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    Foro » RICARDO GONZALES » Ricardo Gonzales, MINTAKA Un viaje estelar a Orion » QUINTA PARTE (Acerca de la Guerra Antigua y Satanael)
    QUINTA PARTE
    bookFecha: Viernes, 2013-05-24, 10:30 AM | Mensaje # 1
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    http://www.misionrahma.de/docs/MINTAKA_2003.pdf


    QUINTA PARTE




    CAPITULOS:
    EL CONSEJO DE LOS 14 DE ORIÓN
    RAH: “EL DADOR DE VIDA”
    LA GUERRA ANTIGUA Y LOS 33 MENSAJEROS DE LA PAZ
    LA INSURRECCIÓN DE SATANAEL

    EL CONSEJO DE LOS 14 DE ORIÓN

    Fui llevado a través de las más bellas luminarias y formas que podría haberme imaginado existen en el Universo. Una de estas manifestaciones, encendida como una poderosa luz blanca a la distancia, era la estrella que conocemos con el nombre de Mintaka, en el Cinturón de Orión.

    Ella es la fuente de energía de tres planetas que se encuentran no muy alejados el uno del otro. El primero, se mostraba ante mí de un color amarillo-beige; el siguiente, del mismo volumen que el anterior, tenía una tonalidad rojiza, pero no muy intensa; el tercero, aunque más pequeño en dimensiones, me llamó la atención. Era un mundo de color azul, y emitía una especie de música, como una vibración, bella, indescriptible.

    En realidad, esta “música” era emanada también por los otros mundos, pero la vibración de aquel planeta azul, me resultaba particularmente especial.

    Y fui conducido a él, viendo, al aproximarme, que poseía montañas, y grandes cuencas y cauces que insinuaban allí había existido abundante agua. El planeta lucía devastado como por una guerra, prácticamente abandonado. Empero seguía latiendo. Aún tenía mucho qué contar. Un mensaje por transmitir.

    Descendí a través de sus amplios cañones, fluyendo luego por una especie de hangar, de kilómetros de longitud, que me llevó finalmente a una pequeña ciudad subterránea. No parecía haber sido construida para habitar, sino como un centro de operaciones, un lugar de dirección. También lo “conocía”.

    En medio de las construcciones parcialmente destruidas y también abandonadas , que parecían conos de helado apuntando al cielo, esferas e inclusive pirámides, resaltaba una especie de domo, muy grande; dentro de las proporciones que percibí, lo podría comparar con un estadio. Entonces entre en él.

    Me hallé de pronto en un gran salón, que se iluminó de una fosforescencia similar a la luz de la luna llena, ni bien me ubiqué en su centro, donde había como un promontorio, ubicado estratégicamente frente a una suerte de gran mesa semicircular que exhibía 14 asientos, todos ellos vacíos.

    Y he aquí, que en cada uno de los asientos, se fue encendiendo una luz azul, adquiriendo luego la forma de una esfera perfecta. Entonces me hallé ante 14 esferas azules, cada una levitando sobre los asientos, haciéndome sentir que me encontraba ante una especie de audiencia...

    Entonces las luces hablaron:

    “Seas bienvenido, en tu camino de retorno”.

    ¿Qué significa camino de retorno? inquirí extrañado.

    “Nadie que no haya estado antes aquí, puede llegar”. “¿Porqué has venido?”

    Porque necesitamos saber repuse.

    “Recordar, quieres decir”. “¿Para qué necesitas ello?”

    Me quedé en silencio. ¡Había tantas razones pero ninguna de ellas me era suficiente para exponerla!

    Lo necesitamos, en verdad lo necesitamos para terminar de comprender, y así cumplir a conciencia nuestra parte en el Plan Cósmico dije.

    “Comprender...” “Empezar a comprender quieres decir”. “Eres valiente para asumir esta verdad que abre un solo camino ante tu vista, y que es el servicio, la entrega y el total compromiso”.

    “Llegaste aquí, donde sólo arriban aquellos que han terminado su periodo en la Tierra”. “Tú, aun no, no obstante estás presente frente a nuestra presencia”. “Has ganado, pues, el derecho a saber; pero te advertimos que nosotros no podremos ayudarte en tu regreso, puesto que el camino que llega aquí, es sólo de venida...”

    ¿Cómo llegué aquí?

    “Abandonando totalmente tu existencia material...”

    Frente a esta afirmación, de súbito tomé total conciencia en que me hallaba bajo la forma de una esfera de luz blanca. ¡Mi esencia estaba allí!

    Tenía una percepción cósmica de todo, una sensación de estar viviendo una realidad auténtica, colorida, palpable, intensa y maravillosa. Poco recordaba la experiencia en la Gran Pirámide que me llevó hasta allí. Y casi no existía “Ricardo González”. Era otro. Era real.

    ¿Quiénes fueron ustedes? ¿Por qué ya no tienen cuerpo físico? ¿Qué sucedió aquí? pregunté.

    “Somos el Consejo Supremo de Orión”. “Ya nos conoces, y en verdad no tenemos que decirte mucho”. “Tan sólo te ayudaremos a recordar, y para ello, es mejor que lo veas todo y lo sientas por ti mismo...”

    El salón se “partió” violentamente en dos frente a mí, como deformándose en una gran luz, que me absorbió, y me llevó a través de ella...

    RAH: “EL DADOR DE VIDA”

    Vi diversos planetas, y en ellos extraordinarias construcciones, todas concentradas principalmente en el subsuelo. Observé lo que parecían ser vehículos, no siempre con la forma de disco o esfera que hemos conocido. Comprobé que existían extrañas máquinas cuya apariencia escapa a nuestra imaginación. Había mucha actividad.

    Aquellos mundos, y sus ciudades, eran coordinados por un Consejo de elevados seres que funcionaba en el tercer planeta de la tercera estrella del Cinturón de Orión. Ignoro si la ciencia ha detectado esos mundos, pero lo que vi allí fue extraordinario: aquel planeta azul, sede del Consejo de 14 sabios, era estremecedoramente similar a la Tierra...

    Se me mostró también a las diversas humanidades de este sector espacial que conocemos como “Constelación de Orión”, viendo que todas tenían aspecto humanoide, es decir, cabeza, tronco y extremidades, y erguidos en sus dos piernas. No obstante, eran visibles las diferencias de raza, tamaño, e inclusive el aspecto de la piel, que en un grupo de estos seres me recordaba a los reptiles, cuyos ojos también eran distintos, además de no llevar cabello. Empero todos vivían en paz, en equilibrio. En un progreso tecnológico y organizativo abrumador.

    Todo giraba en torno a lo que ellos denominaban “RAH” o “El dador de Vida”, “La Fuente Primera”. Lo reverenciaban por cuanto en esta manifestación cósmica se hallaban sus orígenes. Entonces desee ver a “RAH”, hallarme ante él...

    Y así, fui conducido frente a su presencia, estremeciéndome al encontrarme nada más y nada menos que ante la Gran Nebulosa de Orión. Sabía que un sector de los científicos de la Tierra, sospechan que de allí llegaron las moléculas orgánicas que hicieron posible la vida en nuestro planeta11, mas me resultaba
    desconcertante comprobar que en Orión se pudiese venerar a este cúmulo de gas y polvo estelar. ¿Por qué?

    “Aquí están nuestros orígenes”, me abrazó una vez más aquella “voz” conocida.

    Se me explicó entonces, que de esta región del Universo proviene la materia primera que dio origen a las formas de vida que poseen apariencia humanoide.

    En el Universo, el inmedible Cosmos, existen para nosotros “infinitas” manifestaciones de vida, distintas en forma y sustancia, más aquellas que tienen forma humana, procedían de “RAH”...

    Y a pesar que veía a la Gran Nebulosa de Orión muy distinta más bella y sobrenatural a como la muestran las fotografías científicas del Hubble (ver carátula de este informe), la “voz” me habló nuevamente para develarme la verdad:

    “Aún no has visto a RAH”. “Lo que has recordado ahora, es su manifestación exterior, su aspecto denso y físico”. “Ahora verás su esencia, lo que es en realidad...”

    Mi vista fue bendecida por un espectáculo maravilloso. Ya no veía la creación de estrellas y planetas dentro de RAH; veía, sorprendido y poseído de una emoción indescriptible, a una bellísima manifestación de energía, de intensos y mágicos colores, que, como si fuese una gran fuente de agua, lanzaba al espacio, lentamente, esferas de luz, de diversos colores...

    “Estás viendo la destilación de las esencias, la aparición misma de los espíritus navegantes...”. “Sí, estás viendo un Estanque Cósmico...”

    Sacudido por esta escena en verdad imposible de describir, comprendí porqué “RAH” era tan respetado y hasta venerado en Orión; no como un dios, sino como una fuente maravillosa de vida, como cuando un hijo ve a su madre.

    Se me dijo entonces, que existían diversos “estanques cósmicos” donde se destilaban las energías de los reinos inferiores de la naturaleza para la creación de un espíritu humano, que según sea su “fuente”, será su característica espiritual y su camino de retorno. Pero a mí me inquietaba saber más de RAH y el mecanismo para la creación de las esencias...

    ¿Quién hace esto en realidad? ¿Es aquel “gran ser” que llaman RAH? pregunté.

    “RAH es una de las manifestaciones del Universo Conciente, que crece fluyendo y reproduciéndose a sí mismo”. “Es la fuente que nos dio la vida. Pero ni siquiera nosotros podemos rastrear su origen en el tiempo, ya que es la emanación de una fuente aun más antigua, la responsable de todos estos fenómenos. No es sólo física, como viste...”

    “...Sí, te estamos hablando de un misterio cósmico que conociste en la Tierra bajo la denominación de Dios”. “Es real, de lo contrario, no estarías aquí...”

    Sí este es “RAH”, la fuente de vida de Orión reflexionaba , ¿qué significaría ahora “RAHMA”?

    “Nosotros llamamos Ma o Merla a la Tierra, que significa “planeta azul” o “agua”, en recuerdo del planeta que viste y en donde funcionaba la sede del Consejo de los 14, y que inspiró a buscar un planeta similar para el gran proyecto, aunque de características diferentes y más auspiciosas, como el estar ubicado en un sistema de una sola estrella...”

    Misión Rahma, en su aspecto más profundo, podría significar ¡“Orión en la Tierra”! exclamé.

    “Puede significar todo lo que ustedes se propongan, cuando acepten recordar...”

    Como si un viento me hubiese llenado de comprensión, recordaba los significados de la palabra clave de nuestra experiencia de contacto.

    Siempre supimos que RAHMA en su aspecto espiritual y simbólico significa “Sol en la Tierra”, tal como lo enseñaban los Guías en las primeras comunicaciones, quizá en alusión a la divinidad solar de los egipcios, o quizá, a la forma de las esencias, de las “almas”, creadas por RAH. Sobre la base de este simbolismo solar, concluimos que debíamos ser estrellas en nuestro planeta, como nuestro Sol, con su significado de irradiación, luz y acción.

    RAHMA y siendo la línea solar de su significado conlleva además una suerte de “profecía” esperada por la Confederación, y que se basa en la activación del Sol de nuestro Sistema Solar ante una emanación de luz del Sol Central Galáctico, tal como lo anunciaron en su momento los Mayas. “Sol en la Tierra”, entonces, revelaría un fenómeno cósmico que deberá desencadenarse a partir de los próximos nueve años12. Sin embargo, aun no lo sabíamos todo.

    RAHMA encerraba, por si fuera poco, una clave de activación personal, una “Clave del Recuerdo” que ahora es develada en medio de la poderosa vibración del “Séptimo de RAHMA”, la fase final donde los objetivos de la Misión son sellados. Y los egipcios bien sabían de esto.

    A pesar que “Ra” para la mayoría de los egiptólogos alude a una entidad solar amada en el Egipto Antiguo, recientes estudios vienen echando por tierra el concepto solar en los orígenes de la misteriosa civilización de las pirámides. Está demostrado que en los albores de la IV Dinastía, se produjo un cisma religioso en Egipto que ocultó la religión estelar que lo relacionaba con Orión, para sustituirlo más tarde por un culto solar. Este “cambio” se ve reflejado cuando, precisamente, en aquella IV Dinastía, se adopta el sufijo “Ra” para los nombres reales.

    Por ejemplo: Jaf-ra (Kefrén) y Menkau-ra (Mikerinos). Asimismo, la incorporación del término “Hijo de Ra” empezó a utilizarse recién en la V Dinastía, poniendo punto final a la disputa religiosa que terminó ocultando el secreto de Orión para algunos pocos iniciados.

    RAH, en realidad, no era el Sol, sino que ocultaba bajo su simbólica y radiante presencia vital un secreto estelar en Orión, así como Osiris-Sahu representaba a la constelación del “Cazador”. Este misterio que empieza a ser rasgado guarda estrecha relación con los propios orígenes de la Hermandad Blanca en la Tierra y el objetivo de construir las pirámides.

    Sobre el primer punto, resulta intrigante saber que Nicolás Roerich el célebre artista y explorador ruso en sus expediciones en busca de Shambhala en el desierto de Gobi, llevaba consigo la misteriosa piedra de Chintamani, un objeto mágico que sentía debía “devolver” a este supremo centro de la Hermandad Blanca en oriente supuestamente, allí se le entregó la piedra, en su primer viaje en los años 20 para sellar el inicio de un ciclo... Se dice que esta piedra era un “meteorito” que vino de Orión13.

    Y sobre las pirámides y Orión, además de su alineamiento con estas estrellas hace miles de años, hoy se sabe que los piramidones que coronaban sus puntas, al menos en la Gran Pirámide, eran llamados piedras “benben”, que a decir de algunos arqueólogos como J. P. Lauer, eran probablemente un betilo o meteorito14. Robert Bauval se hace eco de estas informaciones y sugiere que podría tratarse de un meteorito de Orión. Ello podría ser el origen de un culto que posteriormente pretendió ser reemplazado con la utilización de cristales de roca e inclusive seres humanos.

    “Misión RAHMA”. “Orión en la Tierra”. Vibraban estas palabras en mi mente mientras seguía contemplando absorto la creación de las esencias. Y aunque ya sospechaba desde hacía algún tiempo estas revelaciones, sobre todo en relación al significado más profundo de la palabra activadora de nuestra experiencia de contacto, estar allí, frente a “RAH”, y ver aquellos nacimientos, tomando conciencia de tantas cosas que habíamos ignorado, me movilizaba en extremo.

    “Ahora que has recordado a RAH, comprenderás porqué se produjo en Orión la Gran Guerra”

    La insurrección de Satanael hablé con intensidad ante aquella “voz”.

    “No, ello fue más tarde...”

    “ Nos referimos a la Gran Guerra, la Guerra Antigua...”

    LA GUERRA ANTIGUA Y LOS 33 MENSAJEROS DE LA PAZ

    Entonces se me mostró a un grupo de seres grandísimos, con aspecto de insecto, venir a Orión para tomar muestras de RAH, como parte de un estudio tanto científico para mejorar su raza como espiritual, pues deseaban comprender el misterio de la creación de las esencias.

    Procedían de un planeta próximo a la estrella Antares, en lo que conocemos como la Constelación del Escorpión.

    Esta visita no fue bien recibida, por cuanto el celo de los oriones frente a la “santidad” de RAH o “El Dador de Vida” era extremo. Y la tensión no pudo ser manejada, teniendo en cuenta que los visitantes de Escorpio, estaban haciendo sus estudios sin haber comunicado de ello al Consejo de Orión. Aquella escena ocurría mucho antes de la insurrección de Satanael.

    A consecuencia de este episodio, estalló una verdadera guerra que comprometió a otras civilizaciones extraterrestres. Una guerra en la que mundos enteros fueron exterminados.

    Vi emplear armas terribles y mortíferas, y el esfuerzo por ambos líderes opuestos de la guerra Orión y Escorpio en concentrar su avance tecnológico para la creación de nuevas armas y, aunque suene increíble, “ejércitos de clones”.

    En Orión se creó genéticamente una raza, a servicio de esta Guerra. Aunque de cuerpo frágil y pequeña estatura, aquellos hombrecillos grises serían dotados de una gran capacidad de aprendizaje, constituyéndose en poderosos científicos y operadores de tecnología. Eran los principales aliados de los oriones.

    Pero no fue suficiente.

    Los escorpiones, habían desarrollado armas letales que estaban inclinando la balanza a su favor. Sin embargo, para los oriones la Guerra continuaría, aun a costas de su propia desaparición, que no parecía tener tanta importancia como los mundos inocentes que se vieron afectados directa o indirectamente por esta espantosa batalla estelar.

    Y he allí que vi resaltar a un hombre de Orión. Era alto y esbelto, de tez blanca y largos cabellos negros. Sus ojos claros, profundos, penetrantes, revelaban que se estaba produciendo un cambio en este Vigilante de la estrella Rigel. Era Satanael.

    Conmovido por el peligroso desarrollo de esta guerra, Satanael llevó a cabo una intensa campaña por conseguir una tregua en medio del enfrentamiento cósmico, lo cual logró, entrevistándose inclusive con el mismísimo Consejo de Antares. Fue el inicio de la paz.

    Me sorprendía ver a Satanael en esta época tan antigua. Además, en medio de estas batallas estelares, pude reconocer por si no fuera suficiente a Ishtacar, el Vigilante que conocí en la experiencia de Celea, enfrentándose contra los violentos escorpiones que llegaban a Orión en inmensas naves espaciales. ¿Cómo podían estar ellos allí si esto ocurrió hace decenas y decenas de miles de años?
    ¿Cuánto tiempo pueden vivir?

    Debido al avance evolutivo que lograron, al morir y encarnar nuevamente, ellos no pierden el recuerdo de la experiencia adquirida en la vida anterior. Poseen una “conciencia lineal”. Por ello, en un procedimiento que no podemos comprender aun en la Tierra, decidieron construir sus propios cuerpos o réplicas adultas, para ser ocupadas si su vehículo material era destruido o se detectaba ya inservible. Era como cambiar de ropa.

    Todo esto me explicaba porqué no vi niños en Orión.

    Entonces me imaginaba a un ser con una conciencia de 3000 años de existencia encarnar nuevamente como bebé, y tener que vivir ese proceso, una y otra vez, hasta poseer un cuerpo adulto. En la Tierra, desde luego, esto no es así, por cuanto nos encontramos en un peldaño distinto de aprendizaje, olvidando quiénes fuimos en una existencia anterior y creciendo en distintas familias, geografías y realidades para finalmente abrazar la iluminación que nos lleva de regreso a Dios. Según los Guías, no poseemos aun la preparación necesaria para recordar todo cuanto hicimos. Si en una sola existencia, los seres humanos nos vemos afectados por las personas que nos hicieron daño, que dañamos, que amamos, que perdimos, y diversas experiencias de impacto que nos sacuden, ¿qué pasaría si recordáramos el mismo proceso pero en 20 o 50 existencias? No soportaríamos.

    Lo que nos permitiría prepararnos para asumir ello, es la conciencia de que somos en realidad seres cósmicos.

    No obstante, no es garantía de nada. La Gran Guerra en Orión nos enseñó que ascender en la escala evolutiva no nos libra de cometer errores. Y mientras más alto ascendamos, la caída es más fuerte.

    En la Gran Guerra estuvieron involucradas 33 civilizaciones extraterrestres. Y fruto de la paz y el intercambio mutuo en armonía, se creó el “Consejo de los 33”, con un representante por cada civilización. Satanael, por sus denodados esfuerzos en pos de la paz, fue elegido por unanimidad para ser el representante de Orión...

    El lugar elegido para cobijar esta iniciativa cósmica sería aquel planeta azul que viese al inicio de la experiencia. Lo llamaban Ahelón, en aquel tiempo la sede de tres importantes Consejos: El de los 14 de Orión, el de los 24 Ancianos de la Galaxia, y el recién establecido Consejo de los 33, la base de operaciones de los “Emisarios de la Paz Galáctica” (no confundir con la llamada Hermandad Blanca de la Gran Estrella o Gobierno del Universo Local, constituido por 33 miembros: los 24 Ancianos y los 9 de Andrómeda).

    Entonces se construyó una gran nave, blanca como la nieve, y de forma triangular como las siluetas de las pirámides de Egipto. Este tipo de vehículo estelar sería llamado “Nave Campana” en lo que podríamos comprender en nuestro idioma con su significado de llamado al despertar, a la paz que ahora volvía al espacio y que sentaba las bases de un nuevo orden.

    Esta gran nave llevaría a los 33 a visitar diferentes mundos para sembrar aquel llamado a formar parte de Confederación Galáctica. Hicieron esto en nueve ocasiones, antes que llegara un extraño emisario al Consejo de los 14 de Orión.

    LA INSURRECCIÓN DE SATANAEL

    Y he aquí que se me mostró la sede del Consejo de los 14 de Orión, recibiendo la visita de un extraño. Un ser altísimo, espigado, vestido con un traje rojo que parecía estar hecho de un grueso plástico. Llevaba una suerte de capa y un sombrero alargado sobre la cabeza, similar a la corona Atef de los faraones de Egipto.

    No recuerdo ahora su “rostro”. Sólo cómo estaba vestido.

    Aquel visitante que irrumpía sin previo aviso en el Consejo de Orión, disfrazaba hábilmente su secreto origen, que no era extraterrestre. Se trataba de Luzbel, uno de los “resplandecientes” del Universo Mental, que había logrado “materializarse” en Orión algo que no es difícil para un “padre creador” para influir directamente en el Consejo, y llevar nuevamente a los oriones a una guerra. Una guerra que buscaba destruir a “los hijos de Orión”, o más bien, sus hermanos: la humanidad de la Tierra.

    El Consejo de Orión supo mantenerse ajeno a las oscuras intenciones del visitante. Sin embargo, las ideas de Luzbel eje de la saga del Plan Cósmico iban ganando terreno y simpatizantes.

    Entonces puso sus ojos en Satanael, el antiguo General de los Vigilantes de Orión que ahora se hallaba embarcado en una empresa diferente: difundir el llamado de paz en el Universo.

    No obstante a ello, aquel importante miembro del Consejo de los 33, caería en las tinieblas para transformarse en el principal seguidor de la causa de Luzbel(15).

    “RAH” fue nuevamente el punto importante de la discusión entre la corporización de Luzbel y Satanael, demostrándose que la lección pasada el origen de la Guerra Antigua , en realidad, no había terminado de ser aprendida.

    Los ojos de Satanael se tornaron oscuros como el espacio. Luzbel había logrado llenar su corazón de odio hacia los humanos de la Tierra, pues estos eran “hijos prohibidos” de “RAH”.

    El argumento de Luzbel hacía alusión a los primeros seres del Universo Material que vinieron a la Tierra hace unos tres mil millones de años, instalándose en bases submarinas en la Antártida cuando esta se hallaba en el ecuador en un escenario planetario donde los mares eran ácidos. Aquellos visitantes provenían de la Constelación del Cisne, a 6.000 años luz de nuestro Sistema Solar.

    Como nos enseñaron los Guías, aquellos científicos espaciales sembraron esporas en nuestro mundo, con la intención de cambiar la acidez de los mares y convertirlos en alcalinos, y así modificar las condiciones químicas del planeta para depositar una molécula auto-replicante, que derivaría más tarde en el desarrollo de formas de vida complejas. La molécula “madre”, provenía de la Gran Nebulosa de Orión.

    Sin embargo, el ser “hijos” de Orión no era lo más terrible, sino el estar dotados de algo que los mismos oriones no poseían: el libre albedrío.

    Luzbel, hábilmente, logró convencer a Satanael que la humanidad de la Tierra debía ser destruida. Y por si fuera poco, hasta afirmarle que constituíamos un peligro para los mismísimos oriones, por cuanto en un futuro, tarde o temprano, les destruiríamos al convertirnos en una civilización más poderosa.

    Todo esto era un golpe muy estudiado, pues, si el Resplandeciente lograba polarizar a Satanael, sabía que el antiguo General de Vigilantes y hoy maestro representante de todo Orión, contaría con miríadas de seguidores. Y así fue.

    En primera instancia, el propio Satanael intentó convencer al mismísimo Consejo de los 14 para enviar una avanzada de aniquilamiento a la Tierra. Y al igual que Luzbel, no tuvo éxito. Los sabios maestros comprendían que la propia existencia de la humanidad era parte del Plan Cósmico, una estrategia que buscaba que nuevas formas de vida, pero con los mismos inconvenientes que ellos como la tendencia guerrera y colonizadora pudiese encontrar el eslabón perdido que permitiría restituir el orden quebrantado y por consecuencia alcanzar grados superiores de evolución.
    Empero Satanael no comprendía. Estaba lleno de odio. Había sido polarizado. Algunos apartes de esta historia ya los conocía. Pero no todos... Y era muy
    diferente pasar de conocerlos a “verlos”, “vivirlos”, “sentirlos”. E inclusive y los más intenso “recordarlos”.

    Entonces vi cómo Satanael, poseído de ira, e impotente de convencer al Consejo de destruir la Tierra, levantó su larga y extraña arma. Y allí contemplé atónito cómo de este aparato disparó espantosas energías como si fuese un fuego eléctrico hacia los miembros del Consejo. Les destruyó a todos.

    Era el inicio de la rebelión de Satanael.

    El Consejo, desde entonces, ya no funciona físicamente por decisión propia. Ahora Orión está bajo la supervisión directa de la Confederación Galáctica.

    Y así, luego de ver y asimilar las fuertes sensaciones que produjo en mí esta escena, se me mostró el punto de conexión con la llegada de Luzbel a Orión.

    Era una gigantesca puerta estelar, emanada desde la estrella Mintaka.

    “Esta puerta, es una grieta de luz que comunica los Universos, un fenómeno que sólo se da en el núcleo de algunas galaxias y estrellas”.

    Esa puerta, ¿adónde conduce? pregunté.

    “La energía de esta puerta fue la que te trajo hasta aquí. Es el faro que guía en los viajes estelares que conectan a Orión. Pero es más que eso. También es una ventana que conecta con el Universo Mental...”

    ¿Puedo ver el Universo Mental?

    “No puedes”. “Pero verás su reflejo, y quienes habitan allí...”

    Y lo vi. Y aunque recuerdo todo esto, no puedo describirlo. Cierro mis ojos y lo veo nuevamente, más no sé cómo relatarlo. Si lo hiciese, si al menos lo intentase, ya no sería lo que observé...

    Esta revelación me ayudó a comprender también la importante cercanía que tenían los seres de Orión con las inteligencias del Universo Mental sus “apoderados” , que se habían constituido en la principal dirección e influencia en las formas de vida que operaban en esta y otras regiones del Universo Material.

    ...Y conocía esta Puerta-Estrella.

    Por algo me había llevado, desde la Gran Pirámide de Egipto en la Tierra, hasta allí...
    ____________________________________________________________________
    (11) La Gran Nebulosa de Orión o M42 es la nebulosa más estudiada del espacio. Se constituye a decir de los astrónomos en un “Crisol de Creación”. Aunque en la Constelación de Orión se han hallado alrededor de veinticinco formaciones nebulosas, la M42 resulta ser el “núcleo” de este enigma que llama tanto la atención de los astrofísicos. Hace pocos años, el telescopio espacial Hubble fue apuntado especialmente a la Gran Nebulosa por cuanto era un verdadero laboratorio para estudiar los procesos que hicieron nacer nuestro Sol y todo el Sistema Solar hace cerca de 5.000 millones de años. Dentro de la nebulosa, el Hubble encontró un área delimitada en una figura trapezoidal que recuerda sospechosamente las puertas incas y egipcias, las mismas que aluden puertas interdimensionales , el punto preciso donde “nacen” estrellas. A decir de los científicos, esta “caverna estelar” tiene en formación 70.000 estrellas jóvenes y 153 brillantes discos proto-planetarios.
    La Nebulosa de Orión se encuentra a 1500 años luz de distancia, y está ubicada en el centro de la región de la Espada del “Cazador de Orión”. Es tan grande, que nuestro Sistema Solar entraría en ella 20 millones de
    veces. En 1997 se difundió la noticia que el propio Hubble había detectado moléculas orgánicas similares a las que dieron vida a la Tierra, y que posiblemente, debido al fenómeno de la panspermia, llegaron desde Orión a nuestro mundo hace 3.000 millones de años...
    (12) Según los Mayas ello sucedería o empezaría a ocurrir en el año 2012. El Sol Central estaría enviando una poderosa energía “Manásica”, que activaría a nuestro Sol y a consecuencia de este fenómeno cósmico, el campo magnético del planeta y el propio cuerpo aúrico de los seres humanos. La palabra “Manásico” alude al “Maná” que alimentó al pueblo hebreo. Una denominación apropiada para el Sol Galáctico por cuanto su radiación “alimenta” de la luz violeta a nuestro Sistema Solar, además de estar en sintonía con la clave 33 por cuanto según la astronomía el Sol Central está ubicado a 33.000 años luz de nosotros, y el maná que nutrió al pueblo de Moisés durante el éxodo “cayó del cielo” durante 33 días...
    (13) El Enigma de Shambhala, de Victoria Le Page. Ediciones Abraxas, 1998, Barcelona, España.
    (14) Cleopatra’s Needles, Londres, 1926. Ver Cap I “Le temps des Pyramides”, por J. Leclant y J. P. Lauer.
    (15) Como recordamos, Luzbel se sintió traicionado en el célebre Concilio de los Helell o “Resplandecientes”, en el Universo Mental. En este Concilio, se había planteado el error que significó el rápido ascenso en conocimientos de las formas de vida del Universo Material, como el caso de los oriones. Todo ello produjo un “estancamiento” que podría ser solucionado aplicando un libre albedrío, para experimentar la evolución desde una perspectiva vivencial, sujeto al error y acierto, y no como una dirección mental, que imperaba en el orden anterior. La idea, básicamente, era propuesta por Luzbel, quien sugería debía ser aplicada en las formas de vida existentes. Pero el Concilio creyó más conveniente y menos peligroso llevar el Plan Cósmico con una humanidad nueva para ir observando los resultados. Esa humanidad es la nuestra.
    Parte de este plan, por si fuera poco, involucraba además la inserción de entidades disociadoras que dificultasen hallar el conocimiento; así, la humanidad, por esfuerzo y mérito, accedería a él, y lograría sellar su ascensión y la de todo el Universo.
     
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