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    AÑO 1988
    bookFecha: Jueves, 2013-07-11, 4:25 AM | Mensaje # 1
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    AÑO 1988




    1 de enero de 1988

    1988 no comienza con buenos auspicios. El tiempo inclemente, las falsas noticias de algunos periódicos y la fiesta de Comienzo de Año provocan una notable disminución de presencias junto a la roca.
    De las 70.000 personas de noviembre y de las 60.000 de diciembre, se pasa a cifras como máximo, de 20.000. Pero para aquellos pocos fieles de la Virgen de Belpasso, apretados alrededor de la roca y mojados de pie a cabeza a pesar de los paraguas, la aparición les reserva una sorpresa poco agradable: el mensaje es secreto.
    Rosario, finalizada la aparición, se muestra triste y abatido, y dice que la Virgen estaba más dolorida que de costumbre, "...como nunca la había visto...", y el mensaje recibido debe permanecer secreto por el momento.
    Agrega luego "deseo invitarlos a todos a orar para que este mensaje no se concrete".
    Con el fin de aclarar la perplejidad de muchas personas respecto de este mensaje secreto que hace presagiar tristes eventos, algunos días después Rosario hace una relación para explicar mejor lo que la Virgen desea de todos.
    El mensaje que la Virgen me confió el 1º de enero de 1988 no puedo revelarlo, pero haré algunas referencias al mismo.
    Ya he dicho que la Virgen estaba muy dolorida, como nunca la había visto, y referido al mensaje, es muy profundo en su contenido y no oculto que me ha dejado turbado.
    Cuando María Santísima aparece, no lo hace sin una razón: la salvación de sus hijos es lo que más la apremia. Quizás muchos no han comprendido esto, y es uno de los motivos de Su dolor.
    Lo que tengo que decirles se me hace difícil.
    Se debe constatar como los pasos de la humanidad hacia la paz son tranquilizantes y seguros. La Virgen ya lo había dicho el 1º de octubre refiriéndose a un período de paz.
    Pero una pregunta surge espontánea: ¿Cómo es posible que la Virgen esté dolorida?
    Hoy no podemos y no debemos focalizar nuestra preocupación sólo sobre los problemas de las naciones en guerra.
    La Virgen Santísima está preocupada por la salvación el hombre en singular, afligido y preocupado por las cosas materiales, distraído y ya sin cuidado por su único y verdadero bien: DIOS.
    Cada uno de nosotros debe descubrir en su propia alma que somos llamados a la santidad, y reconocer nuestras carencias espirituales.
    Me parece justo repetir lo que siempre ha dicho la Virgen: acercarse a los Sacramentos de la Confesión y de la Comunión, rogar por la paz en el mundo, recitar muchos rosarios, hacer sacrificios por la conversión de los pecadores.
    Cuando la Virgen dice que los tiempos está maduros, es necesario meditar y proceder para mejorarnos, purificarnos y santificarnos.
    Deseo precisar que el mensaje del 1º de enero de 1988 no es un agregado a los diez secretos que he recibido el 1º de marzo de 1987, sino que es una profundización, una aclaración y una explicación de esos secretos.
    Sólo una cosa nos hace tener esperanzas: la segura ayuda de María, REINA DE LA PAZ, y el triunfo de Su Corazón Inmaculado.
    Viene a propósito la parábola de las diez Vírgenes (Mateo 25, 1-13) que es una exhortación a la vigilancia en la espera del regreso glorioso de Cristo Jesús.
    La Virgen aparecerá el primer día del próximo mes.

    1 de febrero de 1988

    Contrariamente a las previsiones, el 1º de febrero numerosos peregrinos (cerca de 50.000) regresan a la roca de Belpasso, para asistir al preanunciado evento de la aparición de la Virgen.
    Hay mucha espera y ansiedad en los corazones de todos, sobre todo hay esperanza que el mensaje de la Virgen traiga serenidad al ánimo de los que han rezado mucho para eliminar los malos presagios del mes precedente.
    La espera, de todos modos, no es desilusionante. Las palabras de la Reina de la Paz son de reflexión por lo que ha sucedido el 1º de enero:

    "¿Pero cómo podría estar feliz si el mundo es víctima de su misma superficialidad hasta en las vísperas del nuevo año?", y de exhortación a vivir la fe en modo vivo y auténtico:
    "Cada uno de Uds. debería profundizar su propia fe, para luego convertir al prójimo".
    Hijos míos: sólo si me han comprendido en mi dolor, podrán confortarme.
    El mes pasado mi venida fue desilusionante para todos... y era la Jornada de la Paz.
    ¿Pero, cómo podría estar feliz si el mundo era víctima de su misma superficialida hasta en las vísperas del nuevo año? Es así que obrando de esta manera, los hombres atraen sobre sí los castigos.
    Todos se han vendido conscientemente a la felicidad mundana.
    Sólo una cosa alienta mi corazón: ver a muchos de Uds. empeñados en confortarme. Esto quiere decir que no sólo sus corazones se han abierto, sino que saben responder prontamente y con buena voluntad a las solicitudes que Dios manda a sus almas.
    El Señor los sana porque es el Dios de la vida.
    Hoy los invito a todos Uds. en modo particular, a reforzar su fe en Dios.
    Hoy han estado llamados a un deber particular que Él, en Su misericordia, ha querido confiarles: anunciar al mundo Su inminente venida. Estén agradecidos pero no se ensoberbezcan porque Dios no elige a los mejores, sino a los más dóciles a Su Espíritu.
    Esto lo digo para advertirlos sobre ese sentimiento de soberbia que muy a menudo se insinúa en los pensamientos de sus corazones.


    R: Virgencita, ¿Cómo podremos obtener la fuerza necesaria para cumplir con este deber?
    M: La obligación es simple. Muchos han olvidado que ser verdaderos cristianos quiere decir anunciar la Buena Nueva.

    Jesús ha instituido los Sacramentos para la santificación de Sus hermanos y también para la fortificar sus almas.
    Con frecuencia muchos se dicen cristianos y no se dan cuenta que ellos mismos son causa de la fe perdida.
    Cada uno de Uds. debería profundizar su fe, para luego convertir al prójimo. Muchos no saben que la fe del verdadero cristiano no es un "quizás".
    Que cada uno mire en su interior y diga: "Señor, Tu salvación me llena de alegría. Haz de mí un instrumento de conversión".
    Quien cree estar en la verdad confrontándose con lo que enseña el Evangelio, no puede tener temor, y si lo tuviera, no será tanto como para abandonar el camino iniciado: ésta es la verdadera fuerza, ésta es su fe.
    Los caminos del Señor son verdad y gracia. Que el Santo Evangelio, la Palabra de Dios, esté en sus mentes, esté en sus palabras, pero sobre todo que esté escrita en sus corazones.
    Id y evangelizad. No tengan temor porque Mi Corazón estará siempre con Uds.
    Caminarán delante del Señor en la tierra de los vivientes.

    R: Virgencita, ¿Deseas alguna otra cosa de nosotros?
    M: No, nada más. Sigan acercándose a los Sacramentos, no se cansen de rezar y de recitar el Rosario, lean la Sagrada Biblia y medítenla.

    Los bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Padre en sus mentes, el Hijo en sus corazones, el Espíritu Santo en sus almas... Ahora debo irme.

    R: Virgencita, ¿Seguirás viniendo?
    M: Si, vendré el primer día del próximo mes.

    1 de marzo de 1988

    Ya llega la estación primaveral, pero el frío en Belpasso es aún intenso. En la mañana del 1º de marzo sopla un viento gélido de tramontana que obliga a los peregrinos a abrigarse abundantemente en previsión de las horas de espera que separan de la aparición.
    Todo transcurre como de costumbre, ordenado y tranquilo, gracias sobre todo al trabajo de los voluntarios locales y de la Misericordia, con presencia pronta en socorrer a los enfermos y a quienes no se sienten bien.
    La visión de la Virgen a Rosario, como en los meses invernales, tiene lugar a las 12 exactas.
    Como siempre, hay gran expectativa por conocer el mensaje.
    No faltan este mes, referencias a la inminente festividad de la Santa Pascua, con la invitación a vivir de modo coherente el periodo de la Cuaresma. La Virgen dice, entre otras cosas, (lo que alegra a los presentes) que el séptimo secreto no se concretará, sustituyéndose con otro evento, que será hermoso para todo el pueblo de Dios esparcido sobre la tierra.

    Hijos míos, nos acercamos a la Santa Pascua: prepárense bien.
    En estos días de Cuaresma los invito a una revisión espiritual: no se dejen sorprender no preparados.
    Busquen tener sus almas puras y limpias como agua de manantial. Solos no pueden nada, pero con la gracia del Señor, con Mi ayuda y la de Él, podrán obtener la paz con Uds. mismos, con los hermanos y con el Señor.
    Pero si quieren obtener eso, pasen a través de mi Corazón, que los llevará a Jesús y encontrarán la verdadera paz.
    Esa es la paz por la cual Jesús murió y resucitó para dejárselas. No malgasten ese regalo, escondiéndolo.
    Cultívenlo en Uds. mismos, en sus corazones. Si cada uno de Uds. hace esto, podrá compartirlo con sus hermanos, podrá servirse de él para alabar al Señor. Obrando de esta manera, Jesús acepta con bondad los dones que le ofrecen, pero lo que Él más desea son sus corazones.
    Traigan sus corazones junto al Mío, y los convertiré de tal manera que serán dignos del Corazón de Mi Hijo.
    Tendrán en Uds. una surgiente que manará hasta la vida eterna. Prepárense con humildad y abandono para la Santa Pascua. Prepárense con oraciones y obras de caridad. Les he prometido una Navidad inolvidable y he mantenido mi promesa. Ahora les prometo una Pascua inolvidable, pero si quieren pueden hacer mucho más que el año pasado.
    A tal propósito mediten muy seguido el Via Crucis, rueguen con el Rosario y aumenten las frecuencias de sus confesiones: este es tiempo de reconciliación.
    La Santa Misa es el compendio de las maravillas que Dios ha operado con los hombres: quiere decir, asistir al gran sacrificio de la Pasión y Muerte de Jesús. En la Santa Misa se contemplan y se celebran los grandes misterios de Dios. Aspiren todos a la Resurrección, al Paraíso.
    Hijos míos, no huyan de la cruz que les ha sido asignada. Así participarán Uds. del gran sacrificio Eucarístico. Acérquense a la Eucaristía: nunca se agradecerá lo suficiente a Dios por este inmenso y maravilloso don. Durante estas semanas, deberían ir más seguido a la Santa Misa.
    Los invito a hacer cada día la adoración a Jesús Crucificado. Tomen un crucifijo y bésenlo repetidamente con todo amor y con inmensa devoción.
    Harán un hermoso gesto. En efecto, justamente con la Cruz Jesús redimió al mundo. Lean siempre la Verdad enseñada en el Santo Evangelio: el Señor tiene palabras de vida eterna. Que esa Palabra esté en sus mentes, esté en sus palabras, pero sobre todo esté escrita en sus corazones. Canten siempre el amor del Señor.


    R: Virgencita: ¿Deseas alguna otra cosa ?
    M: Sí. Llegó el momento de develar a tu confesor el secreto referido a ............................y que hace parte de los diez secretos.

    Dile a todos que el séptimo secreto no se realizará más, y que será sustituido con otro evento que será hermoso para el pueblo de Dios disperso por la tierra.
    Los bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esté el Padre en sus mentes, el Hijo en sus corazones, el Espíritu Santo en sus almas... ahora debo irme.

    R: Virgencita, ¿Seguirás viniendo?
    M: Si, vendré el primer día del próximo mes.

    1 de abril de l988

    El 1º de abril de 1988 es Viernes Santo.
    Mucha gente, entre los que se cuenta un buen número de sacerdotes habitualmente presentes en la roca, para no abandonar las funciones de la tarde, renuncian a su pesar a la cita mensual de Belpasso.
    No obstante, cuando Rosario llega con sus padres y el Padre Dino para participar en el Via Crucis guiado por el Padre Felipe Buccheri, en el lugar ya había reunidas unas 50.000 personas.
    Durante la aparición, los presentes (naturalmente los más cercanos al vidente) algo infrecuente respecto a los meses precedentes.
    El vidente, al recitar los tres misterios del Santo Rosario mueve repetidamente la mirada hacia dos diversos puntos en lo alto, más arriba de la roca, como si hubiera algo que atrajera su atención.
    Terminado el coloquio, queda todo aclarado cuando Rosario, asomándose al balcón, dice haber visto, diversamente de las otras veces, a la Virgen de rodillas a los pies de un crucifijo.

    R: Hoy la aparición fue diversa que como de costumbre.
    En efecto, apenas la nube apoyada sobre la roca se abrió, he visto a la Virgen arrodillada a los pies de un hermoso crucifijo de tamaño natural. La cruz estaba frontalmente a mí, pero Jesús no se movía.
    Me parecía estar delante de una maravillosa escultura de particulares finísimos. Jesús parecía verdadero.
    Nunca he visto un crucifijo tan maravilloso, y su belleza era tal que no sabía a quien mirar, si a la Virgen o a la hermosa cruz.
    La Virgen me invitó a rezar tres misterios del Santo Rosario, y mientras tanto, contemplaba el Amor de Jesús por la humanidad. He notado una cosa muy bella: cuando recitaba "...Santa Maria, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores..." la Virgen alzaba amorosamente la mirada hacia lo alto. Así pude contemplar en mi fuero íntimo, cómo la Virgen intercede por nosotros.

    Finalizado el Santo Rosario, la Virgen me ha dado para todos, el siguiente mensaje:

    Hijos míos queridísimos, hoy deben rezar particularmente por sus hermanos.
    En Su cuerpo místico, que es la Iglesia, su amado Jesús, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, sigue repitiendo su sacrificio de amor. Mi Corazón, unido al de Mi Hijo, ha sufrido de manera única y particular, y por esto les digo que soy la Madre de los Míseros y de los Sufrientes, soy Aquella que los consuela.
    Durante la dolorosa pasión de Jesús, Mi Corazón no la hubiera soportado si no hubiera estado sostenido por la fe, fe que todos deben mirar.
    Permanezcan Conmigo bajo la cruz, recen y tengan fe. En tal modo, la paz de la cual soy Reina, podrá entrar en vuestros corazones: es una flor que se abre y que no se marchita, si me permiten cuidarla y atenderla como algo precioso que crece con la gracia del Señor.
    Sigan recitando el Rosario y acérquense a los Sacramentos. La Santa Misa es su salvación. El evento de la Resurrección de Jesús es grande, porque así se venció a la muerte.
    En la Santa Pascua de Resurrección, los invito a no hacer caso de las cosas materiales. En la caridad, inclínense sobre sus hermanos más pequeños, muestren a Jesús su amor, que no son sordos a Su reclamo y cerrados a Su luz. Que el Santo Evangelio, la Palabra de Dios, esté en sus mentes, esté en sus palabras, pero que sobre todo esté escrito en sus corazones.


    R: ¿Deseas alguna otra cosa de nosotros?
    M: No, nada más por hoy. La Madre dolorosa por la Pasión, y gozosa por la Resurrección los bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: que el Padre esté en sus mentes, el Hijo en sus corazones, el Espíritu Santo en sus almas... ahora debo irme.
    R: Virgencita, ¿Cuándo volverás?
    M: Vendré el primer día del próximo mes

    1 de mayo de 1988

    Como se preveía (dado el día festivo) el flujo de gente a Belpasso es indescriptible. Diseminadas por las zonas alrededor de la roca se pueden calcular cerca de 150.000 personas. Es la máxima concurrencia desde el inicio de las apariciones.
    La gente proviene de todas las provincias sicilianas y de varias regiones de Italia.
    Ya comienza a hacer calor, y muchos, en la espera, buscan refugio del sol bajo paraguas.
    La aparición (la última, como se sabrá después) con el regreso de la hora legal italiana, tiene lugar a las 13 exactas.
    Finalizado el coloquio, Rosario se aleja del lugar escoltado por las fuerzas del orden, mientras ansiosamente la gente espera conocer el contenido del mensaje.
    Luego de una media hora, desgraciadamente es doloroso para todos escuchar al joven que, con la voz quebrada por el llanto, dice casi al final: "...¿Cómo?...¿No vendrás más?...".
    En este momento los presentes comprenden claramente que la Reina de la Paz no vendrá más a la roca de Belpasso Se alejan del lugar, muchos llorando, todavía incrédulos y con el ánimo cargado de tristeza, pero también con un hilo de esperanza por el anuncio (como dice en el mensaje) de un futuro regreso, cuya fecha está escrita sólo en los designios de Dios.

    Hijos míos, en estos meses he dado muchos mensajes para convertirlos.
    El Señor ha tocado muchos corazones y los ha inflamado con el amor de Su Corazón, ha confortado a muchos desconsolados, ha llevado la paz a muchas familias y a muchos corazones.
    Ha hecho entender a todos qué estupenda y maravillosa es la oración, cuán eficaz es el recitado del Santo Rosario y por lo tanto, Mi intercesión ante Él, cuán agradables le son los sacrificios y la penitencia ofrecidos para reparar las ofensas y para convertir a los pecadores, pero por sobre todo les ha hecho entender cuán indispensables son los Sacramentos para la vida eterna. Les ha dado la alegría y seguirá dándoselas en la Santa Misa.
    Hijitos queridos, ¡Cuántas veces los he invitado, casi suplicándoles, a hacer lo que les aconsejaba, a aceptar las leyes justísimas de Nuestro Señor!
    Mis apariciones han servido para reavivar en sus almas el espíritu de fe, de confianza, de amor.
    Los frutos espirituales se obtienen con la constancia, con el abandono total a la misericordia de Dios. Los protegeré siempre, y aún si como árboles se doblan ante el viento, manténganse firmes: confíen en Mí.

    R: Virgencita, tengo tantas cosas por pedirte: si curarás a los enfermos, si concederás algunas gracias espirituales y materiales a alguien.
    M: Algunos ya han sido curados y escuchados, otros curarán más adelante, otros en cambio, no serán escuchados: deben rezar y pedir perdón por sus pecados. El mundo ha ofendido mucho a Nuestro Señor y debe corregir sus propios errores.

    Ahora debo decirte una cosa muy importante, y tu puedes decírsela a todos.
    Después del período de paz que concederé al mundo por medio de Mi Corazón, sucederá que muchos se alejarán de Dios, y se avergonzarán de Él.
    Finalizado el período de paz, sucederán muchos eventos desagradables, para cada familia, para cada ciudad, para cada nación, por el mundo entero.
    Esto ocurrirá porque muchos se dejarán estar otra vez y se olvidarán de Dios y de sus Leyes.
    La Iglesia tendrá que sufrir mucho. Antes de que todo esto suceda, te advertiré de modo que tu puedas decirlo a todos.
    Éste será el signo tangible de mis apariciones y es más importante que los signos en el cielo por su gravedad. No se descorazonen, miren siempre a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
    Que el Santo Evangelio esté en sus mentes, en sus palabras, y sobre todo, que esté escrito en sus corazones.


    R: Virgencita, ¿Deseas otra cosa de nosotros?
    M: No, nada más. Vivan cotidianamente mis mensajes en los que les repito que hagan lo que les dice Mi Hijo.

    Los bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Que el Padre esté en sus mentes, el Hijo en sus corazones, el Espíritu Santo en sus almas... Ahora debo irme.

    R: Virgencita, ¿Seguirás viniendo?
    M: No, no vendré más.
    R: ¿Cómo... no vendrás más?
    M: Regresaré más adelante, pero esto no quiere decir que te haya abandonado.

    Mi Corazón Inmaculado estará siempre contigo, y ya que la paz del mundo fue confiada a este Corazón, cuando él triunfe, será celebrada la Reina de la Paz.
    Dichas estas palabras, la Virgen se elevó serenamente hacia el cielo, donde nos espera maternalmente.
    La Santísima Virgen en el mensaje del 1° de mayo de 1988, luego de habernos recordado en un cuadro de conjunto las maravillas que Dios ha obrado por nosotros, nos invita a ser perseverantes en el practicar sus enseñanzas.
    Finalmente hay una fuerte advertencia contra la pérdida de la fe, contra nuestras infidelidades al Señor que, estructuradas en modo tal de ser un sistema de vida de la entera sociedad, ponen en peligro espiritual y material a la humanidad de la cual Dios quiere, en vez, el entero bien.
    Afirma la Santísima Virgen: "Luego del período de paz que concederé al mundo por medio de mi Corazón, sucederá que muchos se alejarán de Dios, se avergonzarán de Él.
    Terminado el período de paz, sucederán muchos eventos desagradables para cada familia, para cada ciudad, para cada nación, para el mundo entero.
    Esto será porque muchos buscarán situaciones cómodas y se olvidarán de Dios y de sus leyes. La Iglesia tendrá mucho por sufrir".

    LAS COMUNICACIONES DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

    Antes que esa aparición suceda, Rosario cuenta que en 1995, en un período en el cual nuestro continente europeo y otras varias partes del mundo estaban particularmente agitadas por guerras y tumultos, durante la Santa Comunión preguntó en oración a Jesús:
    "¿Señor, por qué no haces descender la paz en el mundo, ya que tu puedes?".
    Inesperadamente le respondió:
    "Es verdad que puedo, pero quiero que se reconozca que es fruto del triunfo del Corazón de mi Santísima Madre a través de la conversión de aquellas almas que obstaculizan la paz con su indiferencia hacia mí".
    En otro momento de oración durante la Santa Comunión, Jesús le dijo:
    "Quiero que se difunda todavía más, se conozca más y se practique más la devoción al Corazón Inmaculado de mi Santísima Madre como acto de culto que conduce a mi Corazón".
    Rosario objetó que la Iglesia ya reconoce este culto.
    Y el Señor respondió:
    "Es verdad que lo reconoce, pero pocos lo practican ofreciendo plegarias y sacrificios de reparación por la conversión de los pecadores, consolando al mismo tiempo al Corazón de mi Santísima Madre y también al Mío. Este es el culto que busco y que deseo".
    En otra ocasión el Señor le dijo durante la Santa Comunión:
    "Vengo a pedir el cumplimiento de aquellos propósitos que últimamente los sucesores de Pedro han expresado, esto es, que cada nación, cada diócesis, cada parroquia y familia se consagren al Corazón Inmaculado de mi Santísima Madre".
    Rosario objetó que para alguna de éstas había sido posible, pero que era difícil extender esta consagración a cada una de las familias.
    Él le respondió:
    "Es verdad, pero ello apresurará y consolidará la paz que Yo he confiado al Corazón de mi Santísima Madre, y luego, con mi gracia todo se puede. Confía en Mí rezando y sacrificándote por esta intención".
    En fin, durante aquel mismo año, Rosario escuchó estas palabras:
    "Si no se escuchan mis pedidos, no obstante que hoy tengáis el seminario lleno, un día tendréis las parroquias vacías".

    Jueves 25 de marzo de 1999 aparición Nº 33 – Anunciación de Nuestro Señor


    Pedido de la consagración de las familias, de las parroquias y de las diócesis al Corazón Inmaculado de la Reina de la Paz, y por consiguiente, al Sagrado Corazón de Jesús.
    "En la noche entre el 24 y el 25 de marzo de 1999, entristecido por el inicio de una nueva guerra en Europa (precisamente en Kosovo), estaba en vigilia de oración en mi habitación para suplicar a Nuestro Señor por la paz en el mundo, por intercesión de nuestra Santísima Madre.
    Luego de algunas horas, casi amodorrado, me acosté y me dormí.
    Despertándome con las primeras luces del día, me levanté del lecho y alzando la mirada, me encontré sobre la cima de un monte desde el cual se veía el mundo.
    Fue aquí que vi a la Santísima Virgen de Belpasso con su Corazón Inmaculado, el rosario en la mano derecha y, esta vez, con un ramito de olivo (que se ramificaba en dos variedades) en la mano izquierda.
    La Santísima Virgen dijo:

    "Ha llegado el momento de solicitar al Santo Padre promover con el auxilio de todos los obispos una especial consagración de las familias a mi Corazón Inmaculado y, a través de él, al Sagrado Corazón de Jesús, como también de las parroquias y de todas las diócesis del mundo, según la expresa voluntad de Nuestro Señor.
    Muchas almas recorren un sendero que las aleja de Dios, pero Él, en su infinita misericordia, quiere salvarlas confiándolas a los cuidados de mi Corazón Inmaculado.
    Al comienzo, habrá muchos obstáculos para el cumplimiento de esta solicitud, pero luego será reconocida como un baluarte de defensa y muchas almas serán salvadas. Y tú deberás sacrificarte y orar mucho por esto".

    Pregunté qué debería hacer y la Santísima Virgen me respondió:
    "Pon por escrito lo que te ha comunicado Nuestro Señor e informa de esto a tu Arzobispo y al pueblo, pero a éste último no le digas que ha sido el Señor quien te lo comunicó".
    Siguió un breve momento de silencio y luego la Santísima Virgen, mostrando la ramita de olivo, continuó:
    "He aquí el signo de la reconciliación y de la unidad: es para todos los hombres que, reconciliándose con el Padre por los méritos de Jesucristo, encontrarán en el vínculo del Amor la paz de Dios".
    Luego, como ofreciéndome el rosario, prosiguió:
    "He aquí el signo de la oración: es para todos los hombres que, abriendo sus corazones a Dios y meditando sus palabras de vida eterna, darán frutos de caridad".
    En fin, indicando su Corazón, dijo:
    "He aquí el signo de la donación de sí mismo a Dios: es para todos los hombres que, unidos en el Sacrificio eucarístico a los sufrimientos de Cristo, consolarán los Sagrados Corazones de Jesús y de Maria ofreciendo reparaciones a favor de la conversión de cuantos son afligidos por el pecado"
    Fue con el pronunciar tales palabras que vi a Jesús crucificado y a su Sagrado Corazón y, a la altura de éste, como suspendido, un cáliz con una hostia sobre él.
    Una luz inmensa y numerosas pequeñas llamas se irradiaban desde lo alto y envolvían todo el espacio de los alrededores.
    Mientras tanto toda la figura de Jesús se proyectaba dentro del cáliz y la hostia, que destilaba gotas de sangre y agua, colmaba el cáliz que desbordaba, cayendo sobre el mundo, mientras una voz poderosa decía desde lo alto:
    "¡Salvación y santidad!".
    Finalmente la Santísima Virgen dijo:
    "Mantiene todo esto bajo secreto.
    Luego del Jubileo (se refería al Jubileo del año 2000), te será claro el momento y el confesor a quien hablar de esto. Luego, te será mostrado el camino a recorrer".
     
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