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    ESPECIAL: SECRETO DE FÁTIMA
    bookFecha: Viernes, 2013-07-26, 9:37 AM | Mensaje # 1
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    ESPECIAL: SECRETO DE FÁTIMA


    En la mañana del 13 de Mayo de 2000, el Papa le encomienda al Secretario de Estado, Cardenal Sodano, anticipar una síntesis del contenido del “Tercer Secreto de Fátima” que debería ser revelado íntegramente en las próximas semanas por el Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la congregación de la doctrina de la fe, ex Santo Oficio. “El Tercer secreto de Fátima“, anuncia Sodano, “constituye una visión profética comparable a la de las Sagradas Escrituras, la visión concierne sobre todo a la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los Cristianos y describe el enorme sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable Vía Crucis guiado por los Papas del s. XX”, y continúa explicando que el famoso secreto contiene la previsión del atentado al Papa, la conversión de Rusia y el relato de la visión de Jacinta.

    HE ESCRITO EL DÍA 16 DE MAYO DE 2000:

    13 DE MAYO DE 2000

    FÁTIMA, EL PAPA Y EL TERCER SECRETO


    En espera de la revelación oficial del Tercer Secreto de Fátima, me permito expresar mi opinión al respecto. Comparto la opinión del más grande experto en apariciones marianas en el mundo, Padre René Laurentin, quien ha afirmado que en el Secreto se habla de otras situaciones importantes, dramáticas, pero además cargadas de esperanza, que no han sido aún anunciadas. Más allá de la habitual campaña manejada por los medios masivos que puntualmente han distorsionado la realidad de los hechos (de hecho no se menciona la parte central del mensaje); es verdaderamente cierto que la profecía de Fátima contiene la revelación de temas que se refieren no sólo al pasado sino también al futuro.
    Esperando que el mensaje sea revelado íntegramente, confirmo cuanto hasta este momento hemos difundido a más de mil millones de personas en el mundo desde
    1989 hasta hoy; y como lo han hecho antes que nosotros en los años 60 y 70 otras personas; contactados como Eugenio Siragusa, grupos espirituales como los hijos espirituales del Padre Pío de Pietrelcina, L´Araldo de San Antonio, Obispos y Monseñores que han estudiado el caso de Fátima de cerca. Confirmo también que en el interior del Secreto hay una parte donde la Virgen anuncia el contacto entre los hombres y los seres del Cosmos. Espero verdaderamente de corazón que haga conocer la versión casi íntegra, difundida por primera vez en 1963 por el diario de Stoccarda Neues Europa como consecuencia de una indiscreción diplomática y que no sea censurada ninguna parte. No sería sorprendente si esto sucediera. De hecho, desde los tiempos de la inquisición, muy a menudo la Iglesia, cuando le ha convenido, ha tomado la iniciativa de cortar, reducir o censurar determinadas revelaciones “para ayudar a las almas”. Hoy no me maravillaría en absoluto que sucediese lo mismo.

    En cambio, seríamos gratamente sorprendidos, y sería un gran honor al mérito, si la revelación fuera difundida íntegramente.
    Compartimos, de todas maneras, con el Papa el hecho de que no se habla del fin del mundo, pero sin duda, de grandes advenimientos que producirán grandes sufrimientos, aunque también nuevos cambios para un reino de paz y fraternidad. Nos reservamos hacer en las próximas semanas un comentario profundo sobre la revelación de Fátima, volviendo a publicar la investigación que hice personalmente y que difundí en 1996 a través de las revistas Nonsiamosoli y Tercer Milenio, el dossier titulado “Fátima, antiguas y nuevas revelaciones”, en el que se citaban los testimonios del Papa, de varios Monseñores, de investigadores y videntes, que han dado testimonio en diversas ocasiones del contenido de este delicado secreto. Lo difundiremos, precisamente, para ponerlo en conocimiento de la prensa y para intentar aportar luz a esta verdad tan comprometedora para el Vaticano pero también para toda la humanidad.
    Esto que he escrito es fruto de una investigación rigurosa que realizo desde hace diez años, y sobre todo de una certeza de fe que he adquirido gracias a la experiencia mística que vivo desde 1989 y que se inició en Fátima ante la visión de la Celeste Señora.
    Por esto siento que también yo soy uno de los testimonios vivientes del mensaje de Fátima.

    Giorgio Bongiovanni
    Estigmatizado

    DEL CIELO A LA TIERRA

    26 DE JUNIO DE 2000. CIUDAD DEL VATICANO


    Conferencia de prensa del Cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe (ex Santo Oficio, es decir, la vieja Santa Inquisición).
    “Revelado el 3º Secreto de Fátima”, ausentes sor Lucía, la Vidente depositaria del mensaje, y el Papa Juan Pablo II.
    El mensaje de la Señora, manipulado, interpretado y juzgado por la Santa Inquisición.
    A nuestro juicio no existen dudas sobre la visión de Sor Lucía (ver texto original adjunto), con el ángel del Apocalipsis, el obispo vestido de blanco que atraviesa una ciudad de sangre llena de muertos, la montaña, la cruz, etc.
    Una duda atroz, más bien una certeza absoluta: falta una parte del 3º Secreto, aquella clara, sin símbolos y más comprometida, voluntariamente censurada por el Vaticano, y subrayo por el Vaticano; porque la ausencia tanto de Sor Lucía como del Papa en la conferencia en Mundovisión es el signo tangible de que el poder de la Iglesia Católica Apostólica Romana está en las manos de potentísimos jerarcas políticos vaticanos que condicionan fuertemente el poder espiritual de la Iglesia, administrado por el Papa y sus discípulos.
    La Santa Inquisición ha vencido otra vez, en una batalla que ha durado 40 años. Desde 1960 más de mil millones de fieles esperan la confirmación de un mensaje ya divulgado diplomáticamente por un Papa, y de tantos testimonios de Fátima.
    La Santa Inquisición ha barrido así el trabajo de cardenales (Ottaviani, Oddi, etc., etc.), de obispos y de Papas (no es casual que en los años 60, Pablo VI declarara: “El humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios”).
    La Santa Inquisición le revela al mundo lo que le conviene revelar para acrecentar el poder temporal de la Iglesia y disminuir su poder espiritual.-
    En este punto surge la pregunta: ¿por qué la Virgen le pidió a Lucía que difundiera el secreto después de 1960?
    ¿Por qué Lucía pidió insistentemente a varios Papas de este siglo la consagración de Rusia, con la asistencia de todos los obispos del mundo?
    ¿Por qué en las dos partes ya precedentemente reveladas del mensaje, el lenguaje de la Virgen es tanto simbólico (visión del infierno) como concreto (fin de la primera guerra mundial; inicio de la segunda si no se produce la conversión, y como después ocurriera: la muerte de los dos pastorcitos, la permanencia de Lucía sobre la tierra, etc.)?
    ¿Cómo en esta tercera parte del Secreto el Santo Oficio difunde solamente la visión simbólica? ¿Y la parte concreta?
    ¿Solamente Lucía y el Papa pueden responder a estas preguntas?
    Por gracia del Señor, aunque lentamente, la Verdad sale a la luz a través de los simples y humildes servidores de Dios. Nosotros y muchos hermanos como nosotros, a pesar del Santo Oficio, hemos difundido y continuaremos difundiendo también a través de esta comunicación el Tercer Secreto de Fátima (ver adjunto), a fin de que quien busca la Verdad fuera de los cánones formales (del Santo Oficio)
    pueda tener discernimiento, elegir libremente y decidir dónde está la Verdad.
    Es cierto que nuestra tristeza es grande. El desaliento atenaza nuestro corazón y la fe se pone a prueba. Es el sentido de la Justicia universal de Cristo que nos empuja de todas maneras a seguir adelante, y personalmente continuaré ofreciendo el modesto sacrificio que Jesús me ha transmitido por Amor a la Santa Virgen.
    Me permito añadir, sin reservas mentales, una crítica al Papa Juan Pablo II, respetando de todas maneras su actuación. Si ha llegado el tiempo de difundir el
    Secreto de Fátima (del cual, como quiera que sea se ha censurado la parte más importante) ¿por qué no difundir también los misterios del banquero al servicio de Pablo VI y de la finanza vaticana, Michele Sindona?
    Él, estrechamente ligado a Cosa Nostra siciliana y americana, hizo transitar por la banca vaticana (I.O.R.), con la complicidad del obispo Marcinkus y del Banco Ambrosiano, miles de millones de dólares, muchos de los cuales pertenecían a Cosa Nostra.
    ¿Por qué no revelar hoy, junto al Secreto de Fátima, las sombras sobre la misteriosa muerte del Papa Luciani (Juan Pablo I), quien quería (¡qué casualidad!) expulsar de la Iglesia a Marcinkus y liberarla de actividades mafiosas que contaminaban el Templo de Dios?
    ¿Por qué el Papa Juan Pablo II, en 1981, ha querido cerca de él y como guardaespaldas hasta la explosión del escándalo, al propio Paul Marcinkus?
    ¿La mafia, Paul Marcinkus, Sindona, Calvi, La Febre, La P2, La Masonería, El Opus Dei, Mons. Balaguer, el portavoz Navarro Valls, el cardenal Ratzinger y los obispos asesinos que apoyaron a Hitler, la Iglesia Latino Americana que ha apoyado todas las dictaduras del siglo, forman parte del Tercer Secreto de Fátima?
    ¿A que parte del secreto pertenecen estos hechos que han acaecido a los ojos de toda la opinión pública y con el sacrificio de inocentes?
    Hoy, el representante del Santo Oficio ha dicho que el Secreto no contiene nada de apocalíptico, etc...
    A nuestro juicio no es así; pero incluso si fuese verdad, el mundo ya está lleno de hechos y delitos apocalípticos, y la Iglesia católica, es decir, el poder político del Santo Oficio, desgraciadamente, es parte responsable.
    Ciertamente, es necesario reconocer la gran apertura del Papa Juan Pablo II. Pero en el momento más importante él estaba ausente. Le dejó a la Santa Inquisición el poder de juzgar.
    El tiempo es el más honrado de los hombres. La Verdad y la última palabra sobre el Secreto de Fátima no han sido todavía pronunciadas.- Quien vivirá verá.
    Con dilección:

    Giorgio Bongiovanni
    Estigmatizado

    CONGREGACIÓN
    PARA LA DOCTRINA DE LA FE

    EL MENSAJE DE FÁTIMA

    PRESENTACIÓN


    En el pasaje del segundo milenio al tercero, el Papa Juan Pablo II ha decidido hacer público el texto de la tercera parte del “secreto de Fátima”.
    Después de los dramáticos y crueles eventos del siglo XX; uno de los más cruciales de la historia del hombre, culminando con el cruento atentado al “dulce Cristo en la tierra”, se abre, en consecuencia, un velo sobre una realidad que hace historia y que la interpreta en profundidad, según una dimensión espiritual a la que la mentalidad actual, a menudo plena de racionalismo, es refractaria.
    Apariciones y signos sobrenaturales marcan la historia, entran en lo profundo de los hechos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no creyentes. Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben converger hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y dona la gracia, para abandonarse en Él con devoción filial. Esto ocurre en el mensaje de Fátima que, con la desesperada convocatoria a la conversión y a la penitencia, impele en realidad al corazón del Evangelio.
    Fátima es, sin duda, la más profética de las apariciones modernas. La primera y la segunda parte del “secreto”, que se publican en orden para completar la documentación, antes de nada conciernen a la espantosa visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la segunda guerra mundial, y luego la previsión de los daños inhumanos que Rusia, en su abandono de la fe cristiana y en la adhesión al totalitarismo comunista, habría traído a la humanidad.
    Nadie en 1917 podría haber imaginado todo esto: los tres pastorcitos de Fátima vieron, escucharon, memorizaron, y Lucía, la testigo sobreviviente, en el momento en que recibe la orden del Obispo de Leiría y el permiso de Nuestra Señora, lo puso por escrito.
    En lo que atañe a la descripción de las primeras dos partes del “secreto” (por otra parte ya publicadas y por eso conocidas) se ha elegido el texto escrito por Sor Lucía en la tercera memoria del 31 de agosto de 1941; en la cuarta memoria del 8 de diciembre de 1941 añade algunas anotaciones.
    La tercera parte del “secreto” fue escrita “por orden de S.E. el Obispo de Leiría y de la Santísima Madre...” el 3 de enero de 1944.
    Existe un solo manuscrito, que está aquí reproducido fotostáticamente. El sobre precintado fue guardado primero por el Obispo de Leiría. Para tutelar mejor el “secreto”, el sobre fue entregado el 4 de abril de 1957 al Archivo Secreto del Santo Oficio. Sor Lucía fue advertida de esto por el Obispo de Leiría.
    Según apuntes del Archivo, de acuerdo con el Excmo. Card. Alfredo Ottaviani, el 17 de agosto de 1959 el Comisario del Santo Oficio, P. Pierre Paul Philippe, O.P., llevó a Juan XXIII el sobre conteniendo la tercera parte del “secreto de Fátima”. Su Santidad “después de alguna vacilación” dijo: “Esperemos. Rezare. Haré saber lo que he decidido”. (1)
    En realidad el Papa Juan XXIII decidió reenviar el sobre precintado al Santo Oficio
    y no revelar la tercera parte del “secreto”.
    Pablo VI leyó el contenido con el Sustituto S.E. Mons. Angel Dell´Acqua, el 27 de marzo de 1965, y lo reenvió al “Archivo del Santo Oficio”, con la decisión de no publicar el texto.
    Juan Pablo II, por su parte, requirió el sobre conteniendo la tercera parte del “secreto” después del atentado del 13 de mayo de 1981. Su Emcía. Card. Franjo Seper, Prefecto de la Congregación, entregó a S.E. Mons. Eduardo Martinez Somalo, Sustituto de la Secretaría de Estado, el 18 de julio de 1981, dos sobres: uno blanco, con el texto original de Sor Lucía en lengua portuguesa; y otro de color anaranjado, con la traducción del “secreto” a la lengua italiana. El 11 de agosto siguiente Mons. Martinez restituyó los dos sobres al Archivo del Santo Oficio. (2)
    Como es sabido el Papa Juan Pablo II enseguida se encargó de la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María y compuso él mismo una plegaria por aquello que define “Acto de Fe” a celebrarse en la Basílica de Santa María Mayor el 7 de junio de 1981, solemnidad de Pentecostés, día elegido para recordar el 1.600 aniversario del primer Concilio de Constantinopla y el 1.550 aniversario del Concilio de Éfeso. Estando ausente el Papa por fuerza mayor, la alocución transmitida fue grabada. Citamos el texto que se refiere exactamente al “acto de fe”:
    “¡Oh!, Madre de los hombres y de los pueblos, Tú conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que estremecen al mundo, acoge nuestro grito, agitado por el Espíritu Santo, directamente en Tu corazón y abraza con el amor de la Madre y de la Sierva del Señor a aquellos que más esperan este abrazo, y junto a aquellos cuya fe Tú también atiendes de manera particular. Toma bajo Tu protección materna a la familia humana entera que, con cariñosa entrega, a Ti, ¡oh! Madre, nosotros confiamos. Que se acerque para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza”. (3)
    Pero el Santo Padre, para responder más plenamente a las demandas de “Nuestra Señora”, quiso explicitar durante el Año Santo de la Redención, el acto de fe del 7 de junio de 1981, repetido en Fátima el 13 de mayo de 1982. En el recuerdo de Fiat pronunciado para María en el momento de la Anunciación, el 25 de marzo de 1984 en la plaza de San Pedro, en unión espiritual con todos los Obispos del mundo previamente “convocados”, el Papa confía al Corazón Inmaculado de María los hombres y los pueblos, con énfasis que reviven las doloridas palabras pronunciadas en 1981:
    “Y por eso, ¡oh!, Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que estremecen al mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, agitados por el Espíritu Santo, dirigimos directamente a Tu corazón: abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor, a este nuestro mundo humano, que a Ti confiamos y consagramos, plenos de inquietud por el destino terreno y eterno de los hombres y de los pueblos.
    De manera especial Te confiamos y consagramos aquellos hombres y aquellas naciones, que de esta confianza y de esta consagración tienen, particularmente, necesidad.
    “Bajo Tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios”¡ No menosprecies las súplicas de los que estamos en la prueba!”.
    Después el Papa continúa con mayor fuerza y concreción el relato, casi comentando el Mensaje de Fátima en sus tristes aseveraciones:
    “Aquí estoy frente a Ti, Madre de Cristo, delante de Tu Corazón Inmaculado, deseando, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor a nosotros, Tu Hijo ha hecho de si mismo al Padre: “Por ellos, él ha dicho, yo me consagro, porque son también ellos consagrados en la verdad” (Juan. 17, 19).
    Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón divino, tiene el poder de obtener el perdón y de procurar la reparación.
    El poder de esta consagración dura por todos los tiempos y abraza a todos los hombres, los pueblos y las naciones, y supera todo mal que el espíritu de las tinieblas sea capaz de despertar en el corazón del hombre y en su historia y que, de hecho, ha despertado en nuestros tiempos.
    ¡Oh, cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración por la humanidad y por el mundo: por nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! La obra de redención de Cristo, de hecho, debe ser divulgada al mundo por medio de la Iglesia.
    Lo manifiesta el presente Año de la Redención: el Jubileo extraordinario de toda la Iglesia.
    ¡Seas bendita, en este Año Santo, por encima de cada criatura Tú, Sierva del Señor, que en el modo más pleno obedeciste la Divina llamada!.
    ¡Seas saludada Tú, que estás íntegramente unida a la consagración redentora de Tu Hijo!.
    ¡Madre de la Iglesia, ilumina al Pueblo de Dios sobre el camino de la fe, de la esperanza y de la caridad! Ilumina especialmente a los pueblos de los cuales Tú esperas nuestra consagración y nuestra confianza. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo para la íntegra familia humana del mundo contemporáneo.
    Confiándote, ¡oh, Madre!, el mundo, todos los hombres y todos los pueblos, Te confiamos también la misma consagración del mundo, poniéndolo en Tu Corazón materno.
    ¡Oh, Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que fácilmente se radica en los corazones de los hombres de hoy y que en sus efectos
    inconmensurables ya pesa sobre la vida presente y parece que cierra el camino hacia el futuro!
    ¡Del hambre y de la guerra libéranos!
    ¡De la guerra nuclear, de la autodestrucción incalculable, de todo tipo de guerra, libéranos!

    ¡De los pecados contra la vida del hombre desde sus albores, libéranos!
    ¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, libéranos!
    ¡De todo tipo de injusticia en la vida social, nacional e internacional, libéranos!
    ¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, libéranos!
    ¡De la intención de oscurecer en el corazón humano la verdad misma de Dios, libéranos!
    ¡De la pérdida de la conciencia del bien y del mal, libéranos!
    ¡De los pecados contra el Espíritu Santo, libéranos! libéranos!

    ¡Acoge, oh, Madre de Cristo, nuestro grito cargado del sufrimiento de todos los hombres! ¡Cargado del sufrimiento de la sociedad entera!
    Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado: el pecado del hombre y el “pecado del mundo”, el pecado en todas sus manifestaciones.
    Se revela una vez más en la historia del mundo, el infinito poder salvador de la Redención: ¡poder del Amor misericordioso! ¡Que detenga el mal! ¡Que transforme las conciencias! Que se revele para todos en Tu Corazón Inmaculada la luz de la Esperanza!”. (4)
    Sor Lucía confirmó personalmente que tal acto solemne y universal de consagración correspondía a cuanto quería Nuestra Señora (“Sim, està feita tal como Nossa Señora a pediu desde o dia 25 de Março de 1984”: “Sí, ha sido hecha así como Nuestra Señora lo pidió desde el 25 de marzo de 1984, carta del 8 de noviembre de 1989). Por eso todo otro pedido posterior carece de fundamento.
    En la documentación ofrecida se adjuntan los manuscritos de Sor Lucía, otros cuatro textos:

    1) la carta del Santo padre a Sor Lucía de fecha 19 de abril de 2000;
    2) una descripción del coloquio tenido con Sor Lucía en fecha 27 de abril de 2000;
    3) la comunicación leída por encargo del Santo Padre, en Fátima el 13 de mayo por S.Emcía. Card. Angelo Sodano, Secretario de Estado;
    4) el comentario teológico de S.Emcía. Card. Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe.
    Una indicación para la interpretación de la tercera parte del “secreto” ya había sido ofrecida por Sor Lucía en una carta al Santo Padre el 12 de mayo 1982.

    En ella dice:

    “La tercera parte del secreto se refiere a las palabras de Nuestra Señora: ‘Si no (Rusia) esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia: los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán destruidas’ (13-VII-1917).
    La tercera parte del secreto es una revelación simbólica, que se refiere a esta parte del Mensaje, condicionado al hecho de si aceptamos o no aquello que el Mensaje mismo pide: ‘Si aceptáis mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, etc.”.
    Desde el momento que no hemos tenido en cuenta esta petición del Mensaje, verificamos que el mismo se ha cumplido, Rusia ha invadido el mundo con sus errores. Y si no constatamos todavía el total cumplimiento del final de esta profecía, vemos que nos encaminamos hacia allí a grandes pasos. Si no renunciamos al camino del pecado, del odio, de la venganza, de la injusticia violando los derechos del ser humano, de la inmoralidad y de la violencia, etc.

    Y no diremos que es Dios quien así nos castiga; al contrario, son los hombres que preparan su propio castigo. Dios atentamente nos advierte y nos llama al buen camino, respetando la libertad que nos ha dado; por eso los hombres son responsables” (5).
    La decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del ”secreto” de Fátima concluye un tramo de la historia, marcada de trágica voluntad humana de poder y de iniquidad, pero impregnada del amor misericordioso de Dios y de la atenta vigilancia de la Madre de Jesús y de la Iglesia.
    Acciones de Dios, Señor de la historia, y la corresponsabilidad del hombre en su dramática y fecunda libertad, son los dos pilares sobre los cuales se construye la historia de la humanidad.
    La Señora aparecida en Fátima nos reclama estos valores olvidados, en este realizarse del hombre en Dios, del cual somos parte activa y responsable.

    TARCISIO BERTONE, SDB
    Arzobispo emérito de Vercelli
    Secretario de la Congregación para La Doctrina de la Fe

    EL “SECRETO” DE FÁTIMA

    PRIMERA Y SEGUNDA PARTE DEL “SECRETO” EN LA REDACCIÓN HECHA POR SOR LUCÍA
    EN LA “TERCERA MEMORIA” DEL 31 DE AGOSTO 1941, DESTINADA AL OBISPO DE LEIRÍA-FÁTIMA


    (Traducción)(6)
    Deberé, por esto, hablar un poco del secreto y responder al primer punto del interrogatorio.
    Qué es el secreto. Me parece que lo puedo decir porque del Cielo ya tengo el permiso. Los representantes de Dios en la tierra también me han autorizado varias veces en varias cartas, una de las cuales creo que la conserva V.E. Rev.ma., aquella del P. Giuseppe Bernardo Gonçalves, en la cual me ordena escribir al Santo Padre.
    Uno de los puntos que me indica es la revelación del secreto. Algo dije, pero para no alargar mucho el escrito, que debía ser breve, me limité a lo indispensable dejando a Dios la oportunidad de un momento más favorable.
    Yo ya expuse en el segundo escrito la duda que me atormentó desde el 13 de junio al 13 de julio, y que con esta aparición se desvaneció.
    Bien. El secreto consta de tres partes distintas, dos de las cuales estoy a punto de revelar.
    La primera, entonces, fue la visión del infierno.
    La Virgen nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar bajo la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fueran brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían junto a nubes de humo, cayendo para todos los lados, semejante a como caen las chispas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de miedo. Los demonios se reconocían por las formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros. Esta visión duró un momento, y gracias a nuestra buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al cielo (en la primera aparición), si no fuese así creo que hubiéramos muerto de espanto y de terror.-
    Enseguida levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:
    - Habéis visto el infierno donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Corazón Inmaculado.
    Si hacéis aquello que os diré, muchas almas se salvarán y tendrán paz. La guerra está a punto de finalizar; pero si no dejan de ofender a Dios, durante el Pontificado de Pío XI comenzará otra aún peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es un gran signo que Dios os da, que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

    Para impedirlo, pediré la Consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado y la Comunión reparadora en los primeros sábados. Si aceptan Mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz, sino, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre, tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán destruidas. Finalmente, Mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre Me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo un período de paz.(7)

    TERCERA PARTE DEL “SECRETO”
    (Traducción)(8)

    “J.M.J.
    La tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en Cova di Iria, Fátima. Escribo en acto de obediencia a Vos, Dios mío, que me lo ordenaste por medio de S.E. Rev.ma. el Señor Obispo de Leiría y de Vuestra y mi Santísima Madre. Después de las dos partes que ya he expuesto, vimos del lado izquierdo de Nuestra Señora, y un poco más arriba, un Ángel con una espada de fuego centelleante en la mano izquierda, que emitía llamas que parecía que iban a incendiar al mundo; pero que se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora emanaba de su mano derecha hacia él: el Ángel, indicando la tierra con la mano derecha, con voz fuerte dijo: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una luz inmensa que es Dios: “algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan delante” un Obispo vestido de blanco, “tuvimos el presentimiento de que fuera el Santo Padre”. Otros Obispos, Sacerdotes, religiosos y religiosas subían una escabrosa montaña en la cima de la cual había una gran Cruz de troncos toscos como si fueran de alcornoque con su corteza; el Santo Padre, antes de llegar, atravesó una gran ciudad en ruinas, y medio trémulo, con paso vacilante, afligido de dolor y de pena, rogaba por las almas de los cadáveres que encontraba en su camino; en la cima del monte, mientras estaba postrado de hinojos a los pies de la gran Cruz, un grupo de soldados le matan disparándole varios tiros de arma de fuego y flechas , del mismo modo murieron los unos después de los otros, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y varios seglares, hombres y mujeres de varias clases y posiciones. Debajo de los dos brazos de la Cruz estaban dos ángeles cada uno con una regadera de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y con ellas irrigaban las almas que se acercaban a Dios.

    Tuy, 03/01/1944”

    INTERPRETACIÓN DEL “SECRETO”
    CARTA DE JUAN PABLO II A SOR LUCÍA


    (Traducción) Reverenda Sor María Lucía Convento de Coimbra

    En el regocijo de las fiestas pascuales le presento los votos de Cristo resucitado a sus discípulos: “¡La paz sea contigo!”.-
    Estaría contento de poder encontrarla en el mismo día de la beatificación de Francisco y Jacinta que, si Dios quiere, proclamaré el próximo 13 de mayo.-
    Ya que en ese día no tendremos tiempo para un coloquio, sino sólo para un breve saludo, he encargado con este propósito a Su Excelencia, Monseñor Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que vaya a hablar con Usted. Es la Congregación que colabora más estrechamente con el Papa para la defensa de la verdadera fe católica, y que ha conservado, como Usted sabe, desde 1957, su carta manuscrita conteniendo la tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la Cova di Iria, en Fátima.-
    Monseñor Bertone, acompañado por el Obispo de Leiria, Su Excelencia Monseñor Serafim de Sousa Ferreira y Silva, va en mi nombre para hacerle algunas preguntas sobre la interpretación de la “tercera parte del secreto”.-
    Reverenda Sor María Lucía, hable abierta y sinceramente a Monseñor Bartone, quien me referirá directamente sus respuestas.-
    Ruego ardientemente por Usted a la Madre del Resucitado, por la Comunidad de Coimbra y por toda la Iglesia. María, Madre de la Humanidad peregrina, nos tenga siempre estrechamente unidos a Jesús, Su Hijo dilecto y nuestro Hermano, Señor de la vida y de la gloria.-
    Con una especial bendición apostólica.-

    (Texto original)
    Juan Pablo II Vaticano, 19 de abril del 2000

    COLOQUIO
    CON SOR MARÍA LUCÍA DE JESÚS Y DE CORAZÓN INMACULADO


    La entrevista de Sor Lucía con S.E. Mons. Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargado por el Santo Padre, y S.E. Mons. Serafim de Sousa Ferreira y Silva, Obispo de Leiria, Fátima, ha tenido lugar el jueves 27 de abril u.s., en el Carmelo de Santa Teresa de Coimbra.
    Sor Lucía estaba lúcida y serena; estaba muy contenta por la venida a Fátima del Santo Padre para la beatificación de Francisco y Jacinta, por ella tan esperada. El Obispo de Leiria, Fátima, lee la carta autógrafa del Santo Padre que explicaba los motivos de la visita. Sor Lucía se siente honrada y la relee personalmente teniéndola en sus manos. Se manifiesta dispuesta a responder francamente a todas las preguntas. En este punto S.E. le presenta dos sobres, uno en cuyo interior estaba otro con el texto original de la tercera parte del “secreto” de Fátima y ella dice inmediatamente, tocándola con su dedo: “es mi carta” y después, leyéndola: “es mi escritura”. Con la ayuda del Obispo de Leiria, Fátima, es leído e interpretado el texto original, que está en lengua portuguesa. Sor Lucía, comparte la interpretación según la cual la tercera parte del “secreto” consiste en una visión profética comparable a la de la historia sagrada. Ella ratifica su convicción de que la visión de Fátima se refiere sobre todo a la lucha del comunismo ateo contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de las víctimas de la fe en el s. XX.
    A la pregunta: “¿El personaje principal de la visión es el Papa?” Sor Lucía responde inmediatamente que sí, y recuerda que los tres pastorcitos estaban muy doloridos por el sufrimiento del Papa y Jacinta repetía: “¡Coitadinho do Santo Padre, tenho muita pena dos pecadores!” (“¡Pobrecito el Santo Padre, tengo mucha pena por los pecadores!”). Sor Lucía continúa: “Nosotros no sabíamos el nombre del Papa, la Señora no nos dijo el nombre del Papa, no sabíamos si era Benedicto XV o Pío XII, o Pablo VI o Juan Pablo II, pero era el Papa que sufría y también nos hacía sufrir a nosotros”.
    El pasaje concerniente al Obispo vestido de blanco, es el Santo Padre -como inmediatamente perciben los pastorcitos durante la “visión”- que agonizante cae por tierra, Sor Lucía comparte plenamente la afirmación del Papa: “fue una mano materna la que guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se detuvo sobre el umbral de la muerte” (Juan Pablo II, Meditación del Policlínico Gemelli a los Obispos italianos, 13 de mayo de 1994).
    Por qué Sor Lucía, antes de entregar al entonces Obispo de Leiria, Fátima, el sobre sellado contenedor de la tercera parte del “secreto”, había escrito sobre el sobre externo que podía ser abierto sólo después de 1960, o por el Patriarca de Lisboa o por el Obispo de Leiria, S.E. Mons. Bertone le pregunta:
    “¿por qué la espera hasta 1960? ¿Ha sido la Virgen la que indicó esta fecha?”.
    Sor Lucía responde: “No fue la señora; he sido yo la que puso la fecha de 1.960 porque, según mi intuición, antes de 1960 no se habría comprendido, se comprendería solo después. Ahora se puede entender mejor. Yo he escrito lo que he visto, no me toca a mí la interpretación, pero sí al Papa”.
    Al final se menciona el manuscrito no publicado que Sor Lucía preparara como respuesta a tantas cartas de devotos de la Virgen y de peregrinos.
    La obra lleva el título “Os apelos da Mensagen de Fatima” y recoge pensamientos y reflexiones que expresan sus sentimientos y su limpia y simple espiritualidad en clave catequística y parenética. Se le preguntó si estaba contenta de que la obra se publicara, y respondió: “Si el Santo Padre está de acuerdo yo estoy contenta, de otra manera obedezco a lo que decida el Santo Padre”. Sor Lucía desea someter el texto a la aprobación de la Autoridad Eclesiástica, y alimenta la esperanza de contribuir con su escrito a guiar a los hombres y mujeres de buena voluntad en el camino que conduce a Dios, plazo último de cada humana espera.
    El coloquio concluye con un cambio de rosarios: a Sor Lucía se le entrega el enviado por el Santo Padre y ella, a su vez, entrega algunos rosarios confeccionados por ella misma.
    La bendición impartida en nombre del Santo Padre cierra el encuentro.

    COMUNICACIÓN DE SU EMINENCIA EL CARDENAL ÁNGEL SODANO SECRETARIO DE ESTADO DE SU SANTIDAD

    Al término de la solemne Concelebración Eucarística presidida por Juan Pablo II en Fátima, el Cardenal Ángel Sodano, Secretario de Estado, pronunció en portugués las palabras que aquí citamos, en la traducción castellana.
    ¡Hermanos y hermanas en el Señor!
    Al final de esta solemne celebración, siento el deber de pasar a nuestro amado Santo Padre, Juan Pablo II, los augurios más cordiales de todos los presentes para su próximo 80° cumpleaños, agradeciéndole por su precioso ministerio pastoral por el bien de toda la Santa Iglesia de Dios, formulamos los votos mas cordiales de toda la iglesia.
    En la solemne circunstancia de su venida a Fátima, el Sumo Pontífice me ha encomendado daros un anuncio. Como es conocido, el objeto de su venida a Fátima ha sido la beatificación de los dos pastorcitos. Él, sin embargo, quiere atribuir a éste, su peregrinaje, también el valor de un renovado gesto de gratitud a la Virgen por la protección recibida durante estos años de pontificado. Es una protección que parece tocar también la así llamada tercera parte del “secreto” de Fátima. Tal texto constituye una visión profética comparable a las de las sagradas escrituras, que no describen en sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, pero sintetizan y condensan sobre un mismo fondo eventos que se extienden en el tiempo en una sucesión y en una duración no precisada.
    En consecuencia la clave para la lectura del texto no puede más que ser de carácter simbólico.

    La visión de Fátima se refiere sobretodo a la lucha de los sistemas ateos contra la iglesia y los cristianos y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable Vía Crucis guiado por los Papas del s. XX.
    Según la interpretación de los pastorcitos, interpretación confirmada también recientemente por Sor Lucía, el “Obispo vestido de blanco” que ruega por todos los fieles es el Papa. También Él, caminando fatigosamente hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos laicos) cae a tierra como muerto bajo los disparos de las armas de fuego.
    Después del atentado del 13 de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció claro que había habido “una mano materna guiando la trayectoria de la bala”; permitiéndole al “Papa agonizante” detenerse “sobre el umbral de la muerte” (Juan Pablo II, Meditaciones con los Obispos italianos desde el Policlínico Gemelli, en: “Enseñanzas”, vol. XVII 1, 1994, p. 1061). En ocasión de una visita por Roma del entonces Obispo de Leiria, Fátima, el Papa decide entregarle la bala, que había permanecido en el jeep después del atentado, para que fuese custodiada en el Santuario. Por iniciativa del Obispo ésta fue después engastada en la corona de la estatua de la Virgen Fátima.

    Los posteriores eventos acaecidos en 1989 han llevado, tanto en la Unión Soviética como en numerosos países del Este, a la caída del régimen comunista que propugnaba el ateísmo. Por esto el Sumo Pontífice agradece en lo profundo de su corazón a la Virgen Santísima. Sin embargo, en otras partes del mundo los ataques contra la iglesia y los cristianos, con el peso del sufrimiento que llevan consigo, no han cesado desgraciadamente. Aunque los acontecimientos a los que hace referencia la tercera parte del “secreto” de Fátima parecen ya pertenecer al pasado, la llamada de la Virgen a la conversión y a la penitencia, pronunciada al inicio del s. XX, conserva aún hoy en día una estimulante actualidad. “La Señora del mensaje parece leer con una singular perspicacia los signos de los tiempos, los signos de nuestro tiempo... La insistente invitación de María Santísima a la penitencia no es más que la manifestación de su solicitación materna por el destino de la familia humana, que necesita conversión y perdón.” (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 1997, n. 1, en: “Enseñanzas”, vol. XIX 2, 1996, p. 561).
    Para permitir a los fieles recibir mejor el mensaje de la Virgen de Fátima, el Papa ha confiado a la Congregación para la Doctrina de la Fe la tarea de hacer pública la tercera parte del “secreto”, después de haber preparado un oportuno comentario.- Hermanos y hermanas, agradecemos a la Virgen de Fátima su protección.-
    A su maternal intercesión confiamos la iglesia del tercer milenio.
    Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix! Intercede pro Ecclesia In- tercede pro Papa nostro Ioanne Paulo II. Amen.
    Fátima, 13 de mayo de 2000
     
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    COMENTARIO TEOLÓGICO

    Quien lee con atención el texto del llamado tercer “secreto” de Fátima, que después de mucho tiempo y por disposición del Santo Padre publicamos aquí en su totalidad, quedará posiblemente desilusionado y maravillado después de todas las especulaciones que se han hecho. Ningún gran misterio es revelado; no se ha rasgado el velo del futuro. Vemos a la Iglesia de los mártires del siglo ya transcurrido, representada mediante una escena descrita con un lenguaje simbólico difícil de descifrar. ¿Es esto lo que la Madre del Señor quería comunicar a la cristiandad, a la humanidad en un tiempo de grandes problemas y angustias? ¿Nos es de ayuda en el inicio del nuevo milenio? ¿O son solamente proyecciones del mundo interior de niños, crecidos en un ambiente de profunda piedad, pero al mismo tiempo trastornados por las tormentas que amenazan su tiempo? ¿Cómo debemos entender la visión, qué debemos pensar?

    Revelación pública y revelaciones privadas – su posición teológica

    Antes de emprender una tentativa de interpretación -cuyas líneas esenciales se pueden encontrar en la comunicación que el Cardenal Sodano pronunció el 13 de mayo de este año, al final de la celebración eucarística presidida por el Santo Padre en Fátima- son necesarias algunas aclaraciones de fondo acerca del modo en que, según la doctrina de la Iglesia, deben ser incluidos en el interior de la vida de fe, fenómenos como el de Fátima. La enseñanza de la Iglesia hace una distinción entre la “revelación pública” y las “revelaciones privadas”. Entre las dos realidades hay una diferencia, no solo de grado sino también en esencia.
    El término “revelación pública” designa la acción reveladora de Dios destinada a toda la humanidad, y se encuentra expresada literariamente en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama “revelación”, porque en ésta Dios se da a conocer progresivamente a los hombres en forma progresiva, hasta el punto de convertirse Él mismo en hombre para atraerlos hacia sí, y así reunir todo el mundo por medio del Hijo encarnado Jesucristo. No se trata de comunicaciones intelectuales, sino de un proceso vital en el que Dios se acerca al hombre; en este proceso, también se manifiestan, naturalmente, contenidos que interesan al intelecto y a la comprensión del misterio de Dios. El proceso atañe al hombre en su totalidad, y también a la razón, pero no solo a ésta. Porque Dios es uno solo, y también la historia que Él vive con la humanidad es única, vale para todos los tiempos y ha encontrado su cumplimiento con la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo.
    En Cristo Dios dijo todo al ser idéntico a sí mismo, y por lo tanto la revelación se concluye con la realización del misterio de Cristo, que encuentra su expresión en el Nuevo Testamento. El Catecismo de la Iglesia Católica cita un texto de San Juan de la Cruz, para explicar el sentido pleno y definitivo de la revelación: “Desde el momento en que nos ha donado a su Hijo, que es su única y definitiva palabra, nos ha dicho todo de una sola vez en ésta sola Palabra... De hecho, lo que un día le dijo parcialmente a los profetas, lo ha dicho todo en su Hijo... Por ello, quien aún quisiera interrogar al Señor y pedirle visiones o revelaciones, no solo cometería una estupidez, sino que ofendería a Dios, porque no ha fijado su mirada únicamente en Cristo y va buscando cosas diversas y novedades” (C.I.C. 65, S. Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, II, 22).
    El hecho de que la única revelación de Dios otorgada a todos los pueblos se concluya con Cristo y con el testimonio que a Él se le presta en los libros del Nuevo Testamento, vincula a la Iglesia al evento único de la historia sagrada y a la palabra de la Biblia que garantiza e interpreta este evento; pero no significa que la Iglesia ahora pudiera mirar solo al pasado y estar así condenada a una estéril repetición. El C.I.C. dice al respecto: “...aunque la Revelación se haya cumplido, no está completamente consumada; le tocará a la fe cristiana entender gradualmente todo su alcance en el curso de los siglos” (n. 66). Los dos aspectos del vínculo con la unicidad del evento y del progreso en su comprensión están muy bien ilustradas en los discursos del adiós del Señor, cuando en la despedida le dice a sus discípulos: “Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero por el momento no sois capaces de cargar con ese peso. Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a la verdad entera, porque no hablará de sí mismo... Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo anunciará” (S.Juan 16, 12-14). Por una parte, el Espíritu hace de guía y así abre un conocimiento para llevar el peso del cual antes faltaba el presupuesto, es ésta la amplitud y la profundidad de la fe cristiana que nunca concluye. Por otra parte, esta guía es un “recibir” del tesoro de Jesucristo mismo, cuya profundidad inagotable se manifiesta en esta conducción por parte del Espíritu. El Catecismo cita al respecto una profunda palabra del Papa Gregorio Magno: “Las palabras divinas crecen junto con quien las lee” (C.I.C. 94, S. Gregorio, en Ez 1, 7, 8). El Concilio Vaticano II indica tres caminos esenciales en los que se realiza la guía del Espíritu Santo en la Iglesia, y por ello el “crecimiento de la Palabra”: ésta se cumple por medio de la meditación y del estudio de los fieles, por medio de la profunda inteligencia que deriva de la experiencia espiritual y por medio de la predicación de aquellos “los cuales con la sucesión episcopal han recibido un carisma cierto de verdad” (Dei Verbum, 8).
    En este contexto es posible ahora entender correctamente el concepto de “revelación privada”, que se refiere a todas las visiones y revelaciones que se verifican después de la conclusión del Nuevo Testamento; entonces es la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima.
    Al respecto, escuchamos antes que nada el C.I.C.: “A lo largo de los siglos se produjeron las llamadas “revelaciones privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia... Su rol no es el de “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino el de ayudar a vivirla más plenamente en una determinada época histórica” (n. 67). Hay que aclarar dos cosas:

    1. La credibilidad de las revelaciones privadas es esencialmente distinta de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en ella, de hecho, por medio de palabras humanas y de la mediación de la comunidad viviente de la Iglesia, Dios mismo nos habla. La fe en Dios y en su Palabra se distingue de cualquier otra fe, confianza u opinión humana. La certeza de que Dios habla, me da la seguridad de que encuentro la verdad misma y una certeza que no puede verificarse en ninguna forma humana de conocimiento. Es la certeza, sobre la cual edifico mi vida y a la cual me confío muriendo.

    2. La revelación privada es una ayuda para esta fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque me remite a la única revelación pública. El Cardenal Prospero Lambertini, futuro Papa Benedetto XIV, dice al respecto en su tratado clásico, convertido luego en normativo sobre las beatificaciones y canonizaciones: “Un asentimiento de fe católica no puede deberse a revelaciones aprobadas de tal forma, no es ni siquiera posible. Estas revelaciones implican más bien un asentimiento de fe humana conforme a las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y devotamente creíbles”. El teólogo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de ésta materia, afirma sintéticamente que la aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos: el mensaje relativo no contiene nada que contrasta la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo público, y los fieles están autorizados a dar a esto su adhesión en forma prudente (E. Dhanis, Mirada sobre Fátima y balance de una discusión, in:”La Civilización Católica” 104, 1953 II. 392-406, en particular 397). Un mensaje tal puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en la hora actual; por ello no se debe descuidar. Es una ayuda, que es ofrecida, pero de la cual no es obligatorio hacer uso.
    El criterio para la verdad y el valor de una revelación privada es por lo tanto su orientación a Cristo mismo. Cuando ésta se aleja de Él, cuando ésta se vuelve autónoma, o incluso se hace pasar como otro y mejor diseño de salvación, más importante que el Evangelio, entonces no proviene del Espíritu Santo que nos guía al interior del Evangelio y no fuera de él. Esto no excluye que una revelación privada ponga nuevos acentos, haga emerger nuevas formas de piedad, o profundice y extienda las antiguas. Pero todo esto debe significar también una nutrición de la fe, de la esperanza y de la caridad, que son para todos el camino permanente de la salvación. Podemos añadir que las revelaciones privadas provienen, a menudo y antes que nada, de la piedad popular y sobre ésta se reflejan, le dan nuevos impulsos y abren para ellas nuevas formas. Esto no excluye que ellas tengan efectos también en su misma liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús. Desde un cierto punto de vista, en la relación entre liturgia y piedad popular, se delinea la relación entre la Revelación y revelaciones privadas: la liturgia es el criterio, ésta es la forma vital de la Iglesia en su conjunto, nutrida directamente por el Evangelio. La religiosidad popular significa que la fe pone raíces en el corazón de cada uno de los pueblos; es así que ésta se introduce en el mundo de la cotidianidad. La religiosidad popular es la primera y fundamental forma de “asimilación” de la fe, que continuamente se debe dejar orientar y guiar por las indicaciones de la liturgia; pero que a su vez fecunda la fe a partir del corazón.
    Así hemos pasado de las precisiones más bien negativas, que eran antes que nada necesarias, a la determinación positiva de las revelaciones privadas: ¿cómo se pueden clasificar en forma correcta a partir de las Escrituras? ¿Cuál es su categoría teológica? La carta más antigua de San Pablo que se conserva, tal vez el escrito más antiguo del Nuevo Testamento, la primera carta a los Tesalónicos, parece que da una indicación. El apóstol dice: “No apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinad cada cosa, conservad lo que es bueno” (5, 19-21). En cada tiempo se le ha dado a la Iglesia el carisma de la profecía, que debe ser examinado pero que tampoco puede ser despreciado. Al respecto es necesario tener presente que la profecía, en el sentido de la Biblia, no significa predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente y entonces mostrar el camino recto hacia el futuro. Aquél que predice el porvenir va al encuentro de la curiosidad de la razón, que desea descorrer el velo del futuro; el profeta se encuentra con la ceguera de la voluntad y del pensamiento y esclarece la voluntad de Dios como exigencia e indicación para el presente. La importancia de la predicción del futuro en este caso es secundaria. Es esencial la actualización de la única revelación que me concierne profundamente: la palabra profética es advertencia, o también consolación, o ambas juntas. En este sentido se puede conectar el carisma de la profecía con la categoría de los “signos del tiempo”, que ha sido puesta a la luz por el Vaticano II: “... ¿Sabéis juzgar el aspecto de la tierra y del cielo, y no comprendéis éste tiempo?” (Lc 12, 56). Por “signos del tiempo” se debe entender en estas palabras de Jesús, su propio camino, él mismo. Interpretar los signos del tiempo a la luz de la fe, significa reconocer la presencia de Cristo en cada tiempo. En las revelaciones privadas reconocidas por la Iglesia –por consiguiente también Fátima- se trata de esto: ayudarnos a comprender los signos del tiempo y a encontrar para ellos la respuesta justa en la fe.

    La estructura antropológica de las revelaciones privadas

    Con estas reflexiones hemos intentado determinar el lugar teológico de las revelaciones privadas, y antes de comprometernos a interpretar el mensaje de Fátima, debemos, aunque brevemente tratar de aclarar un poco su carácter antropológico (psicológico). La antropología teológica distingue en este ámbito tres formas de percepciones o “visiones”: la visión con los sentidos (o sea la percepción externa corpórea), la percepción interior y la visión espiritual (visio sensibilis - imaginativa - intellectualis). Está claro que en las visiones de Lourdes, Fátima, etc., no se trata de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las figuras que fueron vistas, no se encuentran exteriormente en el espacio como se encuentran por ejemplo un árbol o una casa. Esto es del todo evidente, por ejemplo, en lo que respecta a la visión del infierno (descrita en la primera parte del “secreto” de Fátima) o también la visión descrita en la tercera parte del “secreto”; pero también se puede demostrar muy fácilmente en las otras visiones, sobretodo porque no todos los presentes las veían, de hecho solo los “videntes”. Así también, es evidente que no se trata de una “visión” intelectual sin imágenes, como se encuentra en los altos grados de la mística. Por ello se trata de la categoría del medio, la percepción interior, que ciertamente tiene para el vidente una fuerza de presencia que para él equivale a la manifestación externa sensible.
    Ver interiormente no significa que se trata de fantasía, que sería solo una expresión de la imaginación subjetiva. Más bien significa que el alma resulta rozada por el toque de alguna cosa real, aunque también supersensible y se vuelve capaz de ver lo que no es sensible, lo que no es visible a los sentidos, una visión con los “sentidos internos”. Se trata de verdaderos “objetos” que tocan el alma, aunque éstos no pertenecen a nuestro mundo sensible habitual. Por esto se exige una vigilancia interior del corazón, que la mayoría de las veces no se realiza a causa de las fuertes presiones de la realidad externa y de las imágenes y pensamientos que llenan el alma. La persona es conducida más allá de la pura exterioridad, y dimensiones más profundas de la realidad la tocan, se le vuelven visibles.
    Quizás así se pueda comprender por qué son los niños los destinatarios preferidos de tales apariciones: el alma está todavía poco alterada, su capacidad interior de percepción está todavía poco deteriorada. “De la boca de los niños y de los bebés se han recibido alabanzas”, responde Jesús con una frase del Salmo 8 (v. 3) a la crítica de los Sumos Sacerdotes y de los ancianos que encontraban inoportuno el grito de osanna de los niños (Mt 21, 16).
    Hemos dicho que la “visión interior” no es fantasía sino una verdadera y propia manera de verificar; pero comporta también limitaciones. Ya en la visión exterior está siempre implícito también el factor subjetivo: no vemos el objeto puro, pues éste llega a nosotros a través del filtro de nuestros sentidos, que deben cumplir un proceso de traducción. Esto es todavía más evidente en la visión interior, sobretodo cuando se trata de realidades que superan por si mismas nuestros horizontes. El sujeto, vidente, está implicado de un modo todavía más fuerte. El ve con sus posibilidades concretas, con las modalidades de representación y de conocimiento a él accesibles. En la visión interior se trata de un proceso de traducción que se realiza de un modo todavía más amplio que en la exterior, así que el sujeto es esencialmente partícipe de la formación de lo que aparece como imágenes. La imagen puede llegar sólo según sus limitaciones y sus posibilidades. Tales visiones, por lo tanto, no son nunca simples “fotografías” del más allá, sino que, además, traen en sí las posibilidades y los límites del sujeto que percibe.
    Esto, que se puede mostrar en todas las grandes visiones de los santos, naturalmente vale también para las visiones de los niños de Fátima. Las imágenes por ellos delineadas no son simples expresiones de su fantasía, sino fruto de una real percepción de origen superior e interior; pero tampoco debemos imaginar que por un segundo el velo del más allá se hubiese corrido y el cielo apareciese en su pura esencialidad, así como un día nosotros esperamos verlo en la definitiva unión con Dios. Las imágenes son sobretodo, por así decir, una síntesis del impulso proveniente de lo Alto y de las posibilidades de las que dispone el sujeto que percibe, es decir, de los niños. Por este motivo el lenguaje de imágenes de estas visiones es un lenguaje simbólico. El Cardenal Sodano dice al respecto: “... no describen en sentido fotográfico los detalles de los advenimientos futuros, pero sintetizan y condensan en su mismo fondo hechos que se prolongan en el tiempo, en una sucesión y duración no precisada”. Esta concentración de tiempos y espacios en una única imagen es típico de tales visiones que, por lo tanto sólo pueden ser descifradas con posterioridad. Al respecto, debe tenerse en cuenta que cada elemento visual no debe tener necesariamente un sentido concreto histórico. Lo que cuenta es la visión en su conjunto, y a partir del conjunto de las imágenes deben ser comprendidos los detalles. Sea cual sea el centro de una imagen se revela finalmente a partir de lo que es el centro de la “profecía” cristiana: el centro es ahí donde la visión se vuelve llamada y guía hacia la voluntad de Dios.

    Una tentativa de interpretación del « secreto » de Fátima.

    La primera y la segunda parte del “secreto” de Fátima ya fueron discutidas ampliamente por la literatura relativa al tema, por lo que no deben ser tratadas una
    vez más aquí. Querría solo brevemente llamar la atención sobre el punto más significativo. Los niños, durante un terrible instante, experimentaron una visión del infierno. Vieron la caída de las “almas de los pobres pecadores”. Y ahora les dice por qué fueron expuestos a ese instante: para “salvarlas” - para mostrar un camino de salvación.
    Viene a la mente la frase de la primera carta de Pedro: “la meta de vuestra fe es la salvación de las almas» (1, 9). Como camino a esta finalidad se ha indicado, en forma sorprendente para personas provenientes del ámbito cultural anglosajón y alemán, la devoción al Corazón Inmaculado de María. Para comprender esto puede bastar aquí una breve indicación: “Corazón”, en el lenguaje de la Biblia, significa el centro de la existencia humana, la confluencia de razón, voluntad, temperamento y sensibilidad, en el que la persona encuentra su unidad y su orientación interior. El “corazón inmaculado”, según Mt 5, 8, es un corazón que, a partir de Dios, ha alcanzado una perfecta unidad interior y por lo tanto “ve a Dios”. Por lo tanto, “Devoción” al Corazón Inmaculado de María significa acercarse a esta actitud del corazón en la cual el fiat, “sea hecha tu voluntad”, se convierte en el centro informante de toda la existencia.
    Si alguno quisiese objetar que sin embargo no debiéramos interponer un ser humano entre nosotros y Cristo, entonces se debería recordar que Pablo no tiene temor de decir a su comunidad: imitadme (1 Cor 4, 16; Fil 3, 17; 1 Tess 1, 6; 2 Tess 3, 7.9). En el apóstol ellos pueden verificar concretamente que significa seguir a Cristo. ¿De quién podríamos nosotros aprender mejor en cada tiempo, si no de la Madre del Señor?
    Llegamos así finalmente a la tercera parte del “secreto” de Fátima, que por primera vez fue publicado íntegramente. Como surge de la documentación precedente, la interpretación, que el Cardenal Sodano ofreciera en su texto del 13 de mayo, fue primero presentada personalmente a Sor Lucía, quien antes que nada ha observado que a ella le había sido dada la visión, pero no su interpretación. La interpretación, decía, no compete al vidente, sino a la Iglesia. Pero ella, después de la lectura del texto, dijo que esta interpretación correspondía a lo que ella había experimentado, y que por su parte, reconocía esta interpretación como correcta. Por este motivo sólo se podrá intentar dar un fundamento de forma profunda a ésta interpretación, a partir de los criterios hasta ahora desarrollados.
    Como palabra clave de la primera y de la segunda parte del “secreto” hemos seleccionado “salvar a las almas”, así la palabra clave de este “secreto” es el triple grito: “¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!”.-
    Nos viene a la mente el inicio del Evangelio: “paenitemini et credite evangelio” (Mc 1, 15). Comprender los signos del tiempo significa: comprender la urgencia de la penitencia, de la conversión, de la fe. Ésta es la respuesta justa al momento histórico, que está caracterizado por grandes peligros, los cuales vendrán delineados en las imágenes sucesivas. Me permito introducir aquí un recuerdo personal: en un coloquio conmigo, Sor Lucía me dijo que le parecía cada vez más claramente que la finalidad de todas las apariciones había sido la de hacernos crecer cada vez más en la fe, en la esperanza y en la caridad, todo lo demás servía sólo para llegar entender esto.
    Examinemos ahora un poco más de cerca las simples imágenes. El ángel con la espada de fuego a la izquierda de la Madre de Dios recuerda imágenes análogas del Apocalipsis. Ello representa la amenaza del juicio, que pende sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo podría ser incinerado en un mar de llamas, hoy ya no nos parece en absoluto una pura fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus invenciones la espada de fuego. La visión muestra luego la fuerza que se contrapone al poder de la destrucción - el esplendor de la Madre de Dios, y, proviniendo en un cierto modo de esto, la apelación a la penitencia. De tal modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está en absoluto determinado en modo inmutable, y las imágenes que los niños vieron no son de ninguna manera una película anticipada del futuro del que no se podría cambiar nada. Toda la visión se hace realidad sólo para reclamar sobre el escenario la libertad y para volverla en una dirección positiva. El sentido de la visión no es por lo tanto el de mostrar una película sobre el futuro irremediablemente fijado. Su sentido es exactamente el contrario, el de movilizar las fuerzas de la transformación para el bien. Por esto son totalmente desviadas las explicaciones del “secreto” que, por ejemplo, dicen que quien atentó el 13 de mayo de 1981 habría sido en definitiva un instrumento del plano divino guiado por la Providencia y que, por lo tanto, no habría podido actuar libremente, u otras ideas similares que circulan.
    La visión habla sobretodo de peligros y del camino para salvarse de ellos.
    Las frases siguientes del texto muestran claramente una vez más, el carácter simbólico de la visión: Dios permanece en lo inconmensurable y es la luz que supera cada una de nuestras visiones. Los seres humanos aparecen como en un espejo. Debemos tener continuamente presente esta limitación interna de la visión, y sus confines están aquí visiblemente indicados. El futuro se muestra solo “como en un espejo, de manera confusa” (cfr. 1 Cor. 13, 12).
    Tomamos ahora en consideración las simples imágenes que siguen en el texto del “secreto”. El lugar de la acción es descrito con tres símbolos: una escarpada montaña, una gran ciudad medio en ruinas y finalmente, una gran cruz de troncos toscos. Montaña y ciudad simbolizan el lugar de la historia humana: la historia como fatigosa ascensión hacia lo alto, la historia como lugar de la humana creatividad y convivencia, pero al mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las cuales el hombre aniquila la obra de su propio trabajo.
    La ciudad puede ser lugar de comunión y de progreso, pero también el lugar del peligro y de la amenaza más extrema. Sobre la montaña está la cruz, meta y punto de orientación de la historia. En la cruz, la destrucción se transforma en salvación; se erige como signo de la miseria de la historia y como promesa para ella.
     
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    Aparecen luego los seres humanos: el obispo vestido de blanco (“hemos tenido el presentimiento de que fuese el Santo Padre”), otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y finalmente hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece preceder a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo circundan. No solo las casas de la ciudad yacen en ruina, su camino pasa en medio de los cadáveres de los muertos. El camino de la Iglesia es descrito como un Via Crucis, como un camino en un tiempo de violencia, de destrucción y de persecuciones. Se puede encontrar representada en esta imagen la historia de un siglo entero. Como los lugares de la tierra son sintéticamente representados en las dos imágenes de la montaña y de la ciudad y están orientados a la cruz, así también los tiempos están presentados de forma condensada: en la visión nosotros podemos reconocer el siglo transcurrido como siglo de los mártires, como siglo del sufrimiento y de las persecuciones a la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda la segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el “espejo” de esta visión vemos pasar los testigos de la fe de decenios. Al respecto parece oportuno mencionar una frase de la carta que Sor Lucía escribió al Santo Padre el 12 de mayo de 1982: “la tercera parte del ‘secreto’ se refiere a las palabras de Nuestra Señora: ‘De lo contrario (Rusia) esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán destruidas”.
    En el Via Crucis de un siglo la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso subir sobre la montaña, podemos sin duda alguna nombrar diversos Papas que, comenzando por Pío X hasta el actual Papa, han compartido los sufrimientos de este siglo y se han esforzado por proceder en medio de ellos según el camino que lleva a la cruz. En la visión también el Papa es asesinado en la calle de los mártires. ¿No debía el Santo Padre, haber reconocido su propio destino, en el texto de la tercera parte del “secreto”, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 pidió que se lo trajeran? Él estuvo muy cerca de la frontera de la muerte y él mismo ha explicado su salvación con las siguientes palabras: “... fue una mano materna que guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se paró sobre el umbral de la muerte” (13 de mayo de 1994). Que una “mano materna” haya desviado la bala mortal, muestra una vez más que no existe un destino inmutable, que fe y plegaria son potencias que pueden influir en la historia y que al final la plegaria es más fuerte que los proyectiles, la fe más potente que las divisiones.
    La conclusión del “secreto” recuerda imágenes que Lucía pudo haber visto en libros piadosos y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de fe. Es una visión consoladora, que quiere que una historia de sangre y lágrimas se vuelva permeable a la potencia sanadora de Dios. Los Ángeles recogen la sangre de los mártires bajo los brazos de la cruz y riegan así a las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo y la sangre de los mártires son aquí consideradas juntas: la sangre de los mártires se desliza de los brazos de la cruz. Su martirio se cumple en solidaridad con la pasión de Cristo, convertida en una sola cosa con ella. Ellos completan a favor del cuerpo de Cristo, lo que todavía le falta a sus sufrimientos (cfr. Col. 1, 24). Su vida misma se ha convertido en eucaristía, inserida en el misterio de la semilla de grano, que muere y se vuelve fecunda. La sangre de los mártires es semilla de cristianos, ha dicho Tertulliano. Como de la muerte de Cristo, de su costado abierto, ha nacido la Iglesia, así la muerte de los testigos es fecunda para la vida futura de la Iglesia. La visión de la tercera parte del “secreto”, angustiante en su inicio, concluye entonces con una imagen de esperanza: ningún sufrimiento es en vano, y justo una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en un signo indicador para la búsqueda de Dios por parte del hombre. Las amorosas manos de Dios, no reciben solamente a los que sufren como Lázaro que encontró la gran consolación y misteriosamente representa a Cristo, que quiere volverse para nosotros el pobre Lázaro; hay algo más: del sufrimiento de los testigos deriva una fuerza de purificación y de renovación, porque ella es actualización del mismo sufrimiento de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvadora.
    Estamos así ante una última pregunta: ¿Qué significa en su conjunto (en sus tres partes) el “secreto” de Fátima? ¿Qué nos dice? Antes de nada debemos afirmar con el Cardenal Sodano: “... los acontecimientos a los que hace referencia la tercera parte del ‘secreto’ de Fátima parecen ahora pertenecer al pasado”. En la medida en que simples eventos son representados, ya pertenecen al pasado. Quien esperaba excitantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o sobre el curso futuro de la historia, quedará desilusionado. Fátima no nos ofrece tales calmantes de nuestra curiosidad; como del resto en general, la fe cristiana no quiere y no puede ser pasto para nuestra curiosidad. Lo que queda lo hemos visto al inicio de nuestras reflexiones sobre el texto del “secreto”: la exhortación a la oración como camino para la “salvación de las almas”, y en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversión.
    Para terminar quisiera mencionar otra vez una palabra clave del “secreto” que se ha hecho justamente famosa: “Mi Corazón Inmaculado triunfará”. ¿Qué significa? El Corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que las armas de cualquier especie. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en este mundo al Salvador, porque gracias a este “Sí” Dios podía volverse hombre en nuestro espacio, y así queda para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder, porque nuestra libertad continuamente se deja apartar de Dios. Pero dado que Dios mismo tiene un corazón humano y ha vuelto la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad para el mal no tiene ya la última palabra. Desde entonces vale la palabra: “Vosotros tendréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo” (S.Juan. 16, 33). El mensaje de Fátima nos invita a encomendarnos a esta promesa.

    Card. Joseph Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

    NOTAS:

    1) Del diario de Juan XXIII, 17 de agosto de 1959: “Audiencia: P. Philippe, Comisario del S.O. que me trae la carta que contiene la tercera parte de los secretos de Fátima. Me reservo leerla con mi Confesor”.-
    2) Se debe recordar el comentario que el Santo Padre hiciera en la Audiencia General del 14 de octubre sobre “El evento de mayo: gran prueba divina” en Enseñanzas de Juan Pablo II, IV, 2, Ciudad del Vaticano 1981, 409-412.
    3) Radio mensaje durante el Rito de Santa María Mayor. Veneración, agradecimiento, encomendación a la Virgen María Theotokos, en Enseñanzas de Juan Pablo II, IV, 1, Ciudad del Vaticano 1981, 1246.-
    4) En la Jornada Jubilar de las Familias el Papa confía a la Virgen los hombres y las naciones, en Enseñanzas de Juan Pablo II, VII, 1, Ciudad del Vaticano 1984,
    775-777.
    5)
    6) En la “cuarta memoria” del 8 de diciembre de 1941 Sor Lucía escribe: “Comienzo pues mi nueva tarea, y satisfaré las órdenes de V.E.Rev. y los deseos del Dr. Galamba. Excepto la parte del secreto que por ahora no me es permitido revelar, diré todo. Voluntariamente, no dejaré fuera nada. Admito que podría olvidarme de algunos particulares de mínima importancia”.
    7) En la citada “cuarta memoria” Sor Lucía añade: “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc.”.
    8) En la traducción se ha respetado el texto original también en las imprecisiones de puntuación, que por otra parte no impide la comprensión de lo que la vidente ha querido decir.

    He escrito el día 13 de Julio de 2000:
    En relación al último mensaje difundido por mí el día 26 de junio de 2000 relativo al secreto de Fátima, deseo llamar vuestra atención sobre un comunicado del Padre
    Paul Kramer, sacerdote católico perteneciente al Centro Mundial de Fátima.
    Con una exposición precisa y bien documentada, el Padre Paul Kramer, demuestra que nuestra teoría no es infundada y que efectivamente el Vaticano ha camuflado el contenido del Tercer Secreto de Fátima presentado por el Cardenal Ratzinger.
    Una importante y profunda relación es la que el Padre Kramer pone en evidencia con una famosa carta de Sor Lucía del 12 de mayo de 1982, la que, escribiendo al Papa exactamente un año después del atentado en la Plaza de San Pedro, le dice que la parte final de la profecía de Fátima no se ha cumplido todavía, mientras hoy, por el contrario, el Santo Oficio afirma que ésta sí se ha cumplido.
    Otro aval de cuanto ha sido dicho y escrito en el comunicado del 26 de junio de 2000.

    Giorgio Bongiovanni
    Porto S. Elpidio, 13 de julio de 2000
    P.D.: Anexo, comunicado de Paul Kramer.

    DEL CIELO A LA TIERRA
    EL CENTRO DE FÁTIMA REPRUEBA EL “CAMUFLAJE” DEL TERCER SECRETO HECHO POR EL VATICANO


    FORT ERIE, ONTARIO - El Centro de Fátima que tiene sede en Canadá, en colaboración con la sede italiana “Ass. Madonna di Fátima”, con sede en Roma, a través de un comentario realizado por el Padre Paul Kramer, un sacerdote católico perteneciente al Centro, ha definido como “un camuflaje” la interpretación vaticana del Tercer Secreto.
    “La visión descrita en el texto, en relación a una escena en la que el Papa es golpeado de muerte por un grupo de soldados, la misma suerte le toca luego a obispos, sacerdotes… que son fusilados uno a uno después de haber atravesado una ciudad semidestruida. Todo esto, evidentemente no tiene nada que ver con el Papa Juan Pablo II, que no ha sido golpeado de muerte por Ali Agca”, ha afirmado el Padre Kramer.
    “Además- prosigue el Padre Kramer- el mismo opúsculo oficial del Vaticano que contiene el texto de la visión de Sor Lucía desmiente la tesis sostenida en el comentario del Cardenal Ratzinger; según el cual, el Secreto se refería únicamente a acontecimientos del siglo XX, culminando en el atentado del 1981”.
    El Padre Kramer se refería a una carta enviada al Papa por Sor Lucía el 12 de mayo de 1982, publicada en el boletín oficial sobre el Secreto.-
    La carta, escrita un año menos un día después del atentado, afirma a propósito del Secreto: “Y si no hemos visto todavía el total cumplimiento de la parte final de la profecía, nos estamos acercando a pasos agigantados a ese momento, si no abandonamos a tiempo el sendero del pecado...”
    El Padre Kramer ha observado que “Si Sor Lucía le dijo al Papa, un año después del atentado a su vida, que la profecía del Secreto no se había cumplido todavía, y que nos estamos acercando a pasos agigantados a su cumplimiento a causa de la difusión del pecado en el mundo, ¿cómo puede el Vaticano afirmar razonablemente que la visión del Secreto describe el atentado efectuado un año antes? Sor Lucía no relaciona las dos cosas en la carta enviada al Papa, en la que de hecho no se menciona el atentado.-
    La interpretación vaticana no encuentra ningún sostén ni en el texto de la visión, ni en la interpretación del Secreto que realizara Sor Lucía en su carta al Papa de 1982. En pocas palabras, estamos asistiendo a una tentativa de camuflar la verdad del Tercer Secreto”.
    “La interpretación del Vaticano deja muchas dudas también sobre otro punto muy importante”, añadió el Padre Kramer. “En el boletín oficial del Vaticano se observa que el paso de las memorias de Sor Lucía, en las que están contenidas las palabras de la Virgen relacionadas a las dos primeras partes del Secreto, termina con la frase crucial “En Fátima el dogma de la fe será preservado para siempre etc. ya que ha sido dejada,.”. ¿Ya qué la frase ha sido dejada en suspenso, sin ninguna relación con los párrafos que la preceden? era lícito suponer que el pensamiento sería completado en el texto de la Tercera y última parte del Secreto, haciendo continuar al “etc.”.-
    El Padre Kramer ha observado que, contrariamente a cada previsión, el texto del Tercer Secreto no contiene otras palabras de la Virgen de Fátima. “Es difícil creer que el discurso de la Virgen de Fátima concluya con un ambiguo “etc”. ¿Dónde están las palabras restantes?”.-
    El Padre Kramer observó también que el comunicado con el que el Vaticano anunciaba en 1960 la decisión de anular la publicación del Secreto prevista para aquel año, hacía referencia explícita a que no era oportuno de revelar “las palabras de la Virgen” contenidas en el texto del Secreto mismo. “Pero el texto del Tercer Secreto difundido no contiene ninguna otra palabra pronunciada por la Virgen. Este hecho no puede hacer más que dejarnos seriamente perplejos”.
    El Padre Kramer añadió que el comentario del Vaticano no alude en ningún modo a la conversión de Rusia, auspiciada en las dos primeras partes del Secreto. La Virgen de Fátima identifica la conversión de Rusia con el triunfo mismo de su Corazón Inmaculado, y representa el punto focal de todo el mensaje. Entonces es sorprendente que el comentario de Ratzinger sobre el Triunfo del Corazón Inmaculado insertado en el boletín del Vaticano no hiciera ninguna referencia a la conversión de Rusia a la fe Católica. Parece que el Vaticano hubiera querido borrar la conversión de Rusia del Mensaje de Fátima y tuviera intención de no aludir más este tema. Mientras tanto, en Rusia se registran un número cada vez más alto de abortos y el gobierno es controlado por “ex comunistas” ateos y por agentes de la KGB reciclados y la sociedad rusa está cayendo a pedazos”.
    El Padre Nicholas Gruner, guía espiritual del Centro de Fátima, dijo que el centro difundirá “dentro de poco tiempo” un documento más completo sobre el Tercer Secreto. “El Cardenal Ratzinger ha afirmado que la Iglesia no tiene intención de imponer una particular interpretación del Tercer Secreto, pero que él se había limitado a ofrecer su comentario. Se trata, en efecto, de un prudente desmentido, dado que la interpretación ofrecida por el Vaticano aporta muchas más dudas de las que resuelve”.

    Para satisfacer cualquier duda es posible contactar al Padre Nicholas Gruner: (905)
    871-7607, Ext. 103 - The Fatima Center, 452 Kraft Road, Fort Erie, Ontario, L2A
    4M7.-
    O bien a la Asociación Madonna di Fátima con sede en P.zza Risorgimento 14, Roma, Tel. 06/39736110 - fax 06/39762036 - E-Mail: fatima.roma@galactica.it .

    El Centro de Fátima, editor de “The Fatima Crusader”, es el más importante apostolado mundial dedicado a Fátima y lucha por la difusión integral del Mensaje de Fátima, la publicación del Tercer Secreto y la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María.

    En www.fatima.org se puede obtener mas información sobre el Tercer Secreto y sobre:
    1. Lo que han afirmado con anterioridad el Papa Juan Pablo II y el Cardenal Oddi respecto a sus contenidos.
    2. Las declaraciones del Padre Joseph de Sainte-Marie y el Obispo Graber sobre la obligación de obedecer al Mensaje de Fátima.
    3. Una entrevista al Padre Kramer, en la que explica la necesidad de la difusión de una copia fotográfica del texto autografiado original del Tercer Secreto escrito por Sor Lucía.
    4. Un informe verídico del “Milagro del Sol” del 13 de octubre de 1917.

    Uff. Stampa Enzo Fasoli Cell.0338 1604968
    E-Mail enzofasoli@libero.it

    EL SECRETO DE FÁTIMA

    El 13 de octubre de 1917, después de una serie de apariciones, la Virgen Santísima se presentó por última vez a los pastorcillos de Fátima: Lucía, Jacinta y Francisco.- La Madre de Dios reveló a Lucía este mensaje de grandísima importancia para el futuro de la humanidad entera y dió como prueba de su autenticidad divina el “Milagro del Sol” visto por millones de personas.
    El mensaje, que se divide en tres partes, fue llevado a Roma y la Iglesia decidió mantener en secreto la tercera parte. Se esperaba la divulgación para el año 1960 a través del Papa, en cambio la espera fue decepcionante. Pero, el diario alemán Neues Europa del 15 de octubre de 1963, afirmó conocer, a través de una indiscreción diplomática, que el “documento” habría sido enviado por la autoridad vaticana a los diplomáticos de los EE.UU., la ex U.R.S.S. e Inglaterra, considerando que el conocimiento de este mensaje era necesario, mejor aún, indispensable, para el buen resultado de la convención concerniente al cese de los experimentos nucleares.
    En 1965, a petición de una dama de la orden de San Vincenzo, fue publicado por el semanal Il Borghese del 9 de septiembre, y posteriormente también el periódico L’Araldo di San Antonio lo publicó en el nº 15 de mayo de 1975. La autenticidad de este mensaje no fue nunca desmentida por el Vaticano.

    Primera parte...

    "La Virgen nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar bajo la tierra. Inmerso en aquel fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o de bronce, con forma humana, que fluctuaban en el incendio llevados por las llamas que salían de si mismas, junto a nubes de humo cayendo por todas partes (parecido al caer de las chispas en un gran incendio) sin
    ningún equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que causaban horror y hacían temblar de miedo. Los demonios se reconocían por las formas horribles y semejantes a animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros. Esta visión duró un momento, y gracias a nuestra buena Madre del Cielo que primero nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo (en la primera aparición), de otra manera creo que hubiéramos muerto de terror”.

    Segunda parte...

    "Habéis visto el Infierno donde caen las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Corazón Inmaculado. Si hacen lo que os diré, muchas almas se salvaran y tendrán paz. La guerra está por terminar (se trata de la primera guerra mundial 1914-1918); pero si no dejan de ofender a Dios, durante el pontificado de Pío XI comenzará otra aún peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida (Lucía considera que la “extraordinaria” aurora boreal en la noche del 25 de Enero de 1938 era la señal de Dios para el inicio de la guerra), sabed que es el gran signo que Dios os da de que está por castigar al mundo por sus crímenes a través de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla vendré a pedir la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado y a la comunión reparadora de los primeros sábados (esta promesa de retornar se produjo el 10 de diciembre de 1925, cuando la Virgen se le aparece a Lucía en Pontevedra, España). Si aceptan Mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz, si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán destruidas. Finalmente, Mi Corazón Inmaculado triunfará, el Santo Padre Me consagrará Rusia, que se convertirá, (¿han sido cumplidas las condiciones para la consagración de Rusia y, en consecuencia, para su conversión, así como lo había pedido la Madre de Dios. Lucía manifestó su opinión contraria, así continuaremos sufriendo las consecuencias del comunismo ateo, que en las manos de Dios es un flagelo para castigar al mundo por sus pecados), y será concedido al mundo un período de paz” (esta promesa no está condicionada. Ciertamente se cumplirá. Somos nosotros los que no conocemos el día en que esto ocurrirá).

    TERCER SECRETO DE FÁTIMA

    "No tengas temor, querida pequeña. Soy la Madre de Dios, que te habla y te pide que hagas público para el mundo entero el presente Mensaje. Haciéndolo encontrarás fuertes resistencias. Escucha bien y pon atención a lo que te digo:
    Los hombres deben corregirse. Con humildes súplicas, deben pedir perdón por los pecados cometidos y que pudiesen cometer. Tú deseas que Yo te de una señal para que cada uno acepte Mis palabras que, a través de ti, digo al género humano. Has visto el prodigio del Sol y todos, creyentes, incrédulos, campesinos, ciudadanos, sabios, periodistas, laicos, sacerdotes, todos lo han visto. Y ahora proclama en Mi Nombre:
    Un gran castigo caerá sobre el género humano entero, no hoy, ni mañana, sino en la segunda mitad del siglo XX. Ya se lo había revelado a los niños Melania y Maximino, en “La Salette”, y hoy te lo repito a ti porque el género humano ha pecado y pisoteado el presente que le otorgara. En ninguna parte del mundo hay orden y Satanás reina sobre los más altos puestos determinando el andar de las cosas. Él, efectivamente, logrará introducirse hasta la cúspide de la Iglesia; tratará de seducir a los espíritus de los grandes científicos que inventan las armas, con las cuales será posible destruir en pocos minutos gran parte de la humanidad. Tendrá en su poder a los Poderosos que gobiernan a los pueblos y los instigará a fabricar una enorme cantidad de estas armas. Y si la humanidad no se opusiese, estaré obligada a dejar libre el brazo de Mi Hijo. Entonces vendrá el día en que Dios castigará a los hombres con mayor severidad, de la que utilizo en el diluvio.
    Vendrá el tiempo de todos los tiempos y el fin de todos los fines si la humanidad no se convierte, y si todo quedase como hasta ahora, o peor, agravándose mayormente, los grandes y los poderosos perecerán junto a los pequeños y a los débiles. También para la Iglesia vendrá el tiempo de sus más grandes pruebas: Cardenales se opondrán a Cardenales; Obispos a Obispos; Satanás caminará en medio de sus filas y en Roma habrá cambios. Lo que está podrido caerá y lo que caerá nunca se levantará. La Iglesia será ofuscada y el mundo envuelto por el terror. Tiempo vendrá que ningún Rey, Emperador, Cardenal u Obispo esperará a Aquél que por cierto vendrá, pero para castigar según los designios de Mi Padre. Una gran guerra se desencadenará en la segunda mitad del s. XX. Fuego y humo caerán del cielo, las aguas de los océanos se convertirán en vapor y la espuma se alzará devastando y hundiéndolo todo. Millones y millones de hombres perecerán de hora en hora, y aquellos que queden con vida envidiarán a los muertos. Por todas las partes a las que se vuelva la mirada, habrá angustia, miseria, ruinas en todos los países. ¿Ves? El tiempo se avecina cada vez más y el abismo se engrandece sin esperanza. Los buenos perecerán junto a los malos, los grandes con los chicos, los Príncipes de la Iglesia con sus fieles y los reyes con sus pueblos. Habrá muerte por todas partes a causa de los errores cometidos por los insensatos y por los partidarios de Satanás, el que entonces, y solo entonces, reinará sobre el mundo. Al final, cuando aquellos que sobrevivan a cada evento queden aún con vida, proclamarán nuevamente a Dios y a Su Gloria y lo servirán como en otro tiempo, cuando el mundo no era tan pervertido. Ve, mi pequeña, y proclámalo. Yo a tal fin estaré siempre a tu lado para ayudarte”.
     
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