber a qué punto querían llegar.

    -¡Siéntelo!...Los climas y los cambios planetarios no sólo obedecen a los desplazamientos en el espacio, inclinación, presencia de astros cercanos, así como a los procesos de la propia dinámica interna de cada mundo, sino que también influyen sobre estos, los estados mentales y vibratorios de quienes viven en ellos. El colectivo y la comunidad mental son capaces de regular, controlar y afectar el medio.

    -¿Ustedes han elegido la uniformidad sin contrastes?¿No se aburren? – respondí extrañado.

    - Saber ser constantes en el proceso de avance y a la vez no temer a los cambios para lograrlo, es la clave del asunto. Cuando llegas a un nivel de madurez en las civilizaciones, como es el caso nuestro, aceptas la continuidad, hasta estar preparado para el siguiente paso. A veces el meditarlo demasiado hace que los logros futuros se vean afectados por la ausencia de una dinámica de cambio...

    -¿Tienen miedo a cambiar? ¡Se han hecho viejos, en edad y mente!...¿Por qué no se arriesgan a variar? O sea que ustedes también tienen miedos. ¿Pero es que acaso no tienen la capacidad de ver hacia delante, en el futuro? – me permití hacer esos comentarios, sin pensar ni saber si les agradaría mi punto de vista.

    -¡Es que a la clase de futuro que nos debíamos de haber dirigido no se llega con la mente sino con el “corazón”, como le llaman ustedes al espíritu! Por eso no podemos ver nada y resulta un lugar incierto. Nos la pasamos creando mentalmente todo el tiempo, sin dejar espacio como para que ocurran cosas imprevistas. Mucho es lo que sabemos y entendemos, pero el terreno se nos presenta inestable cuando se trata de sentirlo. Recuerden que muchas cosas hemos olvidado por mirar sólo hacia delante. Necesitamos que ustedes nos ayuden a recordar lo que es sentir, y a entender lo que sentimos, y a perder el temor de arriesgarlo todo renovándonos cada día ¿Podrán hacerlo?...Los Mentores creen en ustedes, ahora ustedes tienen que creerlo también.

    -Pero ¿cómo puede ser posible? ¡Son mentalmente espirituales! Ustedes mismos en infinidad de mensajes nos insisten en que sintamos las cosas, que intuyamos ¿Cómo nos piden algo que ustedes no hacen?- Realmente me sentí confundido.

    -Lo que te decimos no tiene que ver con la intuición de cuarta dimensión, es a un nivel superior y espiritual, que luego sea capaz de mantener la conexión con los niveles inferiores materiales sin perder la perspectiva....

    En ese momento, la imagen cambió y me encontré de noche, bajo un cielo estrellado en el que se destacaban como dos lunas cercanas (satélites) de un color amarillo azulado. Estaba parado sobre unas rocas cerca de la playa, y había un puente como de cristal, lleno de arcos, pero muy largo, de un color celeste, que comunicaba con una ciudad edificada sobre el mar, que también lucía como de cristal y del mismo color. La urbe se veía como llena de gigantescos domos, así como de altos y delgados edificios en forma de tubos. En el espacio se veía el desplazamiento de algunas naves saliendo y entrando de aquel lugar. Algo de lo cual me percaté fue que, en todas partes, había poca variedad en la vegetación.

    Me dirigí entonces hacia el puente y avancé sobre él, observando que las aguas del océano eran como de un color violeta oscuro, tan quietas que reflejaban el cielo, dando la impresión de estar en el vacío. Sólo la presencia de una especie de gigantescas aguavivas multicolores (medusas), que flotaban sobre las aguas cerca del puente, me hacían verificar la existencia de agua. Al acercarme a la ciudad, salieron del interior multitud de esferas, pequeñas y grandes, de diferentes colores, y como dos masas amorfas de color, que inicialmente me parecieron gruesas cintas de colores. Una era roja y otra azul, transformándose delante de mí en bellísimos seres humanoides, pero uno totalmente rojo y el otro azul. Ambos me hablaban de tantas cosas y tan rápido, que me resultaba difícil seguirlos y retener conscientemente su enseñanza o mensaje.

    -“La Tierra murió hace más de mil doscientos millones de años producto de lluvia meteórica, extinguiéndose la vida… Imagínate que el tiempo del universo es como una espiral ascendente ; en una de las curvas de la espiral la Tierra murió pero el universo continuó, y fue así que un grupo de civilizaciones recibió el encargo de Jerarquías cósmicas, de viajar a través de pliegues cósmicos o puertas interdimensionales, a través del tiempo y el espacio y llegar a tu planeta, antes que la Tierra muriera, e impedir de que muriera, creando así un tiempo alternativo paradójico, diferente al tiempo real. Según esto, uds estarían en otra realidad paralela, que en algún momento se reconectará con al real tiempo del universo.”-Dijo uno de estos seres.

    -Originalmente al ser vuestro tiempo paradójico, sería éste irreconciliable con el tiempo real, pero desde el momento que tantas civilizaciones han interactuado con uds, llegando a hibridarse con el ser humano, ahora existe más que una posibilidad de que se produzca la reconexión de los tiempos y vuestro planeta ocupe el lugar de la Tierra muerta en el otro tiempo- intervino el otro ser.

    -Ahora comprendo…-comenté yo-. Ya veo por qué las profecías no hablan del fin del mundo sino del final de los tiempos, y que para que haya un final de los tiempos debe de haber más de un tiempo.

    -¡Ciertamente! –acotó uno de aquellos seres- La intención fue en su momento crear las condiciones como para que surgiera una civilización con un potencial psíquico y espiritual, capaz de abrir puertas y sellos entre las dimensiones, que pudiera servir de punto de referencia para las demás civilizaciones estancadas evolutivas, que han avanzado mucho mentalmente pero a costa de sacrificar como ya sabes, aspectos importantes como son el sentimiento y la emoción.

    En mi interior reflexionaba sobre aquellos aspectos que han aportado los científicos que podían confirmar lo que estos seres me estaban diciendo, cuando tratando de datar la antigüedad del universo, ellos han utilizado el efecto “Dopler”, que es el corrimiento de la luz hacia el rojo, que no es otra cosa que la velocidad con la que las estrellas y las galaxias se alejan entre sí. De acuerdo a esto los científicos han calculado que el universo tendría entre diez mil y quince mil millones de años de antigüedad. Pero lo que ellos no se pueden explicar, es como cuando ellos dirigen sus telescopios a determinada zona del universo se encuentran con ciertas estrellas que son más antiguas que la creación del universo, lo cual es imposible. No deberían de haber estrellas más antiguas que la creación, a menos de que estén mirando a través de una ventana que comunica con otra realidad, y nosotros mismos estemos en otra realidad.

    -Todo lo que estas pensando es cierto-dijo el ser rojo-. Y el portal que conecta con esa otra realidad esta más cerca de lo que se pueden imaginar…

    La cabeza la sentía como que me iba a reventar por la cantidad de imágenes, sonidos, y hasta aromas que compartían conmigo. Hasta que algo sucedió, y estos seres se apartaron ante la presencia de alguien que iba saliendo del interior de un edificio principal cercano.

    De un momento a otro, fue haciendo su aparición alguien muy pequeño, como de un metro de estatura, de apariencia humana. Parecía una niña o una muñequita, que caminaba rápido. Hasta me hizo recordar las imágenes de algunas estatuas de la Virgen en las iglesias de Latinoamérica. Era un ser femenino de rostro claro y gracioso, como con un sombrero o casco redondo en la cabeza, y una capa dorada que le daba una graciosa forma cónica a su cuerpo. Se acercó hacia mí, y detrás veía a muchos más como ella, pero sin la capa o con ropas más sencillas. Incliné la cabeza en señal de saludo, y ella hizo lo mismo. A continuación pronunció unas palabras en un idioma desconocido para mí, con vibraciones que produjeron ciertas sensaciones extrañas en mi cuerpo, como si dentro mío, en mi espalda algo se abriera.

    Al instante, ya estaba entendiendo lo que me decía, pero para ese momento ya había sido demasiado. Muchas cosas no las tengo conscientes, aunque sí las siento. Lo que he podido recordar a lo largo de este tiempo, esforzándome en prácticas de regresión, me permitieron transcribir lo siguiente:

    -¡Soy la regente de esta ciudad, de esta civilización y de este mundo! Me han pedido que te reciba y te muestre nuestra forma de vida, porque como ya te habrás dado cuenta, hay muchas y muy variadas, pero nada comparado con tu mundo. Lo más importante en éste momento es que para la misión que tienes entre manos, debes abrirte a sentir de la forma más intensa posible, la necesidad que tenemos todos en ésta parte del universo de que la humanidad sea capaz de salir adelante y crecer en conciencia. He estado en tu mundo en varias ocasiones, y he aprendido muchas cosas de su naturaleza. Algunos que han llegado a verme me han confundido con la Madre de Jesús, María, honor inmerecido. Confusión positiva en algunos casos, que nos ha permitido trasmitir un mensaje, que pretendía que llegara a los corazones y a las mentes de quienes pudieran ser afectados positivamente por él.

    -¿Y cuál es realmente el mensaje, señora? – le pregunté fascinado, a mi anfitriona.

    -El mensaje es que, como en la vida de la planta que da sus frutos, estos deben ser recogidos a tiempo para ser aprovechados , o si no, volver a esperar una nueva siembra y cosecha, asi también en la vida del joven que está en vías de ser adulto, con sus actitudes proyecta y arriesga su futuro, así en el proceso de la humanidad de la Tierra, han llegado a la edad de la definición. No deben perder de vista el horizonte, y sin dejar de ser lo que son, deben llegar a descubrir , que en el caso de ustedes es lo mismo que recordar, la gran esperanza y expectativa que se cierne sobre ustedes como civilización.

    Nosotros sabemos lo que ustedes aún desconocen sobre sí mismos. Deben darse cuenta ahora que, si uno de uds abrió los sellos del recuerdo (Jesús) y encarnó su misión, el que muchos lo intenten y lo logren, harían realidad el cambio general.

    En ese momento, la pequeña dama se me acercó y me mostró con sigilo algo que guardaba con sumo cuidado entre sus manos. Era una esfera de cristal de un color azul aguamarina con destellos brillantes, que dentro reproducía multitud de símbolos entre los que recuerdo una cruz de cuatro lados iguales rodeada de un círculo, un tridente, un número siete, la clave 33 y la estrella de seis puntas, un corazón dentro de un rombo, un rostro humano dentro de la forma de un corazón, una estrella de cinco puntas con un Ank egipcio al pie, una mano humana y una estrella de seis puntas dentro de un círculo. Al contemplar ella mi extrañeza, sonrió con benevolencia, haciéndome sentir que eran como señales activadoras en las etapas en el camino de nuestra misión.

    Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la imagen de mis acompañantes, quienes me llamaron para que volviesen con ellos por el umbral que, contra todo lo que me hubiese imaginado, estuvo continuamente detrás de mí. Al cruzarlo de nuevo, entré en la vorágine de extensísimos túneles hasta que salí por la luz y aparecí otra vez en la quebrada. Y al percatarme del lugar y del momento, me pareció muy raro nuestro cielo, tan falto de color pero a la vez tan especial...

    Comencé a caminar y fui tropezando con las piedras a cada paso. Ya no encontré aquel camino de luz del principio, pero no importaba, ahora sólo quería llegar a donde se encontraba el grupo.

    Mientras yo me hallaba en el interior del Xendra, el grupo se había mantenido laborando fuerte. Especialmente Nimer, quien había dirigido un hermoso trabajo creando entre todos unas “esferas de luz” para ayudar al planeta, que había llegado a ser sentidas por todos, con una fuerza extraordinaria.

    Después de mucho andar, logré distinguir a la distancia a mis compañeros. Ellos se sorprendieron al verme llegar con el cuerpo iluminado y hasta fosforescente, como envuelto en una extraña radiación.

    Ni bien me vio Marinita, se incorporó de un brinco envolviéndome entre sus brazos, y dándome besos, preguntándome atropelladamente cómo me había ido, y si se había cumplido la experiencia. Mirándola a ella y a todos los presentes, dije muy contento:

    - “¡Sí, todo se cumplió!...”

    En ese momento, súbitamente el desierto se oscureció, como si alguien hubiese apagado de pronto la luz que lo iluminaba todo como con Luna llena. Y alguien nos hizo ver a los presentes que el objeto que estaba sobre la colina había empezado a variar sus luces.

    Tal cual, la nave que se hallaba sobre los cerros retrajo lentamente el haz de luz y empezó a moverse, avanzó un tramo y luego se dividió ante nuestros ojos en dos objetos lenticulares idénticos, dirigiéndose hacia la derecha de donde nos encontrábamos nosotros. Esto es, hacia el Oeste, en dirección hacia el mar, hasta desaparecer entre los cerros más altos.

    En ese momento, en grupo decidimos regresar a los autos, mientras se sucedían por el camino los comentarios.

    Ni bien llegamos a los vehículos, miramos el reloj y eran las 10 p.m. Como era temprano, aprovechamos y rompimos el ayuno con un poco de manzanilla caliente y unas galletas. Fue en ese momento en que nos preparábamos para marcharnos, cuando por encima de los cerros aparecieron los dos objetos que habíamos visto alejarse. Pero ahora se dirigían hacia nosotros.

    Al acercarse a baja altura por encima de nuestra cabezas, los vimos dividirse cada uno y formar una escuadrilla de cuatro, produciendo un simultáneo gran destello de luz al pasar por sobre el grupo. Por unos segundos quedamos inmóviles, sin poder reaccionar. Extasiados ante el espectáculo que habíamos contemplado.

    Cuando reaccionamos, sólo atinamos a mirarnos a las caras, sonreír con una profunda satisfacción por el apoyo que esto significaba, y subir a continuación en los autos, dirigiéndonos inmediatamente hacia la tranquera de las granjas, distante unos cinco minutos de donde nos hallábamos. Y cuando nos detuvimos para avisar a los guardianes, nos fijamos nuevamente en el reloj y no lo podíamos creer, eran: ¡las doce de la noche!... Eso era impensable, porque todos nos habíamos fijado bien, y conocemos los tiempos y las distancias. De un momento a otro, teníamos por lo menos, una hora y cuarenta y cinco minutos de tiempo perdido. Nos pusimos pálidos de la impresión, pero continuamos el regreso a casa, que normalmente se realiza como mucho en una hora y media. Pero cuando llegamos a Lima, habían transcurrido ¡dos horas y media! Una hora más de lo normal y no nos habíamos detenido para nada en la ruta. Teníamos a nuestro haber casi tres horas de tiempo perdido volviendo de la salida. Al parecer la distorsión espacio temporal nos había alcanzado a todos.

    A pesar de que posteriormente nos reunimos con el grupo, nos resultaba difícil recordar concientemente lo que realmente ocurrió aquella noche después de las diez. Pero lo que se nos vino repitiendo a algunos era la imagen fija de todo el grupo fuera de los vehículos y las naves encima de nosotros, e inmediatamente un resplandor , apareciendo a continuación en una habitación circular abovedada e iluminada, pero nada más. Quizás el olvido oculte algún contacto físico colectivo, o tal vez, como dije antes, la apertura del umbral había creado fuertes distorsiones espacio temporales, que no sólo nos afectaron a nosotros sino a todo el lugar, lo cual algún día comprenderemos
     
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