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    Foro » RICARDO GONZALES » Ricardo Gonzales, MINTAKA Un viaje estelar a Orion » CUARTA PARTE
    CUARTA PARTE
    bookFecha: Jueves, 2013-05-23, 11:06 AM | Mensaje # 1
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    http://www.misionrahma.de/docs/MINTAKA_2003.pdf


      
    CUARTA PARTE
     




    CAPITULOS:

    APRENDIENDO A VER EN EL MONTE SINAÍ
    EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR DEL TIEMPO
    LOS SECRETOS DE LA GRAN PIRÁMIDE
    EL VIAJE ESTELAR

    APRENDIENDO A VER EN EL MONTE SINAÍ

    Aún no me había recuperado y créanme que no exagero de la visión de Moisés en lo alto del Sinaí, cuando otra escena, maravillosa, me sorprendió a mitad de camino rumbo al Monasterio.

    En ella, ante mí, se mostraba un hombre radiante de blancas vestiduras. Llevaba una barba recortada, de un color marrón oscuro, y el cabello lacio, un poco largo, cubriéndole las orejas. Su mirada era firme pero a la vez tierna. Era Él, lo “sabía”. Lo “sentía”.

    Entonces, como si esta imagen estuviese hecha de cristal, se hizo pedazos, quedando sólo una esfera de luz blanca, flotando. En esta visión, me ocurría lo mismo: ¡Yo también estallaba! Y en lugar de mi cuerpo, allí de pie en el camino, otra esfera blanca, quedaba sostenida en el aire.

    “Observa que no ha diferencias entre tu y yo...”, fue lo que escuché tronar en mi interior, saliendo de la visión en un instante, tan rápido como esta me sorprendió.

    Charlando con el grupo, interpretamos que esta experiencia personal nos hablaba que, en esencia, todos tenemos la posibilidad de lograr aquel salto evolutivo con base en el amor, la entrega, el servicio por los demás, tal cómo lo enseñara Jesús. Este mensaje podría estar diciéndonos que teníamos que cambiar nuestra visión de las cosas, aprender a ver todo cuanto podríamos lograr en bien de la humanidad, liberándonos de ciertos arquetipos o ideas.

    Y aprendimos, que muchas veces confundimos cautela y humildad, con no decir lo que sentíamos o no aceptar ciertas responsabilidades que involucran nuestra propia misión personal.

    La presencia de Jesús, el Señor del Tiempo, el Hijo del Hombre, nos hizo suponer a más de uno que en el amanecer del día 19 en las heladas cumbres del Sinaí, tendríamos algún tipo de experiencia grupal con Él. En nuestras meditaciones y solitarias caminatas por el desierto Su presencia se fue haciendo cada vez más intensa. Nos daba paz. Una tranquilidad especial. Era reconfortante sentirle...

    Pero al amanecer, aquel día 19, todos arropados con el abrigo que disponíamos incluyendo las gruesas frazadas de nuestras habitaciones y, aun a pesar de esta previsión, titiritando a más no poder de frío, no ocurrió lo que más de uno imaginaba.

    El frío era tan desgarrador, tan inusual, que todos sin excepción nos preguntamos: ¡Qué estoy haciendo aquí!

    Y en verdad, esa pregunta poco a poco fue generando en nosotros una respuesta. Elvis, encaró a los Guías pidiéndoles un avistamiento para confirmar que todo lo que estábamos haciendo estaba bien. Y sobre las crestas de las montañas, pasó una nave, con su luz concentrada, para luego perderse tras otras montañas del Sinaí, ante la vista de todo el grupo.

    E insisto, el frío era tan desgarrador, que no le dimos mayor importancia a nada que no fuera procurar estar más calientes.

    Pero allí seguimos, tras horas de espera, hasta que amaneció.

    Luego de ello, sentimos hacer un trabajo con la salida del Sol, como mencioné anteriormente, un símbolo de nacimiento en la fecha clave del 19 de marzo. Más, para nuestra “suerte”, el cielo se había nublado, y el Sol, a pesar que ya debería mostrarse, debido al grueso manto de nubes, no dio un solo indicio de su presencia...

    Con este panorama, muertos de frío, y con el cielo nublado y el Sol ausente, bajamos de la gran explanada donde el día anterior había tenido la visión de Moisés. No obstante, al margen de este cuadro, sentía hacer el trabajo de todas formas. Elvis y Rafael me recordaron ello, de no bajar de la montaña sin hacerlo. Entonces, le pedí al grupo que se reuniese en un pico que yacía donde empieza a descender el camino y, mirando en dirección donde debía estar el Sol, hacer una oración por el planeta, pidiendo por la paz en aquel momento de guerra, comprometiéndonos aun más con la Misión, con nosotros mismos.

    Fue muy sentido.

    Y, en ese instante, en que todos nos hallábamos orando, las nubes empezaron a disiparse, y el Sol, como si estuviese “naciendo”, empezó a mostrarse, a salir de aquel grueso manto de nubes...

    Cuando concluimos ya estaba en todo su esplendor. Y las nubes no lo volverían a ocultar.

    Este claro mensaje nos acompañó a todos en el camino que nos lleva de regreso al Monasterio. Las horas que emplearíamos en dormir, para recuperar la vigilia de la noche anterior, nos servirían de mucho para entender lo que habíamos hecho.

    EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR DEL TIEMPO

    Durante aquel necesario descanso en el Monasterio, tuve un sueño muy vívido donde veía a todos los hermanos de la Misión, cientos de personas, reunidos al pie del Monte Sinaí. Todos esperábamos a Jesús bajar de la montaña.

    Y a mitad de todo ello, el Maestro, vestido en una blanca túnica, desciende ante la multitud, pero, para sorpresa de todos, con algo entre sus manos.

    Se trataba de un grueso libro de pastas doradas. Lo mostró con la intención que alguien se acercase a abrirlo. Pero nadie se atrevía. Se percibía un gran desconcierto ante aquel inesperado libro que el propio Jesús extendía para ser leído.

    Entonces, en medio del sueño, decidí acercarme al Maestro para abrir el libro, ya que veía que nadie se animaba. Sin embargo, al estar frente al enigmático texto, no pude atreverme a tocarlo... Me decía a mí mismo que quizá no era el más indicado de entre toda la gente allí reunida, con seguridad muchos hermanos más preparados que yo, para acceder a esa responsabilidad.

    Y a mitad de mi indecisión, el Maestro, mirándome con una expresión de amor, me diría: ¿Por qué te resistes?

    Luego desperté...

    Alrededor de las 6:00 p.m., nos reunimos en la habitación de las chicas para comentar nuestras impresiones en el Horeb. Todos lucíamos como cambiados. Contentos. Tranquilos.

    Allí nos enteramos que Carlos se había quedado solo en un aparte del camino al Monasterio para hacer un trabajo de conexión con Tara invocando para ello las energías del Sinaí un enclave sagrado de Irlanda que fue visitado por los grupos de España e Inglaterra y que conecta el misterio de la piedra de Jacob con el viaje que habíamos hecho al Sinaí y la ubicación bajo la montaña del Arca de la Alianza (los hermanos que participaron de ese viaje a Irlanda están trabajando en el informe).

    Carlos, en ese instante, fue abrazado por una presencia que le transmitió un amor indescriptible. Nuestro amigo supo de inmediato que se trataba de Jesús, quien le dijo:

    “Estoy dentro de ti. Todo está bien. En las pirámides todo saldrá bien. Vuestras vidas, van a cambiar...”

    Y el cambio que produjo esta experiencia en Carlos fue percibido por todo el grupo, teniendo en cuenta que nuestro amigo, en el ascenso al Sinaí, se sintió muy fastidiado por el esfuerzo físico que suponía alcanzar la cumbre; él, frente a esto, pensó que podría convertirse en un estorbo para los demás. A todo esto debo decir, que son en estos momentos, donde muchas veces somos probados, tanto personal como grupalmente, midiéndose nuestra entrega y paciencia para determinadas situaciones que nunca faltan en los viajes.

    En este compartir también nos enteramos cómo un visitante chileno que se hallaba de paso por el monasterio le preguntó a las muchachas del grupo si habíamos venido a “santificarnos”, ya que nadie se queda tanto tiempo en el lugar (!).

    Seguimos una amena tertulia sobre este y otros puntos relacionados al viaje, cuando, algo raro empezó a ocurrir con la iluminación.

    La lámpara que teníamos encendida en el velador, empezó a disminuir su luz hasta quedar a la mitad de lo normal. A todo esto, se sumaba una sensación fortísima, como si el ambiente estuviese cambiando, “transformándose” por la presencia de algo.

    Percibiendo claramente lo que estaba gestándose, empezamos a mantralizar para sintonizarnos con aquello que se hacía presente en la mismísima habitación. Entonces las luces de la habitación se apagaron gradualmente hasta quedarnos a oscuras. A pesar que estábamos vocalizando el “Cristo-Om”, nadie se imaginaba lo que iba a pasar.

    La presencia fue tan impactante, que ésta se mostró en nuestras mentes como la figura de un hombre joven, vestido con una túnica blanca, la misma imagen que nos acompañó en todas nuestras experiencias en el Sinaí. Era Él. Estaba viniendo a nuestro encuentro: Jesús, radiante como un Sol, estaba llegando a nosotros en una manifestación sin precedentes.

    En lo que me tocó vivir, vi cómo el Maestro entraba por un sector de la habitación, pasando por el lado de Yadira, quien se hallaba sentada en el suelo. Cuando Él pasó, inmediatamente nuestra amiga se quebró en llanto. Y así, por donde se desplazaba Jesús, producía emociones incontenibles en nosotros.

    Entonces sentí guiar a los muchachos para que extendiesen sus palmas en actitud de recepción, sin saber que ellos estaban sintiendo hacer lo mismo. En ese momento el Maestro puso una “luz” no sé como describir esto sobre nuestras palmas, para luego llevarlas a nuestro pecho e integrar “aquello” que, y lo digo sólo por intuición, formaba parte de Él, de Su legado, de Su mensaje.

    Ese fue el instante más conmovedor, y todos allí, estremecidos, temblando de amor, llorando como si hubiésemos sido liberados.

    A pesar que, al igual que muchos hermanos en los grupos, ya había vivido experiencias personales con Él, nada fue tan especial como este viaje al Sinaí...

    Y aunque siempre procuramos me incluyo en la lista en ser cautos y objetivos con este tipo de experiencias por lo profundas que suelen ser a veces les hemos quitado importancia y mérito en lo que a su mensaje se refiere.

    “Díganle a los Rahmas, y a todos los demás, que deben preparar mi retorno. Yo estoy retornando pronto, y estoy haciéndolo con ustedes ahora. No teman hablar de mí, porque yo estoy con ustedes. Hablen de mi retorno con sus vidas, que los demás vean en su interior mi luz”.

    Estas fueron las palabras que Elvis escuchó del Maestro instantes antes de recibir la “luz”.

    Cada uno recibió un mensaje. Cada uno recibió “algo”. El Maestro, al ver mis palmas extendidas, me dijo:

    “Ahora no te resistes porque estás dejándote llevar por el corazón. Esa es tu fuerza. Y esa fuerza te ayudará a terminar lo que fue iniciado. No temas porque no estás solo”.

    Y al darme la luz el amado Maestro me diría:

    “Soy el Alfa y el Omega, el Primero y el Último, porque fui el primer ser humano en la Tierra y quien retorna pronto gracias a ustedes para evaluar el esfuerzo humano por cosechar la semilla del amor. Y así será. El Retorno ya empezó...”

    Estas palabras de Jesús me confirmaban una acertada intuición que Daniel García, un querido hermano de los grupos de Quito, me compartiera durante el encuentro que realizamos en Chilca para recibir el año nuevo 2003.

    “El Primero y el Último”, reflexionaba, mientras la presencia poderosa, en verdad inenarrable, del Señor del Tiempo, del amado Maestro, se marchaba luego de entregarnos aquella luz, que se quedó en nosotros. Y fue en ese instante, en que la luz se reestableció en la habitación. ¡Ni qué decir la impresión que produjo en todo el grupo este fenómeno!

    Estábamos listos. Ahora comprendíamos mejor nuestro adiestramiento en el Sinaí y todos los símbolos que se nos mostraron.

    Resultaba aplastante haber vivido una experiencia tan profunda con el Maestro, en una fecha que rememora su venida al mundo hace más de 2000 años, mientras otros hermanos, equivocados, utilizaban la misma fecha para iniciar los bombardeos a Iraq con 40 misiles “tomahawk” guiados por satélite. No obstante a ello, nos hallábamos en paz. Envueltos con la energía del Cristo.

    Aquella inolvidable noche del 19 de marzo que culminamos con una cadena de irradiación al planeta en el desierto del Sinaí sellamos la primera parte del viaje a Egipto, y que nos conduciría a concretar la invitación a la Gran Pirámide de Gizeh: un camino a las estrellas de Orión...

    LOS SECRETOS DE LA GRAN PIRÁMIDE

    El 20 de marzo, por la noche, nos hallábamos reunidos en un sencillo hotel, muy próximo a la llanura de Gizeh, donde se levantan las pirámides mayores de Egipto.

    Desde nuestras habitaciones podíamos contemplar la Gran Pirámide. Verla allí, silenciosa en medio de la noche, y por momentos iluminada por potentes reflectores, parecía parte de un sueño.

    Recordaba que horas antes, en la tarde, al llegar a El Cairo luego de nuestro viaje al Sinaí, habíamos hecho el circuito turístico que rodea aquella gran mole, pero sin entrar en ella. El ingreso estaba destinado para la mañana del día 21, en pleno equinoccio, y en donde las energías conspirarían para la apertura de un túnel de luz a Mintaka, la tercera estrella del Cinturón de Orión.

    La tercera pirámide de Gizeh es Menkaura o Mikerinos en griego , que fue citada por los Guías para ser visitada teniendo en cuenta que es la pirámide que representa a la estrella Mintaka. Y así lo hicimos. Esta experiencia nos sirvió de mucho para ir conociendo el tipo de energías que se movilizan en estos templos de piedra.

    En una de las cámaras, llegamos incluso a recostarnos sobre los inmensos bloques de granito, percibiendo con qué facilidad una persona, allí relajada, se ve inducida a “ascender”, como si extrañas fuerzas estuviesen en armonía con la pirámide, quizá bajo ciertas coordenadas y momentos, como el equinoccio del día 21. Según los hermanos mayores, desde la medianoche al mediodía de aquel día, las condiciones estarían operantes para la conexión dimensional a Orión.

    Este era el tema de mayor preocupación en el grupo. Los horarios de visita al interior de la Gran Pirámide no coincidían con lo que necesitábamos. Además, tampoco nos servía, por cuanto la cantidad de turistas dentro de la supuesta “tumba piramidal” de Khufu/Keops siempre es excesiva, un importante detalle que se enfrentaba con la tranquilidad que requeríamos para llevar a cabo la conexión en la llamada “Galería o Cámara del Rey”.

    Un permiso especial para estar en la Gran Pirámide, al menos unos minutos, requería un papeleo de “aquellos”... Sin tener en cuenta, desde luego, la fuerte suma de dinero que piden las autoridades egipcias. Y por si esto fuera poco, no había además garantía alguna de que nos diesen esa autorización (!).

    “Si los Guías lo han dicho todo se tiene que dar”. ¿Cuántas veces se nos habrá pasado este pensamiento por la cabeza ante una situación similar? Y bien, a escasas horas de nuestra visita a la Gran Pirámide sin tener en claro qué hacer esa idea fue ganando terreno.

    Yadira, acertadamente, recordó la amistad que hiciera en El Cairo con una influyente guía de turismo, la misma persona que nos ayudó a conseguir la movilidad al Sinaí e, incluso, el hotel donde nos encontrábamos hospedados.

    Cejam la guía turística , atendió amablemente la llamada de Yadira, quien le hizo saber nuestro deseo de estar unos momentos a solas en la Cámara del Rey. Inicialmente las noticias no fueron muy auspiciosas. Sin embargo, la guía nos puso en contacto con una de sus amistades que trabaja, precisamente, con los guardianes de la Gran Pirámide...

    ¿Para qué desean cierta privacidad en la pirámide?, nos preguntaban. Nuestra respuesta era sencilla: Para orar. Más detalles no podíamos precisarles. Pero fue suficiente para que confiaran en nuestras intenciones.

    Y para nuestro asombro, el encargado de conseguirnos unos 30 minutos de privacidad en la Cámara del Rey, nos dijo que no éramos los únicos en haberle solicitado ese permiso. Habían según él otras seis personas, que sumadas a nosotros ocho constituían un equipo de catorce al interior de la Gran Pirámide... Nos llamó mucho la atención que se repitiera una vez más la Clave 14, recordando que los Guías, al iniciarse el viaje, hablaban de un grupo “no mayor a catorce personas”. Debo decir que este grupo estuvo a punto de completarse, pero aquellos hermanos que sentían este viaje y que además se habían preparado para Egipto por múltiples razones, decidieron no participar faltando pocos días para partir a El Cairo. No obstante, con todo esto se cumplían los mensajes que los grupos de contacto de Santiago habían recibido, donde se afirmaba que serían finalmente siete las personas las que harían el trabajo en la Gran Pirámide (siete trabajando y una dentro del sarcófago).

    Nuestra alegría fue desbordante cuando el contacto de Cejam nos confirmaba que a las 10:30 a.m. del día 21, podría hacernos pasar al interior de la pirámide, en un horario no turístico, permitiéndonos estar el tiempo suficiente en la Cámara del Rey para llevar con tranquilidad nuestro trabajo. Él no nos cobró nada por esto; sólo nos pidió una colaboración típico en Egipto para los guardias amigos suyos que nos facilitarían el ingreso. Todo ya estaba preparado.

    Aunque señalan su edificación en el 2500 a .C., y que fue levantada por 100.000 hombres en 20 años de arduo trabajo información basada en una opinión recogida por el historiador griego Herodoto , la Gran Pirámide fue alzada a sus 146 metros de altura sin el piramidón empleando la “modesta” cifra de 2.500.000 bloques de piedra, algunos, con más de dos toneladas y media de peso.

    Antiguamente, la Gran Pirámide habría tenido un revestimiento de piedra calcárea blanca de Turah y que fue quitado en la época de la dominación árabe para la construcción de Mezquitas , que le daba una iluminación extrema cuando la iluminaban los rayos del Sol.

    Según los Guías, las pirámides, en verdad, actúan como “estabilizadores planetarios”, puestos a funcionamiento a raíz del desequilibrio energético que significó la destrucción de Atlantis por el impacto de dos fragmentos de Maldek un planeta desaparecido, otrora ubicado en el actual cinturón de asteroides que se halla entre las órbitas de Marte y Júpiter , un espantoso episodio que invirtió los polos magnéticos de la Tierra e impuso por un tiempo una suerte de invierno nuclear.

    Las pirámides de Egipto, catalogadas siempre de “Tumbas”, esconderían una función secreta que ningún arqueólogo ha sabido interpretar. En primer lugar, resulta sumamente inquietante comprobar que nunca se han encontrado restos humanos en los sarcófagos de las pirámides de Gizeh. Ante todo esto, los arqueólogos salen al paso argumentando que los cuerpos de los faraones fueron sustraídos por cazadores de tesoros. Una presunción absurda. Ya cuando el califa Al-Mamun abrió el túnel que sirve hoy de ingreso a los turistas para visitar la Gran Pirámide, allá por el siglo IX antes de Cristo, al penetrar vehementemente en las galerías atribuidas posteriormente a Keops, comprobó con abnegada frustración que no había nada...

    Por si esto fuera poco, en Saqqara se hallaron sarcófagos gigantescos y también vacíos que definitivamente no estaban hechos, por aquel tamaño, para seres humanos. Pero un hecho inusual ocurriría en 1998, en la meseta de Gizeh desde luego, los escépticos insisten en que no se encontró nada en el año en mención ; en una galería subterránea, que mostraba además un pequeño lago artificial, se encontraron tres sarcófagos, extrañamente llenos de agua, y con los respectivos cuerpos “momificados”. Este descubrimiento, premeditadamente encubierto y dado a conocer por la cadena norteamericana FOX en 1999, revelaba la supuesta tumba de Osiris y dos personajes más... Hoy en día se habla de un solo sarcófago y que el personaje hallado en él no tenía importancia alguna. Era parte del rito Osiriano que lo llevaría al Duat en Orión...

    Desde que se emitió el mencionado documental no sabemos nada. Pero bien recordamos que Edgar Cayce “el profeta durmiente” vaticinó que en 1998 se hallaría en Egipto “El Salón de los Registros”, que demostraría al mundo el pasado cósmico del país del Nilo y su relación con la Atlántida. ¿Eran atlantes congelados aquellos cuerpos hallados en los sarcófagos? Y aunque suene a ciencia-ficción esta pregunta, recordemos que las diferentes técnicas de momificación en el mundo antiguo, son un remedo deformado de las cápsulas de animación suspendida o hibernación atlantes. Estos “cuerpos dormidos”, podrían ser también parte de aquel legado de “información” o “archivo de conocimiento”.

    Al margen de esta alucinante posibilidad, galerías secretas repletas de “información cósmica” han sido señaladas reiteradamente bajo la pata derecha de la Esfinge y en la propia Gran Pirámide. No olvidemos que en 1993, el ingeniero alemán Rudolf Gantenbrink puso a descubierto gracias a su pequeño robot explorador “UPUAUT” una cámara secreta en Keops.

    Este tema fue desempolvado cuando el pasado 17 de septiembre del 2002, un nuevo robot se internó en la Gran Pirámide para develar qué había en esa misteriosa cámara, que se hallaba interrumpida por un bloque de piedra, a manera de puerta.

    Ante el rostro atónito de 1.500 millones de televidentes en 140 países, el “Pyramid Rover” perforó la puerta de piedra, para introducir seguidamente una pequeñísima cámara de vídeo, que, penosamente, se encontró con otra puerta más... Pero ello no desanimará a los arqueólogos que están convencidos de estar a puertas del descubrimiento más importante del siglo.

    Pero a nosotros al menos en este viaje nos interesaba la Cámara del Rey, donde se encuentra un sarcófago de granito que serviría de “vehículo espacial” para proyectar a una persona, bajo ciertas influencias cósmicas, al Duat de los egipcios: Orión.

    Recientemente, Christopher Dunn, en Tecnologías del Antiguo Egipto, aportó suficientes pruebas para pensar que la Cámara del Rey era el núcleo central de energía de la Gran Pirámide.

    Formada por un granito que contenía, sospechosamente, un 55% de cristal de silicio-cuarzo, esta cámara habría sido diseñada para que el granito vibre por simpatía con el sonido, sobrecargando el cuarzo en la roca incluyendo el sarcófago y haciendo fluir electrones mediante un fenómeno que se conoce científicamente como “efecto piezoeléctrico”.

    La energía, a decir de Dunn, que llenaba la Cámara del Rey ubicada convenientemente bajo la “cámara de descarga” en ese punto se transformaba en una “combinación” de energía acústica y energía electromagnética. Todo ello permitía crear un “conducto de luz” o “guía de ondas” hacia algún lugar... ¿Este es el objetivo secreto de las pirámides? ¿Un “cañón estelar”? ¿Un conducto de luz?

    Sea como fuere, resulta curioso observar que los egipcios llamaban a las pirámides “Ikhet”, que significa “Luz Gloriosa”. Para pensar un poco más, los Mayas, denominaban “Pirhua Amenco” a sus pirámides, que se traduce como “Revelador de Luz”. En Sumer, sabemos que a los zigurats o pirámides escalonadas se les llamaba “Esh”, que significa “Fuente de Luz”. Quizá por ello la palabra pirámide (PIRA = “Fuego o Luz” MIDE = “Medida”) también significa “Medidor de energía o de luz”. No nos debe sorprender teniendo en cuenta el objetivo de construir las pirámides, o al menos, la Gran Pirámide...

    Todo ello lo confrontaríamos en una extraordinaria experiencia en la Cámara del Rey.

    EL VIAJE ESTELAR

    Viernes 21 de marzo del 2003: cerca de las 11:00 a.m., en silencio, nuestros pasos se encaminaban a través del corredor ascendente de la Gran Pirámide en extremo empinado que concluye su trayectoria en la Cámara del Rey, donde descansa el sarcófago vacío de granito.

    Al llegar a la cámara, esperamos a que un grupo de árabes que hallamos allí posiblemente amigos de los guardias se marchasen. Además de ellos, había una mujer de rubios cabellos, de apariencia europea, vestida de blanco y sentada en el suelo en flor de loto. Estaba meditando. A pesar que se encontraba muy cerca del sarcófago y, por ende, al trabajo que haríamos, sentimos no decirle nada. No parecía una turista cualquiera. Había algo extraño en ella. Y nos inspiraba confianza.

    Cuando Maribel empezó a envolver en luz la cámara, y a dirigir una armonización a través del sonido, empleando para ello los mantrams de poder que conocemos en especial nuestros Nombres Cósmicos , empecé a ver, físicamente, cómo una columna de energía se “materializaba” sobre el sarcófago. No era el único, otros hermanos del grupo, que prestaron atención a este fenómeno, se sorprendieron al observarlo, mas sabían que era una manifestación del túnel de luz que podría llevarnos a Mintaka.

    A pesar que la invitación para entrar a este sarcófago señalaba mi persona, debo decir que el grupo se preparó intensamente para afrontar la conexión estelar, como si todos fuésemos a ser “llevados” a Orión. La preparación, no sólo se refiere a la confrontación de poderosas “energías”, sino en el compromiso que involucra dar este paso en representación de todos: “La responsabilidad de saber”, como bien lo definen los Guías.

    La energía que se estaba acumulando en la Cámara del Rey e, incluso, en el propio interior del sarcófago, resultaba increíble. Mi cuerpo, estremecido de esta fuerza, se sentía llamado a ingresar en aquella cavidad de roca que ahora parecía tener vida. Mi corazón estaba latiendo a mil. Entonces ingresé.

    Me recosté en el sarcófago, viendo que Maribel se hallaba de pie a la altura de mi cabeza y Elvis frente a mis pies. El resto de los muchachos terminaban de formar casi un círculo alrededor de mi ubicación.

    Ni bien me hallé recostado, sentí una fuerza impresionante caer sobre mi cuerpo, en el preciso instante en que cruzaba mis brazos a la altura del pecho, a usanza del rito osiriano que alude el “gran viaje” al Duat.

    Perdí noción de todo. Ya no escuchaba el mantram Zin-Uru de los muchachos del grupo, y la Cámara del Rey, no existía. Ni siquiera mi cuerpo, que de un momento a otro dejé de percibir cuando esta fuerza en verdad poderosa lo saturó de su energía, hasta “desprenderme”de él hacia arriba, elevándome con suavidad.

    Mientras vivía todo esto, según lo que me comentarían más tarde mis compañeros, mi cuerpo se sacudía al interior del sarcófago, como si estuviese convulsionando. Inmediatamente después, me vieron como “desmayado”, sintiendo todos que ya no me hallaba allí... En ese instante Rafael, que no perdió ningún detalle, vio que abandonaba mi cuerpo como una esfera de luz blanca, que rápidamente fue absorbida por “algo”, como si hubiese salido por una ventana...

    Yo me veía flotando dentro de la Gran Pirámide, ascendiendo por un sutil conducto de luz blanco-azulada; en ese instante comprendí lo que me estaba pasando, precisamente cuando me hallaba atravesando una galería más por arriba de la llamada “Cámara de Descarga” un lugar que, supuestamente, no debía existir. En esa cámara observé, rápidamente en mi paso, lo que parecía ser una estatua, y podría asegurar que se trataba de una representación de Anubis.

    Sólo “pasé” por allí en mi ascenso, que de un momento a otro tomó una velocidad inusitada, como si este conducto de luz que me elevaba, se hubiese convertido en una gran “aspiradora”.

    Como una flecha, me disparé hacia el espacio. Abandoné la Tierra y de pronto me hallaba viajando en el cosmos.

    En ese momento, un temor incontenible se apoderó de mí a pesar que sabía me hallaba protegido , una sensación que se duplicó a ver una especie de niebla oscura, como si se tratase de una “aglomeración de sombras”, venir en mi dirección.

    En realidad y esto lo supe con mayor claridad conforme se fue desarrollando la experiencia , estas sombras intentaban aprovechar la coyuntura de la puerta dimensional que conectaba la Gran Pirámide para manifestarse abiertamente en el planeta.

    Aquellas sombras me inspiraban tanto temor, que estuve a punto de declinar; pero recordé todo lo vivido en el Sinaí, además que aunque no sé cómo explicarlo sentía a los propios muchachos del grupo acompañándome de alguna forma en este trayecto, cuidándome; entonces me dejé fluir, seguro, sin dudas, atravesando aquellas tinieblas que además pretendieron impedir que continuase.

    Pero seguí. Y las sombras quedaron atrás.

    Y entonces entré dentro de un pulsante destello; se trataba de un brillantísimo túnel de luz dorada, como un espiral girando, curvándose, y que parecía estar conectado con el camino de energía que, desde la Gran Pirámide, me había conducido hasta allí.

    Me sentía fluir dentro de él, y tuve la extraña impresión que lo había visto muchas veces...

    Inmediatamente aquel “túnel” se ensanchó, adquiriendo un brillo más intenso y sobrenatural. En ese instante vi, a ambos lados de este gran corredor estelar que en un momento me recordó la estructura del corredor ascendente de la Gran Pirámide a dos gigantescos seres de luz dorada, como si estuviesen hechos de fuego, hermosos e impactantes, “vestidos” con extraños trajes que les hacían parecer sacerdotes-guerreros. Eran como guardianes.

    Estaban presentes en medio del camino, como cerrando el paso, pero al aproximarme, llevado por aquella fuerza que me “atraía” al origen de este túnel, se hicieron a un lado y me dejaron pasar. Seguidamente aparecieron otros dos seres gigantescos, muy similares a los anteriores, y procedieron de la misma forma, girando en silencio para permitirme el paso, como si ellos fuesen en realidad una gran puerta que se abre de par en par. Este singular encuentro con esos “guardianes” se repitió numerosas veces en el tránsito, dejándome ellos siempre continuar con mi “viaje”, hasta salir finalmente de aquel túnel de luz dorada. Llegué a contar 42 de estos seres.

    Y he aquí que un fulgor blanquísimo me cegó, y empleo este término porque no encuentro otro, teniendo en cuenta que mi cuerpo, allí, no existía. Ni siquiera parecía tratarse de un viaje astral. Era muy diferente. Mucho más intenso. Me sentía como un ser cósmico.

    El destello de aquel blanco intenso fue disminuyendo y logré distinguir estrellas, planetas, un lugar que también me resultaba familiar...

    “Sí, estás en Orión...”

    Un extraña “voz” me guiaba. Y también sentía conocerla...
     
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